Cuentos para el andén Nº48

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andéndos

ilegible y una radio. Un hombre de familia, culto y casero. No esperaba menos de ti. Me sobresalta una voz a mi espalda. Un muchacho me mira entrecerrando los ojos. Por los rasgos debe de ser familia del gasolinero, su hijo casi seguro. —¿Le conocía? Me incorporo sacudiéndome el barro de los pantalones. Niego con la cabeza y después con una voz quebrada. Es la segunda vez en pocos minutos que me miran así. Intento disculparme por mi comportamiento pero el hombre le quita importancia. —No hacía usted nada malo. Estas cosas le impresionan a uno. Vuelve a arrancar la moto de la que no se ha bajado para hablarme. Sin embargo, no se decide a irse. —Era un buen tipo. Algo bohemio, pero honrado. Y muy educado. Reparo en su atuendo por primera vez. Pantalón de pana verde, botas de agua hasta las rodillas, el cuello de una camisa de cuadros asomando bajo el chándal. Lleva una funda de escopeta cruzada a la espalda. —Ahí mismo se murió. Había hecho el stop mil veces, pero ese día... Le pregunto al motorista si eras alguien querido en el pueblo. Se encoge de hombros y escupe en la carretera. —Todos le respetábamos. Era un hombre de letras, ¿sabe? No hablaba mucho con la gente del pueblo, pero no se metía con nadie. Tenía un buen corazón. Le digo al motorista que doy fe, que hace seis meses que lo llevo dentro y late como si fuera nuevo. Mientras conduzco hasta Madrid decido fumarme el verdadero último cigarro. Busco el paquete en mis bolsillos pero solo encuentro un pequeño cepillo de dientes. ¿Cuándo demonios lo has cogido? tw Del libro: Manual de autoayuda. Ed. Salto de Página, 2016. Miguel Ángel Carmona del Barco (Badajoz, 1979) es licenciado en Humanidades y diplomado en Biblioteconomía y Documentación. En 2013 publicó su primera novela La dignidad dormida. Actualmente dirige el Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez (CELARD), donde imparte talleres y cursos de escritura.

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