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nº41

octubre2015

elmuro [3] andénuno [5]

No moriré en París con Aguacero, Pedro Flores andéndos [7]

Tres microrrelatos, Roberto Perinelli andéntres [10]

Dos microrrelatos, Marcos Ripalda cuentoscomochurros [12] lapuertadelanevera [14] diccionariodesaturno [15] sinopsis [16] brevemente [18]

Relatos en cadena dindondin [20] decamino [21] entrecocheyandén [22]

La derrota del general Castro, Óscar Amador

novedades

metroligero [28]

En este número traemos un poema en dos versiones: la de tinta y la sonora, a través de la canción a la que dio vida. Encuéntrala entre estos andenes.

Edita: Grupo Andén C/ Feijoo, 6 - 4ºA - 28010 Madrid | edicion@grupoanden.com | www.grupoanden.com Comité editorial: Alejandro Moreno, Víctor García Antón, Leticia Esteban | Editora: Natalia Muñoz. Asesores de contenidos: Sergi Bellver, Juan Carlos Márquez, Kike Cherta, Juan Martini (Buenos Aires, Argentina) y Mónica Pano (Argentina) Publicidad: edicion@grupoanden.com | Diseño: www.jastenfrojen.com Ilustración: Coordinación: www.leticiaestebanilustracion.com Ilustración portada e interior: © Alejandro Moreno

Con la colaboración de:


elmuro

Tema: Ventanas

Ganadora: Ventana abierta. Víctor Fuenlabrada - Ontígola (España)

Finalistas: 





En el transcurso - Juan Francisco Sobrevals Guadalajara (México) Luz de Otoño - Enrique Pérez Madrid (España) Sin título - Rafael Ramírez México D.F. (México)

Concurso de fotografía Participa enviando tus fotos a lector@grupoanden.com Consulta las bases y mira las fotos en Facebook y grupoanden.com Tema del próximo concurso: Por los suelos

Te escuchamos: Cuentos para el andén @cuentosanden lector@grupoanden.com

www.grupoanden.com

Cuentos para el andén nº41 recupera los textos de autor novel, con la participación de un nuevo Taller Colaborador: Ítaca Escuela de Escritura, de Madrid. También escucharemos un poema musicado, tres microrrelatos que aterrizan desde Buenos Aires, dos desde España, hablaremos de una plataforma de crowdfunding social que acaba de nacer. Y más cosas, claro. No te quitamos más tiempo, esperamos que lo disfrutes.

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andénuno

No moriré en París con Aguacero Pedro Flores

NO moriré en París con aguacero. No darán con mi rastro los sabuesos. No moriré tampoco de un certero, romántico derroche de mis sesos. Invulnerable soy a todo acero por gracia del aceite de tus besos. Sin saber que ya soy tu prisionero las prisiones se mueren por mis huesos. Renuncio a un panteón en el Parnaso. Que se queden los dioses sin mi genio. Que se caigan mis letras de sus trazos. Me encontrará queriéndote el ocaso: Lo único que demando como premio es morir escondido entre tus brazos.

Versión musicada por Andrés Molina

tw Del libro-disco El hombre que bebió con Dylan Thomas. Ed. El ángel caído, 2014. Pedro Flores, (La Palmas de Gran Canaria, 1968). Desde la década de los 80, se ha dedicado a la escritura de poesía, libros de relatos, obras de teatro y cuentos para niños. Ha sido ganador de numerosos premios literarios.

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andéndos

Tres microrrelatos Roberto Perinelli

Diferencia 1 EN cierta región de la selva africana las aves silban Bach, los leones cantan Schubert y hasta los rinocerontes se atreven con Mozart. Ahí también viven unos sapos que sólo croan, y viven fastidiosos por el batifondo que escuchan alrededor. 

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andéndos

Soledades LAS tardes de domingo la del 5° H llama de urgencia al plomero del consorcio, y le lee poemas. La mujer lo engaña, porque nada fue escrito por ella, sino por Neruda, Ungaretti, Auden o Machado. El hombre también miente, inspecciona el waterclos, afirma que los caños del artefacto tienen problemas y escucha los versos mientras simula que está trabajando. 

