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Historia de la Filosofía

Tema 1 Los presocráticos. El problema de la naturaleza y del ser.

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TEMA 1 LOS PRESOCRÁTICOS. EL PROBLEMA DE LA NATURALEZA Y DEL SER 1. EL SURGIMIENTO DE LA FILOSOFÍA: EL PASO DEL MITO AL LOGOS 2. LA PREGUNTA POR LA NATURALEZA 3. SIGLOS VII-V a. de C.: PROBLEMAS FILOSÓFICOS Y CLASIFICACIÓN DE LOS PRESOCRÁTICOS 4. LA ESCUELA DE MILETO: TALES, ANAXIMANDRO Y ANAXÍMENES 5. LA ESCUELA PITAGÓRICA 6. HERÁCLITO DE ÉFESO Y PARMÉNIDES DE ELEA 7. LOS PLURALISTAS: EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO, ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE Y LOS ATOMISTAS 1. EL SURGIMIENTO DE LA FILOSOFÍA: EL PASO DEL MITO AL LOGOS La Filosofía tiene un origen histórico y geográfico claro: la ciudad griega de Mileto hacia principios del siglo VI a. de C. Pero, ¿por qué la filosofía surge en Grecia y no en otra cultura? Esta pregunta no puede ser contestada de forma tajante. Es posible, sin embargo, subrayar algunas circunstancias que influyeron en este hecho. El origen de la filosofía se ha pretendido explicar a menudo recurriendo a la genialidad de los griegos. Dejando a un lado el genio griego (cuya originalidad es tan difícil de negar como difícil de explicar), han de tenerse en cuenta ciertas condiciones socioculturales que hicieron posible el surgimiento de la filosofía en Grecia.


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La Grecia anterior al surgimiento de la filosofía se caracteriza por estas dos notas: -En primer lugar, se trata de una sociedad aristocrática, agrícola y guerrera (cada reino ha de defender su riqueza frente a sus vecinos). Esto lleva consigo una estructura social y unos ideales morales determinados. La colectividad está dividida en dos clases: la nobleza, que vive placenteramente en tiempos de paz y conduce al pueblo en tiempos de guerra, y el pueblo, dedicado básicamente a la agricultura y ganadería. En cuanto a los ideales morales, los nobles son los depositarios únicos de la virtud, siendo los valores supremos el linaje (bueno es el de linaje noble, malo y vulgar el de linaje plebeyo), el éxito (fracasar es vergonzoso; se castiga, no por haber obrado mal en nuestro sentido del término, sino por haber fracasado) y la fama. Resulta así fácilmente comprensible que una sociedad estructurada de este modo no dé cabida a las ideas de justicia y derecho, que implican cierta igualdad. -Una segunda característica, peculiar de la cultura griega, es que carece de libros sagrados y de un sistema educativo organizado. Esta circunstancia es sumamente importante, ya que el papel educador lo desempeñan los poetas (muy especialmente, Homero). Homero era para los griegos algo muy distinto de lo que es hoy para nosotros. Para nosotros no pasa de ser un poeta que ofrece narraciones imaginativas, bellas e ilustrativas, a lo sumo. Los griegos aprendían de Homero todo lo que en realidad sabían (o creían saber) sobre moral, teología, historia, geografía, navegación, arte militar, cosmología, etc. 1.1 EL PASO DEL MITO AL LOGOS Tradicionalmente, el inicio de la filosofía se explica en el paso del mito al logos.


