Issuu on Google+

El asesinato de Galรกn

Galรกn jul 21.indd 1

22/7/05 16:13:45


Galรกn jul 21.indd 2

22/7/05 16:13:45


FERNANDO CORTÉS ARÉVALO

El asesinato de Galán

Galán jul 21.indd 3

22/7/05 16:13:45


Fotografía de cubierta: archivo El Tiempo © 2009, Fernando Cortés Arévalo © 2009, Editorial Planeta Colombiana S. A. Calle 73 N.º 7-60, Bogotá Primera edición: julio de 1994 (dos reimpresiones) Segunda edición: agosto de 2005 (edición actualizada) Tercera edición: agosto de 2009 (edición actualizada) ISBN 13: 978-958-42-2213-9 ISBN 10: 958-42-2213-8 Impreso por Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.

TACO asesinato galan.indd 4

29/07/09 11:39


Galรกn jul 21.indd 6

22/7/05 16:13:46


Índice

Nota del autor................................................................... 9 1. Mataron al presidente . .............................................. 11 2. El hombre más amenazado del país . ........................ 23 3. Departamento Administrativo de Inseguridad ........ 37 4. La pesadilla de los inocentes ..................................... 45 5. El hombre de la pancarta .......................................... 65 6. Alguien apretó el gatillo ............................................ 81 7. Billetes calientes . ....................................................... 103 8. Los cerebros del complot .......................................... 119 9. ¿A quién le convenía? . .............................................. 133 10. Conclusiones de 1994................................................. 147 11. El santo pecador......................................................... 151 12. Popeye se confiesa...................................................... 171 13. El juicio interminable................................................. 197 14. Los secretos de Virginia.............................................. 235 15. Manos sobre la candela.............................................. 247 16. Veinte años después.................................................... 265 Anexo 1.............................................................................. 269 Anexo 2.............................................................................. 299

TACO asesinato galan.indd 7

28/07/09 16:04


TACO asesinato galan.indd 8

28/07/09 16:04


A Esperanza Beltrán, Doris Arévalo y Flora López.

Galán jul 21.indd 5

22/7/05 16:13:46


Nota del autor

P

resento a los lectores la tercera edición de mi libro El asesinato de Galán, actualizada para los veinte años del magnicidio que todavía conmueve a los colombianos. Infinitas gracias a Berna, mi esposa, por su amor, amistad y compañía. Y por esas mismas razones a mis hijos Carolina y Santiago, mis sobrinos Fernando y Emanuel y mi hermana Yolanda. Gracias a Pedro Claver Téllez, periodista y escritor, por su consejo e invaluable aporte a esta publicación. Gracias a Óscar Becerra, Gustavo Pinilla y Leonardo Agudelo. Gracias a Luis Carlos Galán por mostrarnos el camino para construir un país más diáfano. En este propósito ofrendó su vida.

TACO asesinato galan.indd 9

29/07/09 11:40


TACO asesinato galan.indd 10

28/07/09 16:04


1

Mataron al presidente

E

ra el viernes 18 de agosto de 1989. Anocheció. Siete mil personas esperaban en la plaza principal de Soacha, Cundinamarca, la llegada del senador y candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento. Los tejados y los balcones se iluminaron de repente con una explosión de colores de luces de bengala y voladores de ocho totes. Un viento helado sacudió las copas de los eucaliptos. La temperatura no pasaba de los tres grados centígrados. Pero Juan Lozano Ramírez, secretario privado del candidato, dijo: «Es una noche clara y no hace frío». De las 40 cajas de aguardiente obsequiadas al público, no quedaba más que un reguero de botellas vacías y borrachos tendidos en las aceras. Los Dinámicos y otras dos orquestas de música bailable divertían a la concurrencia a cambio de 300 mil pesos la hora. En los parlantes de las cantinas se oían canciones de carrilera de Las Hermanitas Calle, baladas de José Luis Perales pirateadas de Radio Melodía y ritmos tropicales estilo Salsipuedes, de Lucho Bermúdez.

