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entrecocheyandén

El patio Concha Ballinas Alumna de Ítaca Escuela de Escritura

LINA se aleja deprisa llevando entre sus brazos a su hijita dormida. En su cabeza retumba el ir y venir de los zapatos que pasan por delante de la ventana de su pequeña vivienda. Esa ventana que se abre en la acera, casi al ras del suelo, como con miedo. Es lo que tiene vivir en un bajo. Los zapatos, solo eso se ve desde esa gatera. Zapatos ignorantes de que dentro del portal, en la penumbra, siempre hay un gato que acecha y al fondo del estrecho pasillo, un patio lleno de colillas. Tampoco los zapatos saben que el olor a agrio que baja del segundo, se ha instalado en todos los rincones de la casa de Lina y de Paco. Ni que Lina quería plantar tomillo, hierbabuena y albahaca en el jardín que nunca llegó a tener y que Paco, su marido, prometió hacer un columpio para la nena en ese jardín que los dos veían al cerrar los ojos. Hasta tener un perro para que viviera en el jardín, pensaron. Hoy, después de que Paco se fuera al trabajo, Lina se ha inclinado sobre la cuna para abrazar a su hija. La sacó con cuidado de su pequeño lecho, le puso el abriguito y sin detenerse, ha salido a la calle. Había llegado el momento. Un rato antes, mientras Paco preparaba el desayuno, la nena gimoteaba y Lina se cubría la cara con las manos oyendo el trajinar de las ollas del segundo piso. El único piso habitado de toda la escalera. El piso desde donde un viejo tira con rabia colillas encendidas y una vieja farfulla palabras hirientes mientras remueve los pucheros. El piso donde un gato negro, tan negro como la rabia, araña la puerta queriendo llegar hasta la nena. Lina lleva tiempo sin salir de casa porque sabe que el gato está en el portal. Esperando a que ella y su hija salgan de la oscuridad. Ella que, en sueños, veía a su hija volando en un columpio colgado entre naranjos. La otra noche Lina oyó cómo se abría la puerta del segundo y los bufidos del gato bajando enfurecidos. Lina sabe que venía atraído por el llanto de su hija llorona. Y un grito ¡joder, que alguien calle a esa mocosa! Y la nena nada, a lo suyo, llora que llora. Lina, tan educada, maldice entre dientes paseando la mirada de la cuna

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Cuentos para el andén Nº58  

Hoy Cuentos para el andén trae dos relatos que parecen escapados de un sueño: una historia de amor que es como es el amor, desconcertante, y...

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