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HISTORIA DE UN FUTBOLISTA QUE SIEMPRE CREYÓ

El comienzo de un sueño CAPITULO 1

Nací en uno de los departamentos más pobres del país, donde las calles unos días estaban hechas de barro y otras las calles hechas de barro estaban inundadas a causa de las constantes lluvias y de la siempre falta de desagüe, sobra decir que los servicios básicos de los que muchos utilizan diariamente sin entender su valor escaseaban en mi pueblo y para poder tener agua potable había que formar largas filas junto con mis vecinos para obtener agua de los camiones de agua, que llegaban al pueblo una vez por semana. Desde mi niñez tenía que ayudar en los mandados y mi mamá me enviaba junto con mis dos hermanos a vender los hermosos vestidos que ella con tanto esfuerzo confeccionaba, en ese entonces no entendía muy bien la situación en la que nos encontrábamos y muchas de las cosas que vivíamos las tomaba como un juego o como el único estilo de vida que existía y todo gracias al amor que mis hermanos, mi madre y los años que estuvo mi padre tratando de ofrecerme un mundo lleno de oportunidades, donde cada día y en cada momento difícil me decía una frase que nunca iré a olvidar, “siempre mira hacia adelante, aunque estés lleno de dolor nunca dejes de caminar”. Cuando pequeño no entendía a que se refería mi padre con estas palabras, pensaba en que caminar no curaría ningún dolor o porque me decía siempre los mismo, solo habría que esperar 4 años después para comenzar a darle sentido a estas duras palabras. La vida de un hombre se forja con el amor por los suyos y cuanta más ama a los suyos es capaz de perderse a sí mismo con tal de no verlos sufrir. Mi papá fue un buen hombre, trabajaba como obrero de construcción en la capital del país, fue artífice y colaborador para poner en pie esa ciudad, con la construcción de sus vías principales, edificios, puentes, siempre nos contaba cosas interesantes respecto a cada construcción, se notaba su pasión por la arquitectura y era gracias a la construcción que él podía sentirse cerca de ese profundo gusto por la creación. Me acuerdo de una de sus historias más apasionadas, siempre que nos la contaba a mí y a mis hermanos no escatimaba en ningún detalle, de quienes lo acompañaban día y noche en sus tareas diarias, de la gente importante que hacia posible de esa gran obra, y de todo el empeño y esfuerzo que él le dedico para construir lo que se conoce como el Estadio Nemesio Camacho el Campin, él decía que allí era el inicio y el fin de muchos sueños, sueños de personas humildes con muchas de ganas de prosperar, además del gran gusto que mi padre tenía por este deporte hacia que esta fuera su construcción más bella y mejor elaborada en la ciudad. Recordar a mi viejo, era la mejor manera de motivarme hoy en día, no me canso de contarle a los demás sus pensamientos y sus palabras, ya que pese a tanta pobreza en la que vivíamos y a tantos días grises y dolorosos el encontraba algún motivo para llenarse de esperanza y eso fue lo que me inculco desde su partida, esperanza por una mejor vida.


Lastimosamente el 10 de agosto de 1940 dos años después de la construcción del “Campín” a mi padre la habrían detectado cáncer en la sangre, esa terrible leucemia que lo dejo en cama durante 7 meses y la terrible bronquitis causada por el frio clima de la ciudad, las malas condiciones en las que vivía con tal de no gastar un solo peso de más, los lugares en que tenía que meterse para viajar a buenaventura y el clima de mi pueblo, húmedo y de poca higiene le habrían dejado una bronquitis que cada año se agravaba. En mi casa ya sabíamos que era cuestión de tiempo para que ocurriera lo peor, para ese entonces yo tenía 10 años y como el menor mientras mi mamá confeccionaba vestidos para venderlos en los pueblos cercanos y mis hermanos trabajaban en el puerto cargando mercancías yo me encargaría de cuidar de mi padre en el “rancho”, cocinándole, llevándole la escaza medicina que podíamos comprar pero que gracias a un gran hombre mi padre habría conseguido el dinero suficiente para tomar un bus desde la ciudad y conseguir algo de medicina para tratar sus enfermedades que era demasiado costosa para nuestra situación económica. Apenas llevadas 3 semanas de mi padre en la cama, ya cuando su fiebre se había comenzado a estabilizar, dio un grito a eso de las dos de la tarde, corrí desde la cocina hasta la habitación creyendo que se trataba de algo urgente, pero apenas entre, desde que atravesé el umbral de la habitación él ya me estaba observando como si esperara que yo fuese quien entrara y me había recibido con una gran sonrisa en su rostro, pidió que buscara un asiento y me acercara, estaba todavía asustado hasta que comenzó a relatarme de sus últimas historias en la ciudad, yo jamás olvidaba una de ellas y claro que no me podía perder de ninguna, lleno de lágrimas detrás de mis ojos me dije, que será de esa esperanza cuando no escuche más de sus historias, cuando deje de escuchar su voz, solo deje que el siguiera relatando mientras afuera mis amigos peloteaban el balón y gritaban con emoción un gol.

Historia de un futbolista que siempre creyó  

El inicio de la historia de un pequeño que vive en la pobreza y gracias al fútbol su vida mejorara.

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