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ESTE LIBRO HA SIDO ESCRITO E ILUSTRADO POR…

Eduardo Quinoya Carlos Antonio Sánchez Paola Loza Sara Ortiz Hugo Lavín Julia Argos Julia Martínez Claudia López

CRIE, Viérnoles 2017.


Soy Alfredo, un pingüino gordo, bajo y con unos pies muy grandes. Soy amable, amoroso y cariñoso. Me paso todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto, pescando al lado de mi casa. A veces me siento muy solo y por eso me voy a pescar.


El pingüino vive en una playa del Polo Sur, dentro de una casa hecha de arena y con muchos muebles por todas partes. Pero Alfredo es muy organizado. La casa es muy especial porque además de ser de arena, también tiene un techo transparente. Así que Alfredo puede tomar el sol cuando quiera.


Un día, el pingüino se encontró con una pingüina que se llamaba Alfreda.

Al verla se le cayeron las pluma de golpe. Del susto, se desmayó y se rompió un pie, porque la pingüina era muy guapa: tenía el pico de color rosa y los ojos morados. De repente, parte de la playa se hundió y comenzó a alejarse, dejándoles separados a cada uno en un lado de la playa. Cuando se iban separando, Alfreda le guiño un ojo a Alfredo. El pingüino pensó en mandar a algún amigo escribir una carta para Alfreda, ya que él no sabía escribir.


Enseguida llegó un cangrejo dispuesto a escribirle una carta a la pingüina. Querida pingüina: Eres hermosa y quiero pasar toda la tarde y la noche contigo, buscando comida en la basura juntos.

¡Ya verás que guay! Un saludo, Alfredo

Pero al pingüino no le gustó y dijo:

-¡No, no y no! ¡Esta carta no me gusta!


Al día siguiente le fue a visitar una serpiente que, inmediatamente, se puso a escribir la carta con una pluma de águila. Queridísima amiga: Ya nos hemos separado una vez, y para que no vuelva a pasar he pensado que nos podíamos hacer un nudo con las colas y así pasar el día saltando juntos. De tu amigo, Alfredo.

Pero al pingüino no le gustó y dijo:

- ¿Pero tú estás chalado o estás loco? ¡¡Cómo puedes pensar que yo escribiría eso!!


El pingüino se encontró por la tarde con un rana que ,con mucho esfuerzo, escribió una carta con un lápiz de espuma:

Querida pingüina Alfreda. Me gustaría llevarte a un bar para comer juntos y que pruebes unos bichos que ¡están buenísimos! Saludos, Alfredo. Pero al pingüino no le gustó y dijo:

-¡No, yo no como bichos!


El pingüino, triste y desolado, pensaba… Si yo pudiera escribir, le diría que me gustaría pescar peces con ella, esquiar juntos en la arena y hacer castillos. Además, la invitaría a un bar que conozco que hacen una gelatina con pescado buenísima. Y querría decirle que la quiero hasta el infinito y mas allá.


La pingüina, que estaba en la playa, escuchó muy emocionada al pingüino. - ¡Muchas gracias por decirme cosas bonitas! Tú también me gustas Alfredo. Cuando Alfredo lo escuchó, le dio a la pingüina un beso que duró 10 horas. Y fueron felices para siempre.


ESTE LIBRO ES UNA ADAPTACIÓN DEL ÁLBUM ILUSTRADO “EL LEÓN QUE NO SABÍA ESCRIBIR”, ESCRITO E ILUSTRADO POR MARTIN BALTSCHEIT. EDITORIAL LÓGUEZ EDICIONES.



Un beso sin fin