Page 13

cuentoscomochurros

TENGO una buena y una mala noticia. La buena es que hay vida después de la muerte, la mala es que es muy aburrida. Por ejemplo, Emilia Monteagudo falleció un lunes cualquiera. La causa fue un ictus que le llegó de puntillas. Emilia se acostó con dolor de cabeza y se despertó fantasma. No somos nadie. Ella enseguida se dio cuenta de que estaba muerta. Comprendió que el cuerpo que abultaba en la cama, tan parecido a un montón de hojas secas, era en realidad el suyo. Emilia no podía gritar. No podía patalear. Estaba muerta. Su marido roncaba tan a gusto. Estaba vivo. Cuando el vivo de su marido despertó, no notó nada extraño. Se levantó en silencio y se fue a poner el café al fuego. Emilia quiso ir a avisarle, plantarse en la cocina y decirle aquí estoy, bien muerta, mírame, pero, por más que lo intentó, no logró alejarse de la carne de su cuerpo. Tomen nota: resulta que el alma está cosida a los pies y no puede despegarse.

idad

Desde el pasillo, su marido le gritó que se les hacía tarde. Ella sonrió sin usar su boca. ¿Tarde para qué, a ver? Tarde para todo. Su marido entró en la habitación y le tocó un hombro, o se lo tocó, al menos, al montón de hojas secas que antes era Emilia. Su marido le dijo que no se hiciera la remolona. ¿Será posible, pensó ella, que no te des cuenta que estoy aquí de cuerpo pre-

13

Cuentos para el andén Nº36  

En este número 36 de Cuentos para el andén leeremos relatos de Alfonso Fernández Burgos, Ángel Olgoso y Manuel Vilas, junto con nuevas prome...

Cuentos para el andén Nº36  

En este número 36 de Cuentos para el andén leeremos relatos de Alfonso Fernández Burgos, Ángel Olgoso y Manuel Vilas, junto con nuevas prome...

Advertisement