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andéntres

ros, como de niño. Estamos muy unidos. Juntos nos da siempre por sentirnos fuertes, libres de preocupaciones. Además nos reconforta saber que todos los nuestros se encuentran a salvo. Así que ha empezado la partida de billar y se han acercado dos mujeres jóvenes, resultan ser turistas alemanas que vienen a vernos jugar y a observar de cerca la agilidad que hay en nuestra manera de desplazarnos, todo este don que hoy, por sorpresa, nos acompaña. Nos sentimos tan relajados, y este aire nos hace tanto bien, que realizamos jugadas inverosímiles. No jugamos el uno contra el otro sino el uno afirmando al otro. Por otra parte no perdemos la concentración por contestar a las preguntas que nos dirigen las dos extranjeras. Nos expresamos de repente en un correcto alemán que a veces se vuelve un correcto inglés. No recordábamos hablar tan bien estos idiomas. «Estamos de suerte. Será eso —dice mi hermano—, como en aquella carrera del noventa y cuatro.» «Tienes razón —le respondo—, ¿pero no hemos jugado ya bastante al billar?»

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Cuentos para el andén Nº31  

En las páginas de este nuevo número de Cuentos para el andén habita un cuento del gran John Cheever, icono del relato norteamericano crítico...

Cuentos para el andén Nº31  

En las páginas de este nuevo número de Cuentos para el andén habita un cuento del gran John Cheever, icono del relato norteamericano crítico...

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