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LIBRO DIGITAL

¡QUÉ FAMILIAS! FAMILIAS! AUTORES: AUTORES Alumnos/as de 3 años del CEIP “Concepción Arenal” (Cartaya)


FAMILIA GONZÁLEZ DOMÍNGUEZ Érase una vez, la familia González Dominguez que tenía cuatro miembros: Señor Melón, Melón que era el papá. Señora Sandía, Sandía que era la mamá. Chupa chus, chus que era el hermano mayor. Y, Piruleta que era la hermana pequeña.

Un día, cuando Chupa Chus y Piruleta aún no habían nacido, el señor Melón y la señora Sandía que vivían en otro pueblo, decidieron venir a


Cartaya buscando una vida mejor, pero siempre pensando que algún día regresarían. Todo cambió cuando nacieron Chupa chus y Piruleta. Sus papás veían que sus hijos aquí eran muy felices y que su futuro era mejor; tenían muchos amiguitos, Chupa chus iba a multideporte, jugaba con sus amigos y Piruleta estaba muy contenta en el cole. Así, esta familia decidió quedarse en Cartaya, y, a veces, iban a su pueblo a ver a la familia y amigos que tenían allí.

Y COLORÍN COLORADO ESTA HISTORIA HA TERMINADO. TERMINADO.

AUTOR AUTOR: OR: Familia de Alba González


UNO MÁS EN NUESTRA FAMILIA Érase una vez una familia formada por un papá, una mamá y dos niñas. Una de las niñas se llamaba Carmen y la otra Lola, su papá Fran y su mamá Mamen. El papá de Carmen había comprado un campo y le prometió a toda la familia que los llevaría el fin de semana para estar todos juntos. Sus padres todos los días iban a prepararlo para cuando llevara a las niñas estuviese todo listo. Poco a poco se acercaba el fin de semana y las niñas estaban deseando ir a su nuevo campo. Pero sus padres estaban preocupados porque habían hecho un parque con columpios, tobogán… y temían que lloviera y no lo pudiesen disfrutar. Por fin llegó el día de ir y el tiempo estaba fabuloso, prepararon todo y se fueron. Cuando llegaron y vieron el parque, las niñas se pusieron muy contentas y se pusieron a jugar hasta el atardecer. Estaban muy cansadas, así que cenaron y se quedaron dormidas. Al día siguiente llegaron todos los abuelos, titos y primos para pasar el día todos juntos en familia. Todos los niños estuvieron jugando en el parque juntos,


tirándose por el tobogán una y otra vez y columpiándose hasta la hora del almuerzo. Una vez almorzados, el papá de Carmen y Lola salió de la casa y llamó a todos. ¿qué quiso enseñarles? Les enseñó una perrita recién nacida que era el regalo para sus hijas Carmen y Lola. Las dos niñas estaban muy felices y contentas con el nuevo miembro de su familia. Así, la llamaron Kira y le colocaron un collar. Todos los fines de semana se reúne la familia para disfrutar de esta nueva casa y de la perrita Kira. FIN

AUTOR: AUTOR Familia de Carmen Rosa Rosa


ALEJANDRA Y LOS CUATRO CERDITOS Érase una vez que se era, una niña llamada Alejandra Romero, toda la gente la quería mucho por ser muy risueña pero al mismo tiempo muy tozuda. Ya estaba en el cole y decía que tenía muchos amiguitos y que se lo pasaba muy bien allí porque jugaba, aprendía y se divertía mucho aprendiendo cosas. Un día descubrió que en el campo de sus abuelitos había unos cerditos; bueno… en realidad ¡eran cuatro! Dos tenían el pelo rojito y otros dos más chiquititos con el pelo de color negro, que eran muy bonitos. Alejandra se hizo muy amiga de los cuatro cerditos, cada vez que iba a ver a sus abuelitos lo primero que hacía era ir a verlos para jugar con ellos. Le gustaba mucho darles de comer y de tanto darles y darles, los cerditos cada día eran más grandes; ya ellos cuidaban de ella por ser ahora más pequeña que ellos. Un día, Alejandra vio por los alrededores del campo de su abuelito un hombre malvado, le llamaban “el señor de los cuchillos”. Una tarde, ya de oscuro (como ella decía), el hombre malvado vio a la niña jugando con sus amigos los cerditos y les dijo que les iba a hacer daño, pero Alejandra le dijo que ¡no, no y no lo iba a lograr! Y entonces el “señor de los cuchillos” se fue, y dijo muy enfadado: ¡Volveré, ja, ja, ja!


