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cuentoscomochurros

chándolo toda la tarde escondido entre los tallos y las hojas. Esto es lo que se cuenta, lo que dicen por ahí, nadie sabe si albergaba o no ese temor, pero hay que reconocer que el detalle despierta la intriga y le atribuye a la historia cierto halo de misterio. Juan Valdez termina de rodar el spot y sube a su Jeep para conducir hasta las afueras de Medellín, donde vive con su mujer que, para más señas, se llama Samantha y es de Barranquilla. Un cañón de mujer la esposa de Juan Valdez, cuidado. Pero no diremos mucho más sobre ella, al menos por ahora, además los líos de faldas de Juan Valdez fueron tratados en su momento y ya no le interesan a nadie. El caso es que Carlos Castañeda entra en el salón, saluda a Samantha con un beso en la boca, (¿un beso sincero?, a quién le importa) y entonces ella, embutida en un vestido negro más bien corto, le sirve un vaso de salpicón fresquito fresquito que él se bebe hasta la mitad para después pedirle la ñapita, y entonces ella vuelta otra vez con la jarra a llenarle el vaso, y luego a menear el trasero de un lado a otro mientras sale por la puerta, batabún, batabún, y él, zalamero, le grita, ¿pero quién pidió pollo?, y no, no está hablando de comida, es un piropo típico de Colombia. Pero Samantha atraviesa el jardín sin hacerle el menor caso, y es que, por raro que parezca, esta vez el conflicto surge después, cuando ella se marcha en su deportivo a hacer un recado, y Juan Valdez, o sea, Carlos Castañeda, se queda solo en su chalet, a expensas de una noche sin estrellas, a unas horas en las que puede pasar cualquier cosa a las afueras de Medellín. Entra un poco tarde, es verdad, pero no han transcurrido ni veinte minutos cuando el conflicto llama a la puerta de Carlos Castañeda al grito de abre, hijuemadre, abre la puerta, cochambrudo. Todavía no le ha dado tiempo ni a quitarse el traje de Juan Valdez, cuando otra vez, en la puerta: abre, chiflamicas, abre impostor, te voy a dar plomo. Castañeda observa por la mirilla, se trata de un viejo con su mismo sombrero, su mismo bigote, la misma manta andina dobladita en el hombro. ¿Quién eres tú, huevón? ¿qué haces en mi casa, qué quieres? Soy Juan Valdez, le dice el viejo, el auténtico Juan Valdez, hijuepucha. Pero Carlos Castañeda también es Juan Valdez, un Juan Valdez bien verraco y no se deja intimidar así como así, por eso abre la puerta y venga, cálmese, parce, por qué no entra y nos tomamos un salpicón fresquito, eh, qué me

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Cuentos para el andén Nº57  

En las páginas de este número 57 de Cuentos para el andén escucharemos una excusa de Hipólito G. Navarro, nos codearemos con lo más granado...

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