EL Señor Zorro y el hilo rojo

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Prólogo Al señor Zorro siempre le habían gustado los libros. Tanto le gustaban, que se los comía con un pellizco de sal y un poco de pimienta. De esta forma no solo saciaba sus ganas de aprender, sino también el hambre. Y tenía un hambre voraz. Su enorme apetito estuvo a punto de llevarle a la ruina, porque su ansia lectora era mucho mayor que su presupuesto. Pero entonces descubrió que se le daba muy bien escribir y, como sus propios libros le parecían muy sabrosos, llegó a ser uno de los escritores más populares del mundo entero.


El seĂąor Zorro era una estrella. Sobre todo sus novelas del detective Jacky Marrone lo habĂ­an convertido en una

celebridad mundial y en el nĂşmero uno de

las listas de ventas.


Sus libros se leían

por millones y se traducían a

cientos de lenguas y, así, el señor Zorro no solo se hizo mundialmente famoso, sino también muy rico.


Se comprĂł una gran casa en la linde del bosque y una motocicleta con

manillar dorado y doble tubo

de escape. Y cada semana adquirĂ­a al menos tres libros. El seĂąor Zorro llevaba una buena vida, no le faltaba de nada.


Pero como su manjar favorito eran sus propios libros, no se pasaba el dĂ­a

tumbado a la bartola sino

que trabajaba afanosamente imaginando nuevas historias.


Esto hacía muy feliz al señor López, su amigo y editor, quien había descubierto el

gran talento del zorro

unos años atrás. Desde entonces, él se ocupaba de que las historias que escribía el señor Zorro se convirtieran en libros de verdad. Y por eso el señor López tenía también una abultada cuenta en el banco, además de una esposa encantadora y tres hijos preciosos. Al principio, la familia López solía invitar al señor Zorro a cenar y a las fiestas de cumpleaños. Pero un día, cuando les estaba contando un cuento antes de dormir, el señor Zorro se comió

el libro favorito de los

niños, incluido el marcapáginas, con un pellizco de sal y un poco de pimienta. Desde entonces, decidieron evitar aquellas reuniones.