Días más tarde, la niña Alejandra tuvo una idea: “dejarlos escapar para que el malvado “señor de los cuchillos” no les hiciera daño”. Y los cuatro cerditos se marcharon muy tristes por dejar allí a su amiga Alejandra. Pasaron unos meses y llegó la Navidad pero la niña seguía muy triste por no saber nada de sus amigos los cerditos. El día de Nochebuena “ya de oscuro” tuvo una visita muy sorprendente ¿a qué no sabéis qué fue esa sorpresa? Pues sí, eran sus amigos los cerditos con un regalito para ella ¿Y qué sería ese regalito? Pues era un patinete de Hello Kytie. Así, fue la mejor Navidad de Alejandra y los cerditos. Y FUERON FELICES Y COMIERON BELLOTAS.

AUTOR: AUTOR: Familia Familia de Alejandra Romero


MI FAMILIA Nuestra familia es “superguay”. Somos muy felices y lo pasamos bien. Está formada por mi papá, mi mamá, mi hermano Miguel y yo. Todos los días lo pasamos de “rechupé”. AUTOR: AUTOR Familia de Miriam Zunino


EL ABUELO ABUELO Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes. - Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas. El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara. -

¿Lo

ves?

Tienes

demasiadas

arrugas

- Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí. A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...


Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña: - ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí? Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo: - Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque.... ¡te quiero!

AUTOR: Familia de Lucía Alfonso Alfonso


EL BEBÉ DE LOS PAPONATAS Los paponatas son unos pequeños seres de colores con forma de patata. Además de ser divertidos y simpáticos, los paponatas tienen una característica muy especial: cada vez que nace un bebé paponata, sea del color que sea, a sus papás les crece un nuevo brazo del mismo color que el bebé. Ese es el brazo especial del bebé, que sus papás dedican exclusivamente a cuidar de ese hijo. Pero un día un bebé paponata de color azul nació sin que a sus padres les creciera ningún brazo azul ¡Menudo problema! ¿Cómo podrían cuidarlo, si sus papás sólo tenían el brazo verde de su hermano mayor y el brazo rosa de su otra hermana? Lo primero que intentaron aquellos papás tan preocupados fue ponerse un brazo de mentira, pero no servía para nada, y el bebé no hacía otra cosa que llorar. Luego pidieron ayuda a otros papás paponatas, pero todos tenían todos sus brazos muy ocupados con sus propios niños, y nadie pudo hacer nada. Los papás del pequeño paponatito azul ya no sabían qué hacer, y se morían de pena al ver que su bebé moriría por no poder cuidar de él.


Pero entonces, sucedió algo que no había ocurrido jamás. El hermanito verde y la hermanita rosa fueron a ver a sus papás y se ofrecieron ¡a compartir sus brazos especiales! Los papás no podían creer que tuvieran unos hijos tan generosos y estupendos que estaban dispuestos a compartir sus brazos, a pesar de saber que si los dejaban para cuidar a su hermanito, muchas veces no podrían usarlos con ellos mismos por estar ocupados con el bebé. Papá y mamá paponata se llenaron de alegría y felicidad por poder cuidar al bebé, y desde aquel día quisieron todavía muchísimo más a sus generosísimos hijos mayores. Y tanto los quisieron, y tan generosos habían sido aquellos pequeños paponatas verde y rosa, que al poco tiempo también a ellos les creció un alucinante brazo multicolor, con el que pudieron ayudar a sus papás a cuidar del bebé siempre que quisieron.


