Cuentos para el andén Nº48

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VI Concurso de relato de Sttorybox y Cuentos para el andén

No sé cuántos días llevo aquí. Supongo que tres o cuatro porque el hambre y la sed son insoportables y no creo que pueda aguantar muchos más vivo. Estoy muy débil y un profundo sopor se está apoderando de mí, sé que no van a sacarme de aquí, pero no puedo dormirme, no puedo rendirme. ¿Quién es ésta gente? ¿Por qué me hacen esto? Tengo mucho miedo, miedo a dormirme, miedo a no poder despertar más, aunque tal vez sea lo mejor. ¿Qué ha sido eso? Parece la estática de una emisora. La puerta se abre. Grito y gimo cómo puedo con esto en la boca. Nadie parece oírme. Una franja de luz aparece, están abriendo la trampilla. ¡Oh, Dios mío! La luz me hace daño en las retinas pero es maravillosa. ¡Es la policía! El agente me saca del agujero y me quita las ataduras. Salimos al pasillo y al doblar la esquina el policía ya no está, se ha esfumado. —¿Hola? —pregunto. Nada. Hay un silencio sepulcral, antinatural. No se oyen ni los coches de la calle. Las paredes comienzan a temblar, a derretirse. ¡Van a aplastarme! Despierto sobresaltado, todo era un sueño. ¡Mal... maldita sea!, sigo aquí encerrado en... este agujero pestilente y mo... mortal. El sueño vuelve a a... propiarse de mi ser. Sé que esta vez... esta vez no volveré... a... des... despertar.

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