Cuentos para el andén Nº48

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andénuno

de la prisión. Durante la noche, un guardia recorría las galerías del bloque de celdas, colocando los pases (llamados "ducados") entre los barrotes de los presos que eran requeridos por alguien en algún sitio. Clemens estaba totalmente despierto y a la espera cuando el guardia pasó por su celda. Buford recogió el suyo cuando se despertó. Se encontraron en el patio grande después del desayuno. Ninguno de los dos tenía apetito. En lugar de hambre, lo que sentían era el vacío del miedo en el estómago. Normalmente, se habrían reunido con algunos de sus amigos para pasar el rato bajo el sol cerca del bloque norte hasta que el comedor quedara vacío y sonara el timbre que los llamaba a trabajar. Aquella mañana querían pasar el rato tranquilos, hasta que llegara el momento de hacerse cargo del tema. —¿Van tarde para tocar el timbre? —preguntó Buford. Clemens se encogió de hombros. —No tengo ni puta idea. No sé ni en qué puto año estamos. El timbre del trabajo rompió la mañana y provocó una explosión de palomas y gaviotas. Estas últimas volaron sobre el patio y dejaron caer su mierda sobre los presos, como si se vengaran por el sonido del timbre. Los presos las insultaron. —Malditas ratas voladoras —dijeron. En un intento de represalia, algunos presos metían pastillas de Alka Seltzer dentro de trozos de pan. Los pájaros se lanzaban en picado, comían y se volvían locos poco después cuando las pastillas efervescían en su interior. La puerta del patio grande se abrió y los presos se dirigieron hacia sus trabajos en las fábricas del patio que quedaba más abajo. En pocos minutos, el patio quedó vacío excepto por los presos del equipo de limpieza y los que tenían trabajos nocturnos. Alineados cerca del bloque sur estaban los enfermos. Un guardia recogía las tarjetas de identificación. Cuando llegó hasta Clemens y Buford, estos le enseñaron el ducado y sus identificaciones. —Seguidme —les dijo. El guardia los llevó hasta la puerta de la enfermería. Gracias a

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