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andéntres

Abandonos Carlos Díez del Corral

EL niño es raro, seamos sinceros. Se lo digo a Olga haciendo un esfuerzo y esperando que no me malentienda. Es raro, simplemente. No es como la mayoría. Y eso no supone en sí mismo un defecto. Se lo repito esperando que me crea. De hecho, podía haber sido peor. Pero si queremos que de ahora en adelante todo vaya bien, hay que comenzar diciendo la pura verdad. Podría tener una cabeza enorme. O los pies. O ambas cosas. O ser raquítico, o inspirar miedo solo al verle por tener unos ojos saltones y una boca enorme que no deja de abrir y cerrar como si estuviera bostezando o reclamando comida todo el rato. Pero no es exactamente así. Pudo haber sido mejor, qué duda cabe, pero para ser alguien encontrado al lado de unos contenedores de basura no está nada mal. Seguramente sus padres le abandonaron allí por algún motivo que ni siquiera podemos imaginar. Incluso podían quererle con locura, y tuvieron que hacer un terrible sacrificio para que otros se hicieran cargo de él y pudieran sacarle adelante. Posiblemente eran pobres de solemnidad, pero no supieron hurtarse en su día a los placeres de la carne y lógicamente luego pasó lo que pasó. Claro que quizás no se trata de eso. Posiblemente sus progenitores eran dos personas acomodadas que podrían haber dado a su hijo un futuro radiante, pero llegado el momento se sintieron incapaces, o consideraron que no se lo merecían y optaron por entregarlo a la caridad pública como

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Cuentos para el andén Nº52  

Con este número cumplimos cinco años, 1.825 días dedicados al relato, más de 500 cuentos publicados que suman más de 1.000 minutos llenos de...

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