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CUADERNO ÁTICO r e v i s t a

Número 1

d e

p o e s í a

Primavera de 2013


CUADERNO ÁTICO


NĂşmero 1 | Primavera de 2013


Cuaderno ático,  Colaboradores: Olga Bernad, Ángel Ceviño, Álex Chico, Mario Domínguez Parra, Julio César Galán, Sergio Gaspar, José Luis Gómez Toré, Jeannette L. Clariond, Martín López-Vega, Javier Lostalé, Juan Manuel Macías, Eduardo Moga, Mª Antonia Ortega, Mª Ángeles Pérez López, José Luis Piquero, Luis Miguel Rabanal, Antonio Rivero Taravillo, Juan Vico. Dirección y coordinación: Juan Manuel Macías Diseño y maquetación: Tipografía sentimental Fetiche de la portada: Hoja de laurel cortada en la tumba de Ezra Pound, en Venecia, por Ángel Cerviño

© De los textos, sus autores. © Cuaderno Ático 

direccion@cuadernoatico.com ISSN: xxxxxxxx


CONTENIDO

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Martín López-Vega UN MUNDO CAMBIANTE

Entre tus dedos que tiemblan con pulso de telégrafo tomas la fotografía de este día y en nada lo distingues de los anteriores, quizá en su tono algo más amarillento Las hojas de té en la taza de latón esperan hace años el agua que las reviva y yacen pálidas como amantes abandonadas en un haiku Hace tiempo que son los mismos los periódicos en los quioscos y los dulces en los escaparates de las pastelerías con sus rojas narices de payaso triste La negrura de la noche es la misma cada noche de puro gastada cada vez más gris claro —un día escribirá un poeta: la negrura blanquecina de la noche La semana sigue teniendo siete días pero cada vez más de ellos son domingos El año sigue teniendo doce meses pero cada vez más de ellos son diciembres El mundo cada vez más idéntico a sí mismo embozado regresa al blanco y negro

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Cuaderno Ático, 

ENTREVISTA CON EL MINOTAURO

Hacía mucho tiempo que no veía al Minotauro. La última vez fue en un café de Cnosos, en invierno. Llevaba peluca y unas ridículas gafas de sol. Se había afeitado la cornamenta. «Salgo a veces», me dijo sin sorpresa alguna al verse descubierto. «Hace tiempo que encontré la salida del laberinto, pero no sabría qué hacer afuera. Ahí nadie me molesta», dijo, señalando sus muros. Bebía ouzo sin parar. «Prefiero el vodka, pero el de este sitio es muy malo». Vi como entraba en una tienda, hacía unas compras y desaparecía dentro del laberinto. «He habilitado una parte como museo y con el dinero de las entradas voy tirando», me había dicho. «Por lo demás, todos piensan que soy un actor que representa mi propio papel. Tiene su gracia». Hoy volví a verlo en televisión. Reconocí el lugar, era muy cerca del café donde nos vimos por última vez. «Tendría que llamarle», pensé. Llevaba ropa sucia y barba de varios días, tenía ojeras, mal humor, parecía un vagabundo reciente. «¿Sabes por qué tu madre se tiró al toro?», preguntaba insistente una joven con micrófono. «¿Qué opina de la inminente llegada de Teseo? Dicen que en cuanto acabe la huelga de pilotos se plantará en Creta», insistía, metiéndole el micrófono en la boca. Él sólo repetía, angustiado: «No recuerdo cómo regresar al laberinto».

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Eduardo Moga [VIO TORMENTAS COMO PINÁCULOS DE NEGRURA...]

Vio tormentas como pináculos de negrura, que sumían al cielo en una noche diurna y arrimaban los navíos, a empellones, a los derrumbaderos de la costa. Vio lenguas de agua que arrancaban los cuerpos de las mesanas como si un perro gigantesco lamiese los parásitos de un espinazo. Vio nogales y laureles, liquidámbares, cedros y sabinas; vio osos y leones; vio marsupiales que aún no tenían nombre; vio ánsares, patos reales, dorales, garzotas y perdices, neblís, gavilanes, esmerejones y toda suerte de criaturas aladas. Vio indios que los flechaban con arcos cuyas cuerdas eran nervios de caballo; vio las flechas clavarse en los hombres y en las cabalgaduras con imparcial voracidad, e irse la vida por donde se iba la sangre, y enloquecer de rojo el esmalte cerúleo de la laguna. Fue cosa de muy gran lástima y dolor ver la necesidad y trabajo en que estábamos Ayudó a construir cinco barcas, calafateadas con las estopas de los palmitos y breadas con pez de alquitrán, y cuyas cuerdas y jarcias eran las colas y crines de los caballos, y cuyas botas de agua eran los pellejos de las patas de los caballos, desollados y puestos a secar. Supo de hombres que hacían tasajo de otros hombres, hasta que solo quedó uno, que se libró de la devoración. como proezas de resistencia física, las jornadas de estos olvidados héroes puede afirmarse con toda seguridad que no tienen paralelo en la historia. Fueron las marchas más asombrosas que haya podido hacer hombre alguno. Vio indios malhadados que se agujereaban las tetas y el belfo, y se cruzaban el pecho y los labios con cañas gruesas como pulgares. Vio plañideras aullar a un cadáver, y luego bailar, jubilosas, alrededor de la pira en la que se consumía, y vio después a hombres y mujeres beberse el polvo de sus huesos. Parescíame ser cosa imposible durar la vida Comerció con cuentas de madreperla y caracolas marinas, a cambio de —  —


Cuaderno Ático, 

cuero y almagre, con el que los indios se pintaban para la guerra; de pedernal, engrudo y caña dura, con los que hacían flechas para la guerra; de borlas de pelo de venado, que teñían de rojo y vestían en la guerra. Socorrió a Dorantes, a Del Castillo y al negro Estebanico, alárabe de Azamor, en multitud de malos pasos y en la cotidianidad de su esclavitud; y fue socorrido por ellos. Los peligros que en esto pasé sería largo contarlos, así de peligros y hambres como de tempestades y fríos, que muchos de ellos me tomaron en el campo y solo, donde por gran misericordia de Dios nuestro Señor escapé Comió, por todo alimento, higos chumbos, cangrejos y hierba pedrera. Vio mosquitos tenaces como la lluvia, y empalizadas de humo que no bastaban para detenerlos, y otros insectos de naturaleza desconocida, pero de pareja ferocidad. Vio quemar campos con tizones para ahuyentar a los mosquitos y sacar a las lagartijas de sus escondrijos, y comérselas luego. On the whole, very little addition to the geographic knowledge of the northern interior was obtained from Cabeza de Vaca’s accounts of his wanderings in the form they are now. Today they present more the aspect of romance than of historical fact. Vio vacas con joroba, de cuernos cortos, como moriscas, y pelo largo, merino, semejante a la bernia. Vio comer raíces, arañas y huevos de hormiga, gusanos, salamanquesas y víboras, estiércol de venado y madera, chacán y polvo de paja, harina de mezquiquez y polvo de bledo; y bebían agua llovediza. las maravillas que nuestro Señor con nosotros obraba, que, aunque no hubiera otras, harto grandes eran abrirnos caminos por tierra tan despoblada, y darnos gente por donde muchos tiempos no la había, y librarnos de tantos peligros, y no permitir que nos matasen, y sustentarnos con tanta hambre, y poner aquellas gentes en corazón que nos tratasen bien Impuso manos y, musitando oraciones en una lengua incomprensible, restauró miembros estropeados y sanó a los enfermos. Supo de Mala Cosa, un gnomo perverso, de barbas desapacibles, que se —  —


Eduardo Moga

aparecía, como una antorcha, a la puerta de las casas y acuchillaba con sílex a sus moradores, e introducía el brazo por la herida, y les arrancaba las tripas. Caminó leguas incontables. Conoció lenguas incontables. Resucitó a un muerto. Si acaban por adquirir alguna autoridad sobre aquel mundo primitivo, es exclusivamente por la práctica instintiva de la magia medicinal indígena, con añadido de plegarias religiosas. Esa autoridad llega a su cumbre cuando Álvar Núñez desentumece a un cataléptico o, como dice con más asombro que jactancia, resucita a un muerto. Vio a hijas dadas a comer a los perros. Vivió desnudo bajo el sol. Fue siervo antes que chamán. Conoció la prosperidad de raer cueros y comer las raeduras. También comió perro. Vio a los hombres apartarse dos años de las mujeres a las que habían embarazado, y a las mujeres amamantar a sus hijos hasta que ya podían cazar por sí solos. se matan de noche por asechanzas y usan unos con otros grandes crueldades Conoció a los caoques y los han, los chorrucos y los doguenes, los mendicas y los quevenes, los mareames y los guaycones, los iguaces y los atayos, los acubadaos y los quitoles, los avavares y los maliacones, los cutalchiches y los susolas, los comos y los camoles. Todos se emborrachaban con humo. Vio a hombres casados con otros hombres. Cruzó ríos cuyas aguas sobrepasaban los pechos y aun las coronillas, y se extendían como el anochecer en un firmamento de polvo. Anduvimos por tantas suertes de gentes y de tan diversas lenguas que no basta memoria a poderlas contar Arrancó con un cuchillo una punta de flecha alojada cerca del corazón, y suturó el pecho con un hueso de venado, y con la raspa de un cuero contuvo la sangre que se derramaba. Vio excoriar a una mujer, con los colmillos de un ratón, desde los hom-

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Cuaderno Ático, 

bros hasta los talones, porque había llorado delante de él; pero, mientras la atormentaban, no lloraba. Vio calentar el agua, en odres de calabaza, echándole piedras ardientes. Álvar Núñez no escribió simplemente una «relación» o un «diario» de los años que pasó en Norteamérica. Lo que sí hizo —y además muy bien— fue crear una «novela de aventuras», un «Evangelio del Nuevo Mundo», donde él como protagonista tendría tantos atributos como los que pudieran adornar al mismísimo Jesucristo. Aprendió seis idiomas. Vio mujeres que se cubrían el sexo con hierba. Vio seiscientos corazones de venado sangrando bajo el sílex de la luna. Vio cristianos que esclavizaban a indios, e impidió que esclavizaran a los suyos. Los indios entre sí platicaban, diciendo que los cristianos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía el Sol, y ellos donde se pone; y que nosotros sanábamos los enfermos, y ellos mataban los que estaban sanos; y que nosotros veníamos desnudos y descalzos, y ellos vestidos y en caballos y con lanzas; y que nosotros no teníamos cobdicia de ninguna cosa, antes todo cuanto nos daban tornábamos luego a dar, y con nada nos quedábamos, y los otros no tenían otro fin sino robar todo cuanto hallaban, y nunca daban nada a nadie; y de esta manera relataban todas nuestras cosas y las encarescían, por el contrario de los otros Vio praderas como océanos, en los que desembocaban torrentes de cíbolos. Supo que Aguar era su dios, al que imploraban agua para sus maizales y fuerza para sus nervios, y que vivía en el cielo. No podía dormir sino en el suelo. El Consejo de Indias lo desterró ocho años a Orán.

