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andéndos

De estar por casa María Cabrera

POR hacer algo salimos a tirar la basura. Además se había roto una mesilla, una de las patas, no merecía la pena arreglarla. Y tú que cómo había pasado con lo que te gustaba. Nos vestimos apresuradamente, buscando cada uno la ropa del día anterior. Bajamos la escalera, yo con las bolsas por delante, sin hablar. Preferíamos dejar la conversación arriba, nos parecía más fácil gritar de una habitación a otra, sin cruzarnos, solo las voces, y luego pensar que no había habido tal discusión. A los gritos siempre los sucedía el silencio. Solíamos callar de un modo tan brusco que yo me quedaba con ganas de decir más. Señalar cosas que no encajaban. Como esa mesa quebrada de repente entre ambos, en medio del salón, recién terminado el desayuno. Se rompió la mesilla y punto. Teníamos esa forma de hablarnos sin argumentos, por ráfagas de humo, en voz muy alta, como inconexa del ser que hablaba. Así fue desde el principio, cuando los dos fumábamos y salíamos a la calle más felices y aliviados. Si hace sol es mejor estar fuera. Pero hoy hace frío, dijimos, qué inmóvil todo. Era como ir sola. Como haberse quedado donde la última palabra, sentada a la mesa despatarrada, la taza de café y los platos por el suelo, la mirada en la planta acariciada por diminutos voladores negros. Admití que las cosas se rompen de usar-

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Cuentos para el andén Nº29  

En este número de Cuentos para el andén te traemos algún texto un poquito más largo, para que tengas unos minutos más de lectura estas vacac...

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