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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas Volumen I


María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

PRÓLOGO I Tú, que hoy tomas éste libro en tus manos, ¿te has detenido alguna vez en tu camino a observar el maravilloso proceso del nacimiento de una rosa?, ¿la importancia de la tierra en que se siembra el brote del tallo, la salida de las hojas que darán cuna al botón, el lento desplegar de la flor, hasta que llega a la plenitud de su belleza?... Pues a mí me tocó la suerte de presenciar, durante algunos años éste proceso que comparo al de una rosa. Buena tierra, desde luego, regada con fidelidad, ternura, bondad y eclosión de juventud temprana en una inspiración poética, que iría creciendo de manera sorprendente y desplegándose en rimas de belleza y armonía. Eso fue el trayecto que viví con mi queridísima hermana María Alexandrina, hasta que nuestros destinos tomaron rumbos diferentes. Ojalá que después de saborear la hondura de esa poesía clásica y delicada, levantes los ojos al cielo en una noche obscura y tachonada de estrellas y se te antoje volar hacia el infinito y cortar algunas de ellas: Estrellas de inocencia, de ternura, de cariño y de dolor, que no dejan de brillar en el firmamento de nuestra existencia, y que eso te invite a pasar por el mundo sembrando amor a Dios y a los hombres. María Cristina Muñiz García Peláez

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Cortando estrellas vol. I

PRÓLOGO II Yo sé que no es común que se tengan dos prólogos para un mismo libro, pero realmente en esta ocasión sería simplemente imposible que yo me callara. Es importante que el lector sepa que las poesías seleccionadas para este libro son solo una parte de la gran obra poética de mi madre. Se trata, tal vez, de aquellos poemas que tienen algún significado especial para ella : una alegría, un recuerdo, un momento,una pena,una ilusión…. Es pues, la historia de su vida hecha poema, impregnada con esa gran espiritualidad y amor a Dios que la caracteriza. Quienes la conocemos de cerca no necesitamos ver las fechas para saber a qué etapa de su vida corresponde cada una. A lo largo de su obra- presentada en este libro en riguroso Orden cronológico-, muestra sin duda un gran dominio de la técnica, y escribe lo mismo impecables sonetos, que odas perfectas o redondillas con absoluto rigor literario. Pero más allá de la pulcritud literaria, quienes lean y hagan suyos estos versos, seguramente harán cuando menos una segunda lectura, por que encontrarán irresistible ese “algo” que nos hace reincidir en una lectura y volverla a gozar, ese “algo” que algunos llaman sentimiento, otros inspiración. Comparable en calidad a la de los grandes místicos del siglo de oro, pero distinta de aquellos por ser ésta más accesible; porque además de su profundo carácter religioso, muestra una excepcional capacidad descriptiva, así como refrescantes momentos de fino humor, de sutil agudeza y hasta de punzante ironía, de manera que quien lea estos poemas con un mínimo de sensibilidad resultará sorprendido y conmovido, pues siempre encontrará el sentimiento claro, expresado con la palabra precisa en la oración exacta.

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El lector podrá identificarse con diferentes estados de ánimo y encontrará consuelo y esperanza a través de estos poemas que tienen como fondo común una profunda religiosidad.

Sin embargo, más que hablar del libro, creo oportuno referir unas líneas a la autora. Mi madre es una persona excepcional, honrada, integra; dulce y complaciente, aunque firme y rigurosa en sus principios morales. Sencilla y culta. Humilde y magnánima. Pero la mayor de sus virtudes es sin duda su gran capacidad de dar amor. Toda su vida la ha dedicado a compartir esa profunda capacidad de amar que Dios le dio. Las personas que la conocen saben que cuando habla, refleja una luz muy especial a quienes la escuchan. Por donde pasa va desprendiendo amor. El centro de su vida hemos sido sus hijos y con su admirable dedicación lo ha demostrado. Siempre ha tenido una gran sabiduría para ser ejemplo y guía de cada uno de nosotros. A nombre de todos sus hijos, sobrinos y nietos, quiero dar gracias A Dios por haberla dejado entre nosotros, después de una grave enfermedad por la que su corazón, enfermo de dolor y cansado estuvo a punto de dejar de latir para siempre. Esto nos ha permitido reorientar el sentido de nuestras vidas, unirnos más y retomar su ejemplo para seguir adelante y al mismo tiempo, realizar sus sueños de ver editado su libro de poesías. Todos los países se enorgullecen de sus poetas y conservan sus palabras como un legado histórico que tienen el deber de compilar y transmitir a las generaciones futuras. Esta recopilación y publicación es una forma de cumplir con ese deber de conciencia de preservar tan bella obra y es-a la vez- una forma más de decir : GRACIAS, MAMÁ.

María Cristina Ruíz Muñíz. 3


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Dedicatoria A mis padres, a México y España, a mi marido, a mis hijos, a mis nietos y bisnietos, a mis hermanas y parientes, a mis amigos entrañables, a todos los que sufren y a todo el que quiera buscar a Dios en la sencillez de un poema A mis queridos lectores: En estas páginas que reflejan las diferentes etapas de mi vida, y en las que se puede contemplar mi desarrollo emocional y humano y donde se traslucen mis raíces hispano-mexicanas hay un mensaje y un ideal espiritual: Siempre soñé tener la dicha de hacer correr mis sentimientos hacia los demás para llevarles lo que Dios me dio gratuitamente para entregarlo a todos. Expreso mi profunda gratitud a mi hijo José María, gracias a su bondad y empeño fue posible dar a luz estas poesías. A mi hija Lucía que, con su lealtad y paciencia me ayudó en la formación de este libro. Con gran amor y ternura Ma. Alexandrina

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Contemplación „„Cantaré al amor por el bien que ha hecho; y entonaré un himno de alabanza al Dios Altísimo‟‟

He visto la magnífica belleza que existe en el caer de la cascada y he escuchado con líricos arrobos el bullir rumoroso de sus aguas, que al caer de la altura hasta el abismo se tornan en tupida red de plata, la cual cubre la tersa superficie del cristal do sus aguas se descargan. He escuchado la dulce melodía que modula del ave la garganta y el cálido sonido de sus notas que, cuando en dulces trinos se desgranan, parecen el caer de ricas perlas que en hilo de cristal van engarzadas formando en el espacio una invisible musical y sonora filigrana. Me he acercado de la flor a los pétalos por percibir su esencia perfumada y he querido del néctar de su cáliz probar las mil dulzuras y fragancias, que entre sus hojas recelosa esconde y como virginal tesoro guarda con miedo a que la brisa se lo lleve cuando se acerca para acariciarla.

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He mirado los pálidos fulgores de la estrella que brilla en lontananza y he admirado de sus bellas luces el inquieto titilar, que con mágicas chispas de diamantes, el negro manto del ancho firmamento engalana hasta bordar en él raro dibujo con lentejuelas de bruñida plata.

He escuchado de la santa ermita el sonoro tañer de la campana y los coros incesantes de oraciones que suben hasta el Cielo desde el alma; oraciones que llevan el perfume del amor, de la fe y de la esperanza y elévanse hasta el Trono del Altísimo con incienso de mística fragancia.

Y ni el pálido fulgor de la estrella, ni de la flor la esencia perfumada, ni del ave las dulces melodías, ni el caer majestuoso de las aguas podrán tener jamás el raro encanto que encierra una oración en sus palabras hechizos que con místicos arrobos embelesan y enamoran a las almas.

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Pues tiene la oración de un pecho honrado la grandiosa belleza de las aguas, del cántico del ave la armonía, de la flor la purísima fragancia, de la estrella el fulgor y el raro brillo y además las esencias perfumadas que se elevan hasta El Dios Omnipotente en constantes y eternas alabanzas. ----------------------------------------------Yo quiero infundirle a mi poesía encantos de dulcísima plegaria, que aunque cante las bellezas de la tierra o el sentimiento místico del alma lleve siempre de oración el sello y el sabor de ardentísima alabanza y suba, de mi pecho enamorado, hasta Aquél que estos versos me inspirara.

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Cortando estrellas

Surge la luna clara en la noche, brilla su rostro y en un derroche de refulgencias y claridad, el cielo muestra todo un tesoro de estrellas blancas, que son el lloro de la nostálgica inmensidad.

Ven, musa mía, vamos al cielo cortando estrellas que en su fulgor, adorno presten para tu velo y a mi alma denle luces de anhelo con la caricia de un resplandor.

¡Ven!, deja el mundo con sus errores, sigue mis pasos, que, ellos al fin, van encauzados a aquellas flores que allá en la altura, de resplandores fingen ser lirios de áureo jardín. Ven, musa mía, no tengas miedo que entre las ondas del aire ledo y con encajes de bruma y tul, haré un carruaje de ricas galas el que del viento veloz en alas ha de llevarnos hasta el azul.

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El cielo es cúmulo de armonía no es obra de hombre, sino de Dios; es el Parnaso de tu poesía, tiene la llave de la alegría que un día soñamos hallar las dos. Es como el trono de la grandeza, es basto reino de excelsitud; entre el misterio de su belleza está escondida con sutileza de un Dios perfecto la magnitud. Ven, musa mía, llenas de amores vamos al cielo cortando flores que al repartirlas entre las dos, no sean adorno para tu velo ni den a mi alma ningún señuelo… pues de Dios vienen, ¡sean para Dios!

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La princesita enamorada

Princesa de bellos ojos, de cabello ensortijado la de los labios muy rojos y de cutis nacarado. La de manos marfilinas como el color de los cirios, que son tan suaves y finas como dos pálidos lirios. La de risa de cristal con ecos de cascabel, que es tan dulce cual la miel ¡que se liba del panal! La de cuerpo escultural con el porte majestuoso; la del pie de talla real,… ¡no le hay más chico ni hermoso! ¿Por qué sufres, Princesita? ¿Por qué llorando has estado? ¿Por qué tus ojos, nenita, de obscuro azul se han cercado? ¿Es acaso que su Alteza padece del corazón? ¿Es que encierra en su cabeza alguna loca ilusión?...

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Sí, tu faz me indica eso es que cruelmente te ha herido ese chiquillo travieso que denominan: Cupido. Con su flecha envenenada traspasó tu corazón, y has quedado enamorada… ¡y has perdido la razón! Mas no te aflijas Princesa, que nadie de amor se muere, cruel enfermedad es esa, que no mata pero hiere. El Amor es un niñito con dardos para jugar, tiene un ojo tapadito y alitas para volar. Entre las flores se esconde y en la fuente de cristal su blanca mano es de conde, su piececito es ducal. Sin conocer su poder apunta al que se le antoja; del corazón puede hacer… ¡un clavel que se deshoja!...

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Abolengos no valora, tampoco clases sociales: lo mismo al pobre enamora que a miembros de casas reales.

Mas quiero que me respondas, ¡oh, bella y graciosa flor! ¿qué sería de este mundo si no existiera el Amor?

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A Jesús

Señor, esta mañana veniste a visitarme, temblando emocionada, te dije mi dolor, y Tú Dulce Amor mío, quisiste consolarme como sólo Tú sabes: con infinito amor. Señor, esta mañana, cuando estaba contigo, sentí hondos deseos de amarte y de llorar, de hacerme toda tuya, de hacerte todo mío, y estar siempre así unidos, en dulce intimidad. Señor, esta mañana, cuando estaba a Ti unida, me sentí tan pequeña y débil cual la flor y pedí que fundieras Tu vida con mi vida, Tu alma con mi alma, Tu Amor con mi amor. Señor, esta mañana ante tu altar postrada te pedí me dejaras en tu pecho llorar, pues me siento sin fuerzas, enferma y tan cansada que sólo tus caricias me pueden ya curar. Señor, esta mañana, cuando había de marcharme te pregunté bajito si habrás de retornar; si volverás muy pronto de nuevo a consolarme… y a enjugar mis ojos cansados de llorar.

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Quisiera

De la vela el candelabro no quisiera ser, Señor, pues aspiro a ser la llama que sólo arda por tu Amor. Del altar el mármol duro, no quiero ser ante Ti, yo he de ser sagrario puro para que mores Tú en mí. De la custodia el pie frío, no quisiera parecerte, pues prefiero, Jesús mío, mil veces antes la muerte. No quiero ser como el lirio que agoniza lentamente, yo ansío ser como el cirio que alumbra constantemente.

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Como una nube de incienso quiero elevarme a tu altar, sin permitir que el perfume se me llegue a evaporar. Y del órgano las voces arrancar yo desearía, porque así mi vida entera con cantos te alabaría. Como campana sonora quiero que sea mi oración, porque la campana llora y llora mi corazón. Más que nada yo quisiera que permitieras, Señor, que ardiente dardo me hiriera para abrasarme en tu Amor. Y quedando así a Ti unida con dulces y fuertes lazos, pasaré al fin de mi vida de la muerte hasta tus brazos.

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He soñado que yo era…

He soñado que yo era dulce como la paloma, que canta a la primavera cuando al cielo el sol asoma. He soñado que yo era bella como golondrina, que cruza el aire y se aleja en carrera peregrina. He soñado que yo era frágil como mariposa, que al rayo de luz dorado es más frágil y preciosa. He soñado que yo era pura como la azucena, que pasa el rocío y respeta su blancura de patena. He soñado que yo era nívea como margarita, que tiene el corazón de oro y de nieve cada hojita.

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He soñado que yo era clara como la fontana, que presta luz de su espejo cuando ríe la mañana. He soñado que yo era suave como la alborada, que da al cielo resplandores de belleza nacarada. He soñado que yo era tierna como la ovejita, que cuida el pastor con celo por ser débil y chiquita. He soñado que yo era : dulce, frágil, pura, nívea, clara, bella y tierna; ¡sueño ha sido de locura! Pues diré como el poeta, fue tan sólo una ilusión, preciso es tener en cuenta ¡que los sueños, sueños son!* *Don Pedro Calderón de la Barca (sigo XVI)

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El cantar de los amores -soneto-

He querido rimar cantos de amores y del cielo he juntado las estrellas, del jardín florecillas, que son bellas por su miel, su tersura, sus olores. Al arroyo copiéle su murmullo, de la brisa tomé el dulce canto, del rocío las perlas de su llanto y palomas prestáronme su arrullo. Del sol he tomado los destellos, de la nieve las albas vestiduras, de los cisnes lo suave de sus cuellos, y del iris los suaves resplandores; y una vez que junté mil hermosuras, ya rimé el “Cantar de los amores”.

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Rebeldía

¿Por qué, Señor, me rebelo mis tristezas a sufrir, si lo que nos lleva al cielo no es el goce del vivir? ¿Por qué miro con recelo de mis penas la amargura, si no hay más dulce dulzura en el pasar de los días, que estas negras penas mías que son fuente de ventura? ¿Por qué si Tú padeciste, no he yo de padecer? Si por mí tu Vida diste, ¿por qué yo te he de ofender? Si Tú sólo me ofreciste Misericordia y Amor, ¿por qué un poco de dolor que me mandas por mi bien, lo contemplo con desdén, lo rechazo con horror?

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Y si el pájaro te canta y en sus gorjeos te adora; y si la brisa levanta su oración encantadora; y si la campana santa te repica con amor, ¿por qué yo vil pecador debiéndote tantas cosas, tan sólo espinas de rosas puedo ofrecer en tu honor? Y si la fuente murmura un salmo con alegría; y si la azucena pura te perfuma noche y día; y si hasta la roca dura se desgaja por tu Amor, ¿por qué yo, dulce Señor, te pido borres mi pena? ¡Y… eso que quiero ser buena, y no hay bondad sin dolor! Más, ahora arrepentida te ofrezco mi amado Dueño abrazar toda mi vida de la Cruz el duro leño.

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Con el alma adolorida a tus pies estoy de hinojos, y están llorando mis ojos, pues al amar el sufrir deseosa estoy de sentir de las penas los abrojos. El cáliz de la amargura quiero sonriendo tomar quiero sentir la ventura de servirte en el penar. Y con bella vestidura blanqueada por el dolor, seré digna de tu Amor, y entonces… seré ya buena, pues no espinas, azucenas, he de ofrecer en tu honor. ¿Por qué, Señor, me rebelo mis tristezas a sufrir, si lo que nos lleva al cielo no es el goce del vivir? Descorrióse el negro velo, ciega estuve de locura, ya comprendí la ventura de amar gozosa el dolor, puesto que él tiene, Señor, de las mieles la dulzura.

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La partida

¡Oh, cuán triste es la partida! esa hora tan temida por los que mucho se quieren; es hora de angustias llena, de tristezas y de penas que al alma sin piedad hieren. Mañana, cuando temprano pongas tu mano en mi mano, y tu mirada en la mía; cuando al decir el “adiós”, que nos separe a los dos, sientas penas de agonía… ¡No quiero que llores, nena!, pues mataríame la pena de ver tu llanto brotar, que como líquidas perlas estoy seguro, que al verlas, impediríanme marchar.

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Vendrá la dulce paloma cuando la aurora se asoma y quedo te he de decir: que no te olvido y te quiero, que ya sin verte me muero y por ti quiero vivir. La luz que con tus destellos iris pone en tus cabellos mi amor te hará recordar y tejerá una corona a tu frente de madona nívea como flor de azahar. Las rosas de tus jardines los claveles, los jazmines y de tu reja las flores, te harán pensar en que un día bordaron la celosía, teatro de nuestros amores. El céfiro murmurante lleva esencia penetrante de la flor de mi cariño,

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y te besará en las sienes, que blancas y suaves tienes como las sienes de un niño. La clarísima fontana en su cristal, de mañana, reflejará tu carita; y te dirá, de amor loca, por su boca, que es mi boca, que me encanta tu boquita. Las ligeras golondrinas con sus notas cristalinas te harán salir del sopor, de ese sueño en que soñabas que soñando tú me amabas, como en un sueño de amor. Y las gotas del rocío harán, por encargo mío, a tu cuello escultural, un collar de bellas perlas, que en tu cuello quiero verlas como presente nupcial

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La estrella de la esperanza que brilla allá en lontananza, cuida siempre de mirar, porque estaré siempre en ella diciéndote que eres bella y amándote sin cesar. Pero si quieres que unida quede tu vida a mi vida en estrechísimo abrazo; y si quieres que tu alma atada quede a mi alma con indisoluble lazo… Cuando toque la campana en la iglesita cercana y te eleves hacia Dios, entonces, tus oraciones serán fuertes eslabones para unirnos a los dos.

