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andénuno

Nacimiento Eva Puyó

MI abuela juega a las cartas con mi hermana y conmigo. Tiene las uñas cortas y pintadas de un fucsia un poco descascarillado. Cuando juega es como mi padre, se concentra y no admite que los demás lo hagan para pasar el rato. Es bastante tarde. Ya nos ha dado de cenar unas empanadillas rellenas de huevo duro y atún, y nos ha peinado el cabello hasta dejárnoslo suave y liso, primero con el cepillo de cerdas negras, después con el peine de púas delgadas. Ha invertido cerca de una hora en hacerlo. Ahora podría pasar la mano entre mis cabellos sin encontrar ningún enredo. En mi clase todas llevan el pelo tan largo como yo. En la de mi hermana, a casi todas les han cortado una media melena. Mi hermana ha tenido que esperar un año para hacer la comunión conmigo, y por eso todavía conserva el pelo largo dentro de una clase de chicas trasquiladas. Mi abuela maneja el taco de cartas con soltura. Las vuelve a barajar como para quitarles las malas energías que le han hecho perder la última partida, y las recoge dentro de su funda de cartón. Son unas cartas raras. Nos las regalaron en la caja de ahorros y a veces cuesta identificar las figuras. A mi hermana y a mí nos gusta mirar la cara joven y delgada del paje o del caballero y hacer como que bebemos de la carta del as de copas. Mi abuela bosteza y nos dice: "Es hora de ir a la cama". Mis padres se han marchado juntos y nos han dejado a solas con ella. No suelen hacerlo. Logramos convencer a mi abuela para que nos permita ver un rato más la tele.

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Cuentos para el andén Nº33  

Este Cuentos para el andén trae tres microrrelatos que son tres clavos para el ataúd de la violencia de género, cuyo entierro esperamos cele...

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