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1.1.1 EL MITO Se entiende por mito una forma arcaica de pensar y explicar la naturaleza, que se caracteriza por: -Atribuir a los dioses el origen de lo que existe y la causa de todo lo que sucede. -El pensamiento mítico se concreta en narraciones, leyendas y poemas sagrados, cuyos protagonistas, aunque dioses, se comportan como lo harían los humanos, de manera caprichosa, arbitraria, y, a menudo, inconsecuente. -El pensamiento mítico es antropomórfico, otorga forma humana al mundo exterior, lo personifica; no obstante, dada la potencia y la magnitud de la naturaleza, los mitos proyectan una imagen divinizada del ser humano. -El mito trata de dominar las fuerzas de la naturaleza y reconducir los fenómenos sociales. 1.1.2 EL LOGOS Frente a las explicaciones míticas, el pensamiento griego fue construyendo una manera distinta de explicar la naturaleza y sus cambios: el logos. Con este término se denomina una forma lógica de pensar que prescinde de los dioses, se basa en la observación y la experiencia, y se expresa en un discurso racional que, a su vez, puede ser discutido. El logos supone la superación de las formas míticas y religiosas de pensamiento y el advenimiento de un pensamiento racional. Cabe afirmar que el pensamiento racional (logos) comienza cuando la idea de arbitrariedad es suplantada definitivamente por la idea de necesidad, es decir, cuando se impone la convicción de que las cosas suceden cuando y como tienen que suceder. Esto puede parecernos hoy elemental, pero constituye ciertamente uno de los logros más importantes de la cultura occidental. A esta idea de necesidad se hallan vinculadas otras ideas, que constituyen lo que podemos denominar coordenadas intelectuales que enmarcan la explicación racional en la filosofía griega: a) La idea de que las cosas suceden como tienen que suceder está relacionada con la idea de permanencia o constancia. Tomemos un ejemplo muy sencillo: el agua se comporta siempre del mismo modo (por ejemplo, hierve y se solidifica siempre a unas temperaturas determinadas); posee, pues, unas propiedades fijas y, por tanto, una manera de ser constante o permanente. Esta manera de ser constante y permanente fue denominada por los griegos esencia. La esencia es lo que una cosa es a pesar de sus posibles cambios de apariencia o estado. El agua de nuestro ejemplo se presentará en estado sólido o líquido, etc., pero siempre es agua. O bien, el ser humano se presentará bajo diversas apariencias, edades, razas, culturas, etc., pero en todos estos casos se trata siempre de seres humanos.


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b) De esta manera el pensamiento griego creó una serie de conceptos opuestos de dos en dos, cuyo entramado constituye el sistema de coordenadas de su explicación de la realidad. Así, tenemos en las cosas lo que hay de permanente frente a lo que hay de cambiante, frente a sus distintos estados o apariencias; a su vez, lo permanente constituye la esencia (lo que las cosas verdaderamente son) frente a sus apariencias (lo que las cosas parecen ser); por último, esta manera de ser constante es lo que hay de idéntico o común entre seres que muestran apariencias diversas: hombres de diversas razas, culturas, etc., tienen en común, precisamente, su ser “hombres”. La esencia es, pues, el fundamento de la unidad de las cosas frente a la multiplicidad de sus estados y apariencias, así como frente a la multiplicidad de individuos que la comparten. Conocer las cosas será, por tanto, conocer lo que son de verdad, lo que tienen de común y permanente. c) Los griegos estaban firmemente convencidos de que, por muy útil que sea el conocimiento sensible, los sentidos no bastan para proporcionarnos tal conocimiento. Antes al contrario, los sentidos nos muestran una multiplicidad de individuos, de apariencias y estados cambiantes y accidentales. Es necesario un esfuerzo intelectual, racional, para alcanzar el ser de las cosas. De este modo, y en correspondencia con la dualidad establecida antes (unidad y permanencia frente a pluralidad y cambio), los griegos establecieron también una dualidad en el campo del conocimiento: razón frente a sentidos. La distinción entre estos dos tipos de conocimiento y la presencia de ambos en el ser humano tendrá, a su vez, importantes repercusiones en sus ideas antropológicas. Lo que acabamos de exponer puede representarse por medio del siguiente gráfico:

LO QUE ES= LA ESENCIA LO QUE PARECE SER= LAS APARIENCIAS


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2. LA PREGUNTA POR LA NATURALEZA La explicación racional, el logos, se ocupa en primer lugar de la naturaleza. La palabra “naturaleza” tiene para nosotros un doble significado: con ella nos referimos tanto al conjunto de todas las cosas presentes en el universo (exceptuando las producciones humanas), como a la constitución o estructura interna de un ser, es decir, las características que lo definen como tal y las propiedades permanentes que posee por el hecho de ser lo que es. Cuando decimos que el gato, por ser un felino, tiene una “naturaleza agresiva” nos referimos a que esta propiedad le pertenece por ser lo que es. En griego, la palabra naturaleza (fisis) recoge también este doble significado: -el conjunto de todas las cosas, -y lo que son en el fondo. La propia palabra fisis proviene del verbo fio, que significa “nacer”, “brotar”, “crecer” y también “generar”, “producir”. Por esta razón, inicialmente, la naturaleza no se entendía como un conjunto de cosas estáticas que solo cambian por la acción de alguna causa, sino como un todo que está “naturalmente” en transformación constante. La veían, pues, bajo un modelo biológico: es un ser vivo, un gran animal, que se va desarrollando. Por ello, esta concepción se ha calificado de hilozoísmo (hylé “materia” y zoé “vida animal”) y de pampsiquismo (pan “todo” y psiqué “alma”, es decir, “todo está animado”). Así pues, si forma un todo, hay que explicar qué es lo que unifica la gran multiplicidad que observamos de sustancias y seres tan distintos. Fue precisamente la sospecha de que toda esta diversidad no era más que la manifestación de un único principio del cual provenía todo lo que dio pie al inicio de la filosofía. La palabra arjé (o arkhé) significa precisamente esto: “principio”, pero su significado es complejo, ya que no se entiende simplemente en el sentido temporal, como “origen” o “comienzo”, sino también como “fundamento” y “causa” de todo. Por eso decimos también que esta es una visión “monista” de la naturaleza, dado que se entiende como una sola realidad. Por tanto, su investigación básica consistió en determinar el arjé de la fisis y explicar cómo proviene de ella todo lo que existe. Esta fue la visión de los primeros filósofos, los presocráticos.


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3. SIGLOS VII-V a. de C.: PROBLEMAS FILOSÓFICOS Y CLASIFICACIÓN DE LOS PRESOCRÁTICOS

4. LA ESCUELA DE MILETO: TALES, ANAXIMANDRO Y ANAXÍMENES En Mileto, ciudad de Jonia en el Asia Menor vivieron y desarrollaron su actividad los primeros filósofos: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Se les conoce como los físicos jonios porque intentaron encontrar un principio originario (arjé) que diera una explicación racional de un mundo que, aparentemente, se presenta como caótico y cambiante. Los milesios son monistas, pues admiten un único principio originario o arjé. 4.1 TALES DE MILETO A Tales le atribuye Aristóteles la primera respuesta racional conocida al problema de la naturaleza. Según Aristóteles, este primer “físico” (así llama a los presocráticos) consideró el agua como primer principio. Por tanto, el agua sería, según Tales, el arjé de la naturaleza: todas las cosas proceden del agua, las cosas serían verdaderamente agua y al agua retornan cuando les llega su momento de corrupción o muerte. Ignoramos las razones exactas que pudiera tener Tales para esa sorprendente afirmación. Tal vez su talante observador, desplegado en numerosos viajes, le permitiera constatar lo necesaria que es la humedad para los seres vivos. Otra afirmación atribuida a Tales, la de que “todo está lleno de dioses” se interpreta generalmente en el sentido de que los seres naturales, surgidos según Tales del agua, gozan de animación, tienen vida propia. A esta teoría se la denomina hilozoísmo (del griego


