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-¿Nunca te has preguntado si esos seres nos ven?-. Q se rascaba la cabeza mientras estudiaba la ventana que se abría frente a ellos. M’ se le quedó mirando extrañado. -¡Qué cosas se te ocurren! Probablemente ni siquiera sean racionales. -Bueno pero, ¿cómo es que no hemos analizado antes su comportamiento?-, insistió Q acercándose peligrosamente al borde de la abertura. -¿De qué serviría?- M’ no entendía la curiosidad que aquellos objetos producían en su amigo. -No sé… Tampoco comprendo que nadie se haya preocupado hasta ahora en explorar la naturaleza de estas ventanas que se despliegan ante nosotros en todo momento-. Hoy Q parecía haberse levantado más curioso que de costumbre. -Siempre han estado ahí-, contestó M’. –Y esas criaturas borrosas y huidizas también. Investigar no sería útil… Había veces que Q no alcanzaba a aceptar la falta de entusiasmo de M’ por los fenómenos que les rodeaban. –Si no sabemos qué son … ¿cómo puedes estar tan seguro de no sirven para nada? -Mira Q… no tengo ganas de discutir contigo. Ya sabes que las ventanas forman parte de nuestro mundo desde el momento de la creación y que los seres que se perciben al otro lado no presentan comportamientos lógicos. Lo mejor es que dejes las cosas como están y no te arrimes tanto al marco. Pero Q ya se había acercado demasiado a la ventana. El vértigo y una potente sensación de pesadez le invadieron. La cabeza empezó a dolerle y no pudo por menos que llevarse una mano a la frente. Fue imposible reprimir el grito. ¡Su mano rodeaba la superficie curvada de su frente! La transformación en un ser tridimensional fue dolorosa, larga y agotadora y sólo pudo percibir de lejos a su amigo M’ que lo miraba, inmóvil, desde el otro lado de la viñeta gritando: !Qué has hecho!

Quu  

Relato sobre mundos paralelos

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