Galán jul 21.indd 11

22/7/05 16:13:47


12

FERNANDO CORTÉS ARÉVALO

Los tambores y las bastoneras de la banda de guerra del Colegio María Auxiliadora intentaban robarse el show con la esperanza de ver aparecer un fenomenal cinco, prometido por la madre superiora, en sus libretas de calificaciones. Los activistas, vestidos con gorras y camisetas de los caciques del municipio, gritaban consignas a todo pulmón y agitaban afiches, pancartas, globos y pasacalles.

UN POLVORÍN Al llegar a Soacha, Juan Lozano Ramírez, quien se había adelantado a su jefe junto con Consuelo Lleras, hija del expresidente Alberto Lleras Camargo, mostró a los agentes de tránsito el permiso que lo autorizaba para estacionar en área restringida y parqueó luego su automóvil frente al edificio de la alcaldía. Su primera sorpresa fue comprobar que las medidas de seguridad no correspondían en lo mínimo a lo prometido por los organizadores: la gente podía subir a la tarima con extrema facilidad, la plaza no estaba acordonada y no se sabía con exactitud si lo que se escuchaba eran balas o voladores. Lozano se alarmó por la suerte que le esperaba al candidato, pero ya era demasiado tarde: el automóvil de Galán se acercaba velozmente al casco urbano. Lozano buscó al alcalde pero no lo encontró. Le informaron que estaba ofreciéndole la bienvenida al senador en el CAI de San Mateo, ubicado a un kilómetro de la plaza principal, en la intersección de la autopista Sur con una calle angosta que sirve de entrada a la localidad. En el CAI de San Mateo no dio con el paradero del funcionario ni tuvo tiempo para buscarlo entre el gentío. Lozano apenas pudo saludarse con los miembros del comité de bienvenida: el excanciller Diego Uribe Vargas, el senador Héctor Anzola Toro, la representante a la Cámara Yolanda Pulecio,

Galán jul 21.indd 12

22/7/05 16:13:47


EL ASESINATO DE GALÁN

13

los concejales Pedro Julio Sánchez y Rodrigo González Chía, un escuadrón de motociclistas, cientos de habitantes del sector y decenas de activistas con pancartas en las que se leían eslóganes como «Soacha galanista», «Barrio Los Olivos presente» o «Juan Pablo II con Galán y Pedro Julio al poder». El fotógrafo de la revista Cromos, José Herchel Ruiz, inspeccionaba la tarima en ese preciso momento. Cuando le informaron que el senador se aproximaba, decidió ir a esperarlo en las afueras del poblado. Caminó un breve trayecto y se instaló frente a una tienda de abarrotes. Miró a través de su cámara, enfocó la lente y comprobó que dominaba perfectamente la ruta de ingreso del candidato. Ruiz había viajado recientemente con Galán a Popayán, Puerto Tejada, Balboa y El Bordo, en el departamento del Cauca, una gira multitudinaria que resultó plagada de incidentes con el público. Pero no era nada comparable con lo que se apreciaba en Soacha aquella noche. «Esto es un polvorín», pensó el fotógrafo. Dos de los hombres de mayor confianza del candidato, Patricio Samper y Germán Vargas Lleras, bebían, mientras tanto, un refresco en el centro de la plaza. Ambos observaron cuando el concejal Julio César Peñalosa, maestro de ceremonias de la jornada, subió a la tarima y anunció por el altavoz: «Me avisaron que el doctor Galán llegará en contados minutos». Ya para entonces el periodista Marco Mora y el camarógrafo Chucho Calderón, ambos al servicio de la campaña del candidato, tenían listas sus herramientas de trabajo. Habían conectado los equipos de grabación, probado las luces de la cámara de video y elegido el mejor sitio para captar las imágenes de la entrada de la comitiva a la plazoleta. Mora se mostraba, sin embargo, preocupado por su grabadora de bolsillo. Una falla de último momento complicaría su tarea: grabar el discurso, extraer los apartes claves, redactar un borrador, someterlo a revisión, sacar en limpio el comunicado

Galán jul 21.indd 13

22/7/05 16:13:47


14

FERNANDO CORTÉS ARÉVALO

y enviarlo por fax a los diarios, emisoras y noticieros de televisión. El candidato cambiaba casi siempre el texto de los borradores porque solía improvisar en vivo y emitir ideas candentes que prefería tratar con mayor cuidado por escrito.