AUTOR: AUTOR: Familias de Francisco JosĂŠ Maestre y de Naira Ramos


EL LADRÓN DE HUEVOS Érase una vez una familia muy humilde formada por seis personas con los abuelos. El abuelo Juan, la abuela María, el papá José, la mamá Yessi, la hermana Janira y el pequeño Yeray. La familia iba todos los domingos al campo de los abuelos. Un día, Yeray quería ir al campo para recoger los huevos de las gallinas y las panitas. Pero… ¡cuál fue su sorpresa! Los huevos habían desaparecido y allí solo había una pequeña huella como la de una persona; pero era muy pequeña y apenas se apreciaba. ¡Se parecía mucho a la de un duendecillo! El abuelito y Yeray se propusieron coger al ladrón y pusieron una pequeña cámara para cogerlo. Pasó un día y otro día y el que hizo tres vieron quien era el famoso ladrón de los huevos: ¡Era un duendecillo! Yeray y su abuelo para cogerlo, le pusieron una pequeña jaula como una trampa y… ¡por fin lo cogieron! Cual fue la sorpresa del pequeño duendecillo que lo capturaron. El duendecillo estaba tan asustado que le pidió al niño y a su abuelo que lo soltara y ya nunca más


robaría huevos. El duendecillo lloraba y lloraba y pedía ¡Soltadme, porfa, soltadme! A Yeray le dio mucha pena y le pidió a su abuelo que lo soltara. Y su abuelo lo soltó. Así, Yeray y el duendecillo se hicieron amigos; pero el duendecillo se fue y no regresó más. A raíz de ese día, Yeray y su abuelo recogían todos los días los huevos como siempre lo habían hecho.

FIN

AUTOR: AUTOR: Familia de Yeray Hervás


EL NACIMIENTO DE LAS TORTUGAS Amanda estaba emocionadísima. Habían tenido que esperar muchos días, pero por fin, aquella noche nacerían las tortuguitas en la playa ¡Y su papá le iba a llevar a verlas! Se levantaron cuando aún era de noche, tomaron las linternas, y fueron a la playa con mucho cuidado. Su padre le había hecho prometer que respetaría a las tortugas bebé, y que no haría ruido y obedecería al momento, y ella estaba dispuesta casi a cumplir cualquier cosa con tal de poder ver cómo nacían las tortugas. No sabía muy bien cómo sería aquello, pero había oído a su hermano mayor, que las tortugas nacían en la playa a pocos metros del agua, y luego corrían hacia el mar; y todo

eso

le

pareció

muy

emocionante.

Agazapados y sin hacer ruido, sólo con la pequeña luz de una linterna muy suave, estuvieron esperando. Amanda miraba a todas partes, esperando ver a la tortuga mamá, y casi se pierde la aparición de la primera tortuguita. ¡Era tan chiquitina! Se movía muy torpemente, se notaba que era un bebé, pero sin esperar ni a sus


hermanos ni a la tortuga mamá comenzó a correr hacia el mar. Enseguida aparecieron más y más tortuguitas, y todas comenzaron

a

correr

hacia

la

orilla.

Ellos seguían escondidos y quietos, observando el bello espectáculo de aquella carrera loca. Pero enseguida ocurrió algo que a Amanda le pareció horrible: llegaron algunas gaviotas y otras aves, y comenzaron a comerse algunas de las tortuguitas.

Amanda seguía buscando por todas

partes para ver si aparecía el papá tortuga y les daba una buena zurra a aquellos pajarracos, pero no apareció por ningún sitio. La niña siguió observando todo con una lagrimita en los ojos, y cuando por fin las primeras tortuguitas llegaron al agua y se pusieron a salvo de los pájaros, dio un gritito de alegría. Aunque los pájaros comieron bastantes tortuguitas, finalmente otras muchas consiguieron llegar a la orilla, lo que hizo muy feliz a Amanda. Cuando volvían a casa, su papá, que había visto la lagrimita de Amanda, le explicó que las tortugas nacían así; mamá tortuga ponía muchos huevos, escondiéndolos en la arena, y luego se marchaba; y cuando nacían las


tortuguitas debían tratar de llegar a la orilla por sus propios medios. Por eso nacían tantas, porque muchas se las comían otros animales, y no sólo en la arena, sino también en el agua. Y le explicó que las pocas que conseguían ser mayores, luego vivían muchísimos años. Amanda se alegró mucho de aprender tanto sobre las tortugas, pero mientras volvía a casa, sólo podía pensar en lo contenta que estaba de tener una familia, y de que sus papás y sus hermanos la hubieran ayudado y cuidado tanto desde pequeñita.