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Momentos poéticos

Momentos naturales de encantos ideales que al alma del poeta supisteis inspirar, ¡Misterios de la vida de gozo sois caudales, sois prenda inestimable, sois dicha convertida en gloria de la inquieta dulzura de soñar! ¡Poéticos momentos de clásicos acentos, recuerdos poderosos que invitan a gozar, secretos delicados que al alma dais contentos: sois loca fantasía tejida en los soñados rincones silenciosos, que encuéntranse al azar!

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¡Momentos de alegría que, plenos de armonía, sin duda sois las horas que antójanse vivir; tenéis grandes poderes de hacer de mi poesía un álbum de canciones, un nido de quereres con frases soñadoras que forja mi sentir! ¡Momentos con dulzura de cálida ternura, efluvios inefables de amor y de calor; sabeis de los gloriosos instantes de hermosura en donde el alma goza placeres silenciosos y dichas incontables tan ricas en amor! ¡Momentos de tristeza con célica grandeza que encierra la amargura más dulce del vivir; teneis fuertes sabores de amor y de pureza, tesoros infinitos de místicos valores, que enseñan la dulzura de amar y de sufrir! ------------------------------27


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¡Momentos naturales de encantos ideales, que el alma al concebiros se goza en sonreír! ¡Sois vida de mi vida, hechizos musicales! ¡Poéticos instantes!, ¡Tesoros de mi lira! ¡Sentiros es gozaros, amaros es vivir!

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Contrición Madre la más amorosa, Madre la más afligida, para ser la más piadosa fuiste por Dios escogida.

Madre de Dios, Madre mía, Reina augusta de bondad, el Señor te nombró un día Madre de la Humanidad. Madre del Santo entre Santos, Madre del Hijo más Fuerte, fueron mis pecados tantos que le di con ellos muerte. Por mis infames maldades martirizado le viste, por mis culpas y frialdades en el Huerto estuvo triste. Por mi olvido y mis errores contemplaste a tu Hijo Amado padecer crueles dolores en un Madero clavado.

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Por mi amor únicamente quedose en la Eucaristía, y espera con ansia ardiente le reciba cada día. En la triste soledad de los Sagrarios reposa y ansía el Dios de Bondad que vuele hacia Él gozosa. Fue mi ingratitud inmensa para el Dios de tus amores; fueron mis desvíos y ofensas la causa de sus dolores. Y con las culpas mortales que cometí a cada instante te clavé siete puñales en tu corazón amante. ¡Perdona Tú mi torpeza! pues me hiere sin piedad una profunda tristeza al recordar mi maldad.

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Llora mi alma de pena porque se halla arrepentida… ¡te prometo ser ya buena para el Hijo de tu vida! Madre la más amorosa, Madre la más santa y pura, Tú, que eres tierna y piadosa olvida ya mi locura. Dile a tu Hijo que le quiero, que deseo siempre adorarle, dile que de amor me muero y he de vivir para amarle. Dile que Él es mi alegría dile que Él es mi consuelo y suspiro por el día en que le vea en el Cielo. Dile que amorosa ansío quedar siempre ante Él postrada; dile que Él es el Bien mío, y estoy de Él enamorada.

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Dile al Jesús de mi vida Que, llorando de dolor, quiero cerrarle la herida que fue abierta por mi amor. Dile en fin, que el alma entera le doy junto con mi vida, que haga de ellas… ¡lo que quiera! pues mi amor es sin medida. Que sean mis lágrimas perlas para adornar tu corona y que me diga Él al verlas, que me ama y me perdona. ------------------------------------Eres madre, Tú de fijo, la más dulce, santa y pía, por eso, junto con tu Hijo, ¡perdóname, Madre mía!! Madre la más afligida, ¡Oh Virgen de los Dolores! deja que cierre tu herida enmendando mis errores.

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Virgen María Virgen María, tierna paloma, suave armonía, dulce alegría, vaso de aroma. Eres hermosa buena y sencilla ¡Virgen gloriosa! eres graciosa flor sin mancilla. Casta doncella pura y lozana eres más bella Tú, que la estrella de la mañana. Mística rosa, linda princesa, brisa armoniosa, luz deliciosa, sol de belleza. Eres del cielo Tú, la alegría; y eres consuelo aquí en el suelo del alma mía.

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¡Oh Virgen pura!, sonriendo mira que a tu dulzura, con gran ternura canta mi lira. Es tu grandeza, Virgen María, toda pureza, toda belleza… ¡Tú eres poesía!

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Ofrendas pastoriles

I Eres risa y eres llanto, eres sol y eres lucero, eres Tú todo mi encanto y eres Tú lo que más quiero. Por tu gracia, tus delicias y miradas amorosas, te ofrezco, con mis caricias, una corona de rosas. Como ofrenda a tu belleza hoy te traigo, Jesusito, flores para tu cabeza, para tu frente: un besito.

II Soy un pobre pastorcillo que ha venido, de muy lejos, a traerte un corderillo tres palomos, dos conejos y un ramito de tomillo. Al mirarte, te confieso, que me encanto, me embeleso y en mi alma hay tal ventura que llorando de ternura te doy la vida en un beso.

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III

Yo nada puedo ofrecerte porque soy muy pobrecito más, he venido yo a verte porque te amo, Jesusito. Yo no te traigo paloma ni conejo o corderito, ni tengo hierba de aroma que venirte a regalar yo sólo te puedo amar; ¡toma mi corazoncito! IV

Jesusito: yo del frío he sentido los temblores y del viento los rigores han herido el rostro mío; De los hielos los puñales mis piecitos han sangrado… ¡cuántas veces he llorado al sentir dolores tales! Hoy a obsequiarte he venido un blanco vellón de oveja para que con él te teja tu Santa Madre un vestido.

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V Soy, Jesús, la pastorcita que del campo en los verdores cuida siempre una ovejita mientras juega con las flores. Por traerte mi cariño y un poco de miel de abeja he dejado, Dulce Niño, campo, flores y hasta oveja. Ahora, Amor de mis amores, ya se va tu pastorcita a hacer coronas de flores mientras cuida a su ovejita. VI Te traigo, lindo Niñito pan hecho de flor de harina que está rico y calientito; lo sé, porque a la cocina entré a probar un poquito. Dicen, y yo lo confieso, que soy malo y tan travieso que a todos hago enfadar, mas por Ti voy a cambiar, sello el pacto con un beso.

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VII Muy temprano, esta mañana, cuando aún brillaba el lucero y ya el sol, con luz de grana, iluminaba el sendero y enrojecía el horizonte, salí corriendo hacia el monte para atrapar un jilguero, que, del bosque en el lindero, oí trinar y cantar y aquí le traigo gozoso para que diga amoroso lo mucho que te sé amar. VIII ¡Rayito de sol dorado, lucerito de mi cielo, florecita del collado, agua clara de arroyuelo! Dos tortolitas graciosas te traigo, con mi cariño, para que ellas amorosas arrullen a mi Dios Niño. Duerme ya, que por Ti velo, duerme, Amor recién nacido, duerme, carita de cielo, duerme mientras yo te cuido; en mis brazos permanece que por Ti siento embelesos, ríe mientras te adormece el arrullo de mis besos. 38


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Una estrella blanca y pura me guió con sus reflejos y he tenido la ventura de llegar, aunque de lejos, a contemplar tu hermosura. Tú sabes que nada tengo, pobre soy, muy pobrecita, pero a traerte yo vengo una linda coronita tejida con mis cabellos, que es mi único tesoro, pues me han dicho que son bellos y brillantes como el oro. X

Por cantos angelicales que se escuchan desde el Cielo han venido los zagales a adorarte con anhelo. Hay quien trae oro en tu honor, hay quien con ofrendas viene y este pobre zagalillo te ofrece su ardiente amor, su honda y su caramillo porque es todo lo que tiene.

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XI Jesusito, Jesús mío, la campiña está nevada, y hace tanto, tanto frío,… que creí morir helada. Te traigo pobre presente, que lo aceptes yo te ruego, es un ramito de espliego para que arome el ambiente. ¡Qué de angustias he pasado por venir a visitarte! más, hoy, que estoy a tu lado ¡no habrá quien de Tí me aparte! XII El último yo he llegado más, el retraso proviene por un gorrión colorado,… él toda la culpa tiene…. ¿Mira que llegar sin nada?… Y… eso que he tardado tanto de tristeza ya bañada mi zamarra está con llanto. Cruzaba yo la pradera volando en loca carrera para venirte a obsequiar, un precioso gorrioncito de pecho coloradito y de sonoro cantar; sonreía yo contento y de pronto… ¡qué te cuento! escapose la avecilla de la pequeña cestilla 40


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y marchose con el viento… Mas corro ahora a buscarla, volveré muy pronto aquí y si consigo atraparla, ya sabes que es para Ti

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La poesía Es la poesía fuente de encantos: es la belleza hecha canción: es la alegría, es la amargura, es la esperanza, es el amor. Es de los cielos música bella, es de la tierra aroma y flor; es en el ángel goce y plegaria, es en el hombre llanto y canción. Es la poesía risa en el niño, es en la madre un tierno amor; es en la noche sombra y estrella, es en la aurora luz y arrebol. Es en el ave su dulce canto, sutil fragancia es en la flor, es en la brisa beso y arrullo, es en el agua mágico son. Es la poesía gema escondida, sagrada joya de gran valor para encontrarla sólo hace falta abrir las puertas del corazón.

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Mientras el niño ría con la madre y ésta le arrulle con tierno amor, mientras el cielo tenga una estrella y tras las sombras alumbre el sol. Mientras el ave module trinos mientras perfumes tenga la flor, mientras la brisa corra ligera y el agua entone bella canción. Mientras contrastes haya en la tierra: haya alegría y haya dolor; mientras el alma tenga esperanzas y sienta angustias el corazón. Mientras un pecho arda en anhelos y como fuego sienta el amor, habrá poesía, habrá bellezas, habrá poetas e inspiración.

----------------------------------------------Es la poesía canto sublime, himno inspirado por el amor; y es para aquellos que amarla saben luz en el alma y el corazón.

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Inocente pecadora Una tarde de verano cuando ya el sol trasponía las montañas y el celaje bañaba en luces rojizas; cuando serenas las aves en sus niditos dormían y cerrábanse las flores y refrescaba la brisa, un ángel puro e ingenuo, una candorosa niña, una inocente criatura que seis años contaría, traspasaba presurosa el umbral de la iglesita. Eran sus lindos cabellos del color de las espigas, azules como de cielo sus infantiles pupilas y blancas, suaves, hermosas, sus pequeñas manecitas. tan pura como azucena, graciosa, cual golondrina, transparente como el agua y ligera cual la brisa.

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Con el rubor de los ángeles coloreadas las mejillas, con la tristeza en el rostro y amargura en la sonrisa entró, con paso ligero, presurosa, decidida y corriendo, más que andando, llegó hasta la sacristía. En un gran sillón sentado y sin levantar la vista del deslucido breviario que con atención leía, hallábase un Padre anciano, cura de aquella iglesita. Era el señor cura un santo con ochenta años de vida, con la nieve en los cabellos, la bondad en la sonrisa, la ternura en la mirada y una paciencia infinita. Con un poco de vergüenza entró la inocente niña, por la prisa sofocada y por la pena aturdida. ¡Padre!, exclamó bajito, tan bajo que no la oía, se atrevió a toser dos veces sin lograr ser atendida.

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Cortando estrellas vol. I

“Escuche usted, señor cura”, repitió la vocecita, pero ¡nada!, aquel anciano no daba señas de vida; dio con el pie en una cómoda, hizo ruido con la silla y al ver que no la escuchaba acercose decidida a jalarle la sotana por ver si así la veía. -“Padre, ¿está usted dormido?”, el cura alzando la vista la miró con gran asombro y conteniendo la risa al notar a la pequeña como amapola encendida, díjole en tono amistoso: – “¿Eras tú la que tosía? ¡Vamos, di de qué se trata! ¿Qué es lo que deseas, hijita?” Y serenándose un poco respondiole así la niña: –“Quiero confesarme, Padre.” –“¿Confesarte tú, chiquita? ¿Te has preparado, criatura? ¿Estás jugando, hija mía? –“Que no es juego le aseguro, ¡yo no sé decir mentiras!” –“Si es así, haz el examen y te confieso en seguida.” –“Ya le hice” –“Pues ahora di tus culpas, hija mía.” 46


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Cortando estrellas vol. I

–“Padre, me acuso que el pelo todas las noches me rizan.” –“Pero eso no es un pecado,” –“En usted, no lo sería, mas yo lo hago por dar celos a mi hermana y a mi prima.” –“¡Pues muy mal hecho, pequeña!; ¡Eso es provocar la envidia!” –“Acúsome de que admiro al espejo mi sonrisa.” –“Debes tratar de enmendarte y no ser tan presumida.” –“Me acuso que no estoy quieta y que me duermo en la misa y que toso y estornudo por despertar a mi tía; que me peleo con mi hermana y que rezo mal y aprisa y que cuando me despiertan, pues… que me hago la dormida; y que me subo a los árboles a tirar piedras de arriba, y que me robo los nidos, y correteo a las gallinas y a los gallos los encierro, y hago a los pollos cosquillas; y que me gusta hacer trampas si juego a las escondidas, pues me meto en la despensa y… salgo llena de almíbar;

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Cortando estrellas vol. I

que me encantan más los cuentos que las clases aburridas y que a mis primos, por tontos, les birlo las golosinas; y que al rezar por la noche al Niño Dios y a María, les prometo ser ya buena pero… ¡pronto se me olvida! ¡Ah! y acúsome que guardo tres rabos de lagartija, pues echárselos pensaba a mi hermano en la camisa. Acúsome de estas culpas y las de toda mi vida, “¿son muy graves todas ellas?” –“Humm… no mucho, hijita mía.” –“¿Cree usted, que Dios me perdone?” –“Pues… si estás arrepentida… pero di ¿quién te ha mandado a confesar, hija mía? ¿Ha sido acaso tu madre; o tu hermana o tu prima?” –“Nadie sabe que he venido pues de puntas y a escondidas he salido de mi casa, cuando nadie me veía.” –“¿Por qué lo has hecho, pequeña?” –“¿Quiere usted que se lo diga? Después de rezar anoche, cuando en mi cama dormía, tuve un sueño ¡ay, tan triste…!”

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Cortando estrellas vol. I

“Pero, ¿estás llorando, niña?” –“Pues soñé que Jesusito, el Buen Jesús de mi vida suspiraba de tristeza, lloraba a lágrima viva porque yo, con mis pecados y mis faltas, le ofendía. ¿Llorar Jesús por mi culpa? ¿Causarle yo más heridas? ¡Eso nunca, lo prometo! Pues de pena moriría.” –“¡Vamos! enjuga esas lágrimas y sécate esas mejillas.” –“¿Padre, me habrá perdonado?” –“¿Por supuesto, no te aflija esa duda, ¡te perdona!, porque estás arrepentida.” –“¿Quedará mi alma blanca?” –“¡Blanca como palomita!” –“¿Y me amará como le amo?” –“¡Mil veces más todavía!” –“Entonces ya estoy contenta.” –“¡Que Dios tu gozo bendiga! ¡Bien, y este arrepentimiento a ver si no se te olvida!” –“¿Olvidárseme? ¡Ya nunca…! ¡Yo no sé decir mentiras!” –“Rezarás en penitencia, con fe, tres Aves Marías, y ahora: Ego te absolvo…” –“¿Cómo ha dicho Padre? -“Hijita, que en nombre de Dios te absuelvo, ¡y, anda en paz, pequeña mía!”

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Cortando estrellas vol. I

Una tarde de verano cuando agonizaba el día, un ángel puro e ingenuo, una candorosa niña, una inocente criatura que seis abriles tenía, con infantil entusiasmo y una confianza infinita del umbral del viejo templo alegremente salía. No había en su rostro amargura que oscureciera su risa, ni una nube de tristeza le nublaba las pupilas, era su expresión serena y tan dulce su carita; que al venerable anciano, que de lejos la veía, de los ojos escapósele una lágrima furtiva y con paternal ternura, ¡es un ángel!, se decía.

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Dolor fecundo Señor: Cuando Tú, con indulgencia alegrabas mi existencia y me diste dulces horas de alegrías y de valor; Cuando dichoso gozaba de tu infinita clemencia y en un mar de goces lleno mi barquilla navegaba entre arreboles de auroras, entonces… ¡Te amé, Señor! Cuando de luces, clemente, diste a mi alma un torrente y con promesas divinas me colmaste de dulzor; cuando de paz y consuelo me llenaste tiernamente y era mi fe cual estrella que con luces diamantinas iluminaba mi cielo, entonces… ¡Te amé, Señor!

Y hoy que triste y angustiado estoy sin fuerzas postrado, con indecibles torturas, en el lecho del dolor;

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Cortando estrellas vol. I

Hoy que con tan cruel herida me encuentro atormentado, hoy que sufro este martirio y que pruebo de la vida la hiel de las amarguras, hoy… ¡También te amo, Señor!

