Cuentos para el andén Nº53

Page 15

cuentoscomochurros

CUANDO un escritor abandona a sus personajes, se muere un gatito. En alguna parte del mundo, da igual si es Persa o Siamés, el gatito se desploma y eso ya no es tan gracioso. Ya no hay más gatito. Ya no volveremos a verlo tocando el piano en Youtube. Pero eso no es lo peor. Cuando un escritor abandona a sus personajes, se apaga una estrella. A simple vista apenas se nota porque hay miles de millones, pero esa estrella que acaba de convertirse en plancton galáctico, por insignificante que pudiera parecernos ahí arriba, no volverá a brillar nunca más. Y la familia y todos sus parientes estelares orbitarán alrededor durante años luz, en señal de luto, rezando para que ese apagarse de repente no genere ningún tipo de fenómeno extraño, como por ejemplo, un agujero de gusano. Siempre se van las mejores. Pobre Gamma Orionis. Pero eso no es lo peor. Cuando un escritor decide no seguir escribiendo una historia, naufraga un barco en medio del océano. No naufraga en el Mar Muerto, no, donde todo flota y es imposible ahogarse, sino en mitad del océano, con lo que eso conlleva: las balsas hinchables, las mujeres y los niños primeros, maricón el último, tiburones asesinos; en el mejor de los casos se salvarán unos cuantos, supervivientes de barbas ralas y mirada infinita, cubiertos con ropa de marca hecha jirones, habitantes de islas desiertas sin conexión wifi ni duchas en la playa. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que, cuando un escritor abandona a sus personajes, los está enterrando vivos y ellos no lo saben. Por eso miran hacia el cielo y hablan como el que habla con dios, reclamando un poco de atención con palabras nunca escritas. Y así pueden pasarse años, hasta que el escritor se decide a retomar la historia. Entonces encontrará a esos personajes en el mismo sitio donde los dejó, en la misma postura, solo que más viejos, más sabios, con arrugas en la frente y las uñas astilladas de rascar, noche tras noche, la cubierta del cuaderno.

tw Colaboración mensual con Cuentos como Churros: ellos eligen una de las cuatro fotografías seleccionadas de El muro y cocinan con ella un rico churro que publicamos aquí. I Rossana Favero, finalista de nuestro Concurso de Fotografía de este mes.

15