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hylé: materia, y zoé: vida). 4.2 ANAXIMANDRO DE MILETO Anaximandro critica la explicación de Tales porque entiende que el agua es sólo uno más de los elementos básicos de la Naturaleza. Afirma que existen aspectos o elementos naturales que son eternamente diferentes entre sí (son “elementos contrarios” entre sí) y, por tanto, ninguno puede originarse de su contrario. En consecuencia, ni el agua ni ningún otro elemento concreto puede ser el arjé. Teniendo esto en cuenta, admite la existencia de una única materia primitiva, infinita y eterna, en la que no existen elementos concretos o separados unos de otros: es el ápeiron (literalmente significa “lo indefinido”, “lo indeterminado”). Las realidades concretas surgieron porque en el ápeiron existe un proceso natural de separación de los elementos. El ápeiron tiene un movimiento eterno que permite poner en contacto a los elementos afines y contrarios entre sí. Así surgieron lo caliente-frío y lo seco-húmedo, que dieron origen a los elementos fundamentales que componen a los seres naturales: el fuego, la tierra, el aire y el agua. 4.3 ANAXÍMENES DE MILETO Su teoría viene a ser una síntesis entre Tales y Anaximandro. Propone como primer principio (arjé) al aire, un elemento material que, como el agua de tales, es observable e imprescindible para la vida, pues el aire permite la respiración. Pero es un elemento casi invisible por lo que, en cierta medida, también es indeterminado como el ápeiron. Para Anaxímenes, los elementos básicos de la realidad se originan del aire, que es infinito, mediante los procesos naturales de condensación o enfriamiento (en agua y tierra) y rarefacción o calentamiento (en fuego). 5. LA ESCUELA PITAGÓRICA Pitágoras nació en Samos pero abandonó su ciudad huyendo de la tiranía de Polícrates. Visitó Egipto, donde adquirió conocimientos matemáticos y creencias religiosas, y se instaló en Crotona, al sur de Italia. Allí fundó su escuela, donde se cultivaron las matemáticas y la filosofía, en un clima de religiosidad y misticismo. De Pitágoras ha llegado hasta nosotros su conocimiento matemático así como un conjunto de creencias religiosas y prácticas con las que purificar el alma y lograr la unión con la divinidad. Ambas tendencias, por extraño que pueda parecer hoy, se hallaban estrechamente unidas: por un lado, las matemáticas estaban impregnadas de magia y simbolismo; por otro, para la purificación del alma era muy útil el conocimiento matemático. Y todo ello porque las matemáticas eran consideradas el constitutivo de la realidad.


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5.1 PITAGORISMO Y RELIGIÓN Más que un movimiento estrictamente científico o filosófico, el pitagorismo fue una concepción global sobre el Universo, el ser humano y las relaciones entre ambos. Las creencias y prácticas de la escuela pitagórica suponían para los adeptos una verdadera forma de vida, cuyo ideal implicaba la unión con la divinidad. Los pitagóricos creían que el alma humana inmortal había caído del mundo divino y estaba atrapada en la prisión del cuerpo 1 (cuyo significado es que los sentidos son un impedimento para conocer la verdad). Durante el tránsito vital, el alma sufre procesos de transmigración a otros cuerpos, en espera de retomar a su lugar de origen siguiendo un proceso de purificación: la observación de ciertas normas de vida y la entrega a la contemplación y al estudio de los objetos menos materiales, por ejemplo, las matemáticas, ayudan a liberar al alma-razón de su cárcel. 5.2 MATEMÁTICAS Y REALIDAD Para los pitagóricos, el arjé o principio de las cosas son los números, entendidos no solo como la forma de nuestro Universo, sino también como su materia, como aquello de lo que están hechas las cosas. Esta afirmación, ciertamente extraña, puede interpretarse de la siguiente manera: los cuerpos físicos son un agregado de unidades o puntos geométricos. Estos puntos son extensos; de ahí que varias unidades de este tipo puedan configurar una línea, que tiene extensión y grosor. Sucesivas líneas forman una superficie, y varias superficies, que son extensas y gruesas, dan lugar a cuerpos tridimensionales, dotados de volumen.

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Idea procedente del Orfismo.