Si cuando fuiste indulgente y me dabas un torrente de esperanzas y contentos te amé con un dulce amor; hoy que me ahoga la pena, hoy que sufro inmensamente y la noche de mi vida está de tinieblas llena por causa de mis tormentos hoy… ¡También te amo, Señor! ¡Si ,Tú sabes que hoy te amo! que en santo fuego me inflamo y me consume el anhelo de tu ardentísimo amor; que con dulzura profunda Dueño mío te proclamo, pues de aquella fácil vida plena en goces y consuelo, hoy has hecho una fecunda existencia en el dolor. -------------------------------------------52


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Cortando estrellas vol. I

Para que las bellas flores exhalen ricos olores sus pétalos tersos, suaves es preciso macerar. Así haz, Señor, con mi vida, macérala con dolores para que dulces perfumes broten siempre por la herida que aunque me inmoles, Tú sabes, ¡no te dejaré de amar!

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Cortando estrellas vol. I

Sublime unión Mi corazón, antes triste, hoy palpita de contento, pues en él fijó su trono el Soberano del Cielo. -------------------------------------Cuán bueno sois, Jesús mío, de entregaros por completo al alma que a Vos se acerca en el dulce Sacramento. ¡Cuánto os amo, Dios Bendito!, ¡Cuánto os amo, Padre tierno, al contemplar que amoroso habeis llegado a mi pecho para haceros todo mío y entregaros a mí entero. Para tornar mis tristezas en celestiales contentos, dar a mis grandes frialdades las calenturas del fuego; calmar mis locos afanes, cumplir mis santos anhelos, llenar mi alma de gracias, de claridades mi pecho y aún darme un anticipo de las delicias del Cielo.! 54


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Cortando estrellas vol. I

¡Qué dicha tan inefable es la que da el poseeros!, ¡qué celestiales dulzuras!, ¡qué espirituales contentos! En mi corazón había un vivísimo deseo de amaros vehementemente y de arder en vuestro fuego. ¡Y hoy habeis, Señor, colmado mi más encendido anhelo! Siento que en viviente hoguera habeis tocado mi pecho y me consume la llama de un amor santo, inmenso. ¡Sí, os amo, Jesús mío!, un grande amor por Vos siento y en prueba de mi cariño para siempre a Vos me entrego. Sed, Vos, mi único encanto, reinad en mi pensamiento y aceptadme como esclava que por Dueño yo os acepto. Sed por siempre todo mío que yo toda os pertenezco, fuera de Vos nada busco, lejos de Vos nada quiero. Sea Vuestro Corazón santo de mis delicias el centro y de mí no os aparteis que Vuestra presencia anhelo, pues la Gloria, siendo gloria, sin Vos, para nada quiero. 55


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Cortando estrellas vol. I

En Vuestro pecho escondedme y en el mío fijad el Cielo, que es, sin duda, la Gloria donde poneis Vuestro reino. Vuestra Voluntad ansío cumplir en todo momento, porque es mi Cielo en la tierra, y dicha mayor no encuentro, que cumplir siempre amorosa vuestros divinos deseos. Por siempre a Vos me consagro, para siempre a Vos me entrego y ahora que sois de mi vida y de mis sentidos Dueño, conservadme en Vuestra gracia y después… ¡llevadme al cielo!

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En el jardín de un monasterio -pintura hablada-

I Agoniza la tarde lentamente. En el jardín del viejo monasterio la hora del crepúsculo sonriente llega, sublime, grandiosa, más que nunca cargada de misterio, más que nunca luminosa, más llena de bellezas, más pura en poesía, más que nunca intensa en tristezas y mágica armonía; más vibrante en rumores, más henchida de dulzuras, de purísimos aromas y frescuras, más que nunca con místicos sabores. Ante tanta belleza se alza inquieta, del cielo a las purísimas regiones, el alma, siempre loca, del poeta, siempre llena de sueños e ilusiones. II El astro rey extiende sus fulgores que de oro y fuego tiñen, con primores, del patio la cruz de piedra, donde anidan los pájaros cantores y crece la frondosa y fresca hiedra; se eleva con donosura de la fuente el surtidor, 57


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Cortando estrellas vol. I

cuyo hilillo sutil y transparente esparce grata frescura y murmura alegremente el canto de su rumor; la flor, sobre el frágil tallo, dobla la bella y pálida corola como si herida de mortal desmayo quedara cuando el sol la deja sola; vuela el pájaro a su nido para rezar la oración vespertina, que al brotar de su pecho agradecido se torna en armoniosa sonatina.

III La brisa mece amorosa el tomillo que aromas dá al ambiente, el perfumado arrayán, la mimosa, el gran ciprés que está junto a la fuente y la retama olorosa; la madreselva que cubre los muros, la tímida violeta, los jazmines, la blanca rosa y los lirios puros que crecen del convento en los confines. Plantas y flores al moverse airosas forman, con una dulce melodía, un concierto de célica armonía cuyas notas deliciosas, por la brisa en los ámbitos regadas, se dejan escuchar más cadenciosas, ¡más que nunca concertadas! 58


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Cortando estrellas vol. I

IV Tórnase fresco el ambiente, el aire suave, aromado y del sol el disco resplandeciente vuélvese rojo y dorado. La tarde desfallece a cada instante y del astro, cuyo brillo es deslumbrante, los postreros resplandores envuelven el paisaje agonizante, aunque lleno de colores: ¡Digno lienzo trazado por la mano del Artista, Pintor entre pintores, Del Señor, entre reyes, Soberano!

V Las seis en el reloj del sol ya marcan. Dan las baldosas dorados reflejos que al austero claustro en luz abarcan y a los arcos, salpicados de azulejos, con festón luminoso de oro enmarcan. La campana da el toque sonoro que a los monjes congrega a la oración y van cantando los Kyries a coro por el claustro al desfilar en procesión; deja el órgano oír su armonía que es consuelo, es vida y es encanto y al alma del justo da alegría y al pecador arrepentido, llanto.

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VI Baja el sol por el espacio acercándose al Poniente y sus rayos fulgurantes de topacio se ocultan lentamente. Mientras tanto en el ambiente, para velar la belleza, flota el velo del misterio y se palpa una mística tristeza en el jardín del viejo monasterio.

VII Ante tanta grandeza se alza inquieta del cielo a las purísimas regiones, el alma, ahora muda del poeta, que, henchida de emociones, vibra con la ansiedad secreta que en las almas produce la hermosura y belleza, que Dios puso en Natura. Y quisiera elevar los corazones de toda humana criatura para que en todo lo bello alabasen al Creador, pues es todo de su Amor y su Bondad un destello. ----------------------------------------------

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Cortando estrellas vol. I

¡Oh Artífice Divino que coloras con encanto sin par las dulces horas en que a dormir dispónese Natura. Tú, El que das a las fuentes sus murmullos, a las flores perfumes y tersura, a los pájaros sus trinos y arrullos, a las brisas caricias y frescura; Tú, El que al sol dotaste con destellos que al convento bañaran de belleza, Tú, Señor, el que hiciste los más bellos paisajes que posee Naturaleza! Tú, en fin, ¡oh Señor de los Señores!, eres quien con tu mano Poderosa, has llenado de místicos sabores la agonía de la tarde religiosa. Y eres Tú el que das a mi poesía los temas, con sus frases tan sencillas, que alabanzas serán, del alma mía, a Ti, ¡Divino Autor de maravillas!

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Cortando estrellas vol. I

Amanecer -pintura hablada-

I Despunta el alba, y del ancho cielo, no ha mucho engalanado con estrellas, se esfuma poco a poco el negro velo y la noche, juntamente con aquellas que formaran en sus tules filigrana, retírase al llegar de la mañana la luz resplandeciente, majestuosa y potente. Las sombras se disipan, y la aurora con sus tintas de grana el celaje colora, y el cielo matiza. ya es de mañana; ya surge por Oriente el sol con sus fulgores de topacio, subiendo lentamente por los ámbitos celestes del espacio. Y sus rayos, que son vivificantes, despiertan a la vida nuevamente a Natura, que durmiente, sin su luz y calor estaba antes. II Se eleva el sol con majestad y el mundo, por la noche dormido despierta del sopor denso y profundo en que estaba sumido.

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Cortando estrellas vol. I

Y ya Naturaleza, a manera de cándida princesa, se viste y engalana con los bellos y mágicos ropajes que le da la mañana; y llena en sus mil paisajes de luz y armonía, se dispone a entonar la bella y rumorosa sinfonía que suele preludiar cuando sale el sol y nace el día.

III Es de día. La multitud de flores que alfombran la pradera y brindan a los céfiros olores, al beso que les da la luz primera se abren con rubores y coronan sus purísimas frentes las del rocío gotas transparentes; desde los altos nidos entonan todas las aves una gama deliciosa de sonidos brotando de sus gargantas escalas bellas de trinos suaves y desplegando sus alas vuelan del nido enseguida, con la esperanza y contento de encontrar el tan deseado sustento que ha de guardarles la vida; 63


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Cortando estrellas vol. I

las brisas rumorosas acarician las frondas olorosas, y juegan con las aguas cristalinas, y mecen a las flores primorosas, y corren presurosas perdiéndose por valles y colinas; y hacen llegar a las aldeas vecinas el continuo tañer de la campana de la ermita lejana, las aguas transparentes de los arroyos y ríos, de los regatos y fuentes, corren y bajan con bríos bañando traviesamente las piedras y florecillas que crecen en sus orillas; y elévanse del agua hasta los cielos esos húmedos vapores que a las plantas dan consuelos y a la tierra dan vigores. IV En los campos y en los prados cubiertos de rocíos y verdores, y con bellísimas flores profusamente adornados, los becerrillos graciosos con los blancos y alegres recentales triscan saltando nerviosos, juguetean traviesos y joviales. Los cerros y las cañadas, los valles y las colinas, 64


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Cortando estrellas vol. I

recogen las dulcísimas tonadas que, con notas peregrinas, de la gaita del pastor son arrancadas: tonadas que le inspiran sus amores y le piden sus quereres, tonadas en que canta sus placeres y en que llora sus dolores; que son suaves, cadenciosas y arrancadas por sus manos vigorosas de la gaita, van cayendo dulcemente para unirse concertadas con las notas melodiosas e inspiradas que preludia alegremente la Naturaleza entera, en la inmensa y rumorosa sinfonía que se deja escuchar suave, hechicera, cuando sale el sol y nace el día.

V Se muestra el sol con regios esplendores y llena con sus luces el paisaje de múltiples colores y sus rayos, saetas poderosas, filtranse por las ramas y el follaje del bosque en las umbrías tenebrosas, para tejer un encaje de luces y de sombras caprichosas.

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

VI El mundo ha despertado y ya la bella Natura con regias joyas se ha engalanado de luz, vida y hermosura, y todo dice alegría, y todo siente vigores, doquier hay luz y colores y en todo bulle armonía. Todo sonríe a la vida y canta a la existencia alegremente y del mundo la carrera inadvertida sigue su curso implacable, callada y tranquilamente, como siempre grandiosa, imperturbable.

VII Podrá llegar la noche con su velo para envolver al mundo, y en un sopor profundo sumir la tierra, y podrá del cielo bordar el ancho manto con estrellas, que al fin vendrá envuelta en gasas bellas y sutiles la aurora, y con su luz radiante, seductora y sus tintas de grana, disipará las sombras imponentes y entre fulgores potentes hará llegar la mañana.

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

A su llegada la Naturaleza, por la noche dormida llena en sus mil paisajes de belleza despertará a la vida. Y plena de amor y de alegría entonará con notas cadenciosas la inmensa y rumorosa sinfonía que parece, con frases amorosas, decir constantemente: “¡Gloria al Señor y Dios Omnipotente que quiso de la noche hacer el día!”

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Cortando estrellas vol. I

Desencanto

¡Qué noche la de ayer tan deliciosa!, fue feliz para mí, oh, dulce amada, porque estuve a tu lado muchas horas y pude contemplar tu linda cara. Más hermosa que nunca te veían mis ojos, que de ti no se apartaban, y lo que la emoción y la ternura me impedían expresarte con palabras, lo expresaron, de manera elocuente, mis ojos con dulcísimas miradas. Qué noche la de ayer tan deliciosa… noche más bella… ¡nunca la soñara! Caminábamos juntos por el parque y tu mano en mi brazo se apoyaba, esa mano de blancuras de azucena y temblores de paloma enamorada, esa mano en la que puse con un beso mi vida, mis amores y mi alma. ¡Cuán hermosa te pude ver anoche!, ¡qué expresión tan feliz tenía tu cara!, pareciéronme entonces tus pupilas más tranquilas y azules que las aguas, tus labios cual claveles encarnados, tus mejillas sedosas, nacaradas. Estabas tan hermosa, que las flores a tu paso gentil se deshojaban, la brisa te ofrecía sus aromas y sus besos de luz la luna clara.

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Cortando estrellas vol. I

En eso, suspendimos el paseo y clavando en tu rostro una mirada, a la vez que mi mano temblorosa los rizos de tu frente acariciaba, me atreví a preguntar de tus amores y cuando a decir ibas que me amabas… ¡oh desencanto de mi triste sino!, toda la felicidad que yo soñara se acabó por completo y para siempre porque de ese sueño despertaba. ¡Sí, fue un sueño!, un dulcísimo sueño que terminó al llegar la mañana; sueño fue el que a mi lado te tuviera, sueño fue que tus ojos me miraran y sueño fue también, el que mis manos tu rubia cabecita acariciara. Y al despertar triste de mi sueño ví, que, en vez de tu cabeza, acariciaba con amor infinito y gran ternura las plumas suavecitas de mi almohada.

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Cortando estrellas vol. I

En mi Primera Comunión Qué mañana más hermosa es la mañana de hoy: hoy, perfuma más la rosa, la vida es más deliciosa y yo… ¡cuán feliz estoy! -----------------------------------------Cuando la aurora llegaba envuelta en rayos de sol, cuando el día se acercaba y el cielo se engalanaba con girones de arrebol, desperté con alegría llena de dulce emoción, porque al fin llegara el día en que hiciera el alma mía su Primera Comunión. Hoy, Jesús, eres mi Dueño ¡toma de mí posesión!, pues no tengo más empeño y ha sido siempre mi ensueño el darte mi corazón. Hoy que hasta él has venido por tu infinita Bondad, con toda el alma te pido que, dentro tu pecho herido me guardes de la maldad. 70


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Cortando estrellas vol. I

Enciéndeme en tus ardores y enamórame de Ti; yo te daré siempre flores y guardaré, con amores, las espinas para mí. Consérvame siempre pura y aumenta en mí la virtud, y haz , que siempre y con dulzura te consuele mi ternura de la humana ingratitud. Deja que cierre esa herida que fuera abierta por mí, y que consagre mi vida a curarla, arrepentida ya que fui yo quien la abrí. Y en fin, se Tú mi encanto, mi alegría y mi gozar, y que, amándote tanto, sea mi vida un dulce canto que te alabe sin cesar. Que amarte sea mi destino con delirio y frenesí, y aparta, Dueño Divino, de mi vida y mi camino, lo que me aparte de Ti.

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Cortando estrellas vol. I

Hoy que Todo a mí te has dado en el celestial festín, te ruego, Jesús Amado, no me apartes de tu lado y me guardes hasta el fin. Y si algún día te ofendiera y te causara dolor recuerda que un día te diera el alma y la vida entera con un dulce y tierno amor. Y entonces con alegría conseguirá tu perdón el recuerdo de este día en que hiciera el alma mía su Primera Comunión. ----------------------------------------Qué mañana más hermosa es la mañana de hoy: hoy perfuma más la rosa, la vida es más deliciosa y yo… ¡cuán feliz estoy! Pues soy un templo viviente en donde mora el Señor, y en mi corazón ardiente siento ya el fuego potente de su dulce y santo Amor. A Teresita de la Fuente Muñiz, mi prima, con muchísimo cariño.

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Cortando estrellas vol. I

Triste despertar Soñé y hube de gozar un sueño tan delicado que yo nunca había soñado se pudiera así soñar. Tan dichosa mi alma fue con lo que soñando estaba que cuando más yo gozaba de mi sueño desperté. Comprendiendo al despertar fue soñada mi ventura, con tristeza y amargura se puso mi alma a llorar. ----------------------------------------Qué pena es la de vivir creyendo se ha conseguido el bien deseado y querido que no se ha de conseguir. Y qué dolor da pensar, cuando se ha despertado, que la dicha se ha esfumado y sólo queda… ¡llorar!

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Cortando estrellas vol. I

Inmaculada Virgen santa y agraciada, centro de toda belleza, luz de una eterna alborada, flor de esencia inmaculada y de virginal pureza. De los Angeles hechizo eres, oh, Virgen Sagrada, y el mismo Dios que te hizo tan pura y santa te quiso que te nombró: “¡Inmaculada!” ¡Sí!, el Dios tres veces santo dijo: “¡Inmaculada y pura!”, y con celestial encanto lo repiten en su canto los Angeles de la Altura. Desde entonces con ternura se unen, oh, Madre Amada, el ángel y la criatura, la luz y la sombra obscura llamándote: “¡Inmaculada!”

Y ensalzando el candor tuyo canta toda melodía, y todo lo que es arrullo, y todo lo que es murmullo te nombra con alegría.

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Cortando estrellas vol. I

Y es tan pura tu grandeza y tan grande tu hermosura, que de ti beben pureza y de ti toman belleza los Angeles de la Altura. Es por eso Madre Amada, que, al admirar tu pureza, al nombrarte Inmaculada y al contemplarte nimbada con la luz de la grandeza, ante Ti mi alma se humilla, se inclina ante Ti mi frente y mi corazón de arcilla al mirarte sin mancilla te dice así dulcemente: ¡Bendita sea tu belleza Virgen santa y agraciada!, y bendita tu grandeza, pues todo un Dios se embelesa al mirarte Inmaculada. Benditas sean tus virtudes y tus gracias exquisitas, y en todas sus magnitudes tus grandes excelsitudes sean proclamadas: ¡Benditas! ¡Bendita Tú Madre mía, y bendita tu realeza!, y deja que el alma mía diga siempre, y cada día: “¡Bendita sea tu Pureza!” 75


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Cortando estrellas vol. I

A la Sma. Virgen del Pilar ofrecimiento

Oh, Señora soberana que te dignaste bajar del Cielo para fijar tu reino en la Patria Hispana.

