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VI Concurso de relato de Sttorybox y Cuentos para el andén

cuando se enteren cómo murió. Enseguida me viene una luz y me acuerdo de Carmen, otra vez, y de su afición al CSI (pero al de Las Vegas, que los otros no le gustan), aunque yo soy más de Mentes criminales, que hay que ver cómo resuelven los casos, qué listos son todos. Bueno, a lo que voy, ¿cómo deshacerse de un muerto? Primero, hay que relajarse, que las prisas no son buenas. Respirar, darse un baño. No, el baño no, que Ramón está en remojo. Mejor me visto, que sigo en bolas, y me fumo un cigarrito en el balcón, que también me calma. Hay que ver la cantidad de gente que se mueve por la noche. Son las tres de la mañana y, en los cinco minutos en los que me termino el cigarro, ya he visto a tres perros paseando a sus dueños por el parque. Bueno, mejor cierro ya el balcón y me meto dentro, me vuelvo a sentar y otra vez a darle vueltas al tarro. Segundo, ¿qué coño hago con Ramón? Estoy de nuevo como al principio, no tengo ni zorra idea de qué hacer con Ramón. Idea: lo envuelvo en una manta (lo típico ¿no?), lo bajo al garaje por el ascensor, lo meto en el coche, y qué, dónde voy, dónde lo tiro, qué coche cojo si el mío está en el taller y no lo recordaba. Esta idea no vale, es una mierda de idea. Otra idea: a cortarlo en cachitos (¡uy qué asco!) y dejar cada trozo por ahí, donde sea. Sí, creo qué esto último será lo mejor. ¿Cómo lo corto? Extremidades por un lado (dos o tres trocitos por pierna y un par de cachos los brazos), cabeza por otro, y el tronco, ¿qué hago con el tronco? Y otra pregunta, ¿con qué lo corto? Se me enciende una bombillita y me acuerdo del cuchillo eléctrico de sierra que me regaló mi suegra el día que me casé con su Antonio, que el Antonio ahora es mío, y solo mío, a ver si se entera de una vez. "A ella sí que tenía que haberla cortado a cachitos". Busco el cuchillo en la alacena, ni siquiera probé si funcionaba cuando me lo dio. "¡Mierda!", que el cuchillo es eléctrico, pero de pilas, y de las gordas. Será rácana mi suegra. Suena el teléfono. Es Antonio con sus mensajitos de madrugada. "Qué tal, amor. ¿Estabas dormida?" Será cabrón. Pues no,

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Cuentos para el andén Nº48  

Aquí dentro te esperan: un relato que escapó de una prisión, escrito por un autor que entró y salió varias veces de ella: Edward Bunker; un...

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