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Para Pitágoras, cada uno de los números enteros tiene una fuerza y un significado especial. Sus relaciones consiguen tensar y armonizar el Universo, como sucede con la música, donde los sonidos y su armonía dependen de la longitud y el grosor de las cuerdas que se hacen vibrar. Pitágoras encuentra el secreto del mundo en las relaciones numéricas que se dan entre los elementos. En el pitagorismo se confunden aritmética, geometría y física, razón por la cual entendieron las unidades matemáticas como elementos materiales. Se trata del inicio de la manera matemática de pensar la naturaleza. Los pitagóricos pusieron de manifiesto que las matemáticas son el armazón de la naturaleza y su estudio permite al ser humano obtener un conocimiento certero de ella, más allá de las eventualidades que nos ofrecen los sentidos. Decir que la realidad está formada de agua o aire ofrece una visión poco definida del entorno, mientras que construir la realidad matemáticamente sería el primer paso para racionalizar el mundo, de manera que todo ser humano pudiera entenderlo con su propia razón y lograr un conocimiento objetivo, universal. Con Pitágoras se inicia la creencia de que la razón es más fiable que los sentidos y que las cuestiones que son demostradas racionalmente son verdaderas y, por tanto, reales, según la acepción griega de aletheia, que significaba al mismo tiempo “verdad” y “realidad”. 6. HERÁCLITO DE ÉFESO Y PARMÉNIDES DE ELEA La filosofía adquiere una nueva dimensión con Heráclito y Parménides. En ambos casos, la pregunta filosófica abandona hasta cierto punto el problema del principio material de la naturaleza (arjé) para centrarse en su unidad conceptual, el logos. La naturaleza posee una razón que puede ser descubierta por la razón humana. También es común al pensamiento de Heráclito y Parménides que este logos o razón de ser de las cosas se mantiene oculto tras un velo de apariencia. Se podría hablar de dos realidades: la que aparece a los sentidos (aparente) y otra que es necesario des-cubrir por medio de la razón y es, entonces, verdadera (aletheia). A partir de esta coincidencia inicial, la cuestión que separa a estos pensadores se centra en cuál es el logos. La respuesta de ambos filósofos abre dos caminos divergentes para pensar el mundo: Heráclito atenderá más a la percepción de la naturaleza y pensará que el movimiento constante, el devenir, es común a todos los seres, “todo fluye”. Para Parménides hay algo más esencial, abordable únicamente por la razón, el hecho de existir, ser. Dos visiones opuestas que se harán presentes y marcarán toda la historia del pensamiento. El carácter divergente del pensamiento


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de Heráclito y Parménides se debe a la influencia de las dos escuelas precedentes: la de Mileto y la pitagórica. 6.1 HERÁCLITO DE ÉFESO Todo lo que se conoce de Heráclito son aforismos, frases cortas de carácter críptico (oculto, enigmático) y, a veces, burlón. Por eso se le llama “el oscuro”. Afirma que si observamos a la Naturaleza, comprobamos que todo está en continuo movimiento, transformación o devenir: “todo fluye, nada permanece” (panta rei, decía Heráclito en griego). “No puedes bañarte dos veces en el mismo río”. Por tanto, el verdadero principio originario, aquello que ha existido y permanece desde siempre, la característica básica y permanente de la Naturaleza es el cambio o devenir. En esto consiste la unidad del cosmos. Lo que unifica a las cosas, lo que existe de común entre ellas, es que son cambiantes. Heráclito nos dice que este cambio permanente de la Naturaleza consiste en la “lucha de opuestos”, es decir, en la sucesión o intercambio continuo entre elementos opuestos (fuerzas, situaciones, circunstancias… distintas, contrarias entre sí). Para él, las cosas existen porque existen sus “contrarios”, así, por ejemplo, la salud existe porque también existe la enfermedad, lo bueno porque existe lo malo, y… hambre-saciedad, húmedo-seco, invierno-verano, frío-calor, nacimientomuerte, etc. El devenir de la Naturaleza no es otra cosa que este proceso continuo de alternancia entre situaciones diferentes, de cambios de un “elemento contrario” a otro. El proceso del devenir o del cambio permanente de la Naturaleza, no es caótico ni producido al azar, sino que obedece a una ley o logos o razón universal que rige todas las cosas. Es una ley propia de la Naturaleza y consiste en la “armonía de los contrarios”, es decir, en la capacidad natural de que los cambios se produzcan de forma organizada. Esta ley que ordena y hace inteligible el cambio no es captada por los sentidos, sino sólo por la razón. Heráclito identifica este mundo cambiante y basado en la oposición con el fuego. Se trata de un símbolo de la propia Naturaleza pues es el único elemento natural que existe, que permanece mientras destruye los materiales que lo componen: su unidad y permanencia se basa en un cambio continuo, como sucede en la Naturaleza. 6.2 PARMÉNIDES DE ELEA Con Parménides de Elea (siglo VI a. de C.) se consolida cierto idealismo filosófico iniciado por los pitagóricos al plantear que el mundo captado por los sentidos es una realidad ilusoria y separada del mundo captado por la razón al que considera como única realidad verdadera. El