Tú, la que quisiste ufana ser la Reina del Pilar, acepta siempre reinar en la tierra castellana.

¡Reina en España, Señora, llévala en tu Corazón!, y si al Pueblo que te adora quieren herirle con saña, Tú diles: “¡Dejad a España, porque es de mi posesión!”

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Cortando estrellas vol. I

Como dos mariposas He visto los purísimos amores de dos blancas y bellas mariposas, que vuelan persiguiéndose amorosas y encuéntranse una a otra entre las flores. Siempre van tras los mismos resplandores, vuelan siempre hacia las mismas rosas y en su vuelo se unen silenciosas, diciendo, sin palabras, sus amores. Así las almas puras que se aman, cual las blancas y bellas mariposas se buscan, se persiguen, se reclaman… y una vez que se encuentran ya reunidas se unen en un vuelo silenciosas, fundiendo, en una sola, sus dos vidas.

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Cortando estrellas vol. I

A la Madre de España “Mulier, ecce filius tuus. Deinde dicit discípulo “Ecce Mater tua”. (Joan, cap. XIX,V.)

I Un día, un triste día en que el cielo se enlutaba y el sol su luz ocultaba lleno de melancolía, en que las voces del trueno hacían retemblar al mundo que estaba de pavor lleno y sentía un miedo profundo, en que los Angeles mismos al contemplar los abismos tenían temor y pena, se presenció una escena en las cumbres del Calvario, en el Gólgota sangriento… ¡En el más triste escenario que imagine el pensamiento! Una escena con ternura impregnada de amargura en la que un Dios hecho Hombre por todo un mundo moría y en su última agonía de su Madre el santo nombre con dulzura repetía.

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Cortando estrellas vol. I

Sí, Jesús el Nazareno el que es del Cielo la Luz y el que da potencia al trueno era, el que de sangre lleno agonizaba en la Cruz.

Al pie del Hijo inmolado estaba la Madre amante, que al mirarle agonizante y tan cruelmente llagado alzaba la blanca frente y con inmensa ansiedad clamaba al Cielo piedad para su Hijo inocente. Y de la Virgen al lado y muy cerca de la Cruz, Juan, el Discípulo amado, contemplaba anonadado a su Maestro Jesús. El Mártir se desangraba, acercábase el momento, la vida se le escapaba y a la Madre, que miraba, el rostro se le mudaba del horrible sufrimiento. La hora era llegada, los labios abrió el Señor y con ternura no hallada le dirigió una mirada a la Madre de su amor. 79


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Miróla fijo, muy fijo… y con el alma afligida al verla tan dolorida, miró a Juan, y después dijo a la Madre de su vida: “¡Madre he ahí a tu hijo!…”, luego al Discípulo Amado que le miraba angustiado: “¡He allí a tu Madre…!”, le dijo. -------------------------------------------------¡La escena conmovió al Cielo! Moría ya el Redentor y de miedo y desconsuelo por mitad rasgose el velo del Gran Templo del Señor. Y a la Virgen Dolorosa, a la Madre que angustiada contemplara temblorosa, con el llanto en la mirada de su Hijo la Pasión, se le clavó una espada en mitad del corazón. II Otro día, glorioso día en que el astro rey brillaba y el cielo se engalanaba con singular alegría;

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en que sus alas el viento llevaba una melodía de un suavísimo acento; en que alegrábanse el mundo y el Cielo, con un profundo y dulcísimo contento, repitiose aquella escena emotiva del Calvario, ya no de tristeza llena ni en el Trágico escenario del Gólgota, la montaña que presenció la Pasión, esta vez fue en España y en las tierras de Aragón. La Virgen Inmaculada Madre del Dios Inmortal, por Angeles transportada llegó a España y fue llevada en alma y carne mortal. La celestial Soberana quiso su reino fijar en Zaragoza y ufana a la tierra castellana se hizo con gloria llevar. Llegó la Virgen Sagrada hasta la patria elegida con esplendores de sol, y al momento fue aclamada y con delirio querida por todo el pueblo español. 81


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Cortando estrellas vol. I

Cerca del Ebro, gozosa, hizo su trono fijar y a esa raza gloriosa quiso dejarle amorosa un simbólico Pilar. En el Cielo mientras tanto, miraba el cuadro su Hijo y esta vez no con quebranto, ni entre tristezas, ni llanto, mirola fijo, muy fijo… Esta vez no agonizante, ni pendiente de una cruz, ni llagado o vacilante, ni con el cuerpo sangrante, sino con gloria y con luz. La miró con regocijo, la vió entre luces de sol, luego con gozo le dijo mirando al pueblo español: “¡Madre ahí tienes a tu hijo…!”, y al grandioso pueblo hispano el Redentor Soberano: “¡Esa es tu Madre…!”, le dijo. ------------------------------------------La escena conmovió al Cielo y al mismo Dios conmovió, que viendo el goce y consuelo que había en el hispano suelo a su Madre así le habló:

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“Cuida a España, Madre mía, es tuya, yo te la he dado”, y a España con alegría le dijo: “Ama a María igual que yo la he amado.” --------------------------------------------Esta vez, oh Madre amada, no fue una filosa espada que hiriera tu corazón, pues fue una gema engarzada a tu corona sagrada de Reina de esta Nación. Que otra escena de más gloria, ¡Virgen santa del Pilar! no la registra la Historia del castellano solar. Y desde entonces María con voz que ni el llanto empaña te dice el pueblo de España: “¡Oh Madre, oh, Madre Mía!”, y Tú a él, con emoción, le dices con gran dulzura que es muestra de tu ternura: “¡Hijo de mi corazón!” Y cuando tu pueblo amado se ve en la tribulación se abandona a tu cuidado con esta dulce oración:

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

“Madre mía, Virgen pura, ¡Reina Augusta del Pilar!, eres Tú vida y dulzura del castellano solar”. ¡Oh, dulcísima Señora Reina de nuestra Nación!, mira al pueblo que te adora y que de hinojos te implora le extiendas tu protección. Cuida de España, María, que eres de España el encanto, y si la maldad impía la amenaza con espanto… ¡sálvala Tú, Madre mía, cubriéndola con tu manto! Guarda al noble pueblo ibero que te quiere con locura, y si el monstruo negro y fiero de la horrible desventura quisiera herirle con saña, Tú, escóndele en tu regazo y dile sin dilación: “¡Alto ahí, dejad a España, porque es España un pedazo de mi propio corazón!” Homenaje a la Sma. Virgen del Pilar, con motivo de su Coronación en México, el día 15 de octubre de 1944.

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Cortando estrellas vol. I

A Beatriz Quiero que sea, niña hermosa, de tu existencia el pasar: el perfume de una rosa, la tonada deliciosa de un sentido cantar. ----------------------------------------------Ten siempre de luz de día la radiante claridad, que ilumine y dé alegría y de la noche sombría disipe la obscuridad. Sé una dulce golondrina que vuele en pos de la luz y que saque toda espina a la cabeza divina del Nazareno en la Cruz. Sé como el agua traviesa que ríe y sabe cantar, la que de correr no cesa y con sus espumas besa las flores que halla al pasar. Sé cual suavísimo aroma de una flor primaveral; sé el canto de la paloma, sé la rosa que se asoma de la fuente en el cristal. 85


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Cortando estrellas vol. I

Sé cual la brisa y el viento que acarician a la flor y en notas de suave acento dicen todo el sentimiento de su dulcísimo amor.

Sé la lámpara serena que ilumine sin cesar; y sé la blanca azucena que, de amor y dicha llena, se deshoje ante el Altar. Sé siempre en el hogar tuyo: un perfume y un cantar, una brisa, un murmullo y un ave que con su arrullo ahuyente todo pesar. Y quiero en fin, niña hermosa, que tú tengas que vivir una vida deliciosa, que, por buena y generosa, haga a todos sonreir. Sé de tu hogar el encanto y azucena para Dios, y verás que todo llanto, tristeza, pena o quebranto disiparás de los dos.

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Cortando estrellas vol. I

Dales a todos tu vida sin dejarte, oh, Beatriz, más que la ilusión querida y la dicha merecida de hacer a todos feliz. --------------------------------------------Quiero que sea, niña hermosa, de tu existencia el pasar: el perfume de una rosa, la tonada deliciosa de un sentido cantar. A mi amiga Beatriz Lapuente Aguilar entrañablemente querida

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Cortando estrellas vol. I

Visión divina -pintura hablada-

I En la pequeña casita del humilde Carpintero, reina la paz de la Gloria y la quietud de los Cielos. --------------------------------En Nazaret está oculto ese pedazo de Cielo como oculta está en la concha la perla que guarda dentro.

Es la casa diminuta como el botón del almendro, blanca cual copo de nieve, limpia como arroyuelo, sencilla como los lirios y alegre cual los jilgueros; le dan frescura las brisas, suaves perfumes los vientos, las flores mullida alfombra y es su techo el firmamento. Calor y luces de aurora le da el sol con sus destellos y la luna la ilumina con sus pálidos reflejos. 88


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Cortando estrellas vol. I

Es como un nido graciosa, es bella como un ensueño, es un paraíso oculto la casa del Carpintero: tan pequeñita y aseada tan alegre en su silencio que diríase los Angeles de la Gloria la trajeron. Allí es fácil la vida, el trabajar es un premio y mezclando las faenas cotidianas con el rezo, los días parecen horas y las horas son momentos; y es la graciosa casita del humilde Carpintero, un dulce nido de amores y místicos sentimientos, donde la noche no existe aunque la habita un lucero, que más grande no lo hubo ni lo ha habido más pequeño: grande, porque es todo un Dios Rey de la tierra y el Cielo; Pequeño, porque es un niño de ensortijados cabellos, a Quien los Angeles todos por contemplarlo y por verlo se arrodillan reverentes suspendiendo el raudo vuelo. 89


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Cortando estrellas vol. I

II Habitan el dulce nido y moran bajo su techo, tres humildes personajes: José, que es Carpintero, un pobre y buen artesano que trabaja con empeño por ganar honradamente el necesario sustento; María, su dulce esposa y la Madre del pequeño Jesús, un hermoso niño de ensortijados cabellos: más delicado que un lirio, más gracioso que un lucero, más puro que las palomas, más que los ángeles bello. El padre en el día ejerce su oficio de carpintero, trabajando en su taller humildísimo y estrecho; y mientras trabaja y labra trozos de toscos maderos, reza y al hermoso Niño contempla siempre en silencio. La Madre trabaja ufana, hace el quehacer con esmero y cuando lo acaba hila, o teje algún blanco lienzo, a la vez que mira amante a su rubio pequeñuelo.

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Cortando estrellas vol. I

El Niño cuenta seis años: es tan chiquito y tan tierno que al correr parece un pájaro que ya inicia el primer vuelo; rubio es cual las espigas su ensortijado cabello, su sonrisa, dulce y bella y sus ojos, de azul cielo, tienen candor de paloma y un mirar dulce y sereno. El Niño de linda cara y ojos color de cielo, es tranquilo, apacible y sosegado en sus juegos: juguetea con las aves corta los lirios más bellos y los más hermosos nardos para a su Madre ofrecerlos; oye el cantar de la brisa, escucha el gemir del viento, contempla el jugar del agua y el reír del arroyuelo, pero su mayor encanto y su más vivo deseo es jugar con los pedazos burdos de toscos maderos que, en el taller de su padre, de la mesa caen al suelo. ------------------------------------

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Cortando estrellas vol. I

La vida transcurre fácil en casa del Carpintero; los días pasan aprisa entre faenas y rezos; y trabajando afanosos, mientras oran en silencio, sus humildes moradores se preparan santamente para días de sufrimiento. III Una tarde, en la hora en que arrebólase el cielo, en que se cierran las flores y sosiéganse los vientos; en que las aves dirigen hacia el nido el raudo vuelo y en que la luz del crepúsculo toma colores de fuego, se presencia una escena en casa del Carpintero llena de amargas dulzuras e impregnada de amor tierno: en su taller está el padre trabajando con empeño y en un banquillo sentada, e hilando un blanco lienzo, está la Virgen María, mientras Jesús, el pequeño, muy cerquita de su Madre está sentado en el suelo, y junta con sus manitas unos trozos de madero. 92


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Cortando estrellas vol. I

Gozoso y entretenido está el Niño con su juego y de pronto... se incorpora, alza los ojos al cielo y su faz antes tranquila y su mirar tan sereno, tórnanse la una radiante y el otro de un brillo intenso; coge entre sus manecitas dos pedazos de madero, los mira como inspirado y los cruza por enmedio; y al contemplar amoroso la cruz que formó con ellos, la estrecha entre sus manitas, la oprime contra su pecho, la acerca hasta sus labios cubriéndola con sus besos y suspira cual si su alma al ver la cruz de maderos tuviera entre vaguedades un triste presentimiento. La Virgen que ha contemplado toda la escena en silencio deja el banquillo y el huso para acercarse al pequeño y con toda la ternura de su corazón inmenso, se arrodilla frente al Niño, le mira con embeleso y le dice así amorosa:

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Cortando estrellas vol. I

-„„¿Qué tienes, Jesús, mi cielo? ¿Por qué miras extasiado esos trozos de madero? ¿Por qué estrechas amoroso la cruz que has hecho con ellos, y di por qué, Vida mía, la aprietas contra tu pecho y la llevas a tus labios cubriéndola con tus besos?‟‟ -„„Madre, esta cruz bendita es la cruz de mis anhelos y en ella moriré un día por salvar al mundo entero; por eso, Madre, la abrazo, por eso, Madre, la beso, por eso ves que amoroso en mis brazos la contemplo, pues esta cruz es la llave con que las puertas del cielo abriré para los hombres que a la cruz tengan afecto.‟‟ -„„Yo bien sé, lucero mío, de tu muerte los tormentos, yo bien sé que has de morir enclavado en un madero y es mi más grande tortura ese triste pensamiento, pero Tú... ¡no me lo digas, estrellita de mi cielo!

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Cortando estrellas vol. I

Pero Tú, no me lo acuerdes... ¡porque siento que me muero! al oirlo de tus labios, de carmín sangrantes pétalos. „„-No quiero que sufras, Madre, que hacerte sufrir no intento, no quiero ver que tus ojos al mirar estos maderos lloren, con amargas lágrimas prematuros sufrimientos; no sufras ya, oh, Madre querida seca tu llanto te ruego, y estréchame entre tus brazos para que me duerma en ellos, he jugado tanto, Madre... ¡que ya tengo mucho sueño!” „„-Ven acá, encanto mío, ven con tu Madre, al momento, quiero darte, Vida mía, mis caricias y mis besos; quiero darte mis amores, ¡oh, lirio fragante y tierno, ya que los hombres ingratos, en vez de ofrecerte pétalos, te han de dar duras espinas que sangren tu blanco cuerpo. Ven, y en mi corazón pon tu cabeza sin miedo y entre mis brazos descansa que yo velaré tu sueño.

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Cortando estrellas vol. I

No temas nada, Bien mío, que contigo estoy, mi cielo, duerme pedazo de mi alma, que, con su calor intenso te harán dormir mis caricias y el arrullo de mis besos.‟‟ IV El Niño ya se ha dormido. la Virgen vela su sueño y entre Jesús y María está la cruz de maderos. La tarde ya ha agonizado y la noche con su velo llega poco a poco y llena el mundo con su silencio. Todo es paz y es quietud en casa del Carpintero y la estrella de la tarde aparece ya en el cielo; entre girones de sombras y un profundo silencio están la Madre y el Hijo unidos con lazo estrecho; y tan sólo se percibe tras las sombras y sosiegos: la faz celestial de un Niño que sonríe entre su sueño y el sollozar de una Virgen que le arrulla con sus besos.

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Cortando estrellas vol. I

Él es el Lirio del Valle, es Jesús el Nazareno; Ella es la Mística Rosa, Madre del Dios Verdadero: Él es el Rey de la Gloria y Ella es la Reina del Cielo. -----------------------------------------------En la pequeña casita del humilde Carpintero, reina la paz de la Gloria y la quietud de los Cielos.

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Cortando estrellas vol. I

Fuente de inspiración Artistas ¿ buscais bellezas? Poetas ¿ buscais grandezas? ¿buscais almas, el amor?, pues de esas gracias es fuente y las posee plenamente la Gran Madre del Señor. De una sin par hermosura es la Virgen santa y pura Madre del Dios Inmortal: más hermosa es que la estrella y la hace aún más bella su pureza sin igual. Es prodigio de grandeza la purísima Princesa centro de gloria y virtud; y toda frente se humilla y todo ángel se arrodilla ante tanta excelsitud. Manantial es de ternuras, es torrente de dulzuras y abismo sin fin de amor; y une un sentir generoso a un corazón amoroso la Gran Madre del Señor.

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Cortando estrellas vol. I

En Ella, flor deliciosa, en Ella, Virgen gloriosa, vuestras ansias saciarés; y a Ella de gracia llena, con el alma de amor plena, vuestra vida ofreceréis.

