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cuentoscomochurros

ERES un avestruz. Llevas una existencia de mierda sacando adelante unos huevos asquerosos del tamaño de un melón. Corres, corres que te las pelas. Andas todo el día como de puntillas para dar relevo a tu pareja en el cuidado de los huevos. Levantas mucho polvo con tus patas ortopédicas, con tu culo gordo, como si te persiguieran. Eres un avestruz (macho, hembra, casi da lo mismo), un centro de mesa con plumas, y estás harto de tanto tedio. Miras el azul del cielo sobre tu cabeza pelada como una posible escapatoria. Te dices que deberías echar a volar porque allá, tan lejos, tienen que pasar cosas. Pero no vuelas. Eres un avestruz (viejo, joven, da igual) y lo jodido es que no vuelas. Tienes las alas como de adorno y un cuello tan largo que solo sirve para mirar a lo lejos y beber el agua sucia de los charcos. Tienes miedo de las hienas, de la noche, tienes miedo de los otros avestruces. Lo tuyo es tener miedo, vigilar los huevos, correr de aquí para allá como si te cerraran las tiendas. Ocupas tu lugar en el nido y observas las bandadas de patos pasar sobre tu cabeza rumbo a alguna parte. Les miras cómo vuelan en formación de punta de flecha. Ellos son muchos, piensas, ellos se organizan. Has pensado algunas veces charlarlo con tu pareja. Te gustaría ir detrás de los patos, unirte a la comitiva, que pasen cosas. Pero te quedas en el nido. Tienes las alas cortas, unos huevos que cuidar. Eres un avestruz.

tw Colaboración mensual con Cuentos como Churros: ellos eligen una de las cuatro fotografías seleccionadas de El muro y cocinan con ella un rico churro que publicamos aquí. La fotografía es de Rosa María García, finalista de nuestro Concurso de Fotografía de este mes.

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Cuentos para el andén Nº37  

Este número es una muestra cosmopolita de textos breves: traemos una fábula desde la Escocia del XIX de la mano de un clásico como R.L. Stev...

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