EL PUEBLO QUIERE VERLO El reloj marcaba las 8 y 5 de la noche. Un automóvil blindado, azul oscuro e identificado con las placas JN-0606, se detuvo frente al CAI con un chirrido de neumáticos. Luis Carlos Galán viajaba en el puesto trasero del lado derecho. El exteniente Jacobo Torregrosa, jefe de escoltas; el guardaespaldas Santiago Cuervo, y el conductor ocupaban los demás asientos del vehículo. Galán se apeó con prisa. Los del comité de bienvenida se abalanzaron para saludarlo. —Su camioneta está lista —propuso Torregrosa. —¿No vamos en el carro? —preguntó Galán. —El pueblo quiere verlo en persona —intervino uno de los organizadores. Galán subió al platón de una camioneta de color blanco y placas EV-8581. Lo siguieron el concejal Pedro Julio Sánchez, Santiago Cuervo, otros escoltas y varios activistas con pancartas. Algunos marcharon detrás en sus propios vehículos y la mayoría a pie. Desde su punto de observación José Herchel Ruiz vio que el senador, quien vestía un traje oscuro, levantaba los brazos para saludar a las personas agolpadas a cada lado de la vía. Ruiz apretó el obturador de su cámara y tomó la primera fotografía de la noche. Se alejó luego del tumulto y se dirigió a la plaza para esperar al candidato en la tarima. La caravana tardó 25 minutos entre el CAI de San Mateo y el marco de la plaza principal. Eran las 8 y 30 de la noche cuando la camioneta asomó en la esquina de la carrera séptima con calle 13 de la población, se abrió paso entre la muche-

Galán jul 21.indd 14

22/7/05 16:13:47


EL ASESINATO DE GALÁN

15

dumbre y se detuvo a cinco metros de la entrada a la alcaldía. El coche blindado se parqueó junto al carro de Lozano. El candidato saltó de la camioneta y avanzó unos diez pasos saludando a la concurrencia. Un activista lo cargó en hombros. El escolta Santiago Cuervo, metralleta en mano, marchaba a su lado. El senador intercambió un saludo con Vargas Lleras y Samper. La cámara de video de Chucho Calderón registraba los detalles de la escena. El fotógrafo Ruiz intentaba captar al candidato en primer plano y con la multitud de fondo. Lo tenía ya enfocado, a pocos metros, pero un escolta le ordenó descender de la tarima. —¿Por qué? —preguntó Ruiz. —Por razones de seguridad —contestó el escolta. —Estoy haciendo mi trabajo —dijo Ruiz. —Bájese o lo bajo yo —amenazó el escolta.

«EL DOCTOR TIENE CHALECO» La situación era en extremo peligrosa. El público pretendía abordar y tocar al candidato. Cuervo ordenó a los activistas que lo cargaban en hombros que le permitieran caminar y subir a pie a la tarima. Obedecieron. La comitiva pasó frente a la mesa de homenajes, decorada con claveles rojos. Galán caminó unos 20 pasos más, hasta las gradas que conducían a la plataforma de cemento. El fervor subió de tono, la música aumentó el volumen, las pancartas se agolparon cada vez más cerca de la tribuna. El senador ascendió una por una las cinco gradas de ladrillo y se dirigió a la tarima, de 1,80 metros de altura por dos de ancho y cuatro de longitud, fabricada en tablas de madera sobre una endeble y bamboleante estructura de metal. Alguien le acercó una silla para que subiera con facilidad. El maestro de ceremonias le ofreció la mano desde el borde del tablado.