Tú, artista, pásala al lienzo ofreciéndole el incienso de tu grande admiración; y tú, cántala, poeta, y sus glorias interpreta mientras tengas corazón. Tú, alma, llévala dentro y que sea María el centro de tu amor y tu gozar: sus grandezas siempre admira y con celo ardiente aspira sus virtudes imitar. ------------------------------------Artistas ¿ buscais bellezas?; Poetas ¿ buscais grandezas? ¿buscais, almas, perfección? Pues saciad vuestros anhelos en la Reina de los Cielos que es fuente de inspiración

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Cortando estrellas vol. I

Fe aragonesa Parada junto a la puerta de su casa en el umbral, está a su novio esperando con gran ansia la Pilar. Ella es una guapa moza, el es un hombre cabal, los dos son aragoneses y orgullosos de ello están. El mocito que la quiere y la supo conquistar, es soldado en Zaragoza y a despedirse ahora va de la chica, pues la patria le llama para pelear. La Pilar está muy triste porque a la guerra se va el mañico que ella quiere y con el que iba a casar y ahora piensa, pobrecica, que puede no volver más. Mientras estos pensamientos abruman a la Pilar, llega por la veredica y se acerca hasta el umbral de la casita pequeña, su novio, el soldado Juan.

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Cortando estrellas vol. I

A la moza se le alegra el rostro al verle llegar, y al verla, también al mozo se le ha alegrado la faz y entre si: „„hablo o no hablo‟‟ y entre „„¡qué pena me da!‟‟, se decide la muchacha al diálogo comenzar: -„„¿Por qué has tardado, maño?, hace mucho rato ya que te esperaba con ansia, tardabas tanto en llegar... que yo pensé que algo malo te habría ocurrido quizá... ¿qué ocasionó tu retraso? dime que la culpa, Juan, no ha sido tuya... ¡que es de otro!.‟‟ -„„La culpa es mía, Pilar, mas si tardé un poquitico no ha sido, maña por mal, que mi retraso proviene de que me fui a confesar, pues como voy a la guerra nunca por demás está que con Dios quede arreglado y en buen grado de amistad; y después de esto, fui, maña, hasta a la iglesia a rezar, a encenderle unas velicas y a despedirme además,

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Cortando estrellas vol. I

por si luego ya no puedo, de la Virgen del Pilar; y le pedí a la Señora me guarde de todo mal y si he de morir, que muera como un héroe de verdad, lo mismico que se mueren los hombres de este lugar: como un español valiente y un aragonés leal. También le pedí a la Virgen que te guarde a ti, Pilar, para que cuando regrese, que acaso pronto será, nos podamos enseguida, y sin dilación, casar. Pero no llores, mañica, que tu Juan regresará, pues le cuidará la Virgen de todo peligro y mal; y... acaso hasta te le traiga con gloria y fama... y quizás, con galardones e insignias de alto valor militar….. Pero no me había fijado en lo guapica que estás, pues pareces una rosa que en el florido rosal hace gala de hermosura y de belleza sin par.

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Cortando estrellas vol. I

Y qué pañolón de seda sobre las espaldas traes, y qué carica más linda tiene ahora mi Pilar, pero... mejor te verías si no lloraras ya más…..‟‟ -„„Cómo quieres, maño mío, que no llore este pesar, si no es para mí un soldado el que a la guerra se va, que es mi corazón entero el que se marcha a pelear; pero si tu me quieres mucho yo te quiero, maño, más y testigo es la Virgen de que mi amor es verdad y aunque de la guerra tardes mucho tiempo en regresar, yo te esperaré y te ofrezco no olvidarte jamás. Pero yo sé que te marchas a sufrir y a luchar y... ¡qué quieres, maño mío!, a mí eso me duele más... que si me quitan la vida poco a poco y sin piedad!. Mas aunque mucho me duela el que vayas a pelear, mi patria es la que te llama y si a dar por ella vas tu vida y toda tu sangre,

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Cortando estrellas vol. I

tu Pilar, ¡ay!, no será la que te detenga, maño, si a España vas a salvar.‟‟ -„„¡Así me gusta que hables!, así te quiero yo más, ¡vivan las aragonesas que así se saben portar!, y sé valiente, mañica, que tu maño volverá con galardones e insignias y el grado de Capitán. Me voy ya que se hace tarde y mañana al despuntar el alba por el Oriente tu mañico partirá. Adiós, mañica de mi alma.‟‟ -„„Que vuelvas muy pronto, Juan y la Santa Pilarica te libre de todo mal. Por mí no sufras mañico.‟‟ -„„Por mí no penes, Pilar, que no me asusta la guerra ni miedo alguno me da dar mi vida con mi sangre si a mi patria he de salvar. Te escribiré en cuanto pueda.‟‟ -„„¿De veras me escribirás?” -„„De veras”. -„„Pues yo te ofrezco a tus cartas contestar,

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Cortando estrellas vol. I

y mientras tanto recuerda que tu mañica sabrá, como buena aragonesa, sufrir y al sufrir... ¡callar! -„„Adiós mañica querida.‟‟ -„„Hasta muy prontico, Juan.‟‟

II Parada junto a la puerta de su casa en el umbral, viendo alejarse a su novio con pena está la Pilar. Él parte para la guerra, ella a él esperará, pero de fijo que él vuelve y con gloria ha de llegar porque lleva sobre el pecho, no corazas de metal ni un escudo que le libre entre balas al pasar, es algo más pequeñito y también más eficaz: la medalla milagrosa de la Virgen del Pilar.

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Cortando estrellas vol. I

Golondrina pasajera Golondrina pasajera que siempre en pos de un anhelo cruzas el azul cielo en presurosa carrera.

Golondrina, ave viajera que al volar rozas el suelo, escucha, ¡para tu vuelo!, ¡detén tu viaje y espera! Préstame, oh ave, tus alas que yo te he dado las galas de mi lira en un cantar; dámelas ya, porque inquieta mi alma loca de poeta quiere, como tú, volar.

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Cortando estrellas vol. I

Rojo y gualda (soneto)

¡Salve, bandera noble y victoriosa!, sublime emblema de la patria mía, de esa España que, grande, augusta y pía, diérale al mundo raza tan gloriosa.

El rojo y gualda que luces airosa es oro rico y sangre de valía y es la sangre y no el oro, yo diría, la que al teñirte te hace majestuosa.

El rojo es sangre de tu pueblo ardiente, el gualda es oro de tu gran riqueza y con sangre es ganado heroicamente el oro que te adorna; y nada extraña que con tal majestad y tal grandeza el digno emblema seas de mi España.

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Cortando estrellas vol. I

“¡Ave María!”

Dios te salve, María, de gracia llena, eres entre las flores flor de pureza; es un cáliz tu alma donde se encuentran dulzuras y perfumes de rica esencia. El Señor es contigo, casta doncella, pues cifra sus delicias en Ti y encuentra encantos inefables en tus bellezas. Bendita seas entre las hijas de Eva, Tú, que eres en las sombras brillo de estrella, fulgor de sol naciente, luna serena. Y por siempre bendito y amado sea el fruto generoso de tu pureza. Dulce y santa María, Virgen y Reina, el ángel te saluda y te contempla, pues Madre de Dios eres amante y tierna.

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

Por nosotros, Señora, a tu Hijo ruega, que somos pecadores y en esta tierra, que valle es de lágrimas y de miserias, sufrimos aflicciones y hondas tristezas. Apiádate, oh María, de nuestras penas ahora; y cuando llegue la hora postrera de nuestra dolorosa, triste existencia, hasta Tí nuestras almas con gozo lleva.

Dios te salve, María, de gracia llena, ahora y por los siglos ¡bendita seas!

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Cortando estrellas vol. I

Elogio poético I Al besar tus manos tan bellas y pálidas, sentí que mis labios con amor rozaban los pétalos tersos de una flor sagrada, que con su perfume, de suave fragancia, mi beso y mis labios de aroma impregnara. ---------------------------------------II Bendigo esas manos hermosas y pálidas: manos hechiceras de artista, de hada, de ángel bondadoso, de mujer cristiana; manos primorosas que poseen la santa virtud de hermosear todo lo que palpan y donde se posan, y donde descansan dejan un perfume de flor deshojada.

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Cortando estrellas vol. I

Manos afanosas que en todo trabajan: que hilan y bordan cosas delicadas; que pintan tapices hermosos y rasgan con límpidas notas las cuerdas del arpa; que expresan sus goces y sus cuitas cantan en las melodiosas y dulces escalas que del viejo piano al teclado arrancan. Manos que acarician, que curan, que calman, que alivian dolores y enjugan las lágrimas de aquellos que sufren tristezas amargas. Manos que sostienen, que guían y levantan, que al pobre socorren y al enfermo sanan; que unidas piadosas al cielo se alzan en muda actitud de santa plegaria: por los que padecen y sus penas callan y sufren, de alivio ya sin esperanzas;

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Cortando estrellas vol. I

por los que de angustias tienen llena el alma, que a los ojos suben deshechas en lágrimas. Manos que interceden por las intenciones de todas las almas. Manos generosas: porque siempre ufanas para todos hacen, sirven y trabajan y nunca de darse se apenan, se cansan; porque de hacer bien en silencio tratan, sin querer ser vistas ni ser alabadas. -----------------------------Así son tus manos; por eso al besarlas aroman mis labios sus ricas fragancias; por eso las beso como si besara los pétalos blancos de una flor sagrada. Manos hechiceras de artista, de hada, de ángel bondadoso, de mujer cristiana; aceptad mi beso,

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Cortando estrellas vol. I

no como una ofrenda frívola y mundana que vuestros hechizos bellos ultrajara; sino como muestra de afecto, de un alma que vuestros encantos y virtudes ama, que os beso lo mismo que si yo besara las manos benditas de mi madre amada. A mi queridísima hermana, Mary Carmen.

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Cortando estrellas vol. I

Así es la vida... (soneto)

Una rosa de pálidos colores abríase al llegar la luz del día era toda belleza y lozanía, era toda fragancia y toda amores. Cuando el astro rey con sus fulgores el lejano horizonte trasponía, la rosa era ya, en su agonía, un puño de hojas secas sin olores. Igual que son efímeras las flores efímero es el goce del vivir, pues deja, lo que deja en sus primores la rosa que la luz hubo de abrir: al nacer, bellezas mil y amores, recuerdos, hojas secas al morir.

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Cortando estrellas vol. I

“Interpretación” Mirada penetrante que todo lo interpreta, mirada suplicante, esquiva y anhelante, sutil, fugaz, inquieta. Mirada que se posa en todos los primores y va de rosa en rosa como una mariposa que vuela entre las flores. Mirada que suspira en cada parpadear, en cada vez que mira y aquello que la inspira la hace suspirar. Mirada que enamora cuando al mirar nos ciega, que encanta cuando llora, porque al llorar implora y al implorar se entrega.

Mirada transparente en donde el alma asoma, lo mismo que en la fuente se asoma dulcemente la cándida paloma. 115


María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

Mirada encantadora, fugaz y vacilante, gentil y soñadora, esquiva y seductora, sutil y penetrante.

¿De quién es la mirada que así nos mira inquieta?, o es la suplicante de una enamorada, o es la penetrante mirada de un poeta.

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Cortando estrellas vol. I

El vuelo de un ángel Ha muerto la niña tranquila y serena, igual que del campo las flores se cierran, igual que se apaga la luz de una estrella. Ha muerto la niña... murió cuando llega la aurora brillante y el alba risueña. Está en su camita de flores cubierta, todas perfumadas y blancas como ella; su rostro está pálido cual pálida cera, sus ojos cerrados, su expresión serena, en cruz sobre el pecho sus manos pequeñas y a un lado inclinada su rubia cabeza. Parece dormida, no parece muerta y por la sonrisa que en sus labios juega, diríase que un sueño feliz la recrea.

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Cortando estrellas vol. I

Ha muerto la niña... dicen las consejas que de boca en boca por el pueblo vuelan, que murió la pobre de pena y tristeza, o que fue su muerte porque muy enferma y débil estaba, o acaso porque era graciosa y bonita... tan bonita y bella que los malos hados la quisieran muerta para su desgracia... ¡mienten las consejas! No murió la niña de pena o tristeza, ni ha muerto la pobre porque estaba enferma, ni ha sido su muerte porque era tan bella... ¡mienten esas fábulas que la gente inventa! Que la niña ha muerto porque su alma era tan pura, tan santa, tan noble y tan buena que a la niña en ángel bello convirtiera...

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Cortando estrellas vol. I

Y sepan las gentes que historias inventan, que nunca han podido, de alguna manera, ni podrán los ángeles vivir en la tierra

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Burbujas de jabón (soneto) Un niño, de sonrisa noble y pura, juguetea con burbujas de jabón y ríe de alegría y de ilusión al mirar de su juego la hermosura. Cuando están las burbujas en la altura a aprisionarlas va con emoción y al tocarlas... ¡oh, triste decepción!, se rompe la sutil jabonadura. Somos los hombres como esas criaturas que abrigamos la cándida ilusión de tocar y coger las mil venturas que tienen a nuestra alma enamorada y al irlas a tocar... ¡oh, decepción!, pues nos dejan tan sólo espuma...: ¡nada!

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Madre admirable Estaba la Virgen a su Hijo durmiendo, al Niño gracioso de rubios cabellos, al Dios hecho hombre, al Jesús pequeño, al que entre sus brazos cuna le había hecho, cuando su grandeza y poder inmenso abarcar no pueden ni podrán los cielos. Estaba la Virgen a su Hijo durmiendo, y el Niño soñaba con dulce sosiego. La Madre amantísima velaba su sueño y miraba extática, con santo embeleso, al que entre caricias de dulces acentos le decía amoroso: ¡„„Madre mía, te quiero‟‟! Y después de hablarle de su grande afecto, se echaba en sus brazos y le daba un beso. 121


María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

Qué santos amores, qué dulces contentos los que inundaban el corazón tierno de la Madre Virgen; y qué sentimientos nacían en su alma tan puros y excelsos, cuando así le hablaba el que era su cielo, el que era su vida y su único dueño. Y cómo le amaba su alma en silencio; y cómo sufría con el pensamiento del trágico Gólgota y el duro madero; pero Ella lloraba a solas su duelo y de sus tristezas guardaba el secreto; y sólo la Virgen descubría el misterio de sus hondas penas; cuando su pequeño dormía entre sus brazos tranquilo y sereno;

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

y entonces dejaba correr el venero de sus amarguras y padecimientos, y entre arrullos suaves y ardorosos besos al Hijo de su alma le decía sonriendo: „„Capullito blanco, perfumado y bello, estrellita clara que alumbras mi cielo: ¿Verdad que me quieres como yo te quiero?, ¿verdad, vida mía, que en tu dulce sueño miras el cariño que para Ti encierro?... ¿por eso sonríes cuando estás durmiendo?... y, ¿hay en tu carita alegría por eso?... Oh, pálido lirio de sagrados pétalos, si es esa la causa porque estás sonriendo, trocar yo quisiera tu vida en un sueño porque no probaras, del dolor intenso,

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Cortando estrellas vol. I

las hieles atroces que yo estoy bebiendo y el cáliz amargo que, al cabo del tiempo, te dará la vida con sus sufrimientos. ¡Pobrecito mío, tan dulce y tan bueno!, oh, bien de mi vida, cuando te contemplo dormido en mis brazos y en la hora pienso en que con tristeza nos separaremos, me embargan el alma dolores intensos, angustias de muerte ahogan mi pecho y a mis ojos sube, dejándolos ciegos, el llanto que nace del padecimiento.

Cuando de tu vida con el pensamiento veo los afanes, miro los desvelos y que muchos hombres en pago de ellos te han de dar la muerte y un martirio cruento,

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Cortando estrellas vol. I

me mata la pena y, ¡ay!... desfallezco llena de mortales estremecimientos: Te veo caminando por triste sendero, lleno de dolores y de sangre lleno; los ojos divinos mirando hacia el suelo, en cruz sobre el hombro un tosco madero y sobre los bucles de suave cabello, corona de espinas tu frente ciñendo. Después, con los ojos del alma, contemplo, que con fiera saña te clavan los miembros sobre la dureza del áspero leño; te miro sangrante, llagado y sediento, expuesto a las turbas como infame reo y después de tantos dolores acervos, Tú, que eres la vida y de mi alma el cielo te miro, de angustia traspasada, muerto...

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Cortando estrellas vol. I

¡Muerto mi Jesús, mi único consuelo!, ¡el dulce amor mío por los hombres muerto!... con estas tristezas me ahogo... ¡me muero!‟‟ De la pobre Madre al pensar en ésto, llegaba la pena hasta lo supremo y estrechando al Niño a su amante pecho, como si temiese por siempre perderlo, con ternura inmensa le seguía diciendo: „„Mas, ahora, mi vida, conmigo te tengo, aún eres mío, aún no te pierdo; aún en mis brazos duermes sin recelos y es tu tierna infancia flor que se va abriendo... ¿que yo sufro mucho?, sí, mucho... ¡es cierto!, pero eso, ¡no importa!, si Tú, mi lucero, aún bebes las mieles que te da mi afecto.‟‟

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„„Capullito blanco, perfumado y bello; estrellita clara que alumbras mi cielo: ¿Verdad que me quieres como yo te quiero?... Duerme, hijito mío, goza de tu sueño, disfruta estas horas de santos contentos... ¿mi pena?, ¡no importa!, que mi sufrimiento es menos amargo y es más llevadero, si Tú, encanto mío, en dulces ensueños, sonríes ignorando lo que yo padezco. Duérmase mi niño, mi vida y mi dueño; duérmase el capullo aromado y tierno que arrullen las brisas con su canto bello, al que es mi alegría siendo mi tormento.‟‟ Y hablando así al Niño, la Virgen, sonriendo, ahogaba las lágrimas dentro de su pecho; y con admirable y heroico silencio, cuidaba amorosa del Dios verdadero. ----------------------------127


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Cortando estrellas vol. I

Estaba la Virgen a su hijo durmiendo y el niño soñaba con dulce sosiego; y por contemplar el idilio tierno, las cantantes brisas guardaron silencio, las aves graciosas pararon su vuelo, las cándidas flores su cáliz abrieron y arriba la luna, la estrella y lucero sobre Madre e Hijo con amor pusieron de sus bellas luces los tenues reflejos. Y una voz divina venida del cielo, decía con palabras de dulces acentos: „„¡Oh, Madre admirable!‟‟, y entre mil arpegios de suaves murmullos, formose un concierto del cual aún se escuchan, por tierra y por cielo, de sus bellas notas los límpidos ecos. „„¡Oh, Madre Admirable del Dios verdadero... Madre incomparable del Amor supremo!‟‟ 128


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Cortando estrellas vol. I

Amor verdadero Decidme avecillas que cruzais el viento; estrellitas claras que alumbrais el cielo; bellas mariposas, mares y arroyuelos, florecillas blancas de aromados pétalos; nubes azuladas, perfumados céfiros, espumas de encaje, ancho firmamento: ¿Hay algo más grande que un amor sincero, que es correspondido con el mismo afecto? ¡Sí, hay algo más grande!... dijeron a un tiempo : espumas de encaje, ancho firmamento, nubes azuladas, perfumados céfiros, florecillas blancas, mares y arroyuelos, bellas mariposas, pálidos luceros y avecillas dulces que cruzan los vientos.