Incógnito CUANDO se harta de caminar, el hombre encuentra descanso metiéndose dentro del bolsillo del saco. Allí en el fondo, cómodo y adormilado, sólo debe evitar que sus manos, en busca de las monedas para el diario o el atado de los cigarrillos, den con su paradero.

tw Del libro: Actos que crean hábito. Macedonia Ediciones, 2014. Roberto Perinelli (Buenos Aires, 1940). Como dramaturgo estrenó más de 25 obras, trabajó en el Teatro San Martín, dirigió la Escuela Metropolitana de Arte Dramático y, actualmente, el Teatro del Pueblo. Como microficcionista integró los volúmenes Comitivas invisibles: cuentos breves de fantasmas (2008), La pluma y el bisturí (2006), 4 voces de la microficción argentina (2009) y Brevedades, antología argentina de cuentos re breves (2013).

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andéntres

Dos microrrelatos Marcos Ripalda

Prosopopeya A aquel gato tuerto le pusimos Brandy porque nos gustaba la sonoridad de la palabra. Además le hacíamos un homenaje íntimo a mi abuelo, gran bebedor de este licor que nunca faltaba en casa. Brandy, que vivió catorce años, fue un gato con aspecto de rufián que adoptó los modales de mi abuelo y hasta su pose. "Abuelo, ¿estás ahí?, le preguntaba al gato, que amanecía enroscado entre nuestras piernas. Si mi abuelo estaba, nunca se le ocurrió decírmelo o no supo cómo. En el primer aniversario de su muerte, mi mujer me acerca la botella de brandy y la invito a que me acompañe, aunque preferiría estar solo. Brindamos. A veces, cuando mi insomnio me mantiene en vilo, oigo las pisadas de mi abuelo. Camina por el pasillo, a oscuras, pegado a la pared, hasta alcanzar el mueble-bar. Allí, mientras se pone una copita pronuncia un tímido miau. 

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andéntres

Juventud sin Dios EL hombre monta en la bicicleta y se pega un trompazo de manual nada más salir de su jardín. Unos niños que han observado toda la secuencia -y que lo vieron venir, todo hay que decirlo-, se empiezan a descojonar mientras el hombre se convulsiona en el suelo. Como las convulsiones van a menos conforme se suceden los segundos, los niños se van desentendiendo del hombre y se ponen a jugar con el balón, que es lo que les apetece y las novedades duran lo que duran. El hombre no lo sabe, pero le quedan 36 segundos para morirse. Hubiese bastado un bolígrafo en la tráquea, un estudiante de medicina, una enfermera del montón, un aprendiz de churrero, un oficial de primera. El duro balón de reglamento lanzado hacia una escuadra imaginaria le da en la cocorota al hombre, que no dice nada porque han pasado ya los 36 segundos. Uno de los niños -el más flaco, un zagal eléctrico de tez cenicienta- le advierte a otro niño -más entrado en carnes, con los codos rebosantes de arañazos- que darle al vecino no otorga puntos extras. Por si acaso, el niño seboso le da otro balonazo en el melón al hombre y suena toc. Un niño despistado aulla gol. 

tw Relatos inéditos Marcos Ripalda es licenciado en Periodismo, diseñador gráfico y cuentista postirónico, término que acuñó con el beneplácito de su madre. Nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1976, actualmente es jefe de diseño del diario HOY de Extremadura. Publica un relato semanal en blogs.hoy.es/marcosripalda.

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cuentoscomochurros

Los malos modales

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cuentoscomochurros

SOY una ciudadana europea. Llevo una semana atrapada en el vuelo Madrid, Buenos Aires, Madrid de la compañía Lufthansa. He hecho el viaje de ida y vuelta cuatro veces y aún no he podido desembarcar por los malos modales de la gente. Me duelen las rodillas. Estoy harta de los pistachos. He pasado todas mis vacaciones en el asiento de un avión. Cada vez que llegamos a destino (ya sea en Ezeiza o en Barajas, en esto los argentinos y los españoles son igual de maleducados) la gente se levanta de su asiento, baja del portamaletas su equipaje de mano, se pone los abrigos y colapsa el pasillo de extremo a extremo. Yo intento permanecer tranquila, sonreír. Le advierto a mi vecino de asiento (yo tengo ventanilla, él tiene pasillo), que la cosa está dura, que o espabilamos o nos quedamos a pasar la noche allí. Luego siempre es igual. Salen todos en estampida, las azafatas se desentienden, nadie te cede el paso, todo son malos modales. Las puertas del avión se cierran enseguida y solo da tiempo a bajarse a unos pocos. El resto nos quedamos en el avión, con los periódicos abandonados y las mantas. Las horas entre vuelo y vuelo son bastante agradables. Somos varios los atrapados y ya nos conocemos las caras. Charlamos, leemos las revistas. A ratos logramos echar un sueño. El martes hicimos escala técnica en Copenhague y unos franceses muy educados consiguieron escapar. Les dije adiós por la ventanilla. He probado a encerrarme en el baño, a hablar con el comandante. No hay manera. La gente sabe los trucos y yo cada vez estoy más débil por la mierda de cenas que nos sirven. Soy una ciudadana europea. Ruego a las autoridades aeroportuarias que se pongan en contacto con mi familia, que avisen al consulado. Necesitamos un poco de aire fresco y que cambien por favor las películas. 