(De Insumisión, inédito)

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Olga Bernad DUERMEVELA

Las noches de los pensamientos ciegos avanzan aterradas de mar. La vela que navega, la que ya se ha apagado para siempre; el mar, como un fantasma, cede su sangre al viento y la marea tira y tira de mí. Mi corazón y el mundo hipnotizados, los niños en el vientre de sus madres, la arena de las playas, los días de verano: todo acaba danzando, buceando, moviendo las caderas de la tierra agotada e impúdica. Penélope, perdida la esperanza y el nombre, es una mujer lenta que recuerda un baile que olvidó. Y el baile es ley y número y misterio. El principio del sueño tiene una voz de coro de doncellas, caballos y muchachos que buscaban su muerte en ese mar. Mis pensamientos dejan su costura, como bellas y ajadas putas ensimismadas, sacerdotisas presas cuyo destino el tiempo envileció, que no saben si esperan o descansan o son más allá de este mar y de esta noche larga. Como si todo fuese una tormenta a punto de caer sobre una plaza llena de músicos rotundos y cobardes —  —


Cuaderno Ático, 

(tan rectos, jesuíticos, soberbios) los condenados santos del reino del rencor. ¿Y de qué me acusaban esos músicos? ¿Y qué les hice yo? ¿Por qué se suicidaban los caballos? ¿Por qué me puse alegre cuando el viento se llevaba muy lejos los papeles? Y por qué vuelve ahora la mirada tristísima de aquel amigo al que insulté en mi infancia, aquel dolor tan limpio en otros ojos (si luego ha habido tantos otros ojos). La carita de niña de la virgen en los cuadros antiguos. La mirada de hambre de aquel hombre que inundó de palomas mis pulmones. (Fumaba como si él estuviera bebiéndose mi alma, y respiraba yo de su ansiedad asmática como si el aire fuera de cal caliente y vino). La vez que me perdí sobre una cama. La vez que me perdí dentro de un bosque. Todas las veces que alguien me buscaba. La vez que te encontré. La vez que yo miraba fijamente tu copa de cristal y se hizo añicos. Sé que me asusté tanto que quería pensar en otra cosa. Pero nunca paraba de llover. Nunca paraba. No sé, todas las veces que no me has visto hundirme en estas aguas. Un millón de caballos angustiados cansados de callarse, viniendo en avalancha y aún callados, parecen pronunciar con la mirada que todo tiene fin salvo el silencio y las olas del mar. Y por qué regresar si no podré salvarlos, si al sueño viene todo menos tú. —  —


Olga Bernad

Mira otra vez y duerme. Todo se va cayendo sin ruido al mismo pozo acogedor y oscuro como el beso de un príncipe, como la suavidad de su tiniebla.

Olga Bernad,  de junio de 

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Julio César Galán INTRAPOESÍA (Orígenes revisitados: conversación silenciosa con J.M.) B.S.O de este fragmento: From Gospel to Soul. When the church hits the charts; My morning jacket y sobre todo, Mumford & Son y dos canciones más «Yo me levanto» (Morodo) y «Valiente» (Vetusta Morla).

CARA A. RECAPITULACIONES Y FRAGMENTOS PARA UN ARTÍCULO FUTURO

I. ) Una tradición poética en la cual la propia crítica es poesía al mismo tiempo. ) Si entendemos la poesía como una transposición de una crítica literaria, como un análisis de libros, como un acto de lectura, llegamos a un poema basado en el examen, el juicio y la evaluación: Intrapoesía. ) El poema como la crítica literaria es una «estructura lógica, donde la lógica se pone a cantar». ) El escritor no debe hacer alusión a su sentir personal, este aspecto es extremadamente importante por diferenciador con otras corrientes poéticas como el culturalismo en sus cuatro estadios.

II. ) Esta (nueva) poesía didáctica, este experimento, no es una reseña en verso ya que no existe «una subordinación de unos planos creativos sobre otros, una jerarquía o prioridad, sino más bien una confluencia o síntesis entre los mismos». La intencionalidad y la métrica. Y sobre todo, una tradición. .) Tampoco representan homenajes o medallones. Hay una inclinación hacia el análisis personal, pero se evita la autocomplacencia y nos esquinamos hacia la plena exploración de ritmos y conceptos. )Admiración+ análisis=Intrapoesía. ) ¿Por qué no es poesía reflexiva o —  —


Cuaderno Ático, 

filosófica? No es reflexiva por una diferencia entre reflexión y análisis. Algunos matices: la segunda significa el último escalón de la primera; la primera va hacia adentro y la segunda hacia afuera; algunos sinónimos de la primera: «Cavilación», «especulación» o «introspección» y de la segunda: «Examen», investigación» o «comparación». No es filosófica porque el objeto y la esencia de cada una van por sitios diferentes.

CARA B Qué bueno eso de cerrar el tiempo. En realidad, nosotros, los de esta postura, cerramos el tiempo para abrir otro tiempo. ¿Tiempos concéntricos? ¿Es esto la poesía de la otredad, la intrapoesía? ¿Es esto la literatura? El deseo de ser otro a partir de otro texto (intrapoesía); el deseo de ser otra persona poética (heteronimia). El deseo convertido en hecho, hemos convertido el deseo en hecho. Si leer es un modo de distraerse en el pensamiento, este tipo de poesía crítica es una manera de atraerse, atraerse hacia lo que somos, sin ser nosotros. Para cuándo la anonimia; cuándo te atreverás, para cuándo te dejarán. «La lectura es una operación metafórica, un arco que nos lleva a otra parte» (Juan Malpartida). La intrapoesía también. Una poesía de la lectura cuya base es salir de nosotros. Intrapoesía y heteronimia: «esencial heterogeneidad de ser». Nuestra única fidelidad será la lectura. Repítelo. Quítate todos los lastres sociales, quítatelos. Repite nuestro mantra, repítelo ahora que ya sabes que todo es mentira. (escuchando Our Father. Who Art in Heaven). Hablar con el otro cuando el otro es la pregunta y la respuesta. Qué alivio ya no ser la diana de las preguntas. Cuántas horcas nos hemos quitado. (Qué siga la música: Trouble in My Way, qué siga). «¿Por qué no cumplir con un deber elemental de gratitud y educación, —  —


Julio César Galán

acusándole recibo de las obras ajenas? Para qué privarse del gusto de decirle cuánto y cómo se le aprecia». El sentido de la poesía y la historia concreta de la experiencia personal puede ser materia de creación, pero en nuestro caso no lo es. Nuestro proceso es un camino de devoción. Todo autor/a debe ser ante todo una literatura. Apelo a los sentidos a través de la imaginación, la imaginación de transformar el dato y el comentario en imagen y viceversa. «Porque yo puedo aceptar que el poeta sea un hombre que huya de la vida para forjarse una vida mejor en que gozar de la contemplación de otros...: ¿ Somos capaces de soñar con los ojos abiertos en la vida activa, en la vida militante?» (Machado reformado). Unas palabras que nos hagan creer en lo increíble. Más allá de la suciedad del contexto literario y social. Nuestro último deseo debe ser no necesitar la escritura. El anonimato del anonimato. Esta propuesta no es una negación del género sino una afirmación contundente y reformadora del mismo. Representar una migración de un discurso hacia otro discurso para formar un texto remasterizado. En un poema tienen que entremezclarse cuestiones estéticas, sociales y políticas. Leer está claro que es reconocer al otro, hacer intrapoesía es un medio para conocerlo. Esta dóctrina está en conocer al otro. El conocimiento de uno mismo está lleno de masturbaciones. Es decir, todo esto se puede reducir a «paso de mí». Transformar una crítica en poesía es la mejor forma de crear paratextos.

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Cuaderno Ático, 

Despersonalizarse. Este tipo de escritura nos permite entrar en un proceso de objetividad que nos acerca a la ficción de cada textualidad. Un poema puede ser notas de lectura críticas. «Elegid una vida al azar y estudiadla». Edgar Lee Masters. Orgulloso de someterse a unas fuentes concretas con valor de autoridad. Así tenemos los poemas analíticos, los poemas-mitos, los poemas del otro. Versiones a lo divino de lo humano, su divinización de los personajes humanos, los trasvases entre un mundo y trasmundo textual. Mitificaciones. Información+Interpretación+Metáforas e Imágenes=Intrapoesía. Sé tú en cada momento, es decir, no hagas caso de los epígonos, de las modas, de los padrinos con su pupilaje, de las generaciones amañadas y serás un estilo, o al menos una clase de libertad expresiva. Se trata de llegar a la síntesis de cultismo y popularismo. (Variaciones sobre el Arcipreste de Hita.) La introducción de digresiones morales o eruditas y la incorporación en el relato de exempla o relatos satíricos, además del comentario de la obra analizada y de versos que rebajen toda esta carga interpretativa. Una poética ante todo debe ser una experiencia creativa. Fría e impersonal, así te quiero poesía. Tan solo deseo palpitar en las vidas ajenas. Una poesía donde se apele a la imaginación de los sentidos pensativos. Fuera del arte, ¿la oscuridad y lo mediocre dominan? —Parece... Vivir en lo ajeno, crear: el significado de cualquier escrito y lo que realmente es el autor y su pensamiento. —  —


Julio César Galán

Sus elementos son la mitificación de la persona. Genealogía casi: Del Borges de «James Joyce» a la «Lectura de John Cage» de Octavio Paz; del exempla a Quintana; de André Chénier: el poeta como «éclantant interprète de la science» añadamos del arte o quitemos ciencia y simplemente agreguemos cualquier creación artística, a «Les saisons» de Saint-Lambert. Y muchos más... Este lenguaje literario cambia la experiencia por la referencia. Unir los significados en uno: el sentido. El descubrimiento de la finalidad de cada obra en nuestra obra. «Largarse de uno mismo», podría llamarse este artículo. Unión de los lenguajes monosémicos o denotativos con la ambigüedad y plurisignificación: intrapoesía. Sugerencia y precisión informativa, aquí no hay ficcionalidad literaria. Traducir el lenguaje artístico a otro lenguaje artístico, el poético-crítico, en este caso; es decir, pasar a una convivencia entre lenguaje heterónomo y autónomo. Este tipo de poesía es la punta creativa de la Estética de la Recepción. Haz una poesía en la que puedas olvidar tus sentimientos y que tus pensamientos reflexionen sobre los ideas de otros, es decir, una poesía en las afueras. Puntualiza tu otredad: el arte es el detalle. La poesía, como crítica, debe ser la crítica de la crítica del lenguaje, una metacrítica del discurso. Por esta razón, cuando se llega a ese límite, cuando ya faltan las palabras, empieza el deseo de crear música. El único análisis de un poema se realiza a través de la creación de otro poema.

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Cuaderno Ático, 

Ejemplo:

INTERPRETACIONES DE NEVERMIND (–) . A     ,   No fue el sonido, ni la agresividad, ni la ropa, ni si quiera aquel vídeo de oscuras animadoras anárquicas por donde se licuaba la X de una generación. Eso ya estaba a medias (el sonido): Pixies, Melvins o Sonic Youth, [¿eso ya estaba? Un montón de excrementos debajo de los nombres (el comienzo), dormir en aquel coche [antes del ¿éxito? De la luna menguante el único nativo. Antes del éxito. Los ochenta acabaron con canciones como Look What the Cat Dragged In o Slippery When Wet. «Nadie os recordará». [Los grupos de Glam-rock y Hair-metal se ahogaron en los cardados y en la brillantina: el maquillaje de la industria, [las uñitas cortadas del leopardo, —  —


Julio César Galán

la rebelión en botellitas de Cola. Y qué fue de los especuladores ahorcados por los nocturnos ángeles de la cocaína. Y qué fue de aquel Centro de Recursos Musicales para Padres y del patriotismo [del presidente actor. Dicen que su mujer se masturbaba con otros hombres más fuertes que él. Dicen que amar es fingir que no se está solo. [Ellos están para ser nuestros contrarios. Ir por delante, los antecedentes:

«El analfabetismo persiste».