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„„¡Sí, hay algo más grande!‟‟ „„Pues decid, ¿qué es ello?‟‟ „„Es un amor noble, generoso y tierno; que a pesar de ser fuerte y sincero, no es correspondido con el mismo afecto; que no pide nada y se entrega entero; que es más generoso cuanto más discreto y que siendo amante y amado no siendo, sufre mansamente su pena en secreto. Ese es un amor firme y verdadero; ¡eso es lo más grande que encontrar podemos!‟‟ Sí, teneis razón, les dije sonriendo; bajé la cabeza y guardé silencio.

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Soliloquio angelical Un niñito de seis años, de rodillas, sobre el lecho, está rezando a la Virgen antes de entregarse al sueño. Juntas están sus manitas en ademán de respeto, sus ojos angelicales, grandes como dos luceros, puros como dos palomas y como un lago serenos, hanse posado en un cuadro que pende encima del lecho y tiene la santa imagen de la Reina de los cielos. ¡Qué cuadro más bello forma con su actitud el pequeño!; ¡diríase que es un ángel de Murillo, que, travieso, en un arranque de vida hase escapado del lienzo! Sí, es un ángel delicado digno de ese gran maestro, pero es aún más hermoso, más gentil y más perfecto que los creados por la mano de aquél formidable genio; porque este humano angelillo tiene vida y sentimientos;

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porque ora y porque encierra un corazón en el pecho que sabe expresar amores y suele sentir contentos, al contemplar de la Virgen el rostro afable y risueño, y que en místicos arrobos y con deliquios ascéticos a la dulce Soberana sabe decirle sonriendo: „„Qué bonita sois, Señora, cómo es vuestro rostro bello... sois más linda que las flores que en los jardines contemplo y más dulce que la estrella que brilla en el firmamento. Con razón dice mi madre, cuando en sus brazos me encuentro, que de „„Estrella de las almas‟‟ teneis el nombre hechicero; también dice que sois Madre de Jesús el Nazareno, el que es Dios y hecho hombre quiso bajar de los cielos para salvar a los malos de caer en el infierno, que es un sitio donde queman las llamas de horrible fuego; además vino a este mundo para llevarse a los buenos, que son los que no se roban de los niditos los huevos, ni suben a los tejados 132


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para tirar agua de ellos, ni se sacan de su casa el pan, con trozos de queso, para dárselo a los gatos del vecino, o a los perros; los que no esconden los libros de estudiar, bajo el ropero, o se llevan a la escuela un ratoncito pequeño que empieza a roer pupitres cuando está hablando el maestro; o los que pintan con tiza en las paredes muñecos y cuando están en la clase salen gritando que hay fuego para espantar a los chicos y armar no poco jaleo; o los que cogen el barro que está más blandito y negro y lo ponen en la silla del profesor más enérgico; o los que rezar no quieren porque tienen mucho sueño y cuando por las mañanas hora es de pararse presto, abren un ojo, lo cierran y se acurrucan diciendo, que es temprano todavía y que, con frío tan tremendo es una pena pararse estando tan rico el lecho.

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Los que se portan con juicio y no hacen todo esto, ellos son, dice mi madre, los que se llaman „„los buenos‟‟. Por eso ya soy juicioso y portarme mal no quiero, para que merezca un día ganar ese grande premio, que será el de contemplaros tal como sois en el cielo. Qué dichoso seré entonces: estar junto a Vos y veros tal como os miran los ángeles que os alaban todo el tiempo; entonces sí que habrá dichas y emociones en mi pecho, y os podré decir mil cosas que ahora deciros no puedo, pues siendo mi amor tan grande y siendo yo tan pequeño, lo que aquí deciros pueda acerca de lo que os quiero, será poco comparado con lo que por dentro siento. ¿Sabeis de qué tengo ganas?, pues de daros muchos besos, más, estais aquí tan alta y está la Gloria tan lejos... que, aunque grandes son mis ansias, bien sabeis que a Vos no llego. Mas, ya sé, linda Señora, para este mal el remedio:

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Vos que todo lo podeis y que sabeis mi deseo, venid cuando esté dormido, llegaos hasta mi lecho y a mis labios acercaos para que os de muchos besos; para que os abrace y diga muchas veces lo que os quiero. ¿Vendreis a verme esta noche?... de que vendreis ya estoy cierto, pues la sonrisa dulcísima que en vuestros labios contemplo, es señal de que aceptasteis venirme a ver mientras duermo. No se os olvide, Señora, que con ansias os espero y mientras venis a verme, en mi camita me quedo para soñar, dulcemente, con nuestro feliz encuentro”. Y al pronunciar esta frase el angelical pequeño, con la firme certidumbre de que la Reina del cielo vendrá hasta él por la noche, cuando esté todo en silencio, para recibir las muestras de su volcánico afecto, se santigua reverente y salta dentro del lecho.

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Sus ojos claros y puros como dos grandes luceros, que están llenos de ternuras y de claridades llenos, se cierran pausadamente para entregarse a los sueños; está su rostro apacible, sus labios están sonriendo y su almita candorosa arde en arrobos ascéticos. Yo no sé más, porque a oscuras ha quedado el aposento; pero mi alma presiente que en torno del pequeñuelo gravitan con dulce encanto los espíritus angélicos. Ya no sé más del niñito, pero en el alma presiento que la Virgen soberana vendrá por la noche a verlo, a recibir de sus labios las palabras de su afecto y a darle Ella misma, muestras, de su amor profundo y tierno. Esto podría yo afirmarlo, y a asegurarlo me atrevo, pues qué plegaria más bella salida de humano pecho, no la han oído los hombres ni presenciado los cielos

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Noche sevillana Noche clara de mágica belleza, que llegas con tu encaje de mantilla, velando los encantos de Sevilla, cubriendo a la ciudad de la majeza. Tú guardas en tu innata gentileza un olor penetrante a manzanilla, a verbena y clavel: ¡la maravilla hecha aroma de fina sutileza! Tú llegas con cantares de guitarra y pones en los vientos una queja, que tiene de fandango el dulce tono; y bajo el ancho toldo de la parra, haces salir la moza hasta la reja, donde encuentran sus gracias, ¡digno trono!

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La mujer española

España, tierra de sol y de vida, de salero, alegría y guapeza, donde cada sentir es una copla, donde cada mujer es una reina. España, conjunto de maravillas, que se muestra con todas sus bellezas en el porte gentil de sus mujeres y sus mozas, juncales, pintureras: con encantos de moras y sultanas, con hechuras de majas y princesas, con sabores de gracia y señorío con aromas de clavo y de canela. Mujeres que deslumbran y enamoran, porque un tesoro de virtud encierran y en su alma, de temple inigualable, caudal de amores y ternuras llevan. Que son morenas: cuando el sol ardiente del sur, sus rostros hechiceros tuesta e imprime en su faz rasgos de mora y el tinte obscuro de la noche negra; que son rubias, de dorados rizos cuando el sol del norte su faz respeta y les pone en la piel copos de nieve y corona de oro en la cabeza. Mujeres que son flores por lo hermosas, mujeres que son santas por lo buenas, que ríen con España, cuando ríe,

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con su risa que es voz de castañuela y vierten por los duelos de la patria de su llanto el raudal de ricas perlas. Así son las mujeres españolas: majas sin par, sultanas estupendas, que en su alma de fuego, bien templada, virtudes y ternuras mil encierran; y en su rostro de mágicos contornos y en la sangre que circula por sus venas, llevan mezcla de moras y cristianas y contrastes de sol con sombras negras. ¡Españoles! Así son las mujeres que del patrio solar son digno emblema; y gritad a una voz: ¡Que viva España en sus mozas, orgullo de la tierra! A mi hija Lucía, con mucho cariño.

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Arroyuelo Arroyuelo que corres alegre entre espinas y piedras y zarzas; arroyuelo que tomas tu ruta, que sigues tu curso y nunca descansas. Tú sonríes al saltar entre piedras y al correr entre espinas, tú cantas y al surcar entre zarzas musitas con dulce murmullo piadosa plegaria. Tú reflejas el cielo en tu espejo y tus aguas las flores retratan, y coronan sus pétalos tersos con hilos de perlas y gotas de nácar. La campiña que ríe a tu vera, de ti toma el rocío que la escarcha y a su paso las aves graciosas, suspenden su vuelo y beben tus aguas. El viajero no en vano persigue el sonoro cristal de tu plata, que le brinda a sus penas alivio saciando sus sedes, calmando sus ansias.

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¡Arroyuelo!, feliz arroyuelo que haces bien sin buscar alabanzas; ¡quién pudiera cual tú, darle vida a todo el que sufre y a todo el que pasa! Quién pudiera llevar en los ojos, transparentes espejos del alma, de los cielos azules, tranquilos, las luces impresas, la paz reflejada. Quién pudiera cantar entre espinas, quién supiera al pasar entre zarzas, sonreír con la dulce sonrisa que al hielo derrite y al cielo desarma. Quién supiera, gracioso arroyuelo, al cruzar por la vida entre lágrimas, colocar entre espinas y cardos de una sonrisa la flor perfumada. Quién cual tú, ¡oh, feliz arroyuelo!, al probar las tristezas amargas que nos da en su transcurso la vida, supiera sonriendo ¡al cielo dar gracias! La última poesía que conoció mi padre querido, Don Arturo Muñiz.

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Elección Soñé Señor que te amaba con amoroso delirio; soñé que por Ti deseaba la corona del martirio. Soñé que en mí te tenía y uno éramos los dos, que no era yo el que vivía, pues que en mí vivía mi Dios. Soñé que de Ti anhelante, morar deseaba contigo y me nombrabas, amante, tu confidente, tu amigo. Soñé Jesús que me hablabas de tus íntimas tristezas; que a mi corazón confiabas tu poder con sus grandezas; que me decías risueño que tu Cruz sería mi dote, y al despertar de mi sueño... ¡Me elegiste sacerdote!

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El Cristo de la ermita -pintura hablada-

I Allá, en la penumbra de la ermita vieja, bajo la techumbre de tosca madera y sobre un altar de pobre apariencia, hay un Crucifijo de talla perfecta, de rostro apacible con tintes de cera, ojos que parecen mirar a quien entra con una dulzura, con una tristeza... labios suplicantes y boca entreabierta cual si la agonía dejárala seca; purpurinas llagas, palpitantes venas que por las heridas contemplar se dejan; miembros desgarrados que a la cruz sujetan tres punzantes clavos de negra cabeza.

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El yerto costado ancha herida muestra; tan grande, profunda, descarnada y fiera... que su rojo brillo le da la apariencia de que está su sangre aún húmeda y fresca. ¡Vaya una escultura genial y maestra! Parece que el genio que la concibiera, puso en los cinceles, no alarde de ciencia e innoble artificio que fama le diera; sino toda... ¡toda su propia existencia! Pedazos de vida con ecos de pena; jirones de noche con alas de niebla; hálitos de angustias, hielos de tristezas, llanto de desgracias, frío de tragedias; lágrimas, temblores y dolor sin tregua. Fue así que el artista vida le infundiera al Cristo bendito de la ermita vieja;

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fue así que le impuso la mirada tierna que habla de amarguras y de horas acerbas. Y aquella sonrisa, y la faz aquella que enmarcan los rizos de onduladas vueltas, que lleva peinados a la nazarena. Pero sobre todo... las pupilas negras... tan llenas de brillo y fulgores llenas; brillo que parece llanto que caldea, lágrimas que fulgen entre las tinieblas y cuando en el borde de sus ojos tiemblan, parece que imploran de todo el que llega un poco de afecto que vibre y comprenda... pues solo... muy solo y triste se queda ¡el Cristo bendito de la ermita vieja!.

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II ¡Qué solo está el Cristo de la ermita aquella! El santo recinto en donde se encuentra, es un pobre templo de hechuras pequeñas, que, envuelto en las gasas de sombras espesas, apenas descubre su humilde silueta. Se mira hasta el fondo, llegando a la puerta, el pobre altarcillo de burda madera, que encubren y adornan algunas macetas de flores ya mustias, marchitas y secas; que al soltar sus hojas, lánguidas y muertas, dan ese olorcillo a cosa ya vieja que al quedarse solas tienen las iglesias. Al pie de la imagen que ahí se venera, languidece un lirio de extraña belleza,

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que con sus efluvios de mística esencia, del santo recinto el ambiente impregna. La luz que en un vaso brillar se contempla, fulge débilmente titilando inquieta, y sobre los muros de parda cantera, de la cruz bendita la sombra proyecta. ¡Qué triste la ermita, qué triste y austera!, y, ¡qué solo el Cristo en ella se encuentra! Su faz dolorosa así lo demuestra; así nos lo dice su mirada tierna; sus labios no hablan, mas si hablar pudieran, de fijo hablarían de angustias y penas, de ingratitudes y frío de tristezas; de ansias sin nombre, de afanes y esperas, de anhelos y afectos sin correspondencia.

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¡Qué largas las noches, que frías las tinieblas!, ¡qué triste olorcillo de las flores secas! Y el Cristo allí habita... padece sin quejas, y pasa las horas sin más compañera, que la lamparilla que chisporrotea. ---------------------------------------III Ha ya mucho tiempo que por vez primera hice una visita a la ermita vieja. Ha ya muchos años, que, con reverencia, entre las penumbras de su estancia austera, contemplé la imagen de talla perfecta, que por diestras manos cincelada fuera. Ha corrido el tiempo en fugaz carrera; la vida ha cambiado cambió mi existencia, pero en los recuerdos de mi mente queda,

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el recuerdo santo de la tarde aquella en que contemplara, mirando de cerca, al Cristo bendito de la faz serena. Me ha dado la vida sus horas acerbas; al paso del tiempo llegaron las penas; las ingratitudes con sus mil tristezas dejaron mi alma de amargura llena, y al llanto caldeante del dolor, que quema, mis ojos perdieron su antigua viveza. Y en las soledades de mis horas negras, no encontré ni un alma, ¡ni una siquiera!, que con sus palabras me infundiese fuerzas para que mis cruces más benignas fueran. Y entonces venía a mí, con presteza, de aquel Crucifijo la imagen perfecta.

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Veíale lo mismo que la tarde aquella: mirarme a los ojos con una tristeza... entreabrir los labios como si quisiera decir muchas cosas... ¡Como en confidencia! Y mi alma exclamaba transida de pena: ¡Qué solo está el Cristo de la ermita aquella!, ¡qué solo y qué triste en ella se encuentra! ¡Qué largas las noches, qué frías las tinieblas!, ¡qué triste olorcillo de las flores secas! Si allá Él padece, que aquí yo padezca. ¡Ya no mora solo en su ermita vieja, el Cristo bendito de la faz serena! Yo ya no padezco solo mis tragedias, que el Cristo comparte todas mis tristezas; y los dos formamos, con ternura inmensa, una soledad y una sola pena. 150


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Quédate Señor con nosotros Quédate, oh buen Señor, porque lloramos; quédate, oh buen Jesús, la vida es triste; quédate con nosotros, que llevamos la cruz de los dolores que nos diste. Quédate, buen Pastor, porque atardece. La vida es corta, la existencia dura; quédate con la oveja que padece y teme de la noche la negrura. Quédate con nosotros, que sufrimos gimiendo bajo el peso de la pena, y al paso de la vida que vivimos el alma llora de amargura llena. Quédate por favor, que perecemos: tu presencia reclama el alma herida; sin Ti, dulce Jesús, ya no podremos resistir los embates de la vida. Quédate con nosotros porque llora el corazón que sangra desgarrado y sufre, pide y extenuado implora te quedes por lo mucho que has amado. Quédate, dulce Amor, te lo rogamos por la muerte de Cruz que padeciste; por lo mucho, Señor, que en Ti confiamos y lo mucho, Jesús, que nos quisiste.

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Petición

Por las horas más tristes de mi vida y lo mucho, Jesús, que me has amado, por la Cruz en que fueras enclavado, concédeme, Señor, lo que te pida: Concédeme vivir siempre adherida a las leyes divinas que has dictado, apartarme de culpa y de pecado llevando en mí tu imagen esculpida. Concédeme formar de mi existencia un santuario de místicos amores donde alumbre la luz de tu presencia; vivir siempre a tu afecto consagrada y muriendo del mundo a los honores, terminar como Tú: crucificada.

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Perfección

Señor: ¿Qué es el vivir sencillo y recto que cifra su placer puro y austero en sufrir y en amar el sufrimiento?... ¿Qué es, dime, ese vivir? -„„Vivir perfecto‟‟. Y ya después, Señor, pasado el tiempo de ese vivir de Cruz, noble y severo, di, ¿qué será morir? -„„Ganar el cielo‟‟.