tw Colaboración mensual con Cuentos como Churros: ellos eligen una de las cuatro fotografías seleccionadas de El muro y cocinan con ella un rico churro que publicamos aquí. La fotografía es de Juan Francisco Sobrevals, finalista de nuestro Concurso de Fotografía de este mes.

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lapuertadelanevera

Perseo Si no quieres reparar tus errores haz como el gobierno: mételos en el congelador y espera cuatro años.

Reparar Juan Carlos Sant a Siempre tan im pulsivo, intento reparar lo que aún no se ha ro to. Me sentaré a espera r.

Iván Pacheco r la puerta er Deb ías repara quiero No ! de la nevera notas e ot nd já seguir de l al hielo. pegadas con sa

https://fotosdesdelabase.wordpress.com/

Deseo Batman sa puede ej Qué m or co , nte a los ojos mostrarse fre ue q , án im sujeta con un eseos. una lista de d

Manolilup Con permiso no hay aventura.

Permiso

Hugo Passas Un deseo... En contrarte detrás de los puntos suspensivos.

https://hugopassas.wordpress.com/

Eva Ruiz Con su permiso , le dejo el menú pa ra los desaguisados de la vida. La Psicocin era.

Ana Tomás García Si tienen permiso para saciar su hambre intelectual... ¿A qué esperan?

Déjale una nota al mundo en La puerta de la nevera: www.grupoanden.com

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diccionariodesaturno

Una nueva civilización está empezando de cero en Saturno, aún no tienen claros algunos conceptos, ¿les echas una mano con el diccionario? Participa en www.grupoanden.com

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r la era p s ae o rse . Limb odos a t t sen eca la O de hipot versa C n o N ns BA gar d una tra r e o u ele d v e i 1. L erte . Su hay cut Mald o e j v u ue m ati er e os. cre aunq od biern P y , . s o 2 go ne ño s. los ntá iez a cada o esp te d dé IA tal men varias C n AN me da ra n INF tado xima e du / ae .es 2 1. Esrar aprno los qu logspot.com r person b du os e es. uie din alq io om.es/ cas ndra rtosyjar u c e ton ot.c de Sa p://desie n d al. An o.blogsp es ó t n i t i h f r c r e a sin itu atu ncerb es, 2. S ado n seodelca n r ie la est p://elpa av la es a htt / n n s .e e lu om rcio po NA pre d rcía logspot.c o E r p a to.b m ND nte na CO vir sie Rosi Gnsamien e i a m 3 1. Vemanab.ujandounpe inverslaito. Luci s ://di cia de p htt ten d del n e 2. S gnitu ma

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sinopsis

«Peligro» Tres personas perdidas dentro de un túnel en Nueva Zelanda, un árbitro que pita un injusto penalty en Portugal y un hermoso colibrí que bate incansable sus alas en Canadá guardan una increíble relación en este electrizante relato de Thomas Mínguez. Nunca una editorial fue tan imprudente. ¡Peligro!

Peguer

«El escritor» Ella es la Musa de las Letras, buscando desesperadamente un escritor. La telepatía ha cambiado la forma en que los humanos cuentan sus historias. Él, es uno de los pocos que saben leer y escribir. Los dos aunarán sus fuerzas, para conseguir que el mundo lea un libro de nuevo.

Perseida | http://perseida14.blogspot.co.uk/

Tenemos el título del próximo éxito editorial, nos falta la sinopsis ¿nos ayudas? Participa en www.grupoanden.com

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brevemente

octubre

El espectador Semana 4 de concurso: 5 de octubre de 2015 Ganadora: Ana Sarrías Oteiza El puñetero ojo de la cerradura sigue rozando. Pero mi llave abre de todos modos, como siempre. Me descalzo y voy cruzando de puntillas el pasillo hasta la habitación de los niños. Están preciosos. Parece mentira todo lo que han crecido en un año. Les doy un beso en la frente y les arropo. Después entro en la habitación de los padres. Me acerco hasta su cama y les observo conteniendo la respiración. Me pregunto por qué no pudimos ser nosotros. Cómo se torció todo. Y cómo es que nunca cambiaron el bombín.

