Todo lo que no pude decir - Jazmín Carballo (2016)

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Todas las cosas que no pude decir ~

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Carballo Malem, Jazmín Nabila Todas las cosas que no pude decir / Jazmín Nabila Carballo Malem. - 1a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : el autor, 2015. 65 p. ; 15 x 21 cm. ISBN 978-987-33-9604-5 1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. I. Título. cdd a863

Colección Grillo • Narrativa

Diseño: corteza ediciones | cortezaediciones@hotmail.com Fuente: Alegreya y Alegreya sans de Juan Pablo del Peral SIL Open Font License, 1.1

ISBN 978-987-33-9604-5

Todas las cosas que no pude decir de Jazmín Carballo publicado por Corteza ediciones se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-Sin Derivar 4.0 Internacional. Esto significa que no sé puede hacer un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.

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Todas las cosas que no pude decir ~ JazmĂ­n Carballo

Corteza ediciones

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Soñar a la siesta

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Mi sala de espera era el aeropuerto de Córdoba, me acosté y me dormí. Me dormí hasta el fondo y soñé que estaba en una sala con olor a humedad. Ensayaba una obra con amigos y en un momento le disparé en el corazón —sin querer— a Norman Brisky. Después estaba con Flor y un policía en una sala con luz de tubo. Éramos las dos posibles sospechosas del crimen de Norman y la policía nos interrogaba y yo sentía que había una confusión pero no sabía cómo comunicarlo. Flor estaba callada y me sonreía cómplice como si estuviera orgullosa que las dos fuésemos sospechosas. La policía cambiaba de sexo todo el tiempo, por momentos era una mujer y cuando la volvía a mirar era un señor gordo con bigote que me miraba como leyéndome la mente. Después me pasó a buscar mi mamá con un auto, subí y cuando la miré tenia forma de Ximena Capristo y mientras yo le contaba todo lo que había pasado ella se mostraba desinteresada, se miraba al espejo y me decía—: Vos negá todo, siempre negá –. Me sentí estafada por mi sueño, yo necesitaba a mi mamá real. Me despierto en el aterrizaje, tengo los oídos tapados, la gente aplaude. Siento que estamos en una obra de teatro que me acabo de perder. El avión tiene potencial de escenario. Me di cuenta que la gente en el teatro no se levanta de la butaca ni se mete en la obra, aún incluso estando muy cerca de los actores como si algo los atara a la silla. Antes del despegue escribí un poema cubista: “No me quiero morir, morir, morir, morir, morir”. Tomo Fanta Zero y fantaseo. Hoy me siento valiente como una canción sin estribillo. Pasa la azafata de nuevo y me ofrece comida. Tengo miedo de vomitar. Mi papá que es psicólogo me dice que eso es miedo a perder el control y que vomitar me va a hacer bien. La azafata es generosa como mis cejas. Las azafatas tienen los labios pintados de rojo, son muy prolijas, caminan erguidas, parecen actrices en una

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película de primeros planos. Sospecho. Y me duermo. Soñé que Moría Casan estaba arrepentida porque había dejado entrar ovnis al planeta tierra. El mundo se estaba por acabar y los ovnis venían a succionarnos y nosotros (digo nosotros porque había más gente pero no sé quienes eran) nos escondíamos de ellos debajo de los árboles y había que hacer obras de teatro para que ellos se dieran cuenta de que estábamos ocupados en algo entonces no nos llevaban. Si estabas deambulando por ahí te succionaban. Había mucha simulación por parte de nosotros porque por momentos no hacíamos nada y nos inventábamos una actividad para que los ovnis creyeran que estábamos en una importante y siguieran de largo. Me desperté con las mandíbulas apretadas. Adentro del taxi pensé que Moria y ‘moría’ están a un tilde de distancia. ¿Por qué escupen algunos actores cuando hablan? ¿Hablar es actuar? ¿Qué significa que un actor ‘transmita’ algo? ¿Dónde queda la capacidad de recibir? ¿Qué le ‘pedimos’ a un actor? ¿Por qué le ‘pedimos’? Quiero usar la palabra infalible en alguna frase, quiero que esa palabra sea mi muletilla. Mi sala de espera era en el dentista. La secretaria era disléxica: decía Bevinadez en vez de Benavidez, Mentista en vez de Mentasti, Ritego en vez de Righetto y así. Empecé a imaginarme como pronunciaría el mío pero cuando me nombró lo hizo con mi nombre de pila. Me hice la que no escuché pero insistió con mi nombre. Me siento y abro la boca. El sonido del torno es muy paralelo al de las turbinas del avión y las salas de esperas son el ‘no lugar’ más cómodo para leer: “¿No es el acto amoroso una eterna repetición de lo mismo?”. Casi siempre la espera es para entradas no para salidas.

