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andénuno

Fue incómodo y placentero. Me asustaba tener tan cerca un lagarto tan grande contemplando cómo mi piel se erizaba con el frescor de las ráfagas de viento, cómo mis ojos se iban posando en el reflejo de la antena parabólica del octavo o en el resplandor de las sábanas recién colgadas del noveno. Y me gustaba la intensidad depredadora de su mirada. Extendió su garra y no supe qué hacer. Podía haber fingido que no lo había visto pero decidí posar mi mano entre la mullida oquedad de sus uñas. Desde aquel momento, se ha establecido entre nosotros una rutina. Ahora subo a la azotea todos los días y llevo mi bikini. Con sus volantes y estampados. Ya no me basta con el calor del sol. Ahora, también necesito la intensidad de sus ojos para sentir mi piel. Mi dragón de Komodo se deja acariciar por mi mano húmeda mientras nos observamos. Yo, queriendo que me devore y él, conteniendo el deseo de comerme.

tw Relato inédito. Elena García: estudiante tozuda de periodismo, relaciones internacionales y leyes dodecaédricas, fugaces e inservibles. Escribe para entender lo de dentro mirando a fuera. O al contrario, quién sabe. Escribe porque le gusta buscar las contradicciones y los agujeros de la naturaleza humana. Una vez ganó un premio.

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Cuentos para el andén Nº51  

Esta edición entraña numerosos peligros, podrías desaparecer inmerso en universos paralelos, perderte entre la chatarra, ser sorprendido por...

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