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objetivo de su investigación no será explicar la Naturaleza física y cambiante como hicieron los milesios, sino descubrir la realidad permanente y, por tanto, la auténtica realidad. Conoce las explicaciones realizadas por los milesios, los pitagóricos y Heráclito. Son explicaciones muy diferentes, en ocasiones opuestas entre sí, por ello Parménides entiende que es necesario clarificar el método de investigación y encontrar un camino seguro para llegar a la verdad. En su única obra conocida, el poema Sobre la Naturaleza, expone las dos vías o procedimientos que existen para obtener conocimientos: a) La vía de la opinión. Está basada en los testimonios de los sentidos. Nos conduce a las apariencias, al error y a la falsedad porque los sentidos no tienen capacidad para obtener la verdad: sólo pueden captar datos cambiantes. Es la vía que utilizaron los pensadores anteriores en su explicación sobre la Naturaleza. b) La vía de la verdad. Está basada en la razón y nos proporciona los conocimientos ciertos sobre la auténtica realidad: los aspectos estables y permanentes de las cosas. La verdad no es evidente a los datos de los sentidos, sino que es necesario descubrirla, “desvelarla” por la razón. (El término griego para designar la “verdad” es “aletheia” y significa “desocultar, sacar algo a la luz”). Para Parménides, la razón se convierte de esta forma en el único medio para conocer y determinar lo que es cierto y lo que es real. Una frase suya, “el pensar y el ser son una y la misma cosa” resume este planteamiento: lo que existe es conocido por la razón y lo conocido con certeza por la razón existe, es real. La vía de la verdad tiene como base dos verdades o principios cuya certeza es absolutamente evidente e indudable para Parménides: el Ser es y el No-Ser no es. Constituyen el criterio para determinar qué conocimientos son ciertos: los que estén de acuerdo con ambos principios, y cuáles serán falsos: los que sean contradictorios a ellos. El enunciado completo de los dos principios es el siguiente: -“El Ser existe y no puede dejar de existir. Es imposible que no exista”. (Principio lógico de identidad). -“El no Ser no existe y no puede llegar a existir. Es imposible que exista”. (Principio lógico de contradicción). A partir de estos principios Parménides deducirá racionalmente las características del Ser. Son las siguientes: -No engendrado, incorruptible, sin pasado (el pasado ya no es) ni futuro (el futuro aún no es), sino presente eterno.


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-Indivisible: las partes estarían separadas por la nada. -Limitado (en el sentido de acabado o completo) y finito (para los griegos solo lo que tiene fin es perfecto), esférico (la esfera se consideraba ya en los pitagóricos la figura perfecta). -Y, por supuesto, único, pues de haber más de uno, lo que los separara debería de ser algo (pues la nada no es), y si fuera algo ya no habría separación puesto que habría continuidad de Ser (la pluralidad es impensable). Este modelo explicativo de la realidad elaborado por Parménides suele denominarse, con razón, como monismo estático del Ser. Parménides estableció la necesidad de que los planteamientos racionales tengan coherencia lógica: no se pueden contradecir los principios del pensar lógico. Sin embargo, sus conclusiones sobre el Ser son contradictorias con los datos captados por los sentidos los cuales nos indican que las cosas se transforman y que el movimiento existe. Estos serán los dos problemas que deja planteado su pensamiento. La tarea de los filósofos posteriores será explicar el mundo material en movimiento sin contradecir los principios lógicos de la razón. 7. LOS PLURALISTAS: EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO, ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE Y LOS ATOMISTAS Los pensadores posteriores (siglo V a. de C.) tuvieron que buscar una nueva explicación que hiciera compatibles la innegable existencia del cambio en la naturaleza con la coherencia racional que exigían los principios lógicos propuestos por Parménides. Las dos ideas básicas de esta nueva explicación “pluralista” son las siguientes: a) En lugar de un solo elemento originario o primitivo, que al transformarse da lugar a todos los elementos de la Naturaleza, proponen que existen múltiples elementos que poseen las características del Ser de Parménides (eternos, incorruptibles….). b) En lugar de interpretar el cambio como el paso o transformación de un elemento en otro distinto, lo interpretan como el resultado de una combinación entre esos múltiples elementos producida por determinadas fuerzas o causas naturales. De esta forma, los elementos permanecen siendo idénticos y su combinación da lugar a un universo múltiple y cambiante: se mantiene la inmutabilidad del Ser y se hace compatible con la existencia del movimiento.


