Issuu on Google+

astra


“Si vas hacia el suroeste de Alfaár encontraras la entrada sur del desierto, allí varios desahuciados adentrado

se han

en los dispersos oasis escapando de la

destrucción, algunos con su familia, otros con amigos o desconocidos, pero hay un oasis en particular donde habita un anciano solitario, sin compañía alguna, dicen que solo se levanta a mirar las estrellas y escribir en rollos de papiro, la única forma en que lo reconocerás es por sus manos oscuras como el azabache…”

-Caravaneros de Lazce.


Cuando encontré el oasis, ya no creía en relatos ni cuentos de viajeros, era imposible que la historia del viejo ermitaño fuese cierta, con mi experiencia como mensajero comencé a reconocer muchas historias que prometían un mejor devenir, cuevas encantadas, brujas benignas y portales a mundos paradisíacos, pero todos estos relatos solo servían para pasar el tiempo, con ellos escapábamos de nuestra realidad evocando interminables aventuras, soñando con los éxitos de los héroes de antaño, existentes o imaginarios. Pero la historia de este solitario anciano muy extraña e inusualmente popular entre los escasos caravaneros al norte de la corrupta ciudad, Goldshard. Por cierto mi nombre es Samir Herra y antes vivía en aquella ciudad, cuando sus templos, palacios y calles brillaban con el dorado sol, cuando la magia de los Chamanes profanos era tolerada, aunque no aceptada, pero se vivía en una envidiable paz y prosperidad. Muy pocas personas conocen el real trasfondo de la guerra contra Zyx y las brujas/Chamanes del Sur, que nos costo la destrucción de toda nuestra ciudad y la corrupción de su capital. En aquellos tiempos de tensión mi familia y yo vivíamos del comercio, aquí en el norte a poca distancia de los límites con el desierto en lo que se conocía como Alfaár1. Junto a mi padre trasladábamos la mercancía que llegaba de los distintos comercios del lejano norte hacia los mercados céntricos, pero últimamente la mayor parte de mi trabajo consistía en ayudar a enviar mensajes entre los contactos de mi padre, con lo cual podía moverme por casi toda la 1

En idioma extranjero, significaba “Alforja” por la costumbre de los habitantes de portar uno de estos objetos.


ciudad, conociendo muchas rutas, lugares y personas fascinantes provenientes de todo el continente, incluso a algunos navegantes del este, la ciudad les ofrecía grandes oportunidades comerciales, era un gran centro de conocimiento de ingeniería y como no nombrar a uno de los ejércitos mas poderosos de todos los continentes, o por lo menos todo fue así hasta los súbitos ataques.

La destrucción de Goldshard me peso demasiado, el contraste lo que antes fue una ciudad de esplendor y progreso se transformo en una fuente de muerte y pesar. Las brujas atacaron de inesperadamente, dispersando toda la zona céntrica de la ciudad, obligando el escape hacia las zonas

periféricas,

los

comerciantes,

artesanos

y

caravaneros, poseían transporte ligero a mano, siendo los primeros en abandonar sus hogares escapando hacia el desierto o las montañas, el resto quedo rezagado a sobrevivir como fuese... El avance de las brujas era implacable, la gran concentración urbana acorralo a muchos inocentes en el escape, casi nadie pudo defenderse de su poder que no tenía comparación alguna con ningún artefacto, espada o estrategia. Yo me encontraba regresando a mi hogar desde el sur de la ciudad cerca de Atanal cuando los ataques comenzaron, grupos pequeños de tres o cuatro brujas, eran capaces de enfrentar a incontables grupos de sorprendidos soldados, el ejercito de Goldshard se vio sobrepasados por el fuego que emanaba de las manos de sus atacantes, los pocos que sobrevivían tenían que soportar el frío que trasmitía su mirada capaz de congelar sus cuerpos para luego ser destrozados, cuando no quedaba defensor alguno torturaban a los


indefensos con la locura de sus maleficios que corrompían a todo ser vivo, incluso si alguno llegase a resistir podían cambiaban su lealtad temporalmente, dejándolos a sus servicios para después desfigurarlos con la crueldad de sus vejaciones, los únicos que sobrevivían eran las niñas pequeñas, que se las llevaban

para transformarlas en

futuras brujas.

