Cuentos para el andén Nº48

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VI Concurso de relato de Sttorybox y Cuentos para el andén

—No, tranquila —dije al ver la expresión de Víctor—. Tengo claro todo lo debo hacer. —Si tienes algún problema —dijo rápido Víctor, visiblemente contento de mi respuesta—, sólo tienes que llamar a mi habitación. Mi trabajo, además de abrir a los clientes que vinieran de noche y atender a las personas que quisieran beber algo en el bar, que no eran pocas teniendo en cuenta que eran ingleses y escoceses en su mayoría, consistía en vigilar el hotel. Dos veces cada noche debía hacer una ronda por todos y cada uno de los pasillos y salones, dejando constancia en unos aparatos de registro. El hotel era muy antiguo, en sus habitaciones habían pernoctado celebridades como Dickens o Paganini. Las paredes con papel pintado color crema y estampados de flores naranjas y la moqueta color granate con geometrías verde oscuro le daban un toque inquietante. Los tablones bajo la moqueta crujían con un sonido espeluznante a cada paso, haciendo de cada ronda una odisea tenebrosa. Lo peor fue cuando me tocó acceder al Salón Lion, el más grande. Era una gran sala vacía con ventanales de tres metros de altura terminados en arco con bonitas molduras y tapados por tupidas cortinas marrones. Del techo colgaban grandes lámparas de cristal. A un lado, en una de las paredes, había un gran espejo que reflejaba el centro de la sala y al fondo una pequeña tarima de unos cuarenta centímetros de altura. En ella había instrumentos musicales y, a un lado, colgaba el mecanismo de registro de mis rondas. La ocasión que entré con Ondrus no me dio mala espina, pero esta vez, solo y a oscuras, la cosa era diferente. Sentía que no estaba solo, como si hubiera una presencia. Cuando llegué al centro del salón noté un escalofrío por toda la espalda, como si unos dedos fríos se deslizaran desde la nuca hasta los omóplatos. Miré asustado a mi espalda. No había nadie. Un movimiento a mi lado me espantó de nuevo, era mi reflejo en el gran espejo. Mi cara parecía la de un espectro, totalmente pálida por la impresión. Fui corriendo hasta el registro y salí de la misma forma cerrando la puerta a

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