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Quiero llegar a Ti (soneto)

Quiero llegar a Ti, Jesús amado, aunque hiera el dolor el pecho mío y tenga que escalar el monte umbrío en que fueras por mí crucificado.

Quiero llegar a Ti, aunque cansado mi ser de caminar, sienta el vacío; aunque bañe caldeante el rostro mío el llanto por tu ausencia derramado. Y una vez que te haya así encontrado, quiero ir de tus plantas dulcemente, tras las huellas sangrantes y divinas; acercarme a beber de tu costado y besarte mil veces en la frente, ¡aunque sangren mis labios tus espinas!

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Llamamiento Si quisieras mirar cómo te amo, si quisieras pensar cómo te espero, vendrías a atender a mi reclamo, verías que sin Ti, Jesús, me muero. Verías que tus plantas bañaría con lágrimas de amor, cual Magdalena, y en besos a tus pies te dejaría el alma, prometiéndote ser buena. Habrías de sentir que en mi tristeza palpita lacerante la amargura de mi ser, que sediento de belleza, te adora, como a única hermosura. Y al sentir el contacto de tu brazo, que viene a ser apoyo en mis temblores verías que mi alma, en dulce abrazo, por siempre se entregaba a tus amores.

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Confianza Cuando llena está mi alma de emociones y siento que de amores desvarío, exclamo en el ardor de mis pasiones: ¡Sagrado Corazón, en Vos confío! Cuando hiere mi alma la tristeza y tengo el corazón yerto y vacío, musito despreciando mi flaqueza: ¡Corazón de Jesús, en Vos confío!

Así es que en el pasar de mis dolores y al sentir lacerado el pecho mío, así es que en el dulzor de mis amores, en Vos, dulce Jesús, siempre confío.

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Plegaria a la Virgen del Tepeyac Virgen sagrada y gloriosa, ¡oh, purísima doncella!, eres, Morena graciosa, del Anáhuac blanca rosa y del Tepeyac, estrella. Eres la flor más lozana que jamás abriera el día; y eres Tú, Guadalupana, Madre, Reina y Soberana de tu raza que es la mía. …….___________......... Por la Cruz se gana el cielo y se llega hasta Jesús; si este dulce y santo anhelo nos desprende de este suelo, ¡abracemos nuestra Cruz! …….___________......... En las luchas de la vida no saldré nunca vencida y seré pura y virtuosa, mientras lleve a mí pendiente con amor y con fe ardiente, tu medalla milagrosa. ……___________.......

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“Rosa mística” Eres, Virgen María, más clara que la aurora, más bella que las flores del más rico vergel; tu alma delicada encierra, gran Señora, pureza de los lirios, dulzuras de la miel. Eres dicha y encanto de nuestros corazones, amor de nuestras almas, que amar tienen por fin; apiádate clemente, de nuestras aflicciones, ¡oh, Tú, mística rosa, del celestial jardín!

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Fe Señor de los Ejércitos, Maestro soberano, Tú que al alzar la mano dominas viento y mar, apiádate clemente de los que perecemos; Señor, miedo tenemos, sentimos naufragar. Sofoca de nuestra alma la tempestad sonora y dale de la aurora la luz al corazón; tenemos fe en tu Nombre y en tu poder confiamos, ¡no digas que dudamos lo mismo que Simón! Señor, en nuestras vidas no existe ya bonanza y ausente la esperanza sentimos vacilar; mas Tú, todo lo puedes, si al mar le das la calma, dejar puedes al alma en el Edén tocar.

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No digas que llevamos en nuestros corazones, angustias y obsesiones de un tiempo que se fue; ni pienses con tristeza en que al estar contigo tengamos, dulce Amigo, cual Pedro poca fe. Creemos en Ti siempre confiando a tus amores las dudas y temores que siente el corazón; Señor de los Ejércitos, Maestro soberano, sosténganos tu mano lo mismo que a Simón.

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Madrigales Volaba una hermosa mariposa buscando las dulzuras de un vergel, mas al mirar tu boca primorosa posó en ella sus alas silenciosa, por hallarla más dulce que la miel. …….________________....... Blanca flor de la campiña roja rosa del vergel; hermosa y graciosa niña de boquita de clavel. Al mirar tus hermosuras tan sólo decir yo supe: „„Con sus gitanas hechuras y sus cándidas dulzuras, ¡qué bonita es Guadalupe! ……____________...... Claro sol de la alborada es tu rubia cabellera, tu carita sonrosada tiene esencia perfumada de la flor de la pradera. Mas si me dices un día: „„¿Cuál es mi gracia mayor?‟‟ te diré sencillamente y sin pecar de indulgente, que eres toda, en tu armonía un verdadero primor. ……_____________...... 161


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Si tu frente nacarada luce galas de azucena; si tu cara sonrosada y tu boca perfumada guarda esencias de verbena; si tu rostro en sus rubores muestra rosas de carmín, ¿por qué, di, me pides flores, si eres toda tú un jardín?

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¡Mariposa!

Mariposa de bellos colores, de sutiles y pálidas alas; mariposa que das a las flores en besos de amores tus mágicas galas. Tú que libas perennes dulzuras en gotitas de miel deliciosa; tú que vives probando ternuras y hollando tersuras de lirio y de rosa, tú que en torno de mí has volado, vete ya, no te quiero mirar, porque sé que al tenerte a mi lado te amaré como nadie te ha amado, o te voy sin remedio a envidiar.

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Homenaje

Hoy es día de regocijo, tañe alegre la campana y se muestra más lozana en sus pétalos la flor; hoy perfuma más la brisa y murmura más la fuente; escuchadme, solamente dos palabras, por favor.

Escuchadme, pues si el dulce, grande y noble sentimiento que en mi alma latir siento, logro hacéroslo sentir, romperé de mi tristeza la cadena pesarosa y podré olvidar la prosa y el dolor de mi vivir. ----------------------------------Maestros de grandes almas, los de los nobles ideales, los que vertéis mil raudales de virtud y abnegación, sois apóstoles de Cristo, misioneros de enseñanza, que sufris en la esperanza de cumplir vuestra misión. 164


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Cortando estrellas vol. I

Vosotros, los que piadosos disipais la sombra oscura de las almas, con la pura y alta luz de la verdad, sois fulgor de suave aurora, que con vuestros resplandores poneis fin a los errores de la triste Humanidad.

Sois la flor que vive oculta perfumando dulcemente los espacios del ambiente con aromas de virtud; sois la brisa que conforta sois la fe que da consuelo, ave sois que tiende el vuelo a región de excelsitud.

Vuestra vida fecundante tiene horas de Calvario, las que forman un rosario de heroísmo y de valor; es amarga y es acerba, ¡dolorosa es vuestra vida!, mas es rápida subida hacia un nuevo Tabor.

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Maestros de grandes almas, los de los nobles ideales, los que vertéis a raudales la virtud de vuestro ser; sois apóstoles de Cristo, de la patria sois valores y también sois sucesores de Jesús de Nazaret

A mis maestros y los de mis hijos con enorme gratitud y amor.

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A mi padre Podrá apagar el cielo sus estrellas, podrá ocultar el sol su luz dorada; podrá en las auras no existir perfumes ni cánticos de amor en la fontana. Podrá morir la nota peregrina que vibra de la esquila en la cañada y las aguas rugientes del océano podrán no desflorar su espuma blanca. Mas tu recuerdo para mí sagrado y tu memoria, para mí tan santa, no podrá salir nunca, padre mío, del santuario bendito en que se halla.

A mi padre con todo mi amor y gratitud.

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Tu mirada

Tu mirada, Jesús, es dulce beso es caricia y es rayo que fulgura; es tu mirada, Jesús, aurora pura que provoca en las almas embeleso. Posa en mí tu pupila enternecida, mira mi alma, por culpas mil manchada, mírala y notarás que a tu mirada queda al punto y por siempre convertida. Mírala una vez más, con fuerza tanta, que no escape a tu vista escrutadora y verás que esa alma pecadora, no sólo se convierte: ¡se hace santa!

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A mi madre Mamaíta: La paz del hogar tú eres por tu dulcísimo modo, para ti, tú nada quieres y para los tuyos todo. Egoísmos no conoces, ¡no hay otra tan desprendida!, por cada una tú dieras una y mil veces la vida. Tu corazón es de oro y todo en ti es bondad; de nuestro hogar tú has sabido labrar la felicidad. Nos enseñas con tu ejemplo a amar a Nuestro Señor y tu hogar ha sido un templo que has consagrado en su honor. Permite que hoy, tu hija, en nombre de todas diga: ¡no hay madre como la nuestra!, y,…..¡ ¡que el Cielo te bendiga!! A mi madre de quien recibí la mayor fe y buenos ejemplos de mi vida: Doña Carmen García Peláez de Muñíz

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Candorosa

Fijó en su faz hermosa una mirada y trémula su voz, como un arrullo, elevó una plegaria inusitada, que debióle inspirar el ángel suyo. En ella hablóle, cual si hablara a solas, en su lenguaje tierno y tan sencillo, de no sé que bellezas de amapolas y no sé qué perfumes de tomillo. Le dijo que al clarear tras de la loma la luz primera que anunciaba el día, le enviaba una oración a “su paloma”, como llamarla en su emoción solía. Decíale también, con gracia tanta, que quisiera ayudarla a ser muy buena, para llegar como Ella a ser muy santa, ya que como Ella, era muy morena. Decíale esto y más, con amorosa e infantil expresión en la mirada, en la que se asomaba, candorosa, un alma de María enamorada. Y fijaba sus dos pupilas bellas de la Virgen Morena en los primores, bajo su manto azul, que es todo estrellas, frente a su rostro ideal, que es todo amores.

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Y del amor ardiendo en santo fuego la oí decir mil frases amorosas, igual que las dijera un día Juan Diego ante el milagro augusto de las rosas. Así miré extasiado a aquella indita a los pies del altar, de aquel santuario, que es trono de la Virgen Morenita y es de amor y consuelo, relicario. La vi que enamorada, de rodillas, y mirando a la que es Reina del Cielo, deshojaba graciosas florecillas a la par que expresábale su anhelo. No lo sé, mas pretendo en mis ardores, que la dulce Señora, en suave calma, mientras ella externaba sus amores, hablaba con caricias a su alma. Lo que pude notar en santa hora, con la fe que a las almas diviniza, fue, que en la faz ideal de la Señora brilló como una aurora una sonrisa.

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Belleza angelical

¿Quién es el ángel de bellas alas y rubios rizos cual claro sol?, ¿quién es el ángel que fatigado tras luengo viaje llega hasta vos? Ha muchos días que por las nubes y los espacios se remontó, para deciros, aunque algo tarde, que os felicita con efusión. Mirad cuán bello y amable rostro, ¡cuánta hermosura, cuánto candor!, y en sus pupilas, ahora cerradas, hay de la aurora luz y arrebol.

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Mirad al ángel: es su presencia mágico trino, suave rumor. ¿Su dulce nombre?... ¡no hay que decirlo!, lo ha adivinado ya el corazón.

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Almas hermanas Llevando fatigada mi existencia, por el sendero que el destino marca, me detuve a mirar, con santa envidia, a dos almas felices que pasaban. Eran como dos luces de una estrella, dos flores eran de una misma rama, eran cual dos suspiros y dos besos fundidos al contacto de una lágrima. Se amaban, sí, se amaban con ternura, cual se aman los murmullos y las auras, como ama el ruiseñor la luz del día y al céfiro fugaz las flores aman. ¡Se amaban!... mas su dulce sentimiento expresar no querían con palabras, y en medio del silencio más profundo su ternura y su amor se acrecentaban. Y era natural: el sentimiento si es muy hondo, es cual perla pura y blanca, y la perla se encubre en nívea concha y aún la concha se esconde entre las aguas. Porque al punto que deja el bravo océano, su pálido tesoro le arrebatan, e igual es profanado todo afecto si sale del santuario en que se halla. --------------------------------------------

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Cortando estrellas vol. I

Llevando fatigada mi existencia, por el sendero que el buen Dios señala, me detuve a aprender cómo se quieren las almas puras que el destino hermana.

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Cortando estrellas vol. I

Vosotros sois la luz Ministro del Señor Santo entre santos, soldado que, de Cristo tras las huellas, renunciárais, aún niño, a los encantos del mundo, que tan sólo da quebrantos en las cosas que muestra como bellas. Con divinos impulsos alentado y herido por fuego del amor, dejásteis lo que os era más amado por llevar un vivir crucificado en la Cruz celestial del Redentor. Y sois de Cristo, hoy, vivo modelo, su imagen reflejáis con precisión, y en Él, la vocación que os diera el cielo es guiar a las almas con anhelo hacia el puerto de eterna salvación. Del mundo sois la luz. Habéis abierto un abismo a otro abismo: al del error, y existe en vuestro ser, al mundo muerto, el anhelo implacable de lo cierto, la nostalgia divina del amor. Sacerdote de Dios: La luz más pura, es la luz que despide toda cruz; vuestra cruz ,es la cruz más tosca y dura. Sacerdote, mirando hacia la altura, ¡seguid haciendo el bien con vuestra luz!

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Cortando estrellas vol. I

“Rosas en el Tepeyac”

Rosas hay en la cumbre del Tepeyac, de Anáhuac en el cielo estrellas hay, arómase el ambiente, con suavidad, en ondas delicadas de flor de azahar. ¿Qué causa ha motivado prodigio tal?, ¿qué milagro ejecuta tal realidad?... Inúndanse los cielos de luz ideal y vibran el los ámbitos cantos de paz. Y es que la Virgen pura, la sin igual Madre del verdadero Dios de bondad, rasgado ha los espacios con tierno afán por disipar de Anáhuac en el erial, con la luz de su imagen, la oscuridad. Por eso hay dulces cantos, luz celestial, aromas deliciosos de flor de azahar; por eso en el Anáhuac estrellas hay y hay rosas en la cumbre del Tepeyac.

Con motivo del 50 aniversario de la coronación pontificia de Santa María de Guadalupe.

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Cortando estrellas vol. I

Consideración

Señor: La vida triste que vivimos es valle de perennes asperezas, es sendero de zarzas y tristezas y cáliz de amarguras y dolor.

La vida es un constante torcedor, que deja en sus lisonjas, con ser tantas, abrojos que traspasan nuestras plantas y gotas misteriosas de amargor.

Mas si vivir es padecer de veras, y padecer es merecer mejor, vivir quiero mil vidas más austeras por gozar la ventura de tu amor.

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Cortando estrellas vol. I

Himno a España ¡Salve, oh tú nobilísima España!, gloria a ti, regio sol de esplendor; homenaje a tu fe que una hazaña consiguiera de toda campaña con la fuerza viril de su ardor. Eres grande. Tu insigne grandeza te corona bañándote en luz, pues tú llevas a toda proeza un ideal, santo ideal que encabeza el bendito pendón de la Cruz. Y existió, al mirarte gloriosa, quien tu honor pretendiera humillar, mas tú siempre viril, majestuosa humillaste la frente orgullosa que ante ti no se supo inclinar. Hordas mil invadido han tu suelo y hasta el mal contra ti se ensañó, mas tu pueblo, en alas del celo, ha luchado y se da con anhelo por la gloria que el cielo te dio. ¡Salve siempre, oh titán de la guerra!, gloria a ti por tu nombre y tu luz; homenaje a tu amor, porque encierra lo más grande que existe en la tierra, lo más puro que exige la Cruz...

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Cortando estrellas vol. I

Y morir, no sorprende ni extraña, que querramos por ti con ardor, de tu suelo bendito en la entraña, que morir por tu gloria, oh España, ¡es morir por la fe y el honor!

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Cortando estrellas vol. I

Preferencias

Prefiero a las auroras majestuosas las tardes apacibles y calladas; me agradan más los rayos de la luna que el cálido fulgor de la mañana.

En vez de mil sonoras vibraciones elijo los murmullos de las aguas y dejo las orquídeas llamativas por los lirios de tez sencilla y pálida.

No quiero los jardines cultivados, me gusta la campiña perfumada y al beso abrasador del mediodía, prefiero la caricia de las auras.

¿Por qué todo lo alegre me disgusta?, ¿por qué todo lo vivo así me cansa?... Porque llevo sangrando mil tristezas en el fondo sin fondo de mi alma.

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Cortando estrellas vol. I

¡Venid a mí..!

Si por vosotros he dejado el cielo, si por vosotros he venido al mundo, ¿podréis negarme el íntimo consuelo de darme vuestro amor tierno y profundo?

Si por vosotros bebo la amargura y busco espinas en lugar de flores, ¿por qué os negáis a darme la ventura de aceptar mansamente los dolores?...

Amádme como siempre os he Yo amado, buscadme como busca el día la aurora; venid a Mí si el mundo os ha dañado con su saña y su táctica traidora.

Yo soy Aquel que a redimiros vino soy el Amor que os ama sin medida; soy la verdad, del cielo soy camino y la fuente Yo soy de eterna vida.

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Cortando estrellas vol. I

Villancico

Eres, Jesús divino, sol esplendente, aurora que desgrana tibio fulgor, estrella desprendida del claro Oriente y lirio perfumado de rico olor. Luz de los cielos que en las tinieblas guía al nacer Tú en mi alma despunta el día. Luz que deslumbra con su arrebol; naciendo de una estrella ¡eres un sol!