Galán jul 21.indd 15

22/7/05 16:13:47


16

FERNANDO CORTÉS ARÉVALO

Diego Uribe Vargas, Yolanda Pulecio y Patricio Samper lograron abrirse camino a codazos y colocarse al lado del caudillo. El exteniente Torregrosa estaba desaparecido de la lente de las cámaras. Una secretaria de la campaña discutía con un escolta que no le permitía subir a la tarima. «Usted está borracha», repetía el guardaespaldas. Abajo, enloquecían los coros de las barras. Arriba, el candidato tuvo un momento para apreciar la panorámica. Los Dinámicos competían en decibeles con una papayera. Yolanda Pulecio se acercó a uno de los escoltas. —Mucho cuidado con Luis Carlos —recomendó Pulecio. —Descuide. No hay problema —contestó el escolta. —A mí esto me parece muy peligroso a la bajada —replicó la congresista. —Tranquila, que el doctor tiene chaleco antibalas —aseveró el escolta. La parlamentaria se aproximó a Galán y le palpó el hombro derecho para cerciorarse de que portaba el chaleco. El candidato se volteó a mirarla. Le sonrió y le dijo: «Quédese tranquila». El camarógrafo se acercó para obtener una toma de la cara de su jefe. El candidato le pidió que se ocupara de los manifestantes.

«UN VENTARRÓN CALIENTE» Eran las 8 y 45 de la noche. Luis Carlos Galán levantó los brazos durante diez segundos para saludar de nuevo al público. De improviso se escuchó una ráfaga de subametralladora. José Herchel Ruiz, quien buscaba un lugar para ubicarse con su cámara, la sintió pasar a su lado como «un ventarrón caliente». No pudo verla en realidad sino que sencillamente la escuchó. Al voltear observó el momento en que el caudillo se desplomaba hacia adelante, «como cuando a uno le jalan el tapete donde está parado». Hasta creyó que había sufrido un resbalón. Pero sonó otra descarga al instante y el tiroteo se generalizó.

Galán jul 21.indd 16

22/7/05 16:13:47


Galรกn fotos.indd 19

28/07/09 16:01


EL ASESINATO DE GALÁN

17

—¡Le dieron al candidato! —gritó un escolta. —¡Mataron al presidente! —se escuchó en la plaza. La gente corría, gritaba, lloraba y buscaba refugio con desesperación. El escolta Santiago Cuervo saltó sobre el cuerpo de su jefe para protegerlo de las balas. En la tarima, todos se habían lanzado al piso por instinto: Marco Mora, Chucho Calderón, Yolanda Pulecio, Patricio Samper, Germán Vargas Lleras y el maestro de ceremonias. Nadie entendía lo que estaba sucediendo. Los voladores se confundían con el fuego de las metralletas y fusiles. Un disparo destrozó el bombillo de la cámara de video. Chucho Calderón extrajo un repuesto de su bolsillo y continuó grabando. Alguien golpeó de repente al camarógrafo en el pecho con una subametralladora. Calderón la tomó y el arma se disparó accidentalmente. Chucho Calderón intentó bajar de la tarima gateando. En el otro extremo del tablado observó al candidato sobre el piso. Santiago Cuervo lo cubría todavía con su cuerpo. Una herida del caudillo sangraba profusamente, «como una llave abierta». El camarógrafo se acercó a su jefe. Lo miró con detenimiento. Tenía varios orificios en el estómago y yacía sobre un charco de sangre, pero no perdía el conocimiento. —¡Chucho, no me deje morir, lléveme a un médico! —pidió Galán con voz serena. Una bala destrozó la cuerda que ataba los globos de la plaza. De un momento a otro, el cielo se llenó de globos de todos los colores.

