Cuentos para el andén Nº54

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andéntres

Mimí La tía Mimí no tenía ni una arruga, pero sí una sombrilla y un bañador que sacaba todas las mañanas de verano al embarcadero. Allí se sentaba a esperar y oteaba el horizonte, con la vista puesta en algo que no terminaba de llegar. Jamás sonreía. Vivía en un destiempo, igual al de cuando pisó tierra, acompañada solo por una caja de fotos amarillas y una muñeca. Para ella siempre eran las ya en punto y los surcos de la edad salían corriendo, porque les era imposible agarrarse a su ilusión. Porque los recuerdos que se mantienen vivos no se hacen viejos, le repetía a su ajada —ella sí— compañera de porcelana.

Yo mataré monstruos por ti Quizá no lo sabes, pero en las rodillas habitan los miedos. Por eso las araño por las noches, me tiro al suelo de cualquier parque, en los barrizales, en las cuestas abajo. Lo hago solo para matar mis temores y poder volver contigo. Y cuando llego, tú, con cuidado, me preguntas cómo he podido caerme otra vez y me pones dos tiritas, como dos luceros, que lo curan todo.

tw Del liibro: Érase de una vez, Ed. Enkuadres, 2016. Ana Vidal Pérez de la Ossa (Madrid, 1973). Licenciada en Derecho y mediadora familiar, trabaja como redactora para una editorial jurídica. Algunos de sus microrrelatos están publicados en diferentes antologías de varios autores. Puntadas sin hilo (Las Puertas del Hacedor, 2013) y Érase de una vez (Enkuadres, 2016) son sus dos libros en solitario.

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