Cuentos para el andén Nº48

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VI Concurso de relato de Sttorybox y Cuentos para el andén

no dormía, me estaba zumbando al Ramón hasta que se me murió debajo mía, con lo bien que se lo estaba pasando. Otra vez el puñetero teléfono. "Vete preparando, que hace una semana que no te veo." "He adelantado el vuelo y ya estoy recogiendo las maletas. En veinte minutos estoy en casa. Nos vemos, guapa." Entro en pánico, no sé si coger a Ramón y tirarlo por el balcón, o hacer el salto del ángel. "¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?" Vuelvo al baño para comprobar si Ramón sigue allí, y sí, no se ha ido. Podría dejarlo en la alacena, que mi Antonio no pisa la cocina aunque se muera de sed. "Trae agüita, cariño" me dice siempre al meterse en la cama. Será flojo el tío. Mañana por la tarde, cuando se vaya, pienso en algo. Cargo con Ramón como puedo, no me daba tiempo ni a vestirlo, y lo dejo de pie, dentro del armario, junto a otros fiambres (un jamón, una caña de lomo y un chorizo, no vayan a pensar que mato por diversión). Recojo su ropa, la meto en la bolsa del Merca y también a la alacena. Todo recogido, todo guardado, todo asegurado. Bueno, si mi Antonio es puntual, tiene que estar al llegar, así que a la cama. No llevo ni cinco minutos acostada cuando escucho las llaves. Me hago la dormida. Escucho cómo se despelota, pero yo, ni me inmuto. Ahora silencio, mucho silencio. —¡Antonio! —grito. —Un momento, cariño, que voy a por agua —me grita desde la cocina. "Será cabrón". Corro hasta la cocina, pero ya es demasiado tarde. Ha abierto la alacena, ha visto a Ramón, Ramón se le ha caído encima, a mi Antonio le ha dado un yuyu, y ahora, tengo dos cadáveres. Pero hoy me acuesto, que estoy muy harta y cansada, y mañana será otro día.

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