ÚLTIMO SOPLO DE VIDA El fuego cruzado se prolongó por diez minutos. Patricio Samper, Marco Mora y el escolta Santiago Cuervo (muy mal herido) arrastraron a Galán hasta el automóvil blindado. El chofer abrió la puerta trasera, pero la balacera no permitía actuar con

Galán jul 21.indd 17

22/7/05 16:13:47


18

FERNANDO CORTÉS ARÉVALO

rapidez: primero no lograban entrar al candidato al automóvil y después el vehículo no encendía. «Llevémoslo en mi carro», propuso Juan Lozano. —¿Está vivo? —preguntó un hombre de sombrero blanco que se acercó sospechosamente al grupo. —Váyase de aquí o le pego un tiro —respondió Santiago Cuervo apuntándole con su metralleta. Galán estaba consciente todavía, aunque no modulaba la menor palabra. «Tranquilo, Luis Carlos», le dijo Samper al senador y éste le respondió con una mirada de indulgencia. Cuando el vehículo arrancó por fin, ya se había decidido movilizarlo a la Fundación Santa Fe de Bogotá porque, a pesar de que el hospital de Soacha estaba a menos de 200 metros, era muy probable que los sicarios intentaran rematarlo allí. Samper quiso abordar el automóvil, pero el exteniente Torregrosa se lo impidió sin dar explicaciones. El automóvil tomó la carrera séptima y giró en la esquina de la calle 12. Juan Lozano los seguía de cerca, pero más adelante se le interpuso un campero de los escoltas. Pasaron varios minutos y la caravana no lograba salir de la localidad. Sólo después de varias vueltas encontraron la autopista Sur. Cuatro kilómetros más adelante y 20 minutos después, estacionaron frente al hospital de Bosa. El médico Jorge Hernán Botero, dos enfermeras y Juan Lozano subieron al candidato a una camilla y lo desvistieron mientras avanzaban por el corredor hacia una sala de emergencias. Le quitaron la corbata, la camisa y el chaleco antibalas. Galán ya había perdido el conocimiento. Se le veía pálido, desmadejado y con la mirada ausente. Su pulso no era más que un signo vital imperceptible. A duras penas se le detectaron algo de temperatura y una que otra palpitación cardíaca. Al candidato le quedaba «el último soplo de vida, su aliento final», diría luego el médico Botero.

Galán jul 21.indd 18

22/7/05 16:13:48


el asesinato de galán

Segundos después del crimen, todo es confusión. Los heridos son retirados de la escena de los hechos (fotos José Herchel Ruiz/Cortesía Fundación Luis Carlos Galán).

Galán fotos.indd 2

28/07/09 15:57


Galรกn fotos.indd 19

28/07/09 16:01


EL ASESINATO DE GALÁN

19

Una exploración inicial mostró heridas de bala en el abdomen. Sobre el chaleco antibalas tenía dos quemaduras a la altura del tórax. Una sobre el corazón y otra en el costado derecho, señal inequívoca de que los sicarios le dispararon también hacia el pecho. Los médicos intentaron reanimarlo, revivirlo, resucitarlo. Le introdujeron un tubo por la tráquea para que respirara artificialmente. Le aplicaron sangre. Le suministraron suero por cuatro venas para neutralizar el shock. Recibió atropina, bicarbonato de sodio, gluconato de calcio y oxígeno al 100% para contrarrestar el paro cardíaco. En la sala de operaciones se le atendió con ventilaciones, masajes al corazón y choques eléctricos. No hubo respuesta. No reaccionó a ningún estímulo. El disparo fue certero. El candidato sufría una hemorragia interna que requería una intervención quirúrgica inmediata. Bosa no contaba con los equipos idóneos. Era preciso trasladarlo de inmediato.