Mas todo lo que vino después fue una locura, todo lo que vino después fue clavar los sentidos en las palabras; fue estirar las letras hasta que se rompieron los márgenes y después, en la noche, la multitud os animaba a morir de rabia. (ya sabes: los amados por los dioses mueren jóvenes, es ley de mito). ¿Un concierto es poner al límite el cuerpo y el lenguaje? ¿Límites? Un concierto es nacionalizarse en las pérdidas y las ganancias de la euforia; —  —


Cuaderno Ático, 

es volatilizarse en mil pedazos por lo azul y que el aire y el fuego vibren en un punto. Y se borran lo alternativo y todos los mercados. envejecer,

Así ya no se puede

así siempre se es joven. Siempre tan joven, joven siempre, siempre... Esbozar un sonido por el tiempo y ponerle más música, así es como se rompen los relojes, así los rostros [se fijan en la madrugada. Y finalmente derretir la adolescencia en ese regocijo y no soltarnos nunca de él, aunque aquello que venga después sea... sea jsjdhahahww una recogida de caquita de perro.

. M,     Los números apostaron por la caída; pero el Hola explotó en su cara. ¿El Hola pudo explotar? ¿Pudieron desclavarse? ¿Qué rebeldía CONTRA la cartera no puede ser tragada? ¿Qué tu grito no puede ser amasado por Ronald Mc Donald? Afírmate para negarte, pero a pesar de ello serás visible.

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Julio César Galán

[El hombre que vendió el mundo. Dime, nos dicen: asideros, armas, desde el principio sabes que no se vislumbra salida; La figura borrosa en el cristal de la pantalla, [lo que pudimos ser y no fuimos, no te pasarán una. ¿La sonrisa agridulce al ver que uno se convierte en aquello que criticó? El punk se cerró aquí o ¿ya murió aquel día que de The Clash firmó con CBS? ¿El heavy se mezclaba con el pop? Y la alegría de los tristes se mezclaba con la heroína. La tensión entre una guitarra trágica, sarcástica y desencantada, y un bajo, natural y poderoso, como eco de la batería, de ese ¡PuMp! compacto, flexible, salvaje (hombre abajo, aquel río se hace cíclico). Y las canciones, [pedazos del espejo, —  —


Cuaderno Ático, 

distorsiones en Re Mayor, variaciones de la palabra Sí...Su música es la invención de ese Sí. Sliver: la claustrofobia como belleza de la destrucción; ¿realmente un himno generacional? Nuestra auto-parodia a cierta edad: —«Mirando atrás, en la producción de Nevermind, me avergüenzo ahora de ello. Suena más parecido a un disco de Mötley Crüe que a uno de punk rock»; la fantasía de unos jóvenes que nunca quisieron ser hombres: [Smells like ten spirit; o los juguetes rotos y el útero seco de Drain you; nos iremos tal como somos: en un Requien alegre más un riff plagiado: [Come as you are o Lithium, el acero crujiente en la garganta. O... dkdkdkdksls

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María Ángeles Pérez López FEBRERO

Febrero ha empezado del modo más cruel. De las praderas frías de Polonia bajan juntos los lobos y la angustia para morder los sueños de los hombres. El color que le falta a la mañana late en el corazón del azor negro, y las urracas temen por su vida como lo harán las corzas, las mujeres, las pequeñas calandrias de Mongolia. También se esconde el miedo y sólo queda una extensa pradera torturada que laminó la escarcha y su cuchillo. En ella sobrevuela la ventisca su hermosura que todo lo devora y florecen amargas las palabras que el viento no ha podido devastar (hambre, beso, ferocidad, indígnitas). Sobre el suelo aterido, una poeta sonríe y se acurruca, se adormila en la paciencia del reloj de sol. Ella entiende lo que el amor no entiende y su peso es ligero y convencido. Abraza contra sí todos sus días y sus objetos llegan a llamarla, pero ya no hacen falta ni las llaves ni el peine ni el abrigo que enfermó mordido por los lobos de la noche. Nada le falta al día empobrecido. Sólo una mujer sabia y vieja y libre que duerme junto al viento y lo estremece.

a Charo Ruano, por Wislawa

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J. W. Goethe | José Luis Gómez Toré DOS POEMAS DEL DIVÁN DE ORIENTE Y OCCIDENTE DE J.W. GOETHE (Versiones de José Luis Gómez Toré) NOTA INTRODUCTORIA Dentro de la obra lírica de Goethe, probablemente ni suficientemente conocida ni suficientemente valorada en nuestro país, destaca por derecho propio el Diván de Oriente y Occidente (cuyo título, por cierto, sirvió para dar nombre a la orquesta integrada por músicos palestinos e israelíes, nacida de la iniciativa conjunta del ya fallecido Edward Said y de Daniel Baremboim). Escrito en la última etapa de su vida (los primeros textos fueron compuestos en los primeros decenios del siglo XIX, cuando el poeta superaba los sesenta años) el Diván es y no es un libro de senectute, ya que, si por un lado se deja sentir en él el poso de la madurez, por otro asoma una y otra vez la promesa de una nueva juventud, una resurrección a la que no es ajena la palabra poética. La aparente espontaneidad, que es una de las marcas de fábrica de la lírica goethiana, se conjuga con un refinado artificio, muy dieciochesco (y no falta tampoco, pese a la consciente distancia frente al Romanticismo, esa atracción por el otro y por lo otro, que será una de las señas de identidad de esos románticos a los que el viejo maestro desdeñaba). El Diván tiene mucho de juego literario, como muestra la constante asunción de máscaras y de voces, en diálogo con la poesía árabe y persa, y en especial con la obra de Shamsuddin Hafiz, una presencia reiterada en el poemario. Sin embargo, es este también un libro de no pocas referencias autobiográficas, aunque cabe discutir si es aquí la biografía la fuente del poema o más bien es el poema el que ofrece al poeta una nueva vida. Los dos textos cuyas versiones ofrezco tienen en común la referencia temática al vino, un tema de indudable raigambre oriental pero que conecta asimismo con nuestra tradición anacreóntica. Ya en una de las composiciones iniciales del Diván, «Elementos», el poeta se refiere en tono burlesco al chocar de las copas y al «rubí del vino» como uno de los temas esenciales de la poesía. A ello dedica todo un apartado de su libro así como no pocos poemas de otras secciones. Ambos textos asimismo son muestra de la distancia de Goethe frente a la religiosidad tradicional, un —  —


Cuaderno Ático, 

tono casi volteriano que, sin embargo, es también la puerta hacia otras formas de espiritualidad, no tuteladas por las grandes religiones ni por los que se presentan como sus únicos intérpretes autorizados. J L G T

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Cuaderno Ático, 

ERSCHAFFEN UND BELEBEN

Hans Adam war ein Erdenkloß, Den Gott zum Menschen machte, Doch bracht er aus der Mutter Schoß Noch vieles Ungeschlachte. Die Elohim zur Nas’ hinein Den besten Geist ihm bliesen, Nun schien er schon was mehr zu sein, Denn er fing an zu niesen. Doch mit Gebein und Glied und Kopf Blieb er ein halber Klumpen, Bis endlich Noah für den Tropf Das Wahre fand, den Humpen. Der Klumpe fühlt sogleich den Schwung, Sobald er sich benetzet, So wie der Teig durch Säuerung Sich in Bewegung setzet. So, Hafis, mag dein holder Sang, Dein heiliges Exempel, Uns führen, bei der Gläser Klang, Zu unsres Schöpfers Tempel.

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J. W. Goethe | José Luis Gómez Toré

CREACIÓN Y RENOVACIÓN

El tío Adán era un pegote de tierra al que Dios convirtió en hombre, mas trajo del vientre de su madre todavía excesiva imperfección. Los Elohim soplando en su nariz su mejor espíritu insuflaron; no parecía ya tan poca cosa en cuanto se puso a estornudar. Mas aun con miembros, con cabeza, con huesos seguía siendo solo media pella de barro hasta que Noé finalmente encontró la verdadera solución, la jarra. El barro sintió enseguida el ímpetu tan pronto se mojó de igual modo que con la levadura se va hinchando la masa. Así, Hafiz, que tu gracioso canto, que tu sagrado ejemplo con el chocar de los vasos nos lleve hasta el templo de nuestro Creador.

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Cuaderno Ático, 

O der Koran von Ewigkeit sei? Darnach frag’ ich nicht! Ob der Koran geschaffen sei? Das weiß ich nicht! Daß er das Buch der Bücher sei, Glaub ich aus Mosleminen-Pflicht. Daß aber der Wein von Ewigkeit sei, Daran zweifl’ ich nicht; Oder daß er vor den Engeln geschaffen sei, Ist vielleicht auch kein Gedicht. Der Trinkende, wie es auch immer sei, Blickt Gott frischer ins Angesicht.

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J. W. Goethe | José Luis Gómez Toré

¿Q el Corán desde el principio de los tiempos ha existido? Ni siquiera pienso en ello. ¿Si el Corán ha sido creado? ¡Y yo que sé! Que es el Libro de los Libros creo, pues esa es la obligación de todo buen musulmán. Pero que desde el principio de los tiempos haya vino... de eso no me cabe duda. O que haya sido la obra de los ángeles quizás no es invención de poetas. Sea quien sea, el borracho con mayor desenvoltura mira cara a cara a Dios.

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Sergio Gaspar ABEN RAZIN (Arranque) UNAS PALABRAS PREVIAS DEL AUTOR Me publicaron Aben Razin en la madrileña Ediciones Endymion, gracias a mi amigo y poeta José Corredor-Matheos. No tengo ninguna duda de que, sin la intervención y el interés de Pepe, los tres poemas extensos que constituyen el libro habrían desaparecido. Él los salvó de la pulsión suicida que por aquella época me dominaba. Ahora, gracias a otro poeta amigo, Juan Manuel Macías, algún que otro lector podrá perder su tiempo con esta serie de palabras que abrían Aben Razin, columpiándose juguetonamente entre el verso y la prosa. ¿Tiene sentido reeditar lo ya editado, más allá del impulso estéril de satisfacer la propia vanidad? Responderé con otra pregunta: ¿Qué sentido tiene creerse que lo editado dejó de ser inédito? Mis años en el oficio de la edición me han demostrado que publicar un libro no lo libra de su condición de inédito. La mayoría —a veces, intuyo que la totalidad— de los textos permanecen inéditos, publicados o no. Y así seguirán, por los años de los años, redición tras reedición, sobre papel o pantalla. Si hay esencia en las cosas, la esencia de nuestras palabras es la ineditez, que rima en consonante con idiotez. Esto podría expresarse también de otra manera: aunque un texto tenga la característica social y física de poder editarse, carece de la característica humana de cesar de ser inédito. O también: existen dos clases de textos inéditos, los ya publicados y los todavía por publicar, y ambos difieren en que son lo mismo. Así pues, este poeta idiota presenta por primera vez el arranque de Aben Razin, Ediciones Endymion, Madrid, . S G

