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UNA NOCHE EN UN MONASTERIO Érase una vez una familia que decidió ir a conocer un monasterio. De todos los que encontraron el que más les llamó la atención fue uno cuyo nombre era como el de la hija mayor, Iranzu. Así que Emi, Iranzu y Rubén se fueron a conocer el monasterio de Iranzu. Este edificio se encuentra situado a tres kilómetros del pueblo de Abárzuza, por su carretera hay mucha vegetación como helechos, cerezos, manzanos..., al final al final de la carretera aparecía el monasterio (al lado de la carretera había un río que se llamaba río de Iranzu por la carretera pasaban muchos zorros porque había al lado un monte...) Dentro hay una Iglesia, un claustro dentro había un jardín muy grande y una fuente, la capilla y la cocina. Al llegar tenían que coger las entradas. Rebeca (es la chica que vende las entradas), les dijo que era un poco tarde pero que podían pasar para echar un vistazo. Rubén, el hijo pequeño, se puso a corretear por el claustro. Iranzu y Emi fueron detrás de él, pero se escondió dentro de una vasija de la vieja cocina. Mientras tanto, Rebeca se preparaba para irse cuando recibió una llamada y olvidándose de que estaban dentro Emi, Iranzu y Rubén cerró y se fue. Iranzu buscaba a su hermano por un lado al Monasterio y su madre por el otro. Al llegar a la cocina lo encontraron. Después de que su madre le regañó fueron a la salida ¡ohohoh! Una sorpresa se encontraron ¡la puerta cerrada! Rubén e Iranzu se asustaron mucho, Emi los consolaba. Los tres se pusieron a buscar una salida pero por más que buscaban no encontraban así que decidieron quedarse allí a dormir. Conforme la noche iba transcurriendo pudieron contemplar las estrellas, escuchar el sonido de la noche y comprueban que la noche no da tanto miedo como parece. Al día siguiente cuando Rebeca vino a abrir Emi, Iranzu y Rubén salieron y volvieron sanos y salvos a casa.


Una noche en un monasterio