Domótica Semana 5 de concurso: 12 de octubre de 2015 Ganadora: Paloma Casado Marco —¿Y cómo es que nunca cambiaron el bombín si encontraban rastros extraños cuando volvían? —Al principio eran solo hojas secas y hierbas del jardín y supusimos que abriría las ventanas para airear las habitaciones. Nunca imaginamos que una casa inteligente también tuviera emociones, hasta que comenzó a soñar con mariposas. Después llegaron los pájaros y anidaron en los armarios de la cocina. Lo peor de todo, es que le apasiona la poesía y ahora se pasea declamando por el salón, un señor con levita que se parece a Pushkin.

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brevemente

Desacordes Semana 6 de concurso: 19 de octubre de 2015 Ganador: Asier Susaeta Díez de Baldeón Un señor con levita que se parece a Pushkin, es el reflejo que le devuelve el escaparate; sorprendido, se gira para observar los efectos del paso del tiempo, "quién te ha visto y quién te ve". Todavía con la honra magullada, recoge los restos de su violín en el macuto y examina las heridas de Amadeus, el pobre animal se ha llevado las patadas más certeras al intentar defenderle de esos rapados. Tras el parte de daños, caminan torpemente hasta su esquina de Postas con San Cristóbal para presenciar como la ciudad amanece; y respira aliviado, vuelven a ser invisibles.

tw Relatos finalistas de octubre de 2015 del concurso Relatos en Cadena, organizado por la Cadena SER y Escuela de Escritores. Puedes leer todos los seleccionados en www.escueladeescritores.com o www.cadenaser.com.

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dindondin

La Menesunda según Marta Minujín Hasta el 30 de noviembre Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Capital Federal (Argentina) Entrada: 20 $ (los martes, entrada libre) http://www.buenosaires.gob.ar/museoartemoderno

Concurso de Cortometraje Documental La Ciudad de México, Ciudad de ciudades Convocatoria abierta hasta el 19 de noviembre México DF (México) http://www.cultura.df.gob.mx

XIII Premio Iberoamericano de relatos Entrega de trabajos hasta el 1 de diciembre Cádiz (España) Premio: 12.000€ http://www.escritores.org

Jazz, jazz, jazz Hasta el 24 de enero de 2014 Círculo de Bellas Artes. Madrid (España) Entrada: 4 € http://www.circulobellasartes.com

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decamino

http://www.microwd.es

Microwd es una plataforma de crowdlending social que ayuda a mujeres de Nicaragua que no tienen acceso a líneas de crédito tradicionales, gracias a la financiación por medio de inversores en España. Se pueden financiar proyectos desde 300€ a 1.000€ que suelen servir para que las mujeres puedan comprar una vaca, pollos o un refrigerador…negocios muy básicos con muy poco riesgo. A día de hoy se han concedido 43 préstamos con un 100% de repago. El inversor, tras un año, recibe el total del préstamo junto a un 8% de beneficio, además de haber ayudado a empujar el negocio de una mujer nicaragüense.

tw La idea es estar centrados en Nicaragua, hacer crecer la región dónde tenemos una demanda de 4.000-5.000 préstamos y luego podremos pensar en abrir en otros países. Ahora mismo, nuestro foco es hacer que los 40 préstamos que hemos dado ya se puedan convertir en 400 y que todos respondamos manteniendo la tasa de repago en 100% o similar.

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entrecocheyandén

La derrota del general Castro Óscar Amador Vicente Alumno de Ítaca Escuela de Escritura

Para Jesús Barrio, él sabe por qué

EL General Castro, héroe de guerra que en aquellos días de contienda era tan solo Capitán Castro, reconquistador de posiciones perdidas, azote de comunistas y repúblicas, adalid del ejército nacional, baluarte de la patria que ahora inaugura carreteras, besa y abraza niños en pose que no desperdician los fotógrafos oficiales para acrecentar su leyenda, me tiende la mano a mí, uno más entre la multitud que le aclama, anónimo veterano de guerra, lisiado reconvertido a mendigo, beneficiario de una pensión que se diluye en chatos de vino para olvidar obuses y bayonetas, republicanos y nacionales, rojos y falangistas. Me ofrece la mano que ya ha ofrecido a cientos y que cientos han estrechado. Apretones de sumisión, apretones de admiración, apretones de conformismo, apretones de manos de vencedores orgullosos y vencidos complacientes entre vítores de señoras peripuestas, para las que la guerra fue una sucesión de titulares en portadas de periódicos matinales, y aplausos de caballeros elegantes, cualificados opinadores de la contienda que organizaban tertulias en cafés de postín mientras las bombas estallaban en otra parte. Yo le ofrezco la mía, y ambas se enlazan en un abrazo desigual; la mano del prohombre y la del paria. El General Castro me mira a los ojos con superioridad y confianza, como lo hizo con su tropa en aquel páramo olvidado junto al río Ebro, donde nos obsequió con una arenga cuartelera de honor, valor y patria antes de arrojarnos al terreno que

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entrecocheyandén

el enemigo, en un alarde de orgullo republicano, había recuperado en pocos días, mientras festejábamos en verbenas de pueblo una victoria no consumada. Y nosotros, soldados ya veteranos, forzosamente experimentados en matar y no morir, cumplimos órdenes una vez más. Muestra en su pecho, expuestas en un traje militar perfectamente almidonado, su catálogo de condecoraciones. Indecente plusmarquista de medallas y reconocimientos, miserables premios obtenidos a cambio de la sangre de otros, que mataron a su vez a otros tantos, para que hoy, entre aplausos y ovaciones de esta multitud subyugada, luzca orgulloso tales galardones. Cuelga de su cinto una heroica espada, quizá la misma espada que levantó un mediodía de abril en un monte de Cataluña, días después de acabada la guerra, para ordenar el fusilamiento de Ramón, el hermano pequeño que todos tenemos, o tuvimos; alegre, impulsivo, demasiado generoso en lo que cree son su ideales, quien, junto con otro soldado hambriento, quiso saciar su hambre fraguada tras jornadas de latas de sardinas insípidas y pan mohoso, con dos gallinas escuálidas robadas en una granja, con las que hicieron un caldo acuoso e inconsistente. El inflexible Capitán Castro, ya en vías de promoción y ascenso, encontró en la traición de estos dos muchachos motivo para demostrar a sus hombres la manera en que había que tratar la indisciplina. Los mandó fusilar, antes de asistir a una comida de elogio y reconocimiento que le brindaba la cúpula militar franquista, donde se hartó de embutidos, vino de la tierra y cordero lechal. Su mano es blanca, propia de una señorita de provincias, de dedos largos y finos, de manicura perfecta. Uñas que jamás han guardado tierra y mugre de trinchera bajo ellas, dedos que hace ya mucho que no sostienen un fusil, que ni siquiera en tiempos de guerra lo sostuvieron, tan solo movían piezas de madera sobre un mapa extendido en una mesa; batallones, ejércitos, divisiones de artillería, que ilustraban la que sería próxima victoria del Capitán Castro, el brillante estratega. La mía es ancha, morena, dedos cortos, cuarteados, callosos, usó fusiles y

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entrecocheyandén

pistolas, devino ejecutora de bayonetas caladas, curtida con mil tipos de mugre, con sangre, destrozada por el frío, acostumbrada a sostener chuscos de pan entre orines y muerte de trinchera bajo proyectiles y bombardeos, abocada en la paz a mendigar limosnas de almas caritativas, a sostener escasos tazones de sopa o acartonados mendrugos de pan en comedores de beneficencia, y eso ya es más de lo que pudimos comer aquellos días en la orilla del Ebro, donde el Capitán Castro, aupado en la cima de la llamada Cota 206, su atalaya de oficial al mando, supervisó nuestro despliegue, vio avanzar sus peones de carne y hueso por el terroso tablero, bajo el torrente de obuses republicano. Piezas que quedaban desparramadas en trozos sanguinolentos al ser vencidas, en vez de ser retiradas a un lado. Cubiertos por un diluvio de artillería retomamos las trincheras abandonadas, confiándonos a su protección húmeda y arcillosa. Incluso desde aquel agujero donde yo, como tantos otros desgraciados, esperaba la orden de ataque, oculto del último aliento de furia tricolor, sentía sus prismáticos golpeándome en el cogote. El Capitán Castro. El que nunca había perdido una batalla, ni nunca la perdería. Me estrecha la mano con fuerza, como lo tiene que hacer un hombre. Su mano engulle la mía, la devora, la fagocita, la abraza entre sus dedos tentaculares. Mi mano casi parece desintegrarse, la mano de un estudiante de pueblo hecha a los papeles, las plumas y los libros, que más tarde se curtió en faena cuando le entregaron un fusil y le señalaron quién era el enemigo, que se endureció con duros inviernos y veranos abrasadores, arrastrándose bajo matojos, reptando por montes y barricadas, que perdió la sensibilidad al apartar a los camaradas muertos y rebuscar tabaco de picadura en sus ropas, preciado tesoro de batalla guardado entre fotografías de madres dolientes y futuras novias desoladas. El apretón llega a su cenit, al momento presuntamente fraternal que iguala y acerca a dos hombres, pero que resulta ser un rompeolas, una barrera que distingue y separa al impetuoso, elegante y bien plantado

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entrecocheyandén

General y al desgastado y consumido mendigo. Un cañonazo desde la Cota 206 dio la orden de avance, un cañonazo enérgico que resonó por el campo de batalla, superponiéndose a explosiones, disparos y gritos. Salimos de los parapetos, fusil en mano, bayoneta calada, y corrimos hacia adelante, ni un paso atrás, siempre hacia delante, para poner en marcha la maquinaria de guerra, engrasada con sangre de jóvenes, con el fin derramar sangre de otros jóvenes. El Capitán Castro ya pronunció la frase ni un paso atrás en aquel margen del Ebro, mucho antes que un dictador genocida, de bigote importante y moral inexistente, la acuñara como suya. En esa contraofensiva, legítima, justificada y feroz, avanzamos como animales sobre aquel páramo de la ribera del Ebro, seres descerebrados que se movían por instinto de lucha y supervivencia, confiando en la suerte, en la presupuesta inmunidad que otorgaba la veteranía, encomendados al amparo que conceden una coalición de vírgenes y santos colgantes de una cadena al cuello. El General Castro afloja la presión de sus dedos, se da por satisfecho con el apretón de manos al mendigo tullido, uno más, uno de tantos vasallos, voluntarios forzados o complacientes, que le reconoce como puntal de la nación, como el bienhechor que les liberó de la inútil república que estaba arruinando el país, que ahora firma documentos, concede permisos y proyecta obras, que sonríe a desgraciados cojos que perdieron parte de su humanidad en batallas olvidadas. Sin embargo, yo le retengo. Ejerzo presión con mi mano cuarteada y callosa, apelo a ese retazo de orgullo rancio que aún me queda. Avanzábamos, cuando cayó a mi lado un furioso obús, henchido de rabia y agónica dignidad republicana. El frente desapareció, me encontré inmerso en una demente centrifugadora en la que daba vueltas sobre mí mismo, viendo ante mis ojos un carrusel imposible; cielo, suelo, humo, sangre, cielo, sangre,

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entrecocheyandén

suelo, hasta que mi espalda encontró la tierra y todo se hizo noche. Allí quedó mi pierna, pulverizada por un proyectil de la república en los estertores de su existencia, convertida en abono de cardos y matojos. Veo en sus ojos rabia contenida. El gran General, el ministro eficaz y fiel al régimen intenta soltar su mano de la inesperada trampa. Yo aprieto más y más, con las pocas fuerzas que me concede la justicia rencorosa que me mueve día a día. Me mira con odio, da un tirón, pero yo aguanto, y el odio da paso al desconcierto. Su mano tiembla dentro de la mía, laxa, sus dedos han perdido el vigor marcial que transmitían segundos antes. Da otro tirón que a punto está de derribarme. Vuelven a mí los obuses y trincheras, regresa el olor a muerte; dura tan solo un instante, ya que un último tirón, desesperado y enérgico, alentado por ese sentimiento que quizá nunca antes ha experimentado el glorioso General, separa nuestras manos, y el benefactor de la patria se aleja de mí con rostro descompuesto. Es en la distancia donde recupera su gallarda expresión oficial; soy vuestro líder y vosotros mis súbditos leales, y desde allí me escupe una última mirada, más letal que un pelotón de fusilamiento, antes de estrechar otras manos. 

tw Óscar Amador Vicente, Madrid 1973. Soñador de bolígrafo y libreta, trovador urbano, compilador de historias perdidas, escriba de argumentos aún por definir, cronista de este y de otros mundos. Publicaciones, relatos y premios en: http://oscaramadorautor.blogspot.com.es/

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metroligero - holakokoro

Š Jasten FrÜjen

tw Kokoro es un personaje singular, que se cuela en CpA, para contarte historias en pocas palabras.

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Cuentos para el andén Nº41  

Cuentos para el andén nº41 recupera los textos de autor novel, con la participación un nuevo Taller Colaborador: Ítaca Escuela de Escritura,...

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