AUTORES: AUTORES: Familias de Inés Barroso y Paula González


“EL PERRO GUÍA” Érase una vez una niña llamada Aurora que vivía con su feliz familia en una humilde casa cerca de la ciudad. Aurora tenía un hermano mayor que se llamaba David. Un día sus padres fueron a trabajar y dejaron a David a cargo de su hermana Aurora. A David le entró mucho sueño mientras veía la televisión y Aurora estaba tan aburrida que decidió salir a buscar a sus padres. Por el camino se encontró con un perro vagabundo y se hicieron rápidamente amigos. Al cabo de un rato, David despertó y se dio cuenta de que su hermana no estaba en casa. Salió corriendo en busca de Aurora pero no la encontraba. Anocheció y Aurora seguía jugando con el perro. Y cuando Aurora quiso volver, no encontraba el camino de vuelta. Se puso a llorar y el perro empezó a correr delante de la niña y la llevó a su casa. Cuando los padres volvieron a su casa, Aurora y David estaban jugando en el salón con el perro vagabundo, al que llamaron Rufo, y entre todos decidieron adoptarlo.

Y vivieron todos muy felices para siempre.


AUTOR: AUTOR: Familia de Andrea MartĂ­n


GOCHO Y SUS HERMANOS Érase una vez, un niño que vivía con su papá, su mamá y su hermana. Quería tener una mascota que formase parte de su familia. Le regalaron un pájaro pero al niño le daba miedo. Mientras que su hermana sacaba al pájaro de la jaula y jugaba con él, el niño lloraba, por lo que se decidió devolver el pájaro a quien nos lo había regalado. Un día, el pájaro se escapó de la jaula y empezó a revolotear hasta que se posó en el hombro del niño. En ese instante, el niño se dio cuenta de que el pájaro no le iba a hacer daño y quería ser su amigo; lo acarició y lo cogió entre sus manos. Desde ese momento, sus padres decidieron quedarse con el pájaro, formando así parte de la familia. Le pusieron de nombre Gocho y todos los días juega con sus hermanos.

FIN


AUTOR: AUTOR: Familia de Álvaro Ruiz


JUANITO Y SU FAMILIA En una casa muy lejana a la mía, vivía un niño de mi edad que se llamaba Juanito. Juanito no tenía muchos juguetes, pero sí tenía una familia que le quería mucho. Sus padres estaban muy contentos con los juguetes que le hacía con madera y tela. En un árbol que había al lado de su casa, su papá le hizo un columpio, donde empezó a pasar la mayor parte de su tiempo. También tenía una hermanita que se llamaba Coral, con quien compartía su tiempo y sus juguetes. Pero cuando cumplió 12 años, tuvo que irse del pueblo para terminar de estudiar y así conseguir un trabajo digno y llevarse a su familia. La despedida fue muy dura para todos, pero lo fue más para Juanito, pues tenía que separarse de su familia y de sus juguetes hechos con todo el cariño del mundo. Después de unos años, Juanito regresó a la aldea en busca de sus padres y de su hermanita. Después de tanto


estudiar, pudo conseguir lo que quería: un trabajo que le permitía mantener a su familia. Juanito, se llevó a su familia a la ciudad donde él trabajaba, pero… a pesar de los años que ya habían pasado, Juanito aún se acordaba de las carreras con los niños de la aldea, sus padres, su hermana, sus muñecos de madera y su columpio colgado del árbol. Juanito sigue diciendo que nunca olvidará su juego preferido… ¿Sabes tú cuál es?