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Sergio Gaspar

ABEN RAZIN

I El agua tiene nombre. Jamás consigue pronunciarlo. Se confunde de sílabas, error de ondas, de sones. No lo pronuncia nunca. Mas lo custodia, apasionada, fidelidad de fuente, continuidad de cauce, en su memoria de agua. La piedra tiene nombre. No lo pronuncia nunca. Proyecta labios. Persigue lenguas, por su interior de piedra. Sin encontrar los labios con que poder gritarle a un aire sin oídos, a un polvo que ha crecido sin oídos, en mundo irremediable, el nombre que no acierta a pronunciar. Pero su nombre. La piedra tiene nombre. Los montes tienen nombre. Las casas tienen nombre... Yo llego y lo pronuncio: Albarracín, éste es el nombre. ¿Para qué sirve un paisaje? ¿Para enterrar los muertos que levantaron sobre él los seres que supieran sepultarlos? Qué derroche de cuerpos, en busca de otros cuerpos que les asegurasen sepultura. Todo hijo es un deseado enterrador. ¿Para esto sirve el fango? ¿Para cambiar de fango, caminándolo? ¿Y el aire? ¿Para cansar más aire, respirándolo? ¿Para qué sirven los paisajes? Quizá no sirvan, y existan solamente. Como nosotros, sus ocupantes, que servimos tan sólo para existir. Y pronunciar los nombres. El agua tiene nombre. La piedra tiene nombre. Los montes tienen nombre... Yo llego y lo pronuncio: Albarracín, éste es su nombre. ¿Sabrán ellos su nombre? ¿Sabrá este aire que se llama Albarracín? Y este árbol o ignorancia de sus hojas. Y esta piedra o ignorancia de su peso. Y este río sin rostro, esta hierba sin mente, este polvo sin oídos, ¿saben quizá su nombre...? Albarracín: lo dejé entre mis labios, al final de la tarde, y me sabía a nombre. Yo, que tanto los amo, por el gusto que esparcía entre mis labios de ese amor, lo reconozco. ¿Pero es también el nombre de estos seres? Piedra, ¿te llamas como te nombro? Aire, que no acudes a mis gritos, que tengo que respirarte para traerte, ¿te llamas realmente Albarracín...? Me incliné sobre el polvo (¿qué haces?). Y busqué sus oídos (¿qué intentas?). Y no encontré en el polvo sus oídos. Y le he clavado un nombre a este polvo que me niega sus oídos. Lo arranco y me pronuncio: Albarracín, éste es mi nombre. —  —


Cuaderno Ático, 

Todos los nombres comunes (pájaro, piedra, agua), todos los nombres que yo creí que eran comunes (casas, y puertas, y muros), súbitamente, son propios. Sonidos que me apropio. Son mi nombre propio. Yo me llamo: El agua tiene nombre. Todos los nombres comunes (mi agua, mi piedra, mi pájaro) para buscar mi nombre. Nunca para nombrar el mundo, sólo para alcanzar mi nombre. Digo: Pájaro. ¿Creéis que estoy gritándole, que no sé que me ignora, que desconoce que se llama Albarracín? Digo: Pájaro. Y no lo llamo. Tan sólo estoy llamándome. Pronuncio: Agua. Y no la nombro. Yo sé que estoy nombrándome. Parece que se besan. Las casas se aproximan: parece que se besan. Pero en medio arde el aire, la llama perfumada de la atmósfera, abrasando ese encuentro que tanto necesitan. Para no seguir siendo piedras y puertas y muros sabidos por los hombres, las casas se aproximan: parece que se besan. He acercado mis labios: ¿parece que las beso...? Y en medio no arde el aire, ni bosteza la luz, ni un pájaro se aburre de su canto. Realidad sin encuentro: encontré realidad. Entre mis labios y ella, ¿qué ha faltado en el mundo? Aquí, ¿para qué vine? Si acepto que no ha sido finalmente por mirar este pájaro que no ansía, para vivir en sus alas, permiso de mis ojos. Yo no les concedí a este cielo, a esta cal, por contemplarlos, sus colores. Ni les creé a los montes, por pisarlos, sus verdes pesos de montes. Ni, por beberla, al agua le he permitido su fuga lenta de agua. A la fuente, al murmullo, al pájaro cuyo vuelo no nace de mis ojos, cuyo pecho no espera permiso de mi oído para iniciar su canto, al susurro, a la hierba, aquí, ¿para qué vine? ¿A pronunciar los nombres de seres que no responden a sus nombres? ¿Sabe la piedra que no se llama agua? Y el agua, ¿sabe que no se llama pájaro? Y el pájaro, ¿sabe que no se llama yo? Y yo, que sé todos sus nombres, aquí, ¿para qué vine? Me traje esta pregunta, murmullo íntimo que escucho desde que soy mi cuerpo, abrazada a mi sombra desde que pierdo sombra, erguida sobre el fango de mi mente y en mi mente abolida. Que despierta conmigo, al despertar mi cuerpo. Que conmigo respira, al respirar mi cuerpo. No recorro las calles, sus penumbras, sus trazos imposibles. Recorro esta pregunta: aquí, ¿para qué vine? Nunca en Albarracín. Yo estoy en mi conciencia. Y saldré desde su estancia al tiempo de esta tarde que se apaga paseándola. Y vendré desde —  —


Sergio Gaspar

su polvo a este polvo con casas que sé que no se juntan: parece que se besan. No estuve en esos besos. Yo habité mi conciencia: tela que me separa del encuentro. No se hallará este pájaro con su río, aunque lo beba. Ni se hallará mi oído con su canto, aunque lo esté escuchando. Nunca en Albarracín. Yo vivo en estos nombres: habitación vacía, domicilio de nadie. El agua no tiene nombre. La piedra no tiene nombre. Las casas no tienen nombre. ¿Qué pronuncié, gritando Albarracín? Presencias de sonidos, me encontré con los nombres. Como existían nombres, creí: existirán los seres, estos serán los nombres de los seres. Y murmuré: La piedra tiene nombre. Quise escribir la piedra por su nombre. Y penetré en las casas. Y, mientras las abría, yo gritaba, grité: Estas casas tienen nombre, esta luz tiene nombre. Yo poseo sus nombres. Puedo escribir el mundo. Puedo escribir el mundo. Puedo escribir el mundo. El mundo, ¿quién podrá escribirlo? Me contaron de un hombre que investigaba el oído del aire y sus extrañas morfologías para interrogarle por su secreto nombre verdadero. Supe también de otro que se había propuesto localizar los labios de la luz para escucharles susurrar su nombre. Seres que persiguieron el invisible animal en fuga de la realidad, empuñando el arma del conocimiento. Cazadores de mundo, rastreadores implacables del aire y de la luz. Tal vez la luz les entregase, agotada, su nombre. Tal vez hallasen los labios de la luz y recogiesen finalmente de su humedad su nombre. Con ese nombre, tal vez pudieron escribir el mundo. Con ese nombre, tal vez podrán. No seré yo. Yo, que irremediablemente soy el ser a quien todos los nombres comunes serán su propio nombre. Quien quiso referir la realidad. Y pronunció: El agua tiene nombre. Y no tenía nombre. Y me llamaba. Yo me llamé: El agua tiene nombre. Y, después de encontrarme, precisado de olvido, yo me olvidé un instante de mi nombre. Y quise recordar la realidad. Y susurré: La piedra tiene nombre. Y no tenía nombre. Y me llamaba. Soledad constantemente repetida en un idioma. Rodeado estoy de nombres: sólo mi nombre me rodea. Y aquí, ¿para qué vine? Si acepto que no fue por visitar un paisaje con agua, que apagara mis ojos, contemplándolo. Ni fue por entregar a los pájaros mi oído, para que lo quemasen con su canto. Ni ocurrió por la fragancia que cae de los balcones, por la cal de estos muros ni el color de estos geranios, por los perros que copulan contra el polvo de la plaza, —  —


Cuaderno Ático, 

más allá de un lenguaje que esconde en sus sonidos, como un secreto, la palabra amor. Al amor, al murmullo, a la sombra, al secreto, aquí, ¿para qué vine...? Me traje esta pregunta y en su paisaje estoy.

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Antonio Rivero Taravillo EN EL CUARTO DE BAÑO

Tan solitario, el mío, extranjero entre todos tus cajones, es testigo que me cuenta tus rituales arcanos como un ciego describe el arco iris. Oigo el agua correr y sobre todo esos largos silencios, misterios de qué harás, conjeturas de qué cremas o máscaras bordarán las bandera de tu piel. Respeto tu retiro, porque sé que se juntan las mangas de nuestros albornoces y mi agua de colonia y tu perfume aguardan el matraz de su mixtura en ese laboratorio, la alcoba. Pero entre tanto estás ahí, muy cerca, tan lejana, y tu luz subraya la puerta.

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Cuaderno Ático, 

MITAD DE OCTUBRE

Todavía los cementerios se aroman solitarios, ya lavada la cara para el Día de los Difuntos. En las tumbas los líquenes roban su nombre a los muertos y se desposan con la piedra escribiendo a su antojo el epitafio, otros linajes, fechas diferentes. En la ciudad de los vivos, en un caballete invisible se alza el lienzo del día; los puestos de castañas otorgan su niebla a la tarde de otoño.

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Antonio Rivero Taravillo

TEOLOGÍA DEL TACTO

Las líneas de la vida, sus inscripciones que son las tablas de la ley de nuestra alianza. Obedezco tus manos con sus diez mandamientos. Si no me tienen, esa es la diáspora. El Templo, sin tu amor, se desmorona y parto al cautiverio, hacia el exilio.

(Inéditos)

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Juan Vico DARK LOLITA

Te fascina esa manera suya de tontear con todo el mundo aparentando al mismo tiempo no darse cuenta de estar haciéndolo. Durante un par de horas te dejas absorber por su estudiada naturalidad, sentada en el filo de la silla, recostada sobre la mesa, junto a la ventana como una de las perturbadoras niñas de Balthus; o acercándose con timidez a la barra, jugueteando con una botella, dejando que la espuma de su cerveza le decore traviesamente los labios. Habláis un rato: libros, ciudades, nombres de alcoholes raros y de autores oscuros. Ella tira de catálogo, la guía telefónica del malditismo, Lautréamont, Panero y todo eso. Tú mencionas a François Villon y le susurras al oído cualquier verso: vieil je serai, vous laide et sans couleur... Su habitación huele a incienso barato. El tatuaje se desplaza desde el final de la espalda donde lo imaginaste hasta el ombligo, la tarántula convertida en cuatro símbolos flamígeros. A media luz, cubierta la lámpara con una tela, entre pósters de Joy Division y pelos de gato gris, sus ojos demasiado pintados, sus manos habilidosas, el arco insolente —  —


Cuaderno Ático, 

de su cuerpo, te clavan como a un insecto expresionista sobre las sombras agitadas de la pared. Sonríe y se lía un porro, bebéis a morro tres o cuatro latas. Después pone en un su Mac una película coreana en la que apalean a un tipo desnudo con un gran bate de cricket. Ella se tapa con el edredón hasta la barbilla, dejando al descubierto los pies, y tú te miras dócilmente el sexo fláccido pensando en el fin de todos los tiempos.

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Juan Vico

MEDIODÍA

Había algo arañando tu puerta, algo que respiraba demasiado fuerte junto a tu nuca, un aliento entrecortado, una forma muy concreta de impaciencia, había golpes que retumbaban desde dentro del baúl, signos de movimiento, marcas de lucha a tu alrededor. Y ahora qué, te preguntaste indeciso, hacia dónde mirar, cómo saber si la sangre fluye en la dirección acostumbrada, cómo alcanzar el tono justo, acertar la pregunta, medir el diámetro del futuro inmediato. No hay motivo concreto, lo lamentamos, estabas ahí, tan tranquilo, mecido por el tic tac de tus propias palabras, anclado al contorno familiar de los objetos, dueño de ti, a juego con la decoración, cuando algo comenzó a hacerse visible en el centro de la sala, tensó tus tripas, bajó tu cremallera, te llamó por otro nombre, te obligó a levantar la cabeza como a un perro de presa. La máscara se resquebrajó, borboteó la sangre como sangre recién nacida, rebrotó la savia y el licor —  —


Cuaderno Ático, 

espeso de las ocasiones perdidas se te atascó otra vez en la garganta, confundiste por un instante fechas y rostros, se descongelaron decenas de imágenes sólo para que pudieras percibir que siempre habrá nuevos motivos de inquietud bajo el amable perfil del mediodía. Los minutos siguieron cayendo del lado de la aritmética, pero la escena ya no era la misma. Ella te miró, tú sonreíste, pronunciaste su nombre con extrañeza, procurando recobrar el sentido de la charla y entonces, como de costumbre, casi sin darte cuenta, sin cambiar apenas la expresión, asumiste que eras tú mismo el que había jadeado pesadamente, el que hacía vibrar el cristal de las copas, el que frotaba la pezuña todavía sobre el felpudo, y te llevaste de nuevo el tenedor a la boca como si nada en absoluto hubiera pasado, como si no pasara nada nunca.

