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mitos de la h. matamoros, tam. méxico

Con todo, no me he unido al grupo que ahora quiere cerciorarse de las imágenes del Sagrado Corazón y del Santo Rostro que aparecen en otros lados del tronco. Sucede que a las piedras, nubes e incluso montañas les suelo encontrar parecido con otras cosas. Y no es que me las fume. Vayan a Monterrey y contemplen el espectáculo de sus cerros: la Silla, las Mitras, el Topo, el Fraile, la Campana, la "M" de la Sierra Madre, el Diente, etc. Sus nombres no son arbitrarios. Los parecidos son naturales. Ahora que si mi mente se pone inquieta, qué de parecidos escabrosos puedo encontrar en las texturas, oquedades y rugosidades de la corteza de un árbol. Y con todo, Freud consideraría mi imaginación de lo más normal y natural. A medida que el tiempo transcurría poco a poco se fue perdiendo el entusiasmo inicial: guirnaldas, flores de plástico, escapularios, y el reclinatorio en donde muchos se arrodillaron y oraron, han desaparecido. El venerable árbol quedó triste y sólo, sin quien lo visitara. Tiempo después una tormenta lo derribó. Moraleja: Para los jerarcas y príncipes purpurados de la iglesia católica, algunos de los "milagros" les son incómodos, por la dificultad que representa controlar o administrar la fantasiosa Fe de sus feligreses. 1.8 PROTECCIÓN DIVINA CONTRA HURACANES Magdaleno Briseño Gómez El huracán es un viento muy impetuoso y temible, que a modo de torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de calma tropicales, donde suele tener origen. Estando situada la H. Matamoros en la costa noroeste del golfo de México, ha sufrido en muchas ocasiones los embates de los ciclones como también se les llama. Se tiene documentado que esta área ha sido azotada directamente por terribles tempestades durante los siglos XVIII y XIX en los años de 1791, 1829, 1830, 1835, 1837, 1844, 1848 1867, 1873, 1874, 1880, 1881, 1886, 1887 y 1895. Siendo los peores los de 1844, 1867 y 1880, en los cuales las torres de la Parroquia fueron severamente dañadas o derribadas. La decisión de utilizar nombres para "bautizar" a tormentas tropicales y huracanes es una costumbre de varios siglos atrás, pero no siempre han llevado nombres de personas comunes. La religiosidad de los primeros navegantes asociaba los descubrimientos y acontecimientos importantes con el santoral de la Iglesia Católica. Así, antiguamente, cada ciclón se denominaba con el nombre del santo del día en que se había formado o había sido observado. El problema fue que muchos huracanes ocurrían en la misma fecha de distintos años, por lo que se iban acumulando varios San Felipe, San Vicente, San Roque, etcétera. La primera vez que se utilizó un nombre de mujer para referirse a un huracán fue entre finales del siglo XIX y principios del XX, lo que se le atribuye al meteorólogo australiano Clement Wragge.

La Parroquia en 1846 15

Libro sobre los Mitos de la Heroica Ciudad de Matamoros, Tam. México  

Volumen I de la trilogia Mitos, Leyendas y Mentiras de la H. Matamoros, Tam.

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