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Soñé con un bebé de nuevo

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El invierno es tacaño. Eran las seis de la tarde y ya era de noche. Yo estaba en Retiro y soñé con un bebé. Lo tenía que cuidar en una especie de jardín de infantes. Yo era aprendiz y era muy buena interactuando con el bebé pero cuando había que cambiar los pañales me hacía la que no sabía. «El Práctico anuncia la partida de su viaje con destino a Capilla del Monte con sector pre embarque C». Hice la fila para subir al micro y se me acercó un chico que me llegaba al hombro, tenía un jogging negro con líneas blancas a los costados, me pidió algo para comer, encontré en mi bolsillo un Flin paff y se lo di. Lo recibió sin decir nada y se fue casi corriendo. Casi que se choca a una señora con un suéter azul que casi que se cae. Desde la primera vez que me enamoré suelo pensar que viajar tiene algo de eso. Algo de ser turista. Algo de maravillarse por todo. La percepción del tiempo es difusa, cualquier vereda esta buenísima y cuando hay que volver duele un poco o quizás no. Quizás pensar en volver es algo parecido a lo imposible. A Fermín lo conocí un domingo, yo tenía el pelo tan largo que las trenzas me llegaban a la cadera, él usaba campera de cuero y estaba probando dejarse un bigote. Para hablar de él en este texto voy a usar la palabra ‘Cesárea’. Ese domingo no hizo más que indicarme una dirección, la siguiente vez que lo vi fue en el cine, no nos levantamos hasta que se prendieron las luces, pagó él las entradas y me dio vergüenza el gesto. Cesárea me pasó a buscar por mi casa porque le di mi dirección y eso fue porque antes me llamó y me llamó porque antes consiguió mi número de teléfono. Muy activo él, no sé qué fue lo que lo motivó tanto. A veces pienso que algo de esa voracidad que nos llevó a unirnos fue la misma que nos alejó. Porque después del cine fuimos a su casa, después desayunamos y en el pasillo dibujamos. En la esquina tomamos café y a la noche volvimos al Gaumont y no nos levantamos hasta saber quien fue el foquista. El desayuno siguiente fue

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mirar la lluvia y ahí fue la primera vez que me saqué la remera al frente de Cesárea, fue la primera vez que me saqué la remera al frente de un varón. Era una remera gris que quedó en el parquet. Por la tarde Cesárea la alzó y se la probó, se miró al espejo y se gustó. Se la llevó y me dejó a cambio un libro de Borges que yo ya había leído. Esa noche, fue en la plaza de Marcelo T., donde me dijo que él también se besaba con otra(s) chica(s). Ahí me di cuenta que el conseguía números de teléfono de la misma manera en que el chico de Retiro pedía comida. Estaba mareada. Veía borroso. Creo que la desilusión amorosa tiene algo del ritual de levantarse de la sala antes de que termine la película. Sofía dijo mientras colgaba una percha—: En realidad no seguís enamorada, lo que pasa es que lo idealizaste mucho. —Si puede ser –dije mientras toqué mi bolsillo para sentir el papel de la carta de amor que le llevaba. —Ya está, move on, no le veo boyfriend material –me dijo pronunciando muy bien la parte de ‘boyfriend’. Yo no paraba de mirarle la parte blanca de sus ojos. Y sus cejas tan limpias. Me abrazó y se tomó un taxi que la llevó a su casa donde se sacó el cancán, se soltó el pelo y se puso a chatear con el chico que le gusta. Yo volví caminando a mi casa y de paso lloré y antes de cruzar Malabia miré para un costado y me sentí dentro de un primer plano, miré para el otro costado y me sentí en el contra plano. Antes de entrar a mi casa me compré un alfajor y la quiosquera me preguntó qué me pasaba, le dije que nada mientras le daba cinco pesos que me devolvió intactos. Mientras comía me sentí reproduciendo la situación de un bebé que cuando lloran los calman con teta.

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Siento que quiero ser un bebé

