Cuentos para el andén Nº56

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andéndos

Pero se encuentran, y los dos están tan cerca que sus orejas se crispan con los latidos y el ensanche de las venas que permite que la sangre corra ferozmente, sin detenerse ni un segundo, abriéndose a la respiración y al acecho. —Tengo hambre —dice uno. —Yo también —responde el otro. Se matan en un combate limpio y digno del más solitario de los recuerdos. —Esto que ves aquí se llama pasión —dijo Fábola, mostrándole a Tigre dos seres diminutos, iguales a ellos, que reían a la luz casi cegadora de la intriga, y que jugaban al corre que te pillo, entre brincos de besos, sin interés alguno en definir lo que les pasaba a esos dos gigantes, iguales a ellos, que los miraban desde el opaco reflejo.

Sueño de infancia LA mala pécora pasea por nuestra calle. “¡Hola!”, digo, y mi madre me mete a casa de un tirón de orejas, y desde la ventana le grita cosas y le suelta escupos, con el rosario bien apretado en la mano izquierda, porque con la derecha se soba los muslos y las caderas, y trata de imitarla después, a escondidas, cuando mi padre hace fila frente a su puerta. Cuando grande, yo quiero ser como la mala pécora.

tw Del libro: El crujido de la seda. Antología de microrrelatos. Editorial Menoscuarto, 2016 Lilian Elphick (Santiago de Chile, 1959). Ha publicado dos libros de cuentos: La última canción de Maggie Alcázar (1990) y El otro afuera (2002), y cinco de microrrelatos: Ojo travieso (2007), Bellas de sangre contraria (2009), Diálogo de tigres (2011), Confesiones de una chica de rojo (2013) y K (2014). Dirige talleres literarios y es responsable de la revista digital Brevilla, dedicada a la minificción.

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