AUTOR: AUTOR: Familia de Mohamed Gassa


LOS ANIMALITOS EN CASA Érase una vez un niño al que le gustaba mucho los animales. Su papá le trajo un perrito llamado Jero y un canario llamado Pocoyó. El niño le decía a su papá: ¿Por qué no me traes una ranita? Y su papá que lo quería mucho le trajo cuatro ranitas. Esa noche las puso en el patio pero olvidó cerrar la puerta. Al día siguiente, el niño, su mamá y su tata las buscaron por el patio y no estaban; se habían escapado por la casa. Una apareció en el dormitorio,, otra en la cocina y las otras dos en el cuarto de baño. Al día siguiente, el niño fue al parque como de costumbre y se lo estaba pasando muy bien, pero su mamá le dijo que había que irse a casa. Él no quería porque en ese momento se le posó en el hombro un pájaro precioso. Al principio el niño se asustó porque no sabía lo que era, pero cuando se dio cuenta de que era un pájaro, dijo: “Mamá, mamá ¿nos lo podemos quedar?”; y la mamá aceptó contenta, pero le dijo que lo tendría que cuidar, le tendría que dar agua, comida y limpiarlos. Pero lo más


importante era quererlos mucho, jugar con ellos y no aburrirse de ellos. Desde entonces, todos los días los limpia y juega con ellos. El niño es muy feliz con sus animalitos y se divierte mucho. Y COLORÍN COLORADO, COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO. ACABADO.

AUTOR: AUTOR: Familia de Jose Carrillo


LOS TRES CERDITOS Vamos a construir una casa para vivir. El hermano mayor, que era más trabajador, de ladrillo la construyó. El mediano, de madera. Y el más pequeño, de paja. El lobo sopló y sopló, Y solo la casa de ladrillo quedó. El lobo por la chimenea entró y el “culete” se quemó.

FIN


AUTOR: AUTOR: Familia de Ali Belarchaoui


MI CUENTO CUENTO Érase una vez una familia que vivía en una Ermita llamada “Ermita de Consolación”. En esa ermita habitaba mi papá, mi mamá, mi abuela, mi hermana y yo. En ella pasábamos largas temporadas y disfrutábamos de la compañía de nuestra familia y amigos, hacemos barbacoas, celebramos mi cumpleaños, que fue el día 11 de Julio; y en verano me divierto bañándome con mi hermana y primos. ¡Mi mejor compañía es mi familia a la que QUIERO MUCHO!

FIN

AUTOR: AUTOR: Familia de Carmen Cinta Moreno


MI PESCAITO ¡Hola! Mi nombre es Ana y hoy es el día de mi cumpleaños. Por la mañana me he levantado muy contenta porque mi mamá me ha dicho que me va a llevar una tarta al colegio para mí y para todos mis compañeros. A eso de las once de la mañana, mi mamá apareció con mi abuela Rosi en el cole con una tarta de chocolate ¡hummm...! ¡Qué rica! A algunos de mis compañeros le gustó pero a otros no. Por la tarde, estuve en casa de mi abuela Carmen con mis primos Alejandro y Alba, donde pasé toda la tarde jugando pues mi mamá estaba trabajando; pero mi papá sí estuvo conmigo. En realidad, lo más sorprendente fue por la noche. Os lo cuento, ¿vale? Mi papá y yo fuimos a buscar a mi mamá al trabajo y cuando volvíamos mi mamá me dijo que mi tata y mi tato vendrían a casa para darme las felicidades; ¿pero sabéis qué?


Cuando llegaron me traían un regalito muy bonito ¿sabes qué era? Era un pescaito de color naranja y me trajeron también una pecera de color rosa con sus piedrecitas en rosa y azul. Yo me puse muy contenta porque por fin tendría una mascota; y cuando me preguntaron qué nombre le pondría dije yo… ¡PEPITO PEPITO! PEPITO Así que, mi pescaito se llama Pepito y tengo que darle de comer una vez al día. Estoy muy contenta porque mi pescaito me gusta mucho. FIN

AUTOR: AUTOR Familia de Ana Bazo


A las las familias del aula de 3 años del CEIP “Concepción Arenal” de Cartaya. Gracias por colaborar. La seño: Alicia B.


¡QUÉ FAMILIAS!