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entrecocheyandén

Mis compañeros se fueron olvidando de la broma y de que yo fuese niña, es más, llegué a pensar que tal vez era así, porque aparte de que era verdad que llevaba el cabello muy corto, poco ayudaba que no tenía orificios para los pendientes, por eso de que a mi madre le mareaba la sangre y los aros que se llevaban de moda en ese entonces, en fin, cosas muy de ella. Algo que también podía confundirlos y sobre todo confundirme, era que yo no jugaba a la comba con las demás niñas, me aburría un montón saltar sin sentido hasta cansarme y tampoco entendía porque los niños se quedaban embobados al ver agitarse las faldas. Para mí, había cosas más divertidas que hacer, como seguir los caminos de las hormigas o encontrar el sitio exacto de los grillos o subir a los árboles a ver nidos. El día que besé a una oruga felpuda y la boca se me hinchó como balón, mandaron llamar a mi madre a la oficina de la Señorita Directora Serapia Gómez. A mí me dejaron sentada fuera de la oficina, pero aun así, se podían ver las sombras de las dos a través del cristal traslúcido de la puerta, la directora se la pasó todo el rato moviendo los brazos de modo exagerado y mi madre asintiendo con la cabeza. -La directora me ha comentado que durante el recreo haces cosas que las niñas no hacen.- Me dijo mientras regresábamos a casa. Yo no sabía qué decir, porque no quería que se preocupara de que era verdad. Entonces ahí por la calle en la que íbamos, vi a una señora con su hija frente a un negocio viendo ropa de la que es cara, la niña de trenzas largas señalaba emocionada un gorrito de punto mientras sonreía dando saltitos hasta que entraron a la tienda. Así que se me ocurrió que ese tipo de cosas eran las que yo debería hacer. Entonces, al pasar por el mismo negocio, repetí la escena, para que mi madre estuviera tranquila de que yo no era rara. Mi madre se giró y vio el gorrito que señalaba y suspiró, luego se giró hacia mí y nos seguimos de largo. Como no funcionó, pensé que tal vez era cierto y que eso de ser niña no era lo mío.

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Cuentos para el andén Nº38  

Este número comprobamos cómo el creador de Drácula, Bram Stoker, también trabajaba el relato breve abandonando el género fantástico para ade...

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