Cuentos para el andén Nº51

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hogar a las gallinas en el gallinero de otro amigo, pero el gallo no lo quería porque era un gallo mejicano de pelea y le podía matar a sus gallinas; así que buscamos mil soluciones, entre ellas: que alguien lo matara y lo aprovechara en su cazuela, regalárselo a los gitanos que viven por allí para que lo llevaran a las peleas de gallos, o que lo utilizaran de semental, o lo que fuera, todo, antes de dejarlo por el monte a merced de las aves rapaces o de las zorras (en este pueblo sólo son zorras las que cazan y matan, nunca zorros). Al final, mi amigo decidió quedarse también con el gallo y nos fuimos a la "caza" de las aves. Parecía fácil cogerlas, pero una mala pécora se nos fue monte arriba y si no llega a ser por él, entendido en estos asuntos, todavía la estamos buscando. La técnica que utilizó fue de lo más sencilla: dejó que el gallo cantara, así llamó a la gallina, nosotros nos escondimos y la gallina obediente, atendiendo a su llamada, se acercó al gallo y ¡zas! la cogió. El gallo no nos dejaba acercarnos a sus gallinas, realmente ejercía de amo del gallinero, era hermosísimo, extendía las alas y mostrando sus plumas doradas y rojas imponía, y también picaba. Menos mal que vino a ayudarnos y los trasladamos a su gallinero. Tan felices por haber salvado a los animales de las alimañas del monte, nos volvimos a Madrid. Unos días después, llamé a mi amigo para saber si los animales se habían adaptado a su nuevo sitio. Mi amigo, apesadumbrado, me contó que a los dos días de dejarlos allí, un águila había matado al hermoso gallo. Cuando los fue a encerrar por la tarde en el gallinero, el gallo no estaba, mirando por aquí y por allá, vio un reguero de plumas, lo siguió y detrás de unas piedras encontró al gallo destrozado por el animal depredador. Realmente, Yulong tenía razón, nada es casualidad, hasta el destino de un gallo está escrito y él lo sabía.

tw MHHM, M. Henar Hernández Montero. Soy un espíritu nómada y desde que pasé a la "etapa del jubileo" lo soy aún más. Nací en Melilla, multicultural y abierta al mar. Los idiomas me han llevado a varios países para enseñar el nuestro. Mi nomadismo intelectual es insaciable. Una hoja en blanco siempre fue un desafío, una tentación, pero mostrar mis relatos lo ha sido desde hace un año.

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