Cuentos para el andén Nº49

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andéntres

VI ÉRASE una vez un gigante. Un gigante que sobrepasaba en estatura a los hombres como nosotros a los niños. Los niños no le gustaban. Le gustaban, en cambio, los adultos. Los adultos empezaron temiéndole, desconfiando: ¿Cómo podría alguien no gustar de los torneados, mofletudos infantes? Los torneados, mofletudos infantes, de frente abombada, boquita succionadora, grandes ojos, le disgustaban: no están en posesión de la infancia porque no la han perdido. Porque no la han perdido: así de escurridiza es. En compensación el gigante abriga bien al ministro de Finanzas, le pone la trenca azul que le compró, el verdugo, las manoplas. Por la mañana temprano sube con él en brazos las escaleras del Ministerio de Finanzas, le sienta y le arrima a la mesa, le da carpetas. Ahí lo deja, hasta la hora de comer.

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