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Historia de la literatura homo paraguaya

Dirty Bo

La concha avĂĄ de kurnikova LambarĂŠ 2012


Primera kartonera de LambarĂŠ Paraguay 2012


Eleuterio Melancólico Díaz (Kambyretá, 1969):

Hizo estudios de hebreo antiguo y especializaciones en la Cábala catalana del siglo XIV. Actualmente trabaja en el San Nietzsche Institut de Filología. Prepara una investigación sobre "La subalternidad de ciertas ciencias de los siglos XIX y XX: cosmopatología, fisionógmica, frenología, etc." Ha publicado artículos en revistas como Acción y Praxis. Hizo su tesis sobre "La historia de la homosexualidad en Lóbrego, aldea del Chaco Central", editorial Un yacaré en el culo de Guattari. Esta tesis enumera un centenar de escritores, que, ya considerados temáticamente, en la pura textualidad, ya por su destino personal, en la práctica cotidiana y en la propaganda proselitista y legitimadora o condenatoria y persecutoria, persiguen el universo homo. Abarca 5 siglos, desde la mítica fundación de Lóbrego por unos alucinados zarrapastrosos, lugar que empezó siendo poblado por una horda de guaikurús y los esclavos de éstos, miembros de una etnia de influencia incaica. A continuación iremos desgranando uno a uno a los autores más importantes y conspicuos. Debemos recordar que esta literatura genérica se escribió y aun se escribe como mínimo en 3 lenguas: latín, guaraní y español, sin contar los mestizajes más reprobables para los puristas de las 3 academias, lengua macarrónica, proto-jopará, experimentos varios, etc.


Bartolomé Pelamás:

Badajoz, 1699- Villarrica del Espíritu piro’y, 1765

Escribió en latín una hagiografía dramática y muy sentida del santo Puto por antonomasia del santoral católico Agustinus de Hipona ("aipona puto" decían en las misiones los indiecitos aparaguayados después de 1767). En guaraní una apologética del mártir Roque Santacruz intitulada (para alargar este renglón muy corto para un Alexander Dumas ansioso de guita) “karaí Roque, Ñandejara resamí, Tupá poraite, oñerairovavaekué añamemby kuerandi ipytuopámeve ha hugy ome’esevaekué curuzú rérape”, edición póstuma por unos hermanos más afectos a la “literatura corydónica" que a la hagiografías al uso en su retiro pos-San Ignasio guasú. En castellano dejó unas “cartas de viajes por tierras de avaporus” despachadas desde las más inusitados lugares que la misión evangelizadora le obligó a recorrer y destinados en su gran mayoría al hermano de la congregación de origen indígena Francisco de Yuty, conocido también por su nombre guaraní “Yvoty ka’aguy”. En macarrónico se cuentan de este sacerdote unas poesías en prosa de sorprendente modernidad por el uso desprejuiciado de la fala coloquial amorosa y post-amorosa del “kunu’u y ñakarái rabel rembó” (sic). Merece un zoom crítico, en especial, la descripción de un ritual antropofágico entre los tupinambás de Parati, actual Brasil (célebres por sus burros y los miembros de garañones de sus guerreros sexuales más conspicuos, especie de negros de entre los avá, por ejemplo, cuando un cacique moría una de sus minas le cortaba el miembro y se lo empotraba con cojones y todo en la garganta y se paseaba por la aldea y sus andurriales a si por semanas de oguatá rasy imena remboré (como en la escena final de “El imperio de los


entidos”), para que cuando entre al yvaga el cancerbero de insobornable presencia lo deje entrar viendo su tamaño). En un guahú proto-jopará narra el ka’u guasú de nuestros ancestros a base de chicha de maíz en donde la pobre víctima propiciatoria mostró hombría al ser sodomizado sucesivamente por el pai, el cacique y los cincuenta tovajás de la casa comunal. Los especialistas ke hemos consultado no saben nada de este extraño festín sexual, así que debemos considerarlo como parte de un brote psicótico con alucinaciones apocalípticas de fin de los tiempos lo que llevó a imaginar la orgía entre los extraños, el miedo pánico ante lo otro.


Pedro Pablo Penner: Lóbrego, 1952

Fue compañero de estudios del actual mandatario del país, el orador que se desgañita hasta el espeluznante falsete ronco, el Tenondé oho’a ojeutá. En el recreo éste le invitaba su tortilla de tapioca, tortilla ky´a alabado por la yary'i. Como ya había sido violado por el padrastro como Axel Rose, después formaría su banda de rock (ver ensayo sobre el tópico “Violación y rock en la juventud que no ha probado la ouija”. Del tendotá infantil esperaba trato varonil, autoritario, sadó, bondad del bondage, pero para su desaliento solo le propinaba caricias y buena onda. (Espero ke me den una sinecura depois de estas líneas). Fue el primero en usar arito en el lóbulo de la oreja derecha, antes que la simbólica rockera la relegara para los atrolados (en el rock la izquierda es hetero y la derecha es homo, inversión como todas traída de los vellos púbicos de la simbólica todoroviana y la semiótica ecoica). Tampoco su primera letra “dórica”, en realidad un poema en berso vlanco, y su banda cojeaba siempre del bajo. Tenía pesimo gusto musical, aunque lo Queen tenía unos menos musicales cuando se lo erigía como modelo de la banda. Para el primer concierto, el desvirgamiento digamos, sin vaselina le metieron “El blues del chupapollas”, de los rollings en versión free debida a su pluma jopará-políglota. Para entonces Lóbrego ya los tachaba de satánicos y ese estigma iría desafectando a varios de sus integrantes, todos heteros. Pero el guitar hero, que solo usaba Gibson de segunda mano con cuerdas clisterizadas por su torpeza hormonal, aparentemente había topetado con los de su gremio porque de cuando en cuando de su humor canchero y kachi'aí


paraguayo salían expresiones como “puto sogué” que fastidiaba a Pedro Pablo. Como queda temporalmente sin banda, en sus horas de ocio siguió escribiendo poemas “dóricos” disfrazados bajo un velo místico a lo Ballagas. Trabajaba como ayudante de mecánico de coches, panadero, vendedor de poha ro’ysá, hasta que un dentista, después de un encuentro fortuito, le tiraba guita y pudo imprimir su primer libro de veros versos: “Sebastián asaetado en la calle empedrada de tentaciones”, editorial “Haceme correr papito”. La crítica recibió el libro con su habitual desparpajo vocinglero, en lo minoritario, con la indiferencia, en la mayoría. Salvo la excepción de Endecasílabo Dorado, que tenía el monopolio en un diario en permanente angustia de clausura. Reconoció “la sensibilidad escondida tras la firmeza de sus rimas internas”, elogió “el llanto de dos amigos separados por un viaje”, y refunfuñó casto “el olvido de las pasiones en provecho de la prepotencia de la banalidad promocionada por la televisión por cable (¿¡)”. El dentista, casado con hijos, férreamente activo, acanallado por la interminable rutina de saltar fondos utilizados para satisfacer su “yo autártico”, terminó cansando a Pedro Pablo.


Printer En LambarĂŠ La city del cacike del cerro Enero 2012

Hystoria de la literatura homo del Py  

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