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cuentoscomochurros

dice, lleva toda la tarde dando vueltas por ahí. El auténtico Juan Valdez examina por un momento a su yo más joven, aprieta los puños y lanza un directo al estómago de Castañeda, que dobla el lomo sin mediar palabra, claramente no se lo esperaba, demonios, nadie se lo esperaba, pero la cosa no queda ahí, mientras Castañeda se recupera del golpe, el auténtico Juan Valdez se le ha plantado en medio del comedor y no deja de curiosearlo todo, acaricia las cortinas, los cojines del sofá, incluso se acerca a una foto de Samantha que hay sobre la chimenea y dice qué mujer tan bonita tienes, hijuemadre, pero Carlos Castañeda ya no atiende a razones y se le tira al cuello con las manos en forma de garra, y claro, ruedan por la moqueta como un par de amantes gemelos, con el gorro bien calado, bigote versus bigote, y rompen jarrones carísimos, y arrancan de las paredes cuadros complicadísimos de entender, y así continúan enzarzados un buen rato, sin darse cuenta de que en la marabunta de puñetazos, mordiscos y pisotones, una cartera sale despedida hasta los pies de Samantha, que acaba de llegar del recado y al ver la estampa, grita: ¡Carlos, por favor, no me lo pongas más difícil!, y ahora viene lo bueno, porque dicen que los dos se le quedan mirando como si les hablara a ellos, y claro, que mire Castañeda, pues tiene su lógica, pero Juan Valdez no se llama Carlos, ¿o puede que sí? El caso es que en Colombia nació el realismo mágico y por eso nosotros queremos creer que efectivamente sí, que el auténtico Juan Valdez también era un actor y se llamaba Carlos, Carlos Sánchez. Dicen que Castañeda encontró su cartera a la mañana siguiente mientras recogía la casa, porque la pelea tocó a su fin con la aparición de Samantha, pero luego, cuando se marchó indignada, batabún, batabún, los dos Carlos hicieron las paces y se quedaron hablando hasta tarde, bebiendo vino y ron, dicen que incluso llegaron a tratarse como padre e hijo, o puede que no (y qué más da), seguro hablaron de hembras y del café de Colombia, y aquí podría acabar esta historia de una manera más o menos feliz si no fuera porque ahora, dicen que Castañeda, o lo que es lo mismo, Juan Valdez, anda como loco preguntándose a qué Carlos se refería su esposa cuando dijo aquello de ¡Carlos, por favor, no me lo pongas más difícil!

tw Colaboración mensual con Cuentos como Churros: ellos eligen una de las cuatro fotografías seleccionadas de El muro y cocinan con ella un rico churro que publicamos aquí. I Alicia García, ganadora de nuestro Concurso de Fotografía de este mes.

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Cuentos para el andén Nº57  

En las páginas de este número 57 de Cuentos para el andén escucharemos una excusa de Hipólito G. Navarro, nos codearemos con lo más granado...

Cuentos para el andén Nº57  

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