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7.1 EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO Empédocles propone cuatro elementos o primeros principios: aire, agua, tierra y fuego, a los que denomina como las raíces de todo. Son materiales, eternos, inmutables y pasivos (inmóviles). Las cosas se diferencian unas de otras por la diferente proporción que tienen de esos elementos materiales. Todo el proceso de la Naturaleza se basa en la mezcla y separación de los cuatro elementos. De esta forma, se puede decir que nacer consiste en la unión de los elementos y morir en la separación de los mismos. Dado que los cuatro elementos carecen de todo tipo de movimiento, propone la existencia de unas causas que posibilitan explicar su mezcla y separación: se trata de dos fuerzas o principios activos antagónicos que existen en la Naturaleza. De forma simbólica los denomina como “Amor” (principio de nacimiento o mezcla) y “Odio o Discordia” (principio de muerte o disgregación). 7.2 ANAXÁGORAS DE CLAZOMENE No le convenció la solución de Empédocles y afirmó que los elementos eran las homeomerías o “semillas de las cosas”. Son infinitas en número, inmutables, eternas. Estas partículas, invisibles a simple vista, tienen diferente composición material y están en cada una de las cosas, de manera que “en todas las cosas existen semillas de todas las cosas”. Las cosas se diferencian porque tienen mayor proporción de unas “semillas” determinadas (semejantes entre sí = homoios en griego): en los hombres, por ejemplo, predominan las partículas de “hombre” pero en realidad, en el ser humano, como en el resto de los seres de la Naturaleza, hay partículas de todas las sustancias del universo. “Todo participa de todo”, dice Anaxágoras. Para explicar el movimiento Anaxágoras recurrió a una realidad a la que denominó Entendimiento o Inteligencia (el término griego es Nous). Este Nous puede interpretarse como una ley, un logos, que existe en la propia Naturaleza, que dirige y hace posible el proceso natural de nacimiento-desarrollo-muerte de las cosas de una forma adecuada, no caótica sino armoniosa, organizada, es decir, inteligente. 7.3 LOS ATOMISTAS Leucipo y su discípulo, Demócrito de Abdera, iniciaron la explicación atomista como salida a la situación creada por Parménides.


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Demócrito acepta la tesis de Parménides de que el Ser es inmutable, indivisible y eterno. Por ser indivisible, le llamó átomo. Pero, los átomos, a diferencia del Ser de Parménides, son infinitos en número y tienen movilidad. Y, contrariamente a las semillas de Anaxágoras, los átomos son cualitativamente iguales, de manera que los seres que resultan de la unión de los átomos solo se distinguen entre sí por la forma o figura, por el orden en que combinan y por la posición que ocupan. Aristóteles ejemplificó estas diferencias entre los seres naturales así: se distinguen por la forma, como A de N; por el orden, como AN de NA; por la posición, como N respecto de Z. Sin embargo, Demócrito rechazó el segundo principio de Parménides (“el No Ser no existe”) pues, para él, existe algo que se interpone entre los átomos y los separa: el vacío. El vacío existe y, por ser penetrable, permite el movimiento de los átomos en todas direcciones. Se trata de un movimiento libre y debido solamente al azar, sin ningún orden establecido y sin ninguna causa determinada. Al contrario de Empédocles y Anaxágoras, el atomismo no necesita ninguna causa o fuerza motriz para explicar el movimiento de los átomos. Sucede simplemente que los átomos se mueven eternamente en el vacío y en este movimiento se distancian (se separan) o se aproximan (se mezclan), dando lugar al proceso de la naturaleza. Esta mezcla y separación de los átomos se produce de forma mecánica y necesaria debido a sus características materiales. Se trata, por tanto, de una concepción mecanicista sobre la naturaleza: en el universo no existen más causas que las naturales, ni existen fines en los procesos o sucesos naturales: la realidad se compone de materia, vacío y movimiento y su funcionamiento es puramente mecánico.


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