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Me enamoro de chicos homosexuales. Todo el tiempo. Todo el tiempo me enamoro de chicos homosexuales. Todo va bien. Todo va tan bien que parece una película donde mi personaje se ve muy favorecido, por ejemplo el viernes en el casting de Pepsi, estaba él y sus pestañas y yo en la otra punta. Y nos miramos. Y nos desmiramos. Y nos volvimos a mirar. Y así. Entramos juntos al casteo y fue mi partenaire. Y yo no podía parar de mirarle las pestañas y de pensar ‘comoesquenoteconociantesdehoy’. Antes de hoy no existe. Y bajamos las escaleras juntos y ahí me cruce con Julia ‘comotefueenqueandas mierdaunbeso’ y él me esperó como si fuera nuestra regla. Pasamos la puerta y llegamos hasta la esquina, hice lo máximo para caminar muy lento porque pensé que nos dividíamos pero me acompañó hasta la parada del 168. Frenamos en un quiosco y compró tutucas. —¿Vos cómo te llamas? —Bautista –. El no me preguntó nada y yo dije mi nombre en voz alta. —Ya lo sabía –me dijo. Mi capacidad para sorprenderme se elongó y casi leyéndome la mente él aclaró: —Estaba escrito en la pizarra del casting. —Si. Claro –. Me subo al colectivo después de darle mi número de teléfono. Arriba me encuentro con Paulita sorprendida de verme, yo no puedo escuchar lo que me dice porque estoy en estado de gracia, del cual me distraigo con un mensaje de texto de Bautista. Y Paulita también lo conocía. “Es el novio de mi primo”. Hoy no hice nada de nada de nada. Lloré. Eso es hacer. Es un verbo. Bruxo. Bruxo todo el tiempo y lo que más me gusta de bruxar es que es una de las pocas palabras donde tengo la posibilidad de pronunciar la equis. Quiero inventar frases para decir xilofón y saxo. Me quedo en el intento y está bien que así sea. Hoy no hice nada de nada de nada. Lloré. Bruxé. Que viva la juventud. Lla-

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mé a mi mamá—: Estoy triste. —No hagas nada –me dice. «Bueno, voy bien» pensé. En la casa de Paulita una hoja A4 me llamó la atención. Era el borrador de tesis de su novio, en octubre se recibe de antropólogo y escribió sobre los habitantes de una isla en Nueva Guinea. Cito: «Los huaorani saben que el sexo es necesario para perpetuarse y por tanto toda su sexualidad va dirigida a fines reproductivos. Como es difícil que una mujer se quede embarazada en el primer coito, todos deben contribuir a la creación de niños, de ahí que no sea raro que varios hombres pasen por la misma mujer». Me encanta la palabra coito. CoitoCoitoCoitoCoito. (“No hay más yerba, me voy al Coito”). Los huaroni para decir “Te quiero” usan una expresión que significa “Me gusta tu olor”. Y yo no puedo usar “me enamoro” para cada vez que me atrae alguien, tengo que encontrar otra palabra o una frase quizás pero no me salen. Salgo de lo de Paulita llorando y en Callao me calmo y me tomo una Gatorade. Todavía no cené y me doy cuenta que no comer me hace llorar más fácil. Entro al edificio y el portero me corre por detrás. Me doy vuelta, nos quedamos en silencio, él quiere decirme algo pero no se anima. Todavía no cenó y se le nota pero no llora. Tiene cara de asustado. —“¿Qué?” –le digo mientras me mira con desconfianza. —Estas hecha mierda –me dice. (Si y vos tenés una camisa de seda). Me da las expensas y yo le doy las gracias. Espero el ascensor con el deseo de volver al útero de mi mamá. Y pienso en las palabras que me salen y en que me gustaría encontrar otras. Pienso en que pienso mucho. siento que quiero ser un bebé.

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Jasmín Carballo Córdoba, 1987

Jazmín Carballo terminó el colegio y se apuntó en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba donde estudió Teatro y Cine en simultáneo. Se recibió de lo segundo y se fue a vivir a Buenos Aires. Pasa muchos días y noches en rodajes, lo que más disfruta es actuar, lee mucho mas en internet que en papel aunque ahora practica lo contrario. Escribe cuentos cortos y hasta ahora hizo un solo poema. En 2015 estrenó su primer largometraje Los besos. Admira a sus padres y a su hermano. Admira a sus amigos, a Levrero, a Linklater, a Rilke. Sueña con vivir de verano en verano al lado del mar.

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índice y pulgar Soñar a la siesta | 7 Soñé con un bebé de nuevo | 9 Siento que quiero ser un bebé | 11 Hace una semana que no puedo llorar | 13 Eterno extranjero que funda mis esquinas | 15 El metabolismo del olvido | 17 El hijo de Marcela aún no se agacha | 20 El extranjero en el buenaire | 23 Cosas que no supe decirle a Nicolás | 26 Fermín y su concepto de vacío | 28 Toda historia de amor implica una muerte | 30 En Enero hay mucho tiempo para el auto boicot | 36 Los hijos duran 20 años | 39 La uña es el sombrero del dedo | 44 El primer invierno | 49 Si Papá Noel fuese argentino atendería en bikini | 52 La noche que me despedí de Edipo | 55

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Todas las cosas que no pude decir de Jazmín Carvallo se diagramó en Corteza ediciones

Santo Tomé | A rgentina diciembre

2015

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