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andénuno

Las dos cerillas Robert Louis Stevenson

CIERTO día, un viajero atravesaba los bosques de California en plena estación seca, cuando los vientos alisios soplaban con fuerza. Había cabalgado un buen trecho y, sintiéndose cansado y hambriento, desmontó para fumar una pipa. Pero resultó que al llevarse la mano al bolsillo sólo encontró dos cerillas. Rascó la primera, y no prendió. —Bonita situación —dijo el viajero—. Me muero por fumar y no me queda más que una cerilla. ¡Y seguro que no prende! ¿Hubo alguna vez hombre más desdichado? —Sin embargo —caviló—, supongamos que enciendo la cerilla, me fumo mi pipa y la vacío aquí, en la hierba: la hierba podría incendiarse, porque está seca como la yesca. Y mientras intento sofocar a manotazos las llamas de delante, escapan, me persiguen por detrás y prenden esas matas de zumaque. Habrían ardido por completo antes de que pudiera alcanzarlas. Más

Cuentos para el andén Nº37  

Este número es una muestra cosmopolita de textos breves: traemos una fábula desde la Escocia del XIX de la mano de un clásico como R.L. Stev...

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