Cuentos para el andén Nº58

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andénuno

Brenda Aranzazu de Isusi

HAY un gran cartel que dice Feliz Navidad. Es de neón con letras rojas y verdes, se enciende y se apaga sobre unos pastorcitos que mueven los labios marcando mucho rato una o o una a larguísima en la que enseñan los dientes como si sonrieran. Brenda lleva todo el día conduciendo y tiene que descansar. Aparca su coche entre los camiones; le quedan un par de horas para llegar a casa de su madre. Llegará para la cena, volverá un año más para tomar las castañas. Brenda sale del coche y entra en el bar. Hay varios grupos de hombres bebiendo, se oyen sus carcajadas. Brenda pide una Coca-Cola y un pincho de tortilla. Tiene hambre. Va hacia el cuarto de baño mientras le sirven. A la vuelta, cuando cruza la barra, ve a un hombre muy raro, tanto que no puede parar de mirarle. Tiene los ojos grisáceos, grandes, con una extraña mirada que a ella le parece que se da la vuelta al fondo, perdiéndose en un alma impía en la que no se puede leer. Le mira de arriba abajo, podría provocar una galerna con sólo enfadarse, podría estrangular a una mujer sin esfuerzo con esas manos llenas de pecas, podría incluso cogerla en sus brazos y subirla hasta arriba como si fuera un crío que quiere atrapar una nube y después dejarla en el suelo con desprecio, casi con asco, para que se arrastrase como un limaco en un jardín del norte. Brenda se siente atraída por tanta bestialidad, casi le gustaría ser un limaco.

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