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Cuadernos Nº 15

Enero, 2009

Algunas cifras muestran el fracaso de la producción agricola nacional

Balance agrícola en Venezuela: algunas comparaciones Alberto Ramos Balzai

“...la agricultura rentable y competitiva, inexorablemente, tendrá que ser sinónimo y consecuencia de agricultura muy eficiente en los aspectos tecnológicos, gerenciales y organizativos” Polan Latki, FAO, 1996

E

l balance agrícola venezolano de los últimos 10 años, analizado en los resultados, como son el aumento de la superficie cosechada, los rendimientos y el abastecimiento del mercado nacional e internacional, arroja resultados negativos. La ventaja sobre otros países latinoamericanos -contar con recursos monetarios, producto de los altos ingresos petroleros- no ha sido aprovechada. Mientras la mayoría de los agricultores de esos países clama por subsidios y ayudas que sus gobiernos no pueden otorgarles, la agricultura venezolana no ha contado con el vigoroso impulso necesario para lograr el ansiado desarrollo agropecuario. A los agricultores que no pueden disponer de las ayudas que solicitan y ante la imposibilidad de lograr que las economías desarrolladas dejen de subsidiar a sus agricultores, se les ha ofrecido la salida de desarrollar un mejor profesionalismo, más tecnología -producto de la investigación científicamejor gerencia y una buena organización gremial. El cultivo de la soya en Brasil constituye un buen ejemplo de un camino cierto y con resultados. Hace 30 años, la superficie de soya en ese país era muy pequeña, limitada a los estados del sur, con condiciones de clima templado. A partir de los años 70 se desarrolló un vigoroso programa de investigación agrícola, lográndose la

creación de la primera variedad de soya tropicalizada, lo que permitió la expansión de la producción a la zona central y parte de la zona norte, hasta ese momento dedicada sólo a la producción ganadera extensiva. A partir de esa fecha se crearon nueva variedades tropicalizadas y tecnologías de producción que han logrado una superficie de siembra de más de 16 millones de hectáreas, estando el 50% de esa superficie en las zonas tropicales y subtropicales del centro norte brasileño. Hoy día, Brasil es responsable del 22% de las exportaciones mundiales de soya, con mayores rendimientos que en zonas templadas y con menores costos de producción. Todo ello como consecuencia de una tecnología propia, adaptada a su medio, como resultado de una seria e intensiva investigación agrícola promovida por el Estado, con amplia participación de agricultores y empresarios de la agroindustria y el agrocomercio. Cuando contrastamos el ejemplo anterior con nuestra realidad nos damos cuenta que hemos perdido un precioso tiempo, cuya recuperación costará mucho. Las políticas agrícolas basadas en los Fundos Zamoranos y los Gallineros Verticales, han fracasado. En materia de investigación, los recursos necesarios son ó bien negados o mal utilizados. La capacidad de investigación agrícola de la Universidades Nacionales no puede expresar todo su potencial por la asfixia económica que por la vía del presupuesto se le ha impuesto. Solo la creatividad, el empeño, y el esfuerzo de los investigadores universitarios, hace posible un aporte que pudiera ser mayor. En el caso del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), los recursos asignados, además de ser insuficientes, se les disminuye aún más al pretender abarcar la docencia de postgrado –además de otras tareas. Los postgrado son y seguirán siendo competencia de las universidades con fama nacional e internacional. En síntesis, no contamos con una política de investigación que logre la concertación entre agricultores e investigadores y que resulte en la tecnología necesaria para el autoabastecimiento en rubros tropicales y de exportación. La extensión agrícola necesaria para la transferencia tecnológica es muy insuficiente por parte del sector oficial,

reduciéndose a la que dan los departamentos técnicos de las asociaciones de productores y los de las casas comerciales, estas últimas, con un interés de vender sus productos. La transferencia está limitada a copiar la tecnología de los productores de avanzada por parte de sus vecinos productores. En materia de financiamiento, si no fuese por el otorgado por el agrocomercio, sería deficitaria y no alcanzaría para cubrir la superficie sembrada en la actualidad. La rentabilidad del negocio agrícola es baja. Pero además, el control de precios impide sincerarlos a valores reales. Existen tecnologías de menores costos que aún no aplicamos en nuestros campos. El concepto de diversificación, contenido en los postulados de una Agricultura Tropical Sostenible (ATS), están ausentes y domina el monocultivo como expresión de la cuestionada Revolución Verde. Los resultados que, al fin y al cabo, son la respuesta a una política agropecuaria indican que hemos perdido un valioso tiempo y recursos que hubiesen servido para un verdadero desarrollo de nuestra agricultura. Pese a las dificultades de contar con estadísticas oficiales, salvo en algunos rubros (Sub-Sector Animal) del MPPAT (Ministerio de Poder Popular para la Agricultura y Tierras) y podemos exponer que en el sector agrícola vegetal, sólo los rubros cereales y hortalizas, ha experimentado crecimiento en la superficie cosechada, durante el período 1998-2008, de 687.000 hectáreas a 1.113.000 y desde 40.000 hectáreas a 61.790, respectivamente. Esto es explicado por la clase de productor, que no tiene otra alternativa que seguir produciendo, siendo dueño de su tierra y teniendo la capacidad económica y organizativa para afrontar el reto de la producción, además del apoyo del agrocomercio que tiene programas de financiamiento para estos cultivos, con una red de almacenamiento privado importante. En los rubros Granos Leguminosos, Textiles y Oleaginosas, Raíces y Tubérculos, Frutales y Cultivos Tro-

picales (Caña de Azúcar, Café y Cacao) la superficie cultivada ha disminuido o se mantiene en 2008, con respecto a 1998. En el rubro de aceites comestibles, seguimos importando más del 90% del consumo interno, mal crónico que no se ha resuelto. Solo en aceite crudo de soya importamos, en 2008, 262.467 toneladas, contra 165.602 en 1998. En el Sub-Sector Agrícola Animal la producción de carne bovina bajó de una producción de 407.601 toneladas, en 1998 a 340.257, en 2008, con un incremento importante de importaciones de Brasil y Argentina, pasando de 33.914 toneladas, en 1998 a 126.169 en 2008. En el caso de la leche la Cámara Venezolana de la Industria de la Leche, estima un decrecimiento del 13,3% de la producción nacional de leche, entre 1996 y 2006. El desabastecimiento temporal en muchos rubros se debe a una menor producción y a una falta de sincronización temporal de la llegada de los productos importados y no a un aumento del consumo, como lo advierte el gobierno, que si bien ha aumentado, el país no se acoplado a esa nueva realidad, lo cual debe ser eje principal de una política agrícola adecuada. Las cifras, como medida objetiva y el desabastecimiento que sentimos, como medida subjetiva, muestran el resultado de una política agrícola errada que afecta la soberanía alimentaria nacional. ramosa@gmail.com

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