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parroquia cristo salvador  domingo sexto  tiempo ordinario. ciclo b. año 2012  CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA  1­RITOS INICIALES  Canto  de  entrada:  “Peregrino,  ¿a  dónde  vas?” (23)  Monición ambiental: ¡Buenos días! Hoy Jesús  de  Nazaret  nos  enseña  que  el  amor  a  los  her­  manos, la piedad por los enfermos y por los que  sufren hambre, está por encima de cualquier ley  y  de  cualquier  precepto.  Ayer,  se  celebró  en  Madrid el Día de los Enfermos. Hoy celebramos  la Campaña contra el Hambre en el Mundo. Am­  bas  celebraciones  son  una  llamada  a  nuestro  amor y solidaridad para con los hermanos. Cris­  to nos enseña hoy a luchar para que los exclui­  dos sean reintegrados a su dignidad.  Saludo del Celebrante:  En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu 

Santo. Amén. Que el Dios de los humildes, de los débiles y de los ham­  brientos esté siempre con todos vosotros. Y con tu espíritu.  Acto penitencial: Con humildad y confianza pedimos perdón a Dios.  (Se puede cantar: “ Si de Ti me alejé”  )  (39)  o también: 

­Tú que curas nuestras culpas. Señor, ten piedad  ­Tú  que ayudas a los marginados. Cristo, te piedad  ­Tú que nos has dado el mandato del amor. Señor, ten piedad  Gloria  Oración


2– LITURGIA DE LA PALABRA  Monición a la primera lectura. ( Levítico 13, 1­2. 44­46 ) Los leprosos en  Israel sufrían una doble maldición: la de la enfermedad y la separación de la  familia y del culto. Jesús vino a eliminar toda separación. Sólo su amor reúne  y plenifica. Escuchemos la proclamación de la Palabra de Dios.  Salmo responsorial:  “Protégeme, Dios mío, me refugio en Ti” (Bis)  Monición a la segunda lectura. (1ª Corintios 10, 31­11, 1 ) San Pablo nos  previene para que no seamos causa de escándalo para nadie. Los cristianos  tenemos  que  ser  ejemplo  de  moderación  y  prudencia;  también  de  justicia  y  verdad. A veces no es fácil conjugar estas cuatro cualidades. De todos mo­  dos, el apóstol nos explica el sentido  que debe tener todo lo que hagamos  y pensamos: buscar la gloria de Dios.  Alleluia cantado:  Evangelio. ( Marcos 1, 40­45 )  Homilía  Credo  Oración de los fieles  

Celebrante: A Dios, que es Padre de todos, le presentamos esta oración  universal y llenos de confianza le decimos:  ESCUCHA, SEÑOR, Y TEN PIEDAD 1­Te pedimos, Señor, por tu Iglesia a la que confiaste prolongar en el tiempo  la misión de tu Hijo, para que asuma de forma clara la defensa y liberación de  los excluidos y marginados. Oremos.  2­Te pedimos, Señor, por los gobernantes, para que tomen medidas eficaces  y hagan llegar las ventajas del progreso que nosotros disfrutamos, a los pue­  blos más necesitados. Oremos.  3­Te pedimos por todos los que hoy sufren la marginación y la injusticia del  hambre, para que con la acción solidaria de todos superen  todas sus caren­ 


cias y  puedan  desarrollar  todas  sus  posibilidades  humanas. Oremos.  4– Te pedimos, Señor, por todos los que han empeña­  do  su vida  en  la  lucha  por  un  mundo  más  solidario  y  fraterno, para que no se desanimen y su ejemplo nos  sirva a todos de estímulo. Oremos.  5­Te  pedimos,  Señor,  por  todos  los  que  celebramos  esta eucaristía, para que lo que celebramos sea signo  de nuestra voluntad de ser seguidores en la misión de  salvar, humanizar y dignificar a toda persona. Oremos. 

Celebrante: Concédenos,  Padre  de  todos  los  hombres,  tener  los  mismos sentimientos de tu Hijo, que se conmovió ante el leproso y ac­  tuó eficazmente para superar su marginación. Por el mismo Jesucristo,  nuestro Señor. Amén   3– LITURGIA DE LA EUCARISTÍA  Canto de ofrendas: “Cuando un niño con hambre pide pan” (83) o “Este pan  y vino, Señor” (86)  Santo Cantado  Cordero de Dios cantado  Canto de Comunión:  “Cuando  el  pobre  nada  tiene  y  aún reparte”. (83) o  “Pan para compartir” (137)  Canto  de  despedida:  (Pág.  158) “ Tú eres el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que  nos sostiene y el techo que  nos cobija,  la mano que nos sostiene y el  techo que nos cobija.  Te damos gracias, Señor, te damos gracias, Señor (Bis)


REFLEXIÓN 1‐ Vivimos en una sociedad que excluye y margina. Y el paisaje de la marginación es extenso: dro‐ godependientes, ancianos, desviados sociales, delincuentes, indomiciliados, emigrantes, ilegales, hambrientos … A estos se les reservan albergues, residencias, cárceles … En el pueblo judío era la lepra la que excluía a las personas. En este contexto hay que leer el evangelio de hoy. 2‐Jesús se presenta como alguien que abate con autoridad las barreras que separan a la socie‐ dad y a los marginados. Jesús primero se compadece: “Sintiendo lástima …” En segundo lugar Jesús no teme la cercanía. Todo lo contario: “extendió su mano y lo tocó”. Cura al leproso: “Quiero, queda limpio”. Y lo hace en contra de las prescripciones rituales y legales. Para Él el amor está por encima de las leyes. Curando al leproso demuestra que no es un maldito o alguien repudiado por Dios, sino una criatura amada. De este modo Jesús carga con las consecuencias y se convierte en un marginado e intocable: “Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo. Se quedaba fuera, en descampado”. Finalmente Jesús reintegra al leproso en la socie‐ dad: “Ve a presentarte al sacerdote”. 3– Gran lección para nosotros. Llegarse hasta el marginado y el despojado de sus derechos, es un hecho sacramental de primer orden. Porque “acercarse”, “tocar”, “curar” e “integrar” es un acontecimiento salvador. Señal de que el Reino de Dios ha llegado. Jesús lo ha traído. Los nuevos tiempos están ahí. Y esto no solo es una lección magistral, es un compromiso para nosotros, ciu‐ dadanos de este mundo, en que los leprosos producidos por la sociedad son hoy tan numerosos.

Pon tus manos sobre mí, Jesús,  tus manos humanas,  curtidas y traspasadas:  comunícame tu fuerza y energía,  tu anhelo y tu ternura,  tu capacidad de servicio y de entrega.  Pon tus manos sobre mí, Jesús,  y abre en mi ser y vida  surcos claros y ventanas ciertas  para el Espíritu que vivifica:  líbrame del miedo y de la tristeza,  de la mediocridad y de la pereza. 

Pon tus manos sobre las mías, Jesús,  que están sucias y perdidas;  dales ese toque de gracia  que necesitan:  traspásalas, aunque se resistan,  hasta que sepan dar y gastarse  y hacerse reflejo claro de las tuyas.  Déjame poner mis manos en las tuyas  y sentir que somos hermanos,  con heridas y llagas vivas  y con manos libres,  fuertes y tiernas, que abrazan.  Ulibarri, Fl Ulibarri, Fl 

hoja liturgica  

hoja liturgica de la parroquia de cristo salvador correspondiente a la sexta semana del tiempo ordinario

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