Yo sobreviví al caos de los ataques gracias a pequeñas cuadrillas que se dedicaron a evacuar gente de las zonas criticas, el gran problema era que los escapes se volvían lentos por precaución a ser atacados, las brujas se movían en grupos pequeños dispersas por toda la ciudad en gran cantidad, estaban en casi todas partes, había que moverse entre sombras y refugios con mucho sigilo para no ser atacado, llegar a mi hogar demoro dos días mas que un viaje normal. Una vez allí el observar a Alfaár fue ver un vacío que parecía imposible de imaginar, ya no quedaba nadie, todos tomaron sus animales o carros y abandonaron Goldshard… Incluyendo a mi familia.

Los camellos no estaban en el corral y varias pertenencias de mi madre y hermanas no estaban, la salida más cercana que teníamos era hacia el norte, posiblemente se encontraban en el gran desierto Zeio. De primer momento me sentí bien de saber que habían podido escapar y que probablemente sobrevivieron, pero no dejaron pista alguna de su rumbo, ahora me encontraba solo en lo que antes fuese mi hogar, no tenían donde ir en mi ciudad, mi paz ahora era este lugar completamente vacío. Al interior de mi hogar podía oír vagos sonidos que parecían lejanas


explosiones, al rato aparecían hombres escapando horrorizados, pedían ayuda gritando en medio de las calles, tenia que salir a atraparlos llevarlos a cubierto y tratar de devolverles la cordura, cuando se recuperaban se quedaban mucho tiempo en silencio, por lo menos pude tener compañía… La marca de la destrucción calaba hondo en nuestros corazones, no había palabra alguna que diera animo o nos sacase de la incertidumbre, no teníamos noticias del exterior mas allá del atropellado balbuceo de uno que otro sobreviviente que iba de paso, entre todas las locuras me recitaban, podía saber como se encontraba la ciudad, algunos de estos hombres se quedaban conmigo otros se abrían paso por el norte buscando alguna ruta que los llevase hacia las montañas del este. El tiempo pasaba con lentitud, las primeras semanas todo fue miedo, fuera de un par de salidas tratábamos de no permanecer a la vista, escogimos cuartos aislados y pasábamos encerrados en ellos sin vernos ni hablarnos, salvo en las horas de comida o en casos de extrema soledad, esto porque tácitamente aceptamos vigilar nuestro entorno, para estar prevenidos ante la mas leve señal de peligro, si pasaba bastante tiempo sin sentir amenaza alguna estábamos dispuestos a escapar, o por lo menos así lo planeábamos. La comida la obteníamos de una reserva que se mantenía en el sótano, pero al mes comenzó a escasear, aunque sabíamos que no podíamos quedarnos eternamente encerrados, nunca tocábamos el tema del escape, en algún momento debíamos salir y enfrentar a la ciudad, pero preferíamos ahogarnos en nuestra inseguridad, creyendo que esta era la mejor forma de vivir, una sombra se posaba en nuestros pensamientos, esta se sumió en mi corazón,


transformando mi animo, me volví somnoliento y torpe, ahora no era mas que una simple sombra que vagaba por una casa vacía, no tocaba alimento alguno ni necesitaba el contacto con nadie, solo y sumido en mi mismo vagaba por los recuerdos de la destrucción, eso fue demasiado ya no quería sobrevivir, odiaba a mi familia por no esperarme, odiaba a mis compañeros por su impavidez, odiaba a las brujas por no haberme matado dejándome aquí. La oscuridad crecía desmesuradamente dentro de mí, no había nada en mi viejo hogar, solo recuerdos, todo era tan frágil, incluso la cordura y mi propia vida. Sin preparación ni comida decidí salir a enfrentar mi muerte, no pedí ayuda a nadie, mientras observaba al exterior por una ventana en el primer piso, espere a que la noche cayese y el sueño se llevase a mis compañeros, prepare una pequeña mochila con algunos víveres, abandone la casa sin aviso alguno en medio de la pacifica noche, comencé a vagar por la zona mientras la luna se asomaba completa en el horizonte. Grandes siluetas se formaban con los restos de estatuas en reposo, pequeñas alimañas me asustaban de vez en cuando, no eran gran cosa, yo esperaba encontrar alguna criatura que me quitara la vida de forma rápida, alguna bruja monstruosa debía de estar oculta, acechándome, esperando disfrutar de mi muerte, pero solo encontré una noche de paz y tranquilidad, la inmensidad de la ciudad vacía era sobrecogedora, no me quedo mas que seguir a la luna que ahora guiaba mi camino.