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Semblanza ¿Soy un reflejo de la noche umbría o la luz inicial de la mañana?, ¿soy el cantar de la gentil fontana o el gemido del ave en agonía? ¿Soy la voz de una triste melodía o eco soy de murmullos y rumores?... ¡No!, no es mi vida toda resplandores ni es mi existencia la penumbra pura; es mezcla de fulgor y sombra oscura, es cáliz de dulzura y de amargores. Yo vivo de la luz de lo prístino, mi vida es sueño y es el sueño sombra, camino de mil cardos por la alfombra y es de lirios y rosas mi camino. Mientras fulge una aurora en mi destino, llena estoy yo de la penumbra fría; soy canto y el silencio es mi armonía, soy flor y vivo aromas recogiendo, soy llanto y casi siempre estoy sonriendo, porque encuentro la dicha en mi poesía. ¿Soy la ilusión que asombra por doquiera?, ¿soy tal fantasma que terror infundo, o es mi paso, quizá, por este mundo cual polvo sideral de una quimera?... ¡No!, no soy nadie que aterrar quisiera ni nada que a soñar insta y convida; 184


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Cortando estrellas vol. I

yo soy como yo soy y hay en mi vida contraste y como tal, contradicciones, enigmas que en el fondo son reacciones de mi alma indefinible, definida. ¿Dejar de ser así, cual Dios me hizo?, ¿cambiar de condición y ser distinta?... nunca el artista da a la flor que pinta por pintarla sin cardos, más hechizo. Ya soy como seré; el cielo quiso que sea la aurora luz; la noche, oscura, soy así y en mi ser, por mi ventura, no existe de cambiar nunca la idea... ¡dejadme siempre ser como yo sea!, que esa es, si la tengo, mi hermosura.

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Cortando estrellas vol. I

Engaño y ficción Vive el hombre soñando en hallar su ventura, sueña el pobre en riqueza, sueña el rico en caudal, los dos buscan la senda que conduce a la altura que en la mente nacióles al calor de un ideal. Siempre va tras las luces de una dicha forjada, se imagina ser dueño de su goce y querer, y se dice realista cuando lleva clavada la fantástica idea de oro, gloria y poder. Quiere ver su grandeza en verdad convertida, se desvive y se goza en absurda ilusión, y, en verdad, no hay realista menos real en la vida que el que forja quimeras sin saberlas ficción. Ilusiones no existen, la verdad llana y dura, yo no creo en el ensueño de un arcano ideal, y es que no sabe el pobre que verdad no hay más pura que en el mundo no existe la verdad de lo real. Logra ya lo deseado, lo que fue su señuelo, –¡fue muy larga la espera para un triste llegar! –, cambia entonces de rumbo, vuela en pos de otro anhelo para al fin encontrarlo y volverlo a dejar... ¿Por qué el hombre se engaña en buscar la ventura, si la vida es un sueño y es el goce ficción?... si es engaño la dicha y engañarse es locura, ¡cuántos locos existen sin saber que lo son!

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Cortando estrellas vol. I

Añoranza

También yo siento lejos las horas de mi infancia, los días más felices y puros del mortal; también yo siento ahora que aspiro en su fragancia de rosa deshojada la esencia virginal.

También yo siento el alma de angustia y pena herida; se nublan mis pupilas de tanto padecer; llorar no quiero y lloro, al ver que de mi vida se fue la dulce infancia, ¡que nunca ha de volver!

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Cortando estrellas vol. I

Para ellas

Para las almas que dolores penan y sufren su dolor en el silencio, para aquellas que tejen fantasías forjadas al calor de los ensueños.

Para las almas que aman la belleza y gozan con la vista de lo bello, para aquellas que van tras la poesía que existe en el volar del pensamiento.

Para aquellas que sienten hondamente, que viven de un ideal puro y excelso, e interpretan los giros armoniosos que toman las cadencias de los estros.

Para ellas, sensibles, comprensivas que entienden el rimar del pensamiento, para ellas, que de amor son un abismo, he escrito las estrofas de mis versos.

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Cortando estrellas vol. I

Veinte años….

¡Veinte años he cumplido!... mas son mis años, al fin, veinte rosas que han nacido y lozanas han crecido de mi vida en el jardín. Si los cumplo con tristeza, no hago bien, mas no hago mal, pues es grande mi certeza de que el cierzo, en su crudeza, quemará algún día el rosal. Que el momento que ahora pasa y el instante que se va, es el cierzo que lo abrasa, es el viento que lo arrasa y algún día lo tronchará.

Un instante ya vivido de la vida en el furor, es un pétalo caído del rosal tierno y florido que cada año da una flor.

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Cortando estrellas vol. I

Ecos de Asturias

El viento que del mundo lleva voces y cantos y armonías y palabras, suspende bruscamente su carrera de Asturias al pasar por la montaña. Entonces, el que es voz del universo, se aquieta, no rebulle y calla. ---------------------------------------------Se escucha en el ambiente sosegado el cantar armonioso de las aguas, de límpidos y alegres arroyuelos que al choque de las piedras ríen y hablan. La brisa que acaricia los collados con las flores del prado juega y charla y canta rumorosa y gira voluptuosa e intérnase por frondas perfumadas. La esquila de sonoras vibraciones se escucha entre las ondas de las auras y acopla su vibrar con las cadencias que arrancan los pastores de la gaita. Las aves que del bosque son la lengua con sus trinos mil cánticos desgranan y el jilguero, el ave más graciosa que vuela en las campiñas asturianas, con la sarta invisible de sus notas los aires puebla de cantos y tonadas.

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Cortando estrellas vol. I

El campo es un conjunto de armonías, más allá, en las cumbres empinadas donde asienta su trono la Santina, la perla de las ásperas montañas, se escuchan incesantes oraciones que en coro de suspiros y plegarias desde el fondo rocoso del Auseva se elevan hasta el Dios de las Batallas.

Rumores que son besos y caricias, arrullos en que pone toda el alma el pueblo que nació en aquella Cueva y es hijo de la Virgen asturiana. Son estos, sí, los ecos de mi Asturias, las voces de la que es cuna de España; el canto y el sentir de “la tierrina” es mezcla de poesía y de plegaria. ------------------------------------------------

El viento que es la voz del universo y del mundo traduce las palabras, se aquieta, se suspende y no rebulle al pasar por las tierras asturianas.

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Cortando estrellas vol. I

Desolación

La vida, dulce Amigo, sin ti es flor inerte, camino tortuoso de páramo o erial; sin ti mi corazón herido está de muerte: no quieras agravar su herida de tal suerte que muera de su angustia al golpe de puñal. Sin ti no brillan claras ni hermosas las estrellas el mundo es un desierto, su cauce un torcedor; las flores más fragantes no lucen galas bellas, las aves enlutadas prorrumpen en querellas y el plácido arroyuelo acalla su rumor.

La tierra, dulce Amigo, sin ti es barbecho triste, sin ti no amo el presente y temo el porvenir; el cielo nubarrones de negra gasa viste, el mar es un abismo y mi alma no resiste el golpe de la pena que tiene que sufrir.

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Cortando estrellas vol. I

La madre Existe una mujer dulce y amante, la más noble, la más buena, la más pía; la que llama en la cuna el tierno infante y nombra el hombre recio en su agonía. La que ama y corrige con dulzura, la que piensa y conduce con acierto; la que da con su amor, aurora pura, luz a la oscuridad, vida a lo muerto. La tierna, la sensata, la piadosa, la que ríe entre penas y dolores; la santa, la abnegada y generosa que la vida nos diera en sus amores. Y de aquesta mujer, madre es el nombre sinónimo es de gloria y de martirio; es faro de esperanza para el hombre; tiene aroma de flor y alma de lirio. Es tan grande su encanto y tal su hechizo, tan inmenso su amor y su ternura, que Dios sin una madre estar no quiso y eligió para madre una criatura. A la mejor de las madres, Doña Carmen García Peláez de Muñíz con todo mi amor.

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La caridad “Haced por vosotros mismos” San Juan de Dios

El amor faro es de lo divino, lo divino es la luz de la verdad; Dios es luz, de su luz es el destino el amor, que en su cumbre es caridad. Caridad símbolo es de lo cristiano, es la herencia que Cristo nos dejó; por perderla cayó el linaje humano y Dios, por caridad lo redimió. Ella es fuego que en su llama purifica, soberana que por trono tuvo Cruz; sentimiento que enaltece y dignifica y sendero que conduce hacia Jesús. Es la fuerza que a lo grande se encamina, es el soplo del Espíritu Creador; es la estrella que da norte si ilumina en la noche de este Valle de dolor. Obrad con caridad; no hay más grandeza que aquella que da un recto proceder; socorred al que sufre en la pobreza: actuar en caridad es merecer. --------------------------------------------------------Caridad es la escala que a la altura se eleva sobre el fango de este abismo; caridad es hacer, con alma pura, en Dios por los demás para uno mismo. 194


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Cortando estrellas vol. I

Por qué

¿Por qué la luz se esconde por campos siderales y fulge con la aurora que trae un nuevo sol?; ¿por qué sus tibios rayos fundidos en celajes coronan el crepúsculo con tintes de arrebol? ¿Por qué la flor silvestre que crece en la maleza, aromas de su cáliz difunde sin cesar?; ¿por qué los suaves pétalos de formas desiguales despliega entre las zarzas que cercan el lugar? ¿Por qué de la enramada los huéspedes alados regalan a los céfiros con trinos sin igual?; ¿por qué sus notas cálidas de dulces vibraciones le prestan a las ondas sus ecos de cristal?

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Cortando estrellas vol. I

¿Por qué en lo más recóndito de la profunda mente rebulle el pensamiento cual astro en ignición?; ¿por qué en él nace y surge la llama de la idea del genio engendradora y madre de la acción?

¿Por qué el humano espíritu se apega a la criatura y la ama hasta tornarla en algo de su ser?; ¿por qué busca lo grande y anhela la belleza, y eleva los ideales que forman su querer?

¿Por qué?... Porque el divino Autor de lo creado, dio oficio a toda cosa y leyes que seguir; así dio al sol potencia, le dio a la flor aromas y al ave le dio trino que alegren el vivir.

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Cortando estrellas vol. I

Al pensamiento dióle el fuego de la idea, a ésta vibraciones, poder para crear; y al corazón humano, reflejo de su imagen, le dijo solamente: ¡Naciste para amar!

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Cortando estrellas vol. I

Ruinas En los vetustos muros de aquel castillo viejo, do junto con la vida reinara un día lo bello, miro pasar las horas sin otro movimiento, que el polvo de las ruinas al soplo de los céfiros. Allí, en do mil flores ornaran en festejos de bailes y saraos que hubiera en otros tiempos, no existen más que hierbas de un verde amarillento, abrojos enzarzados y allá, de trecho en trecho, la yedra trepadora, la que con verde tierno matiza las paredes y muere en los aleros. Allí no hay otro canto que el canto del silencio; no habita ningún ave, excepto los murciélagos que vuelan con las sombras en círculos siniestros.

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

¡Qué tristes son las ruinas de aquel castillo viejo! A la hora en que el crepúsculo corona con sus fuegos las cumbres y celajes del claro firmamento, me acerco hasta las ruinas y escucho que en sus restos hay voces que repiten: “¿Por qué nos tienes miedo?; ¿no es ruina lo que llevas adentro de tu pecho?; ¿no es polvo de cenizas tu infortunado anhelo?…” –¡Oh, sí!, tenéis razón; lo que decís es cierto; yo llevo dentro el alma como un castillo viejo, tiene vetustos muros y destechados cielos; tiene amarillas hierbas por gala y ornamento y abrojos por millares le dan estrecho cerco. ¡Oh, sí!, yo llevo ruinas dentro del pensamiento, mi vida es una sima… para mirar el cielo, tan sólo salgo de ella por medio del recuerdo. --------------------------------

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

No sólo existen ruinas en los castillos viejos; no sólo hay sombra y pena en sus polvosos restos. El corazón humano de ruinas no está exento; hay ruinas de cariños, las hay también de ensueños; hay ruinas de ilusiones y de callados vuelos… ¡Señor, Señor, el mundo está de ruinas lleno!

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Cortando estrellas vol. I

Misteriosa Tras los barrotes de la ventana, que por la hiedra cubierta está, borda la niña de negros rizos, la que de hermosa, parece ideal. Con unas ansias que no comprendo, con un empeño, con un afán, su blanca mano como de espuma ya gira y viene, ya torna y va; borda callada, borda tranquila, nunca la vista mírola alzar; de la doncella dulce y hermosa, ¿cómo los ojos bellos serán?... ¿Tendrá la niña los ojos zarcos?, ¿tendrálos grises, verdes quizá?, entre las rosas de sus mejillas, ¿dos mariposas negras serán?... No sé decirlo… ni adivinarlo puede mi anhelo, logra mi afán, de las blancuras de su bordado, nunca los ojos la he visto alzar. Tras los barrotes de la ventana donde la niña borda en su afán, quiero el misterio de sus hechizos en sus pupilas adivinar. Sus puros ojos quizá sean zarcos, pueden ser negros, verdes quizá; no sé… mas deben mirar muy dulce, ser dos joyeles de claridad, deben ser hondos, deben ser tiernos y en su ternura tristes están, pues, como aljófar, dos claras perlas vi deslizarse sobre su faz. 201


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Plegaria

I Tú que del triste mortal eres consuelo tú que eres paz y en las tinieblas guía, digna tus ojos de sin par belleza fijar en las miserias de este suelo; tú que eres toda llena de pureza, mira mi pena, Madre dulce y pía. Si el sol puso en tu faz sus resplandores, si de este mundo eres luz y asombro y todo junto a ti se torna cieno; si a ti encamino todos mis ardores y mi pecho de amor se muestra lleno si te miro, si te hablo, si te nombro, consuela la aflicción de mi existencia, alivia el padecer de mi agonía, que es larga por ser triste y dolorosa, y ten de mi miseria ya clemencia, Tú, que eres compasiva y bondadosa a fuerza de ser Madre y de ser pía. Si la luz de tu rostro me rodeara, si tus ojos me viesen con anhelo, la vida, que en mi ser es noche oscura, en plácido sendero se tornara y en medio de él tu célica figura un piélago me diera de consuelo.

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II Virgen hermosa cual la aurora bella, santa mujer que por milagro eres Madre del Dios cubierto de dolores… ¿a dónde van, Señora, los que huella dejaron en el mundo de quereres a fuerza de entregarnos sus amores?... Si un lugar en la gloria hay para aquellos que vivieron tan sólo de pureza y su alma de amor nunca fue herida, un lugar debe haber de los más bellos para quienes del amor en la grandeza, nos dieran la pureza de su vida. Sí, existió un ser que en sus empeños formó un hogar al cielo consagrado, en donde reinas Tú y reina tu Hijo; el que miro en la imagen de mis sueños aún lleno de dicha y regocijo sin la falta de aquél que lo ha formado. Mas, ¡ay!, que el cielo en sus decretos ha querido, por probar si el amor era absoluto, arrebatar al padre bueno y santo, y hoy sin él ha quedado triste el nido y las que en él están vierten su llanto al mirar el hogar lleno de luto.

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Cortando estrellas vol. I

Aquél que lo alegró… ya está en el cielo; su alma, que fue noble y generosa no quedó de la tumba entre las flores; ha subido a gozar del gran consuelo que debe dar tu faz maravillosa al mirarla de cerca y con amores. Para él… nada pido: tiene todo; te tiene a ti y al Dios que te ha creado para darnos tu luz en el camino… mas para los que sufren de este modo llevando en su tristísimo destino la cruz, que en nuestra herencia es un legado, imploro compasión de tu ternura, de tu amor maternal piedad imploro, que el camino quedó de abrojos lleno… no por nosotros, Reina de ventura, sino por el amor del padre bueno que nos dio de su vida el gran tesoro. ----------------------------------------------Tú que del triste mortal eres consuelo, Tú, que eres la luz a que aspiramos, digna tus ojos de sin par belleza fijar en las miserias de este suelo, y déjanos gozar de tu grandeza reunidos con aquél que tanto amamos. A la memoria de mi padre Don Arturo Muñiz Calderón con mi amor y gratitud.

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Nocturno -ensayo esdrújulo-

En la negrura lóbrega, do reinan los murciélagos, escucho el tan horrísono bramar del huracán, y miro que las cárdenas saetas del relámpago, desgajan de los árboles el tronco secular. Las voces ya frenéticas de ruidos mil incógnitos, remedan de un ejército el bélico clamor, y surgen de los ámbitos las ondas enigmáticas, que fingen en su séquito etérea procesión. En las calladas márgenes del camposanto lúgubre, do mírase de fúnebres mochuelos el girar, suspéndese la altísona protesta del relámpago y tíñese de lívido el campo sideral.

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

Y traspasando el límite de sus paredes sólidas, surgiendo de los féretros la tétrica visión de los fantasmas pálidos que envueltos en sus sábanas ya bailan danzas rítmicas que ahuyentan toda voz. Las sombras esqueléticas en círculos excéntricos al bardo que miráralas cercaron como a un pez, y si el terror y el pánico no matan a los líricos… en este verso esdrújulo lo habréis de conocer.

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

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Retorna…

Desde el instante aquel que partiste la vida finge cardo sin flor; todo en la tierra tornose triste y en mi camino todo es dolor.

Las horas dulces de aquellos días en que tus gracias pude gozar, ya no son cantos, son elegías que de amargura llevan un mar. Retorna, vuelve… La luz primera del más espléndido amanecer, ha de llenarme la vida entera cuando tú vuelvas por mi querer.

Retorna pronto, cual prometiste, tras los despojos de mi ilusión surge y convierte mi vida triste en los arpegios de una canción

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

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Bajo el palio de la luna (fantasía)

Tengo un reino de magnolias bajo el palio de la luna, donde sueñan mis amores arrullados en la cuna de dulcísimos vaivenes sobre el mundo sideral; tengo un reino de palacios y fantásticas regiones, de magníficas murallas sobre campo de ilusiones y castillos encantados entre lagos de cristal. Tiene techo rutilante de cometas y luceros, tiene espumas por alfombra en sus pