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cuentoscomochurros

Saber estar A la mujer no se le ha ocurrido otra cosa que morirse en la playa. Todo el mundo que la ve cree que está tomando el sol, pero no, está muerta. La mujer viste un bañador violeta y un gorro de látex amarillo, su toalla es verde pistacho. Demasiados colores para estar tan muerta. Si al menos llevara un bañador oscuro o luciera una delgadez trágica. Pero no, encima la mujer está gorda. Hace un día precioso y va la mujer y se muere. Una playa no es el lugar más indicado para sucumbir a un ataque al corazón. Hay niños que construyen castillos de arena, hay adolescentes que aprenden a comerse con los ojos. ¿Dónde encaja aquí el gélido roce de la pálida dama? Un chaval busca caracolas en la orilla y se conforma con aquello que el mar le trae, pedazos de ostras, cáscaras de mejillones, algunas piedras de forma curiosa. A solo tres sombrillas de distancia, una embarazada acaricia su tripa; siente el calor del sol sobre su piel y se pregunta si el bebé también puede sentirlo. Un jubilado se obliga a nadar todavía una brazada más, por los viejos tiempos. Una señora de canas respetables se decide a hacer topless por primera vez en su vida. ¿Cómo puede alguien morirse en un sitio así? Se escucha entonces el grito de un vendedor ambulante. El hombre arrastra un carrito descascarillado que deja una huella de culebra sobre la arena. Llega hasta la mujer muerta y le pregunta: "Oiga, señora, ¿quiere usted un zumo?" La mujer muerta no se digna a responderle. El vendedor insiste: "Señora, zumo natural cien por cien garantizado, zumo fresquito, ¿no le apetece

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Cuentos para el andén Nº40  

En este número de Cuentos para el andén hallarás oficios escalofriantes con Paola Tinoco, amor a toda velocidad en las letras de Lorena Escu...

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