Page 23

andéncuatro

Magdalenas Julita Nicolás Zabala

CUANDO llegué a casa, mi madre tenía ya preparada la comida: una sopa aguada y boquerones rebozados. La sopa me la tragué deprisa para poder llegar cuanto antes a lo que me gustaba. La pena es que solo eran cuatro los que me correspondían. Cuatro cada una. Los comería despacio para saborearlos bien. En la mesa nunca hablábamos. Por eso me sorprendió que mi madre empezara a contarme que en la pescadería le habían dicho que una señora bien necesitaba una jovencita para que le leyese. —Y he pensado en ti. Ya tienes doce años y sabes leer muy bien y, sobre todo, nos pagarán algo de dinero. —Pero mamá, tengo el colegio y estoy en plenos exámenes. Yo no puedo leer a nadie, y además no quiero hacerlo. —Está todo arreglado. Mañana, después del colegio, te acercas a casa de esa senñora, le lees durante una hora o dos, luego vuelves y te pones a estudiar. No se hable más del asunto. Se me quitaron las ganas de seguir comiendo. Me levanté con rabia y antes de dar un paso mi madre continuó diciendo: —Y sobre todo, me he enterado por el mismo pescadero, que en esa casa corre el dinero y la señora tiene muchas joyas. Ese va a ser tu cometido. ¿Te enteras, mocosa? Lo de leer es el medio para llegar a lo que nos interesa. —Yo no soy una ladrona. —Claro que no. Hay personas a las que les sobran muchas cosas y en cambio otras necesitamos sobrevivir. Eso no es un robo.

23

Cuentos para el andén Nº42 - Especial 4 Añazos  

Este número de Cuentos para el andén no sólo cumple 42 ediciones, sino que con él cumplimos 4 años de cuentos repartidos por los andenes a g...

Cuentos para el andén Nº42 - Especial 4 Añazos  

Este número de Cuentos para el andén no sólo cumple 42 ediciones, sino que con él cumplimos 4 años de cuentos repartidos por los andenes a g...

Advertisement