Cuentos para el andén Nº59

Page 13

andéndos

—Verá, señor, quería pedirle un favor… ¡si pudiera hacérmelo! Yo permanezco tumbado, callo y pienso: ‘¡Qué faena! Un atentado contra mi pureza, ni más ni menos. ¡Mantente fuerte, Egor!’. —Verá, necesito enviar una carta a mi país —dice, con aire suplicante, suavemente, tímidamente. ‘¡Ay —pienso—, al diablo, está bien!’. Me levanté, me senté a la mesa, cogí papel y dije: —Pase para acá, siéntese y dicte… Pasa, se sienta con cuidado en la silla y me mira con aire de culpabilidad. —Y bien, ¿a quién va dirigida la carta? —A Boleslav Kashput, en la ciudad de Sventsián, por la carretera de Varsovia… —¿Qué pongo? Dígame… —Mi querido Boles… corazón mío… mi verdadero amado… ¡Que la madre de Dios te guarde! Mi corazón de oro… ¿por qué hace tanto tiempo que no escribes a tu melancólica pichoncita Teresa? Casi se me escapan las carcajadas. La ‘melancólica pichoncita’ medía doce vershokes1 de altura, tenía poderosos puños, y una jeta tan negra ¡como si la pichoncita hubiera estado limpiando chimeneas toda la vida y nunca se hubiera lavado! Conteniéndome como pude, le pregunté: —¡Oh! ¿Quién es este Bolest2? —Boles, señor estudiante —como si la hubiera ofendido que deformara el nombre—. Es mi prometido… —¡¿Prometido?! —¿Qué le llama tanto la atención, señor? ¿Acaso una joven como yo no puede tener prometido? ¡¿Ella una joven?! —¡Por qué no! ¡Todo puede ser…! ¿Y hace mucho que es su prometido? 1 Medida rusa de longitud (siglo XVIII - principios del XX) equivalente a 4,44 cm. Cuando se utilizaba para describir la altura de una persona, a la cantidad de vershok referida había que sumar dos arhsines (142 cm) que era la altura media, así que con esta expresión Gorki quería señalar que la “melancólica pichoncita” medía casi dos metros. 2 Dolor

13