SALA DE CIRUGÍA Una ambulancia partió rumbo a la Caja Nacional de Previsión Social (Cajanal). Galán iba cubierto con una sábana y un médico le aplicaba masajes y le suministraba oxígeno. Yolanda Pulecio, quien había llegado a Bosa para donar sangre, marchaba al lado del herido. Jacobo Torregrosa se movilizaba en el coche blindado. Pero al llegar a Cajanal, el exteniente recibió con sorpresa la noticia: al herido lo habían trasladado al hospital de Kennedy. Torregrosa, jefe de escoltas y responsable de la seguridad, ignoraba el destino del candidato. Luis Carlos Galán llegó al hospital de Kennedy a las diez y cinco de la noche, una hora y 20 minutos después del atentado. No tenía pulso ni tensión arterial. No presentaba signos vitales. Estaba totalmente inconsciente y sufría un fuerte paro

Galán jul 21.indd 19

22/7/05 16:13:48


20

fernando cortés arévalo

respiratorio. Afrontaba anemia severa, ocasionada por la terri­ ble hemorragia: había perdido 80% de su sangre, unos cuatro mil centímetros cúbicos. Se lo llevaron a la sala de cirugía, donde un equipo de mé­ dicos al mando del cirujano Alberto Roa lo sometió de inme­ diato a una operación quirúrgica de emergencia. Le abrieron el tórax y le practicaron masajes manuales directos sobre el corazón. Se le aplicaron tres mil centímetros cúbicos de san­ gre. Se ensayaron una y otra vez toda suerte de maniobras de resucitación. Al explorar las heridas del estómago, se confirmó que la aorta abdominal estaba rota un poco más abajo del riñón. Una bala explosiva (calibre nueve milímetros tipo dum dum) había entrado mordisqueando el borde del chaleco y destrozado seis centímetros de la arteria en el bajo vientre. No fue posible trancar ni la hemorragia de la aorta ni la de las demás arterias grandes afectadas. El paro cardíaco se hizo irreversible. A las 10 y 45 el visoscopio (pantalla que re­gistra las palpitaciones vitales) se quedó estático. El cardiólogo Au­ gusto Galán comprobó, por su propia cuenta, el deceso de su hermano.

Epílogo en el hospital Desde Soacha se entregaban, mientras tanto, los últimos resul­ tados del complot. Diez personas resultaron gravemente he­ ridas, entre ellas los escoltas Santiago Cuervo Jiménez, de 28 años, y Pedro Nel Angulo, a quienes llevaron a Cajanal, don­de Cuervo murió poco después. Unos 20 alumnos de los colegios América Latina y María Auxiliadora sufrieron magulladuras. A 20 personas más, víctimas del shock nervioso, las atendieron voluntarios de la Cruz Roja. Los integrantes de Los Dinámicos resultaron ilesos, pero se les extraviaron algunos de sus instru­ mentos musicales.

TACO asesinato galan.indd 20

28/07/09 16:04


EL ASESINATO DE GALÁN

21

Con una herida en la cabeza, el concejal Julio César Peñalosa (rector del Colegio Divino Niño, licenciado en educación física, estudiante de derecho, casado y padre de dos hijos) fue trasladado inconsciente al hospital de Soacha. Se le remitió luego a Cajanal para que lo intervinieran. Murió al día siguiente. Gloria Pachón de Galán, esposa del candidato, se enteró de la noticia cuando ya dormía. Su secretaria, Lucy Páez, le telefoneó. De inmediato se trasladó junto con sus hijos a Cajanal. Allí le indicaron que al candidato lo atendían en el hospital de Kennedy. «Sólo está herido en un brazo», le dijeron. Gloria se dirigió a Kennedy. Permaneció una hora a la espera de que terminara la operación quirúrgica. Un médico se le acercó después y la condujo a una sala desde donde ella observó el cuerpo del candidato cubierto con una sábana. —Lamento informarle que su esposo ha fallecido —dijo el médico.

Galán jul 21.indd 21

22/7/05 16:13:48


Galรกn jul 21.indd 22

22/7/05 16:13:48


el asesinato de galán

Soacha, 18 de agosto de 1989: instante en el cual cayó mortalmente herido Luis Carlos Galán (foto José Herchel Ruiz/Cortesía Fundación Luis Carlos Galán).

Galán fotos.indd 1

28/07/09 15:56


Galan