Pase un par de semanas en las ruinas del viejo barrio comercial, la impactante soledad pronto se mezclo con el


miedo a ser sorprendido, ya no quería perder esa sensación de libertad, de dominio, yo era el único sobreviviente que merodeaba con absoluta despreocupación, pero todo se mezclo con algo desconocido me observaba, o por lo menos yo lo creía así, hace días algo me seguía, estaba preocupado había visto su silueta un par de veces, no sabia decir si era animal o humano, quizá mi imaginación me jugaba una gran broma, pero aun así sentía algo que me observaba… Pero en esos momentos mi mente se volcó a la única cosa que podría haberme matado, el hambre, la poca comida que fui encontrando no me alcanzaba, los víveres que lleve se habían acabado hace cinco días, el resto no fue suficiente como para continuar, a mi cuerpo se le agotaban las fuerzas, no sabia como había podido vagar durante tanto tiempo, quizá fue esa tranquilidad, o el amor a ese silencio que me seguía ligando a este mundo, durante dos días recorrí los lugares que mas me agradaban, había uno en especial, un pequeño palacio de una familia extranjera, en la entrada dos criaturas grandes talladas en mármol protegían ese hogar, frente a este había una gran pileta que funcionaba aun pero con muy poca potencia, allí me senté a observar las grandiosas figuras felinas que se mantenían erguidas y orgullosas de seguir cumpliendo su misión… Ahora el sueño me ganaba desvaneciendo mis pensamientos,

mientras

mi

cuerpo

perdía

fuerzas

torciéndose para recostarse en el ancho borde de piedra de la pileta, mirando hacia el cielo podía ver plasmada la imagen del rey Balthazar Goldshard y su hija Iris, estos emergían de un lado de la pileta, parecían observar con curiosidad a los gigantes felinos, recordé de inmediato a mi padre que siempre me relataba el día en que logro estar


cerca del rey: “su piel brillaba como el sol” nos repetía una y otra vez, me costo imaginar como una criatura podía tener semejante apariencia, mi mente comenzó a divagar en el asunto, mezclando la forma de la estatua con el brillo del sol que comenzaba a anunciar el mediodía, solo cerré mis ojos mientras criaturas fantásticas aparecían, leones, serpientes emplumadas, unicornios y grifos se mezclaban en una incesante lucha, hasta que todo fue oscuridad.

A mi tercer día postrado, un pequeño grupo de hombres, que llevaban el estandarte de la ciudad, un magnifico símbolo de poder, un gran escudo coronado con el sol de Goldshard, al costado izquierdo de este se alza un unicornio en sus dos patas traseras, del otro costado un león intenta tomar con sus garras el sol, en el centro del escudo una esfera cruzada por un tridente, nos indicaban los secretos ocultos por la familia real y el mismo ejercito que bajo esa insignia dirigía todas sus batallas. Estos hombres se dirigían a los puntos comerciales cuando avistaron mi cuerpo inerte, hace días que no encontraban nada parecido a un humano, me observaron detenidamente pensando que había fallecido, pero el líder de su grupo no opinaba lo mismo, le

dio a mi cuerpo sin vida agua

mezclada con algo que los demás desconocían, al cabo de unas horas desperté de un profundo sueño.

Mientras me ponían al tanto de su situación, que hacían para donde marchaban, pude comer algo de comida, sentía que mi cuerpo se reactivaba, al mismo tiempo sentía que aquellos alimentos eran muy distintos a los que uno consigue comúnmente, descanse un par de horas más,


cuando estuve algo más repuesto me relataron sobre la actual situación de la ciudad:

Las brujas habían retrocedido hacia el sur, después de haber destruido parte de la zona norte sobre Gorcea, estas habían decidido tomarse el palacio, pero en su estadía

debieron

enfrentarse

al

ejercito

real

de

Goldshard, éramos escasos guerreros pero mucho mas organizados que en un principio, logramos contenerlas pero debimos pagar con grandes perdidas, muchos guerreros valientes cayeron ese día pero logramos la paz momentánea, las brujas salieron de la zona céntrica y de momento se instalaron en el sur cerca de Mitileno, sin dar señal alguna de hostilidad hasta ahora. El resto del ejército decidió separarse en cuadrillas que debían ir a reestablecer alguno de los puntos comerciales, puesto que escaseaba el alimento y necesitábamos proveernos, además de cuantificar los daños y reunir a los sobrevivientes para facilitar un pronto contraataque.

Aquel día me ofrecieron unirme a su cuadrilla, para ellos toda ayuda era valiosa, esto me ayudo mucho, volvía a la vida, mis ánimos se levantaron sentía que podía ayudar, tenia un motivo para sobrevivir, pero pronto descubriría que sin darme cuenta, estaba involucrado en algo mas grandes de lo que nunca imagine.


Introducción Astra