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entrecocheyandén

Intercambios Gemma Pérez Martínez Alumna de Escuela de Escritores

EN mi familia éramos siete y cada día de la semana nos tocaba ser un miembro diferente. Los miércoles eran mis favoritos, hacía de mi hermana Margot y me podía pasar el día tumbado en la cama limándome las uñas y escuchando música a todo volumen. Lo malo eran las vacaciones, cuando venía su novio de Holanda y me tenía que morrear con él. Sin embargo detestaba los sábados, cuando me tocaba hacer de papá. Nunca he entendido esa manía suya de trabajar en fin de semana. Me calzaba su chaqueta, me ponía el sombrero y tenía que ir de casa en casa vendiendo un absurdo producto blanqueador instantáneo de dientes, que todo el mundo sabía que no funcionaba. A él, por el contrario, se le daba muy bien hacer de mí. Los profesores decían que esperaban que llegase el jueves, cuando asistía a clase por mí, para que aumentara mi media de matemáticas. El único inconveniente era su obsesión por tocarle el culo a las niñas. Sus padres, en más de una ocasión, llamaban a casa para pedirle cuentas, pero lo único que encontraban al otro lado de la línea era a mi hermano Nicolae, chupete en boca, balbuceando palabras incomprensibles. A mi abuelo Philippe le gustaban todos los días de la semana menos el que tenía que hacer de él, porque entonces sufría de la próstata y no paraba de ir al baño. El resto de días, sin embargo, podía olvidarse de su den-

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Cuentos para el andén Nº27  

Este mes en Cuentos para el andén sólo hemos publicado relatos inéditos, estrenamos web, publicamos al ganador del II Concurso de Relato Bre...

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