Cuentos para el andén Nº53

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andénuno

Marilyn LA blanca la rubia la sonriente la suicida. Tenía entonces quince años y toda la alegría de vivir, de respirar en el mundo, y cuando la encontrábamos en la calle y le silbábamos nuestra admiración, nuestro gusto de que existiera, ella reía, luminosa, y me pedía que le prestara la bicicleta, se montaba y salía pedaleando, gozosa de que el viento le diera en la cara y le hiciera aletear la falda y el cabello, y luego se eclipsaba tras una esquina y esperábamos un rato que apareciera por la esquina contraria, un poco inquietos, ¿y si no volvía?, y sí, siempre volvía, pedaleando con brío y riendo como si supiera que nos había asustado un poco, pero yo sé que, de otra manera, en una de esas vueltas a la manzana ya no volvió, que se fue a Hollywood y a la fama y a la desesperación y la muerte, y han pasado los años y yo guardo la bicicleta en la que no hemos vuelto ni yo ni nadie a montar, y beso el sillín que tuvo su cálido peso y me digo: Quién sabe, cualquier día de éstos, ella da la vuelta a la esquina y viene pedaleando hacia mí, el viento moviéndole la falda y el rubio cabello acariciándole la cara...

tw Del libro: Yo también soy Scherezade. Ed. Menoscuarto, 2016. José de la Colina (Santander, 1934). Hijo de un tipógrafo anarquista, desde 1941 vive en México, donde compartió amistad y convicciones con Luis Buñuel, Juan José Arreola y Octavio Paz. Escritor autodidacta, pertenece a la generación mexicana del medio siglo y a la llamada segunda generación de los exiliados republicanos. Entre su prolífica obra se cuentan Traer a cuento (2004), Muertes ejemplares (2005) y Portarrelatos (2007).

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