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Año XXVI

Volumen 50

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Espíritus y calabazas Una costumbre que se está extendiendo cada vez más por nuestro país, y por todo el continente, es festejar la “Noche de Brujas”, más conocido como Halloween. Pero pocos conocen realmente su origen, ya que a nosotros nos ha llegado gracias a las series y las películas de Hollywood. Pero realmente esta fiesta no es una invención norteamericana, no es reciente y sus elementos más tradicionales hunden sus raíces en leyendas y mitos celtas con miles de años de antigüedad.

Empecemos por el principio. Halloween es una fiesta de origen celta que se celebra el 31 de octubre. Su nombre, es una deformación de All Hallows´ Even , que quiere decir “Víspera de Todos los Santos” ya que sus raíces están vinculadas con la conmemoración del Samhain y la festividad cristiana del Día de Todos los Santos, que se celebra por los católicos el día 1 de noviembre. El Samhain, significa fin del verano. Cada vez que llegaba el final de temporadas de cosechas, en la cultura celta se consideraba como el año nuevo y se daba comienzo a la estación oscura. Ellos consideraban que en estas fechas la línea que divide este y el "Otro Mundo" se estrechaba, y así los espíritus (tanto benévolos c omo malévolos) podían atravesarla. Es por ello, que se invitaba y homenajeaba a los ancestros, mientras que los espíritus malos eran ahuyentados con el uso de trajes y máscaras. El objetivo, era adoptar la apariencia de un ánima maligna para no ser dañado.

¿De dónde salió esa costumbre de la calabaza? Existe un viejo cuento popular irlandés que habla de Jack el Tacaño, un perezoso pero astuto granjero que usó una cruz para atrapar al Diablo. Una de las versiones, cuenta que Jack engañó al Diablo haciéndole subir a un manzano, y aprovechando que estaba en las alturas, talló una cruz en el tronco, para que el Diablo no pudiera bajar. Jack hizo un trato con el Maligno para que lo dejase en paz mientras viviera y no se lo llevase al infierno y así, le dejó marchar. Sin embargo, al morir Jack y debido a sus pecados anteriores, tampoco pudo entrar en el cielo, por lo que estuvo obligado a vagar durante el resto de la eternidad. Ahora Jack no tenía adonde ir. Se preguntó cómo podría ver a dónde iba, ya que no tenía luz alguna, y el Diablo le arrojó, a modo de burla, una brasa que nunca dejaría de arder con el fuego del infierno. Jack ahuecó una calabaza, puso la brasa en su interior y comenzó a vagar eternamente y sin rumbo por todo el mundo para encontrar un lugar donde finalmente descansar. Entonces pasó a ser conocido como Jack of the Lantern (“Jack el de la linterna”), o Jack-o’-Lantern.

La tinaja 50  

Ejemplar de diciembre de 2013 de la revista escolar del Colegio Público Embajadores de Tomelloso en Castilla - La Mancha

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