(Inéditos)

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Javier Lostalé LOS CINCO SENTIDOS

Los ojos son el preso amanecer del alma, la gruta transparente donde las sombras del mundo conciben. Cuando despertamos, la pequeña palmera de las cejas entreabre la raya azul de unos ojos a la lluvia luminosa de imágenes enclaustradas que el pulso del pensamiento hace nacer afinado por las ondas suaves del corazón. Los ojos son una doble ala de luz que vuela con la espuma de un nombre, y alguien lo tiembla en el iris de su imagen. Una secreta pulsación se abre entonces en la que dos seres un instante se reconocen. Nunca la mirada es muda: siempre pregunta o responde. Y cuando se torna contemplación, la quietud en belleza o deseo arde. El oído es el eco íntimo de la vida, el laboratorio donde los sonidos se hacen materia del corazón. Es un panal donde las palabras elaboran su miel dulce o triste. El oído es aire iluminado, párpado que nos entorna con la música del mundo. Espía silencioso entre dos paredes el oído es también seno de los besos sin labios que se dan los amantes. El oído enamorado siempre escucha la misma voz. Y nunca oye más que cuando alguien calla. El olor es la piel de la memoria, su transpiración. Quien huele toca. Y así amanece un día, una ciudad, un cuerpo. El olor es el rostro resucitado de lo que el tiempo consumó. La alegría y el dolor no se entienden sin la rosa última de su perfume. Alma del deseo es el olor, tejido transparente del recuerdo. Quien huele vuelve a estar. El paladar es el cielo efímero de la boca, el lugar donde lo más feliz es lo que desaparece. Para que algo sepa hay que destruirlo, hay que olvidar la belleza de su forma, la armonía de su estar, y dejarse caer por la pendiente del sabor hasta una nada de satisfacción. La lengua es la aurora del gusto, y también el atardecer. Nariz y ojos participan durante el mediodía. El gusto es un acto tan solitario como el nacer o el morir. Y si del arte se trata, el gusto mirada es del alma. El tacto no es sólo una mano que un cuerpo comprueba, sino el anterior —  —


Cuaderno Ático, 

arder que en el roce se consuma. El tacto chispa es, pues repetido surge el incendio. El tacto es posesión de los ya vencidos, triunfo de los por el delirio derrotados. Hay palabras como tactos, a las que cuando estamos solos siempre volvemos. El beso no es sólo tacto, sino la anunciación del combate final. El tacto de los inocentes misterio es más que placer. Quien ama sabe que el tacto es el otro pulso de su corazón.

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Vasilis Laliotis | Mario Domínguez Parra VASILIS LALIOTIS: CUATRO POEMAS DE MÁSHENKA (Traducción: Mario Domínguez Parra) NOTA DEL TRADUCTOR El poeta y traductor griego Vasilis Laliotis nació en Amaliás (Peloponeso) en . Entre sus numerosos libros: La enseñanza de la trama («Η μαθητεία της πλοκής», ), Micro-textos («Μικροκείμενα», ), para cuya publicación utilizó el pseudónimo Yorgos Mijos, y Máshenka («Μάσενκα», ). Ha traducido al griego obras de Federico García Lorca (Poeta en Nueva York), Pablo Neruda (Veinte poemas de amor y una canción desesperada), Ramón Gomez de la Serna (Greguerías), entre otros. M D P

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Cuaderno Ático, 

ΜΑΣΕΝΚΑ, ΔΥΟ

Πώς να μη σε φιλήσω; Όταν ακόμη από εκείνο το παλιό ποίημα της Σαπφούς καθώς το βράδυ σβήνει τα έργα του απογεύματος σε ομίχλη να ρίξεις μια ζακέτα στους γυμνούς σου ώμους, έτσι πρέπει να ήταν και τότε με μακρινά κουδούνια προβάτων και σφύριγμα βοσκού, να έρθουν όλα πίσω στο φιλί του παιδιού που φέρνει ο Έσπερος στη μάνα του.

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Vasilis Laliotis | Mario Domínguez Parra

MÁSHENKA, DOS

¿Cómo no besarte? Cuando aún desde aquel antiguo poema de Safo conforme la noche en niebla apaga los trabajos de la tarde te eches sobre los hombros desnudos una chaqueta, así tuvo que ser también entonces con lejanas campanillas de ovejas y silbatos de pastor, que todo regrese al beso de niño que Héspero trae a su madre.

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Cuaderno Ático, 

ΜΑΣΕΝΚΑ, ΤΡΙΑ

Στους κρυφούς μας τόπους ένα ρόδο καίει πέρα απ’ τους ανθρώπους. Τί είναι αυτό που κλαίει; Δυο στιγμές ανέμου ρίγησαν τα φύλλα. Δεν είδα ποτέ μου τέτοια ανατριχίλα να ζητάει σώμα πάνω του να γράψει ένα ρόδο ακόμα, κι αυτό να το κάψει.

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Vasilis Laliotis | Mario Domínguez Parra

MÁSHENKA, TRES

En nuestras zonas secretas arde una rosa más allá de las personas. ¿Qué es esto que solloza? De viento dos instantes estremecieron las hojas. Nunca en mi vida ojeé que un temblor semejante reclamara un cuerpo para que escribiese sobre él una rosa aún y que ésta lo quemase.

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Cuaderno Ático, 

ΜΑΣΕΝΚΑ, ΤΕΣΣΕΡΑ

Θυμάμαι πως κοιτάξαμε μαζί τα ίδια δέντρα. Άπλωνα το χέρι κι είχα το σώμα σου κοντά η καρδιά σου ήταν ένα πουλί μετά τον έρωτα σκιαγμένο που το άγγιγμα του ανθρώπου δεν γίνονταν σχεδόν να του συντονιστεί. Κοιτάξαμε μαζί τα ίδια δέντρα όπως σε βρίσκω μάτια με μάτια γόνατα με γόνατα πριν το φιλί κι ο χρόνος ο τρελός είχε ξεχάσει το ξυράφι του εκεί όπου προς μητέρα είχα το κεφάλι πάνω σου αφήνοντάς μας μόνους για να μεταθέσουμε πάνω στην κόψη του το αδιέξοδο. Πόσο κατάγεται από στιγμή εκείνη όσο σ’ αγαπώ, μονάχα απ’ το γιατί κοιτάξαμε μαζί τα ίδια δέντρα.

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Vasilis Laliotis | Mario Domínguez Parra

MÁSHENKA, CUATRO

Recuerdo que mirábamos juntos los mismos árboles. Extendía la mano y tenía tu cuerpo cerca tu corazón era un ave tras la pasión atemorizada porque el roce del hombre no existiese casi para que la armonizase. Mirábamos juntos los mismos árboles pero te hallo ojos frente a ojos rodillas frente a rodillas antes del beso y el tiempo demente había olvidado su cuchilla allí donde hacia madre apoyaba la cabeza sobre ti dejándonos solos para que trasladásemos sobre su cisura el atolladero. Cuánto procede de aquel instante mientras te amo, solo desde el porqué mirábamos juntos los mismos árboles.

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Cuaderno Ático, 

ΜΑΣΕΝΚΑ, ΠΕΝΤΕ N M C C O.   C 

Η ευτυχία έχει μια θλίψη από παιδιού που έμεινε ξαφνικά μοναχό μ’ όλα τ’ αστέρια κι όσο από την ομορφιά μένει αμοίραστο κυλάει αίμα τοξικό γλυκά στη φλέβα... Ακούω ακόμα τη φωνή σου: Βάσια, Βάσια, όπως σου φέρνουν μιαν εκπλήρωση επιθυμίας κι ύστερα: Τί είναι; Τίποτα, τίποτα. Είναι πολλά τα λόγια που χωράει ένα τίποτα λίγο πριν φτάσει το τρένο στο σταθμό που να πονάνε κιόλας σαν ανάμνηση. Πώς σου φυσάω τα μάτια να μην κλάψεις; Έτσι.

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Vasilis Laliotis | Mario Domínguez Parra

MÁSHENKA, CINCO N M C C O.   C 

La felicidad tiene una tristeza como de niño que se quedó solo de repente con todas las estrellas y con cuanto de la belleza queda sin distribuir fluye dulce la sangre tóxica por la vena... Todavía escucho tu voz: Vasia, Vasia, pero te traen una consumación del deseo y después: ¿Qué es? Nada, nada. Son muchas las palabras que una nada acoge poco antes de que el tren llegue a la estación que ya duelan como recuerdo. ¿Cómo soplar en tus ojos para que no llores? Así.

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Ángel Cerviño AGACHADIZA BLUES

manglar / tremedal / anegado / marjal / marisma / humedal / bajío / estero / tembladal / ciénaga / lodazal / pantano / fangal / manigua / quizá palafito la única sequedad tu ausencia / agachadiza

FE DE ERRATAS Donde dice manglar debe decir una buena tarde para ese callejón, es opcional anegado, substitúyase —si acaso— por controversia, bajío va en lugar de fuentes de asombro, por qué decir estero, pudiendo decir los flanes de arena que hicimos con el cubito y la pala, tembladal no se tenga en cuenta, úsese sólo cuando ciénaga reclame compuertas o esclusa, es voz taína manigua, proceder en consecuencia, buscar la manera de incorporar a palafito la noción de humareda, debe decir díscolo donde dice ausencia.

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Cuaderno Ático, 

(H ' '') —Fragmento—

(...) cómo ha podido llegar a suceder que el lenguaje / un instrumento de pura supervivencia / tanto como un hacha de piedra o una antorcha de brea / una herramienta ideada para gritar ...¡cuidado! / para decir ...me duele / ...vamos por allí / ...sujeta eso / ...tengo hambre / ...quédate conmigo / un mecano fonético para nombrar las plantas venenosas / las formas de las vasijas / los cantos de los pájaros y los colores de los peces / / resulta desconcertante pensar que un útil así pueda llegar a utilizarse / generaciones mediante / para volcar en un soneto de Góngora la justa dosis de escarcha / o para dar cuenta de las ensoñaciones de Molly Bloom / o para / llegada la temporada de lluvias / consignar el orden preciso en que han de disponerse las ofrendas ante un ibis embalsamado / / esto es algo que debería dejarnos sin aliento / y aun sin habla / / ya sigo / no se impaciente / aunque no lo parezca me esfuerzo en mantener el clima del discurso / trato de mostrarme coherente y hablar claro / pero me reflejo en su mutismo con el escorzo tenso y forzado de un mártir manierista / de sesión en sesión voy adquiriendo esa presencia huidiza del desertor itinerante / tonadillero de la disolución / proclive al énfasis / / no se preocupe / no entregaré la plaza / no todavía / aún nos queda el último baluarte / la ciudadela defendida con el cristal resquebrajado de la risa / espejo atrapa alientos / aliada contable que ajusta pérdidas y ganancias / caja B del coraje / ya está aquí la crecida / ya desborda la columna del HABER y apaga las brasas del DEBE / / (...)

(Del libro ¿Por qué hay poemas y no más bien nada?, de próxima publicación)

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Luis Miguel Rabanal UN TAL JAIME GIL NOS HABLA CADA DÍA Pasada ya la cumbre de la vida. J. G.  B.

Los poetas saben de sobra que no saben nada aunque han llegado de lejos como llegan los fríos. De súbito, cuando entran en la escena, se les ve enrojecer y el desprecio es un color invisible y de su frente febril nacen dos amapolas cortadas. Los poetas no conceden credibilidad a los búhos que se posan en los tejados en ruina. Es más, los poetas se lavan la cara con gotas de lluvia pasada la medianoche, abren sus brazos a la melancolía y se atreven a blasfemar dulcemente en silencio. Son como son, tan feroces incluso que duele advertir su parsimonia en la barra vacía de los bares frente a un vaso vacío de certidumbre y de menta. Los poetas se quitan el polvo del blazer con el dedo que falta, siempre, siempre con el dedo que falta. Hay días que, sin los poetas, no tendrían remedio. Los poetas benditos, los poetas malditos, esos sí que experimentan unas ganas de morirse locas.

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Cuaderno Ático, 

PHILIPPE SOUPAULT SE ASUSTA POR POCO Qué buen tiempo hace. P. S.

¿Son los poetas las personas más viles, las personas más tercas, las personas más puras? ¿Son los poetas los seres más rastreros, los padres más clementes, los intermediarios más tiernos y ruidosos? ¿Son los poetas andaluces de ahora quienes cautivan más y mejor a las empalagosas colegialas? ¿No serán los poetas los causantes de la crisis que nos hunde en el fango, los autores directos del calentamiento global, los culpables incluso de la caída en picado de las vocaciones agustinianas tan pías y elegantes? ¿Acaso no repudian las fruslerías los poetas como cualquiera de nosotros, no se jactan de beberse en una tarde la cerveza que quedaba en el frigo, no se refriegan los ojos antes de dormir para eternizarse abreviados? ¿Habrán sido los poetas alguna vez verdaderamente felices?

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Luis Miguel Rabanal

MARGUERITE DURAS SALTA A LA COMBA Muy pronto en la vida es demasiado tarde. M. D.

Las poetas escriben sus poemas con la mano derecha mientras que con su mano izquierda acostumbran a llevar a los niños al colegio, a empanar el filete, a asistir en el parto a la golden más tierna, a masturbarse con bastante lentitud y, en ocasiones, sólo en raras ocasiones, se aventuran a consultar el saldo de sus pocos delitos. No es erróneo en absoluto aseverar que las poetas no se sepan el título de sus poemas de carrerilla, ni que hayan descubierto el equilibrio inasible que los demás han cantado y contado a las tantas. Tampoco es cierto que sufran las poetas de dolores agudos nada más arribar a las islas en submarinos esotéricos, biliosos. Las poetas se visten con la falda de raso del lunes y beben el café de las ocho con torreznos suaves. El poema está listo. Las poetas (españolas) no juegan al frontón casi nunca.

(Inéditos)

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C. P. Cavafis | Juan Manuel Macías CUATRO POEMAS DE C. P. CAVAFIS (Versiones de Juan Manuel Macías)

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Cuaderno Ático, 

ΙΘΑΚΗ

Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη, να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος, γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις. Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας, τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι, τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρεις, αν μέν’ η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει. Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας, τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις, αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου, αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου. Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος. Πολλά τα καλοκαιρινά πρωιά να είναι που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους� να σταματήσεις σ’ εμπορεία Φοινικικά, και τες καλές πραγμάτειες ν’ αποκτήσεις, σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ’ έβενους, και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής, όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά� σε πόλεις �ιγυπτιακές πολλές να πας, να μάθεις και να μάθεις απ’ τους σπουδασμένους. Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη. Το φθάσιμον εκεί είν’ ο προορισμός σου. �λλά μη βιάζεις το ταξείδι διόλου. Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει� και γέρος πια ν’ αράξεις στο νησί, πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο, μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη. Η Ιθάκη σ’ έδωσε τ’ ωραίο ταξείδι. —  —


C. P. Cavafis | Juan Manuel Macías

ÍTACA

Cuando salgas hacia Ítaca ruega por que el camino sea largo, lleno de peripecias y descubrimientos. A lestrigones y a cíclopes, o al iracundo Poseidón no temas. No encontrarás tal cosa en tu camino si alto es tu pensamiento, y refinada la emoción que toque tu espíritu y tu cuerpo. A lestrigones y a cíclopes o al fiero Poseidón no habrás de hallarlos a no ser que los lleves en tu corazón, mientras tu corazón no los ponga frente a ti. Ruega por que el camino sea largo. Que muchas sean las mañanas de verano cuando arribes —¡con qué placer y alegría!— a puertos nunca vistos. Detente en los mercados de Fenicia y compra allí lindos artículos, madreperla y coral, ámbar y ébano, y toda clase de perfumes sensuales, tantos perfumes sensuales como puedas; acude a muchas ciudades egipcias para aprender y aprender de los versados. Ten siempre a Ítaca en la mente. Llegar allí es tu destino. Pero en ningún modo apresures el viaje. Mejor dejar que dure muchos años, para que llegues, viejo ya, a la isla, rico con todo lo que has ganado en el camino, sin esperar que Ítaca te dé riquezas. Ítaca te dio un hermoso viaje, —  —


Cuaderno Ático, 

Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο. Άλλα δεν έχει να σε δώσει πια. Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε. Έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα, ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.

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C. P. Cavafis | Juan Manuel Macías

si no es por ella no habrías emprendido el camino, pero no te dará más. Y si la encuentras pobre, Ítaca no se ha burlado. Así de sabio como te volviste, con tanta experiencia, entenderás entonces qué querían decir las Ítacas.

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Cuaderno Ático, 

ΑΠΟΛΕΙΠΕΙΝ Ο ΘΕΟΣ ΑΝΤΩΝΙΟΝ

Σαν έξαφνα, ώρα μεσάνυχτ’, ακουσθεί αόρατος θίασος να περνά με μουσικές εξαίσιες, με φωνές— την τύχη σου που ενδίδει πια, τα έργα σου που απέτυχαν, τα σχέδια της ζωής σου που βγήκαν όλα πλάνες, μη ανωφέλετα θρηνήσεις. Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος, αποχαιρέτα την, την �λεξάνδρεια που φεύγει. Προ πάντων να μη γελασθείς, μην πεις πως ήταν ένα όνειρο, πως απατήθηκεν η ακοή σου� μάταιες ελπίδες τέτοιες μην καταδεχθείς. Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος, σαν που ταιριάζει σε που αξιώθηκες μια τέτοια πόλι, πλησίασε σταθερά προς το παράθυρο, κι άκουσε με συγκίνησιν, αλλ’ όχι με των δειλών τα παρακάλια και παράπονα, ως τελευταία απόλαυσι τους ήχους, τα εξαίσια όργανα του μυστικού θιάσου, κι αποχαιρέτα την, την �λεξάνδρεια που χάνεις.

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C. P. Cavafis | Juan Manuel Macías

EL DIOS ABANDONA A ANTONIO

Cuando, de pronto, se deje oír a medianoche el paso de una invisible comitiva, con músicas sublimes y con voces, tu suerte que cede, tus obras malogradas, los planes de tu vida que acabaron todos en quimeras, será inútil llorarlos. Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente, despídete de ella, de la Alejandría que se marcha. Sobre todo, no te engañes, no digas que fue un sueño, ni que se confundieron tus oídos; no te rebajes a tan vanas esperanzas. Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente, como te corresponde por haber merecido tal ciudad, quédate firme frente a la ventana y escucha con emoción —no con las súplicas y las quejas de los cobardes— el rumor, cual un último deleite, los sublimes instrumentos de la secreta comitiva, y despídete de ella, de la Alejandría que pierdes.

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Cuaderno Ático, 

ΦΩΝΕΣ

Ιδανικές φωνές κι αγαπημένες εκείνων που πεθάναν, ή εκείνων που είναι για μας χαμένοι σαν τους πεθαμένους. Κάποτε μες στα όνειρά μας ομιλούνε� κάποτε μες στην σκέψι τες ακούει το μυαλό. Και με τον ήχο των για μια στιγμή επιστρέφουν ήχοι από την πρώτη ποίησι της ζωής μας— σα μουσική, την νύχτα, μακρυνή, που σβύνει.

Ο ΔΕΚΕΜΒΡΗΣ ΤΟΥ 1903

Κι αν για τον έρωτά μου δεν μπορώ να πω— αν δεν μιλώ για τα μαλλιά σου, για τα χείλη, για τα μάτια� όμως το πρόσωπό σου που κρατώ μες στην ψυχή μου, ο ήχος της φωνής σου που κρατώ μες στο μυαλό μου, οι μέρες του Σεπτέμβρη που ανατέλλουν στα όνειρά μου, τες λέξεις και τες φράσεις μου πλάττουν και χρωματίζουν εις όποιο θέμα κι αν περνώ, όποιαν ιδέα κι αν λέγω.

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C. P. Cavafis | Juan Manuel Macías

VOCES

Voces amadas, idealizadas voces de aquellos que han muerto, o de aquéllos perdidos para nosotros como los muertos. En ocasiones nos hablan entre los sueños. En ocasiones la mente las oye por el pensamiento. Y con su sonido por un instante regresan los sonidos de la primera poesía de nuestra vida— como una música, de noche, lejana, que se extingue.

DICIEMBRE DE 

Y si no puedo hablar de mi amor— si no digo de tu pelo, de tus labios, de tus ojos, aún así tu rostro que llevo en mi corazón, el sonido de tu voz que llevo en mi mente, los días de septiembre que se alzan en mis sueños, van dando forma y color a mis palabras y a mis frases en cualquier tema que toco, cualquier idea que pronuncio.

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Jeannette L. Clariond LA TRADUCCIÓN ES COPULACIÓN

La traducción literaria no es una traición sino cópula: dos lenguas que se juntan, miradas que se unen para ver el mundo con los mismos ojos: mundo de quien se traduce y que ha sido vislumbrado por el traductor. «Il traduttore è un traditore» solía decirse; y hay quienes aún siguen concibiendo tal ejercicio como si fuese posible la coexistencia de traición y creación. El mundo se ha globalizado; la Palabra, en cambio, se ha universalizado. En este inter-linguae se penetra el cuerpo del lenguaje: la voz se desnuda ante la otra voz, se abre, se deja penetrar por otra desnudez. El traductor la contempla en toda su blancura pues busca reconocerse en ella desde lo que es. No se trata de un saber sino de un sentir humano buscando asirse de lo permanente: «That which remains»: corps, core, corpse, corazón, recuerdo, corteza, árbol predestinado a echar raíz prolongándose en la llaga. «Re-main», lo doblemente escrito, es un pacto dual rescribiendo una única vivencia, pues quien traduce se traduce y, al hacerlo, encuentra compañía. Mark Strand dijo que: «Los adioses nunca son definitivos» y Wallace Stevens antes que él: «Tanta luz de sol / baña mi oscuridad.» La luz de la poesía (el sol de Stevens) alumbra el sentido de las cosas, de la vida, del ser. El remanente que pervive en traducción es el mismo que pervive en el amor; eso que con el tiempo se asienta y perdura. Así, lo traducido, si real, nos atraviesa, todos nuestros sentidos atraviesa. Lanza que da justo en el centro del corazón, y late. Empezamos entonces a contar acentos de acuerdo a sístoles y diástoles, música no antes oída, creada desde el interior para dar cabida a otra voz, oyendo su ritmo, mirando su color, el interior de esa otra alma. La unión de dos lenguas deviene coito, derrame espiritual, entrega. Da inicio la cópula: dos seres en tránsito hacia la parte más necesitada de ser que no puede traicionarse ni engañarse. Como en el acto amatorio, la entrega es real, deseada, sincera. La traducción (traducimos al otro desde el amor) nos enseña a morar en lo verdadero: la otra voz nos ofrece un lugar seguro, pues la palabra traducida es, ineludiblemente, residida. Resulta imposible traducir lo que no ha entrado en el cuerpo, sea voz, color, paisaje, música, sonido... Me gusta el uso del vocablo «remain» por el ingrediente «re», raíz latina del vocablo «remanere»: perdurar de cierta manera, perpetuar, durar —  —


Cuaderno Ático, 

siendo, como si se tratase de la condición estática del fluir. ¿Existe otra forma en la duración del amor? Eros deja siempre una erosión y su ineludible erogación: se desgasta por el tiempo, y reparte el bien que el amor nos legó. En lo permanente está lo que se mueve. Sin duda la generosidad precede al acto: expande la imaginación amatoria, nos ofrece una máscara para enriquecer la percepción del sí mismo y la del otro, como si en ambos se intuyera una fina máscara dorada. En traducción el amor por la lengua se patentiza, se palpa, se toca. Hablo de la palabra escrita ya que posee la fuerza necesaria para hacer que lo escrito perviva. Tal ha sido su tarea desde que el humano sintió la necesidad de dejar huella de su paso por la tierra en algo tangible, fuese la piel de un animal, una piedra, la corteza del árbol, o el muro en la caverna. La mirada humana guarda su huella en la voz, que si oral, corre el riesgo de cambiar su intención, su fin. Nunca sabremos con exactitud lo que se dijo en una cultura de tradición verbal. Seguimos en cambio descifrando, esto es, traduciendo lo escrito en telas, estelas, papiros. En México, Guatemala, Belice y Honduras aún se investiga la cultura Maya. Para ello se cuenta con el método del carbono ; pero sin duda alienta más la entrega y el amor que en su trabajo han puesto estudiosos como Tatiana Proskouriakoff, quien consagró gran parte de su vida a descifrar los glifos de la llamada cuenta larga y Laurette Séjournée, por su parte, quien dedicó cincuenta años de su vida al estudio de la religión y del pensamiento de la cultura Náhuatl y así poder mostrarnos la altísima espiritualidad de estos pueblos. Sin la escritura de ambos grupos, y sin la pasión y la entrega de estas investigadoras, muy poco podríamos conocer. Sus traducciones del maya y del náhuatl han dado respuesta a una serie de incógnitas que aún siguen rondando la cabeza de los arqueólogos con el fin de esclarecer lo que fuimos, aquello que creímos, y lo que logramos construir. Lo mismo podemos decir de Cuzco o Israel, Burgos o Santander. Si la necesidad de encontrar la raíz de una lengua, es decir, el origen del lenguaje, no fuese real, no habría tal proliferación de libreros de viejo, aunada al valor que hoy día han adquirido los libros en papel. Los muros han caído, las fronteras han caído, y tal parece que ciertas esperanzas también han caído. Sin embargo, puertas y ventanas hoy también se abren para que participemos de lo universal. Innumerables voces pueden ser oídas. Gritos y lamentos también son ahora oídos. De eso trata la traducción, y ese fue sin duda el grito inicial de Hölderlin: «para oír los unos de los otros». ¿Qué tragedias escuchó el poeta que nadie antes había sabido leer? Hace décadas conocimos otras voces por lo que de ellas se vertía del inglés, francés, portugués... Lo hizo Octavio —  —


Jeannette L. Clariond

Paz en México; y al hacerlo nos abrió muchas puertas. Mas esta tarea ya no se practica igual. Existen traductores especializados en diversas lenguas, conocedores profundos de la cultura, el paisaje y la visión del mundo a traducir. Un saber que se relaciona con el mundo editorial, la academia, con diversos institutos culturales y las agencias literarias que deciden ceder o no los derechos de una obra o de un autor de acuerdo a la experiencia y al talento del traductor, quien deberá poseer un vasto conocimiento, tanto de la lengua de origen como de la lengua meta. No basta ya con conocer tres, cuatro, diez poemas de un autor neerlandés, chino o serbio para trasladarlos a otra lengua. En traducción no se traduce un poema sino una tradición. Y ésta tiene música, ritmo, color, un modo de mirar el arte, la poesía, la muerte, y todo ello se traduce. Y es el reto de quien tiene en sus manos el original: trasladarlo amorosamente hasta fecundarlo. Octavio Paz —hablo de México—, nos dio un mundo, muchos mundos, no todos, pero en su imaginario, nos dio a ver la infinidad de mundos posibles. Su aportación mayor fue el enseñarnos a repensar lo diverso, a ver las palabras como puentes, a contemplar lo heterogéneo desde un asombro reconciliado. Paz nos enseñó ante todo a cuestionar. Bajo su mirada tuvimos la posibilidad de ver que muchos es uno, y con ese uno estamos siempre en diálogo. En ocasión del encuentro de Octavio Paz con el polaco Czeslaw Milosz en Austin, Texas nuestro poeta publicó un texto en Vuelta en el cual refería cómo se había preparado para este encuentro leyendo a Santo Tomás de Aquino. Con ello advirtió la enorme necesidad de entender, profundizar, adentrarse en la escolástica de la que se había nutrido el polaco. Paz no estaba traduciendo a Milosz, tan solo iban a dialogar; sin embargo, por su actitud se infiere otro ingrediente necesario en traducción: la honestidad. Si el diálogo es compañía, lo es también la traducción. Se traduce para no estar solo, para dialogar con el autor o la autora que de alguna manera cambiaron nuestra vida. He hablado antes de la honestidad; quiero agregar el otro elemento necesario: la gratitud, que nada tiene que ver con la deuda. Solo he traducido a un poeta por encargo. Mi trabajo como traductora ha sido fruto de una elección, quizá más bien, un acto de correspondencia. He buscado dar a conocer al poeta que de algún modo me permitió comprender, me ayudó a ver, por su vida, la mía. Tal es el caso de la poeta milanesa Alda Merini. Ella me enseñó a transitar la locura, un estado del alma que pide empatía, comunión, hondura. No tengo memoria de algo o de alguien que me haya mostrado esta desmemoria del afecto como hizo ella. A Alda Merini debo la fuerza para hacer del dolor palabra; su dolor es mi bendición. —  —


Cuaderno Ático, 

Roberto Juarroz nos enseña que la poesía es la más alta forma de sinceridad humana. La sinceridad, decir desde la propia verdad lo que oímos en la otra voz, es el cuarto ingrediente necesario en traducción. Trabajar con sinceridad es desentrañar la otra voz con humildad, y todo acto sincero exige humildad. Hay traducciones que nunca alcanzaremos pues son inabordables en nuestra lengua. Y así hay que verlo. Rehacer un poema es hacer una versión; en este caso, lo ético sería decirlo. Existen versiones, diversiones, recreaciones, aproximaciones, que no traducciones. Todas son válidas; quien desnudo llegó a nuestra casa y que, también desnudos, debemos esperar a que lenta llegue y se abra ante nosotros su Palabra. Y por último mencionar que existen blogs en donde se publican dos, tres, cuatro poemas de un determinado autor, y digo dos pensando que quien cuelga esos poemas cree que dos es suficiente. Sucede que quien visita el sitio, piensa entonces que conoce, no solo la obra sino también al poeta; además, reenvía el poema acompañado de comentarios que denotan autoridad sobre tema, forma, fondo... En el trasfondo de todo esto se advierte una falta de seriedad, una frivolidad ciega al daño que se ocasiona al traducido. No olvidemos que una mala traducción puede traicionar el espíritu que lo engendró. Este des-conocimiento conduce a un trabajo con lo propio, creando matices inexistentes, música que no es, agua que no hay, sed de decir algo que carece de la noción acerca de eso que vio nacer el poema originario. La traducción es generosa. Y como el amor, nace de un deseo de dar a ver la otra voz. En el caso de los poetas muertos, han de ser reivindicados desde su interioridad —remanente de— lo que fue su voz. Al traducirlos se les está confiriendo una vida nueva para quedarse a nuestro lado en perdurable compañía. Es lo que da sentido, serenidad para estar en casa, acompañados y solos a la vez, con un alguien, que sin decirlo, parece sentirse agradecido.

(Jeannette L. Clariond es poeta y traductora)

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María Antonia Ortega LOS INADAPTADOS

Quizá Marquina Oz no se hubiera planteado todavía, con la debida seriedad y conciencia rigurosa, que acogida como estaba, en su contrato de alquiler de renta antigua, a los beneficios de la prórroga forzosa previstos en la antigua Ley de Arrendamientos Urbanos, continuaba siendo amparada por una normativa dictada en la época de Franco; de las pocas que todavía no habían sido derogadas, hallándose aún los arrendadores obligados a percibir alquileres muy bajos. Es decir que Marquina Oz era uno de «esos inquilinos a los que no se puede echar» a no ser que se den ciertas circunstancias excepcionales. Y todo ello, repito, conforme a una ley franquista de la etapa de Girón. Y sin embargo Marquina era una mujer de «izquierdas», muy comprometida con su credo político, y muy activa en sus reivindicaciones políticas. Y contaba con la siguiente ascendencia: su padre era un militar muy de «derechas», y su madre una buena mujer, hermana de un destacado político republicano que, una vez terminada la Guerra Civil, pasó muchos años en el exilio, aunque después de la Dictadura pudo regresar a España y afincarse en ella, pasando allí, (mejor dicho aquí), los últimos años de su vida que fueron muy tranquilos y afortunados, llenos de reconocimientos. Sin embargo Marquina, casi sin darse cuenta, había acabado en una vida pequeño-burguesa; aunque muy espaciadamente publicase algún libro relacionado con temas de la actualidad, y enviase a su marido, con un carrito algo desvencijado, a hacer la compra. Ambos eran funcionarios con una estabilidad económica bien asegurada, y se aproximaban juntos a una cómoda jubilación. «Lo habían leído todo», pero en realidad lo que más les gustaba era hacer todos los días ejercicio, o llevar a la práctica los consejos de algún manual de «autoayuda». Eso sí, muy al estilo de algunas personas, tanto de «izquierdas» como de «derechas», se dedicaban a juzgar a las demás personas sólo por sus apariencias. Y así llegó a sus vidas, es decir que se instaló en el piso de abajo, del cual era por cierto su propietaria por título hereditario, Soledad Burgo,

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Cuaderno Ático, 

procedente de un barrio residencial del centro de Madrid, en el que había vivido hasta la fecha de su traslado en compañía de su familia. Soledad Burgo era uno de esos seres que han sido predestinados a «cierto sufrimiento moral», como consecuencia de un inconformismo apoyado en su peculiar sentido de la libertad. Y había querido huir a un barrio más abierto, menos homogéneo, lleno de encanto popular, y también de jardines y museos, buscando la soledad que según ella consistía en ver a los demás «sólo cuando se quiere». Marquina Oz sintió desde el primer momento el deseo de antagonismo, esencial en su psicología enraizada en la lucha de clases, en relación a Soledad Burgo. La hostilidad hacia Soledad, («La Soledad» la llamaba), le excitó desde el primer momento; y literalmente «pateaba» su casa presa de fuertes arrebatos y ataques de furia, acompañada para ello por el resto de su familia, su obediente marido, y su hijo, un adolescente que con tal de divertirse, y salir de su rutina, se apuntaba a todo. A Soledad le ayudó la ironía, como a Oscar Wilde. Y comentaba: «arriba viven unos payasos muy famosos; qué divertido y apasionante es escuchar como ensayan sus piruetas; ¿o son como aquel pirata que tenía una pata de palo..? Pero sobre todo se apoyó en la música que podía estar escuchando, por puro placer, durante todas las horas del día, música convertida ahora en silencio para ahogar las patadas de Marquina, enloquecida por su propio antagonismo. Pero Marquina, que se había creído dueña de la situación sólo por vivir en el piso superior, no había contado con que la música sube, como el humo del incienso. Y así fue que enloqueció del todo, y un día se tiró por el balcón para arrojarse al vacío, pero cayó sobre el de Soledad, junto a una pequeña maceta. Soledad la acompañó cortésmente por el pasillo hacia la salida, y cuando cerró la puerta tras de sí, no supo si Marquina subía o bajaba, pues no volvió a oír nunca más nada sobre ella.

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María Antonia Ortega

EL PLACER DE SÍ MISMO

La poesía ha de nacer de un estado de necesidad, por eso el poeta debe alcanzar también un estado de menesterosidad.

N      después de la noche cerrada iluminada sólo por algún resplandor, ni bastaba con alcanzar la claridad que roza el misterio como el ala de un pájaro, pues era necesaria la transparencia para la visión absoluta, aunque se borre el espejo, y en el fondo de él se hunda mi rostro como en un sueño, para encontrar detrás el paisaje definitivo. Sí, la luz, la claridad, la transparencia son por este orden las tres etapas del viaje humano.

En la otra habitación se oye pasar las páginas de un libro, y es el único indicio de vida, de la existencia de algún lector.

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Cuaderno Ático, 

La condición del hombre es su soledad, y su última verdad el dolor aunque existan más. Pero qué es la soledad, qué el dolor que golpea con su capotazo el corazón, como el viento en el mar con olor salobre, sino una vieja aspiración que siempre sabe enderezar su rumbo y despertar la conciencia de las cosas y el sentido de su belleza.

¿Recuerdas el barco del patrón de Rianxo junto a las Islas de Ons y Onceta, y los lomos de los ballenatos y de los arroaces? Vuelve ahora para preguntarle: ¿Vivir es despertar, o dormir? ¿O es que ambas cosas son soñar? ¡Conciencia o sueño, sueño placentero! ¿No es en estado de sueño cuando sabemos compartir nuestro estado y destino con las demás especies? ¿Y entonces el cuerpo sano no nos vuelve a incorporar a sí mismo, al placer de si mismo?.

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María Antonia Ortega

N  , sistemas de distribución y riego, : Salpican con su transparencia, y dejan sus huellas en el cristal como las gotas de la lluvia que las borra en el barro. Y no obstante ahora vuelvo a encontrar las mías, a hacer el camino inverso otra vez calzada con ellas, a cruzar el puente del sueño, como cuando de niña bajé al jardín a cortar las dalias para una invitada como ahora lo soy yo.

La poesía es del tiempo, como los árboles de la ciudad. Para el joven es el futuro, y para el hombre anciano el pasado, y sobre todo el presente, pero para el poeta es todo el tiempo, y el tiempo no es su duración sino su misterio, continuidad y fluidez.

¡Gute Nacht! Menos creo en el ser humano que en algunos seres humanos. pero todavía no he perdido la fuerza para proseguir mi camino solitario, y si me detengo es sólo para descansar y recobrar el aliento.

(Inéditos)

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Álex Chico SOBRE UN LUGAR PARA NADIE HABITACIÓN Quizás Pascal tuviera razón y la infelicidad del ser humano se pueda identificar con algo tan simple como no poder estarse quieto en una habitación. Si esa habitación es, además, el lugar de la escritura, la perturbación casi siempre aumenta. Se convierte en un lugar cerrado y abierto al mundo, capaz de conectar el interior con un paisaje externo, un territorio que protege y, a la vez, te deja expuesto. Un universo, en definitiva, minúsculo, pero un universo a fin de cuentas. La habitación no cambia, pero la forma de movernos en ella sí, lo que traducido al ejercicio creativo sería: los temas siguen, las obsesiones continúan. Lo que varía es la manera que tenemos de abordar esos mismos temas y esas mismas obsesiones. Se conserva el fondo, aun con leves matices. La forma no. O dicho de otra manera: las paredes mantienen una dimensión similar, aunque descubrimos que, con el tiempo, pueden ser observadas desde diferentes ángulos. Por eso, Un lugar para nadie puede leerse como una continuación o una ruptura. Sé, no obstante, por dónde podemos llegar a una u otra percepción. Continúa algo tan básico como el tema de la identidad, o de la carencia, o de la búsqueda. El ser humano que somos y el lugar que ocupamos en el mundo. Nuestra relación con lo que nos rodea. Sin embargo, el camino elegido para acercarme puede considerarse ligeramente distinto. En esto hay varias razones. La primera es básica: las lecturas se amplían y con ellas la posibilidad de sumar nuevos referentes literarios. La segunda responde a un proceso creativo concreto: la escritura de Un lugar para nadie tenía un plazo de entrega, una fecha, digamos, límite. Esto, lejos de parecer un impedimento, resultó ser todo un incentivo. Estar delante de un manuscrito del que conocía su destino editorial, antes incluso de verlo concluido, proporcionó una inestimable libertad creadora. Por primera vez, ese lector invisible que llevamos a cuestas se erigió en verdadero protagonista. No había que ajustar la lectura a nadie más. El resultado es un libro dividido en cuatro partes o emplazamientos. Lugares reales que remiten, en último término, a un paisaje íntimo. Hablar de Sur la Sorgue es hablar del interior de una comarca. Acercarse a la isla de Ischia es una forma de estar aislados. O, en fin, volver a La —  —


Cuaderno Ático, 

Verneda no es más que el regreso a un estado periférico, perpetuamente al margen. Esa es la habitación y ese es el lugar que ocupa. Y esa es, también, nuestra forma de ser afortunadamente infelices. Á C marzo de 

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Álex Chico

LA PARADA DEL AUTOBÚS

Iniciarás una nueva semana y continuarás así el ritual de tus días. Seguirás la costumbre de levantarte temprano y abandonar con torpeza la habitación. Sabrás, ya desde el comienzo, que tu primera despedida se produjo al cruzar el umbral de una casa. Bajarás a la calle en compañía de tu madre y esperarás, aún con sueño, la llegada de dos autobuses con rutas similares. La alegría consistirá entonces en abrir bien los ojos, porque se ha visto, a lo lejos, los número  o . Buscarás un hueco y convertirás ese espacio en una humilde y meritoria conquista. Con suerte, quizás logres sentarte. Mirarás con sosiego la extraña mecánica de una ciudad durante las primeras horas de la mañana. Su movimiento, calculado hasta el extremo. Su ordenación perversa y, a la vez, admirable. No conocerás a nadie. En ese rincón del autobús serás consciente del exiguo espacio que ocupamos en el mundo. —  —


Cuaderno Ático, 

Un universo aterradoramente minúsculo, pero un universo al fin y al cabo. No conocerás a nadie y sin embargo aquellos viajeros, efímeros y somnolientos, te serán para siempre familiares. El trayecto será largo y aun así llegarás pronto al colegio (recuerdas parte de su ruta: Rambla de Guipúzcoa, Bac de Roda, calle Mallorca, avenida de Roma...). Aprenderás a construir un territorio a partir de unas pocas calles. Apenas sabías que todo lugar encierra en sí otros lugares. Recibirás más lecciones de esos viajes. Comprenderás, por ejemplo, que un refugio no se encuentra en un espacio remoto, sino en el hueco que has podido ocupar en un vagón de metro o en un autobús lleno de gente. Comprenderás que para aislarse no se requiere un paisaje desierto. Basta con saberse solo entre otros semejantes con los que nunca hablas. De las horas en el colegio recordarás una tarde. Fuera llovía y la lección avanzaba. Alguien recitaba en voz alta el nombre de los planetas, que por entonces eran nueve. Retendrás esa tarde porque aprendiste uno de los pocos versos que todavía sabes de memoria: monotonía de lluvia tras los cristales. —  —


Álex Chico

Allí, pegado a la ventana, siguiendo el curso de las gotas, lograrás imaginarte en otro lugar. Habrás iniciado, sin saberlo, esa costumbre tuya de estar siempre en otra parte. En una fuente de Montjuïc, mientras miras a la cámara. En el parque de la Ciutadella, que en aquel momento te parecía inmenso. En las pistas de frontón que improvisaste con tu padre. En las vías de la estación de Francia y en las palabras que veías al abandonarla (Sí, Barcelona és bona...). Estarás en otro lugar, porque a media tarde dejarás el centro. Volverás al margen. El regreso bajo tierra será, en el fondo, similar: cambiar de línea, acortar el trayecto con algún juego recién inventado, repetirte a ti mismo unas cuantas palabras por el simple placer de recordarlas. Así pasarás tus primeros años, en esos trayectos en los que, aún hoy, intentas encontrarte. Acabas de escribir el poema más largo de tu vida.

(De Un lugar para nadie, De la luna libros, )

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José Luis Piquero QUEMADURAS

«La autolesión suele comenzar en la adolescencia [...] A menudo funciona como una estrategia para regular las emociones [...] Es más común de lo que siempre hemos pensado...». —Leído en la prensa—

Llegó a ser adictivo, y ahora entiendo a los santos y a los mártires: cómo debían gozarla los muy cucos. Una medalla de sabiduría, un pin insólito, íntimo, bajo manga, la estolidez del héroe y en la agenda el teléfono de Dios, para contárselo. Las cosas son así con los adolescentes, hasta el último. Borradores del mundo pero llenos de tóxica alegría, su escupitajo traza un bello arco hacia nosotros. Nosotros, que ya estábamos a otros asuntos. Les vuelve locos eso de morir. Y además están hartos de motivos: los sustos de la luna, la música letal, toda el agua estancada, la blanca huella inútil bautizando las noches, cada noche, cada maldita noche, como un juego de manos, una recreativa convulsión de pijama. Y los poemas malos y el recuento minucioso e hipnótico de desprecios y afrentas, la estufa enferma en la que quemar odio sin parar. Harás mal no tomándoles en serio, a los adolescentes: —  —


Cuaderno Ático, 

ellos sí que se esfuerzan. Pero vamos al grano, porque querréis, supongo, los detalles. No hay mucho que contar: duele lo suyo. Eres tu obra de arte del dolor. Uno piensa en jaurías, piensa en fosas comunes en las que aún queda algo que se mueve. Notas que te respiran en la nuca y te giras de golpe, allí no hay nadie, y vuelves a empuñar tu bisturí humeante, lloroso cirujano de manos como insectos. Has salvado una vida: ahora que no se infecte. Bueno, esa es la mecánica, básicamente. Pero el meollo, el intríngulis, eso es otro cantar. La blanca costra del chico-cenicero es delicada, como el plumón de un ángel, pero opaca. Si hurgas en su epidermis tan sólo verás monstruos, y si ves tu retrato no te fíes: es pura pareidolia. Pregúntale y verás que calla como un muerto. Así que si tampoco sacamos nada en limpio ni nos hizo mejores ni medio resistentes ni detuvo el dolor, este dolor insomne, justo bajo la piel, ¿para qué esa escritura, qué decían las letras rojas que me esforcé tanto en traducir tras tallarlas, tatuármelas a fuego, con sorda disciplina de soldado? ¿O era de funcionario arrepentido, de loca de la casa? ¿Quién estaba mirándome? ¿Y quién al otro lado del teléfono, con la boca cerrada? ¿O no llegué a llamar? ¿Era yo de otra raza, con demasiados brazos, por ejemplo, y unos ojos así, dramático y ridículo pero un tipo decente y bla bla bla? ¿Hay un sobre cerrado en algún sitio, con sabrosos secretos y la revelación de todo esto, astuta e intachable?

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José Luis Piquero

Tiene que haber, tiene que haber, tiene que haber alguna explicación. Pero, maldita sea: no se me ocurre nada.

(Inédito)

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Este primer número de C Á ha sido compuesto en XETEX sobre un sistema Linux con tipografías Sabon, Optima y Gill Sans



Cuaderno Ático, nº 1