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PUEDE que usted camine distraído, que pase por delante del portal y ni siquiera se fije en que está ahí, observándole a través de la cristalera. O puede que sí lo vea, pero que su mirada no le diga mucho, que sus ojos de canica le parezcan solo eso, dos canicas. Puede que usted piense que Napoleón es simplemente un perro. Se equivoca. Puede que debido a su escaso conocimiento del mundo canino, usted sea incapaz de discernir que la falta de pelo y esas orejitas afiladas denotan sangre mexicana, o puede que sí sepa del tema, que se haya documentado, entonces pensará que Napoleón hubiera sido más feliz llamándose Jalisco o Cantinflas o Hugo Sánchez, y que de haberse llamado Juan Rulfo quizá hubiera crecido un poco más. Pensará que precisamente por llamarse Napoleón, no levanta dos palmos del suelo. Mucha gente piensa eso. Puede que usted no entienda por qué a veces Napoleón comienza a ladrar de manera desmedida, que dichos ladridos solo sean, para usted y su joven acompañante, el lamento acomplejado de un perro enano; puede que tenga suerte y lo encuentre mirando a través de la cristalera, sereno y silencioso, como si tuviera la certeza de que al igual que todos los perros de su raza, morirá en diez o doce años; o puede que no ocurra nada de lo anterior, y que ni si quiera le escuche ladrar porque usted se encuentra a cientos de kilómetros, en un viaje de negocios, entonces seguirá con lo que esté haciendo, sea lo que sea, como si tal cosa. A nadie le importa. Puede que usted piense que el cuerpecillo de galgo en miniatura que tiene Napoleón le condiciona a la hora de ejecutar el Canon en Re mayor de Pachelbel, y que entonces comente por lo bajini que ha escuchado piezas mejores, y que sin más, usted se levante de la butaca y abandone la sala mientras intenta convencerse de que solo es un perro tocando el piano. Que busque un bar y vuelva a decirse que solo es un perro, que qué otra cosa podría ser.

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Cuentos para el andén Nº49  

Julio Jurado nos trae un lobo feroz que nos pondrá patas arriba, Silvia Fernández nos habla de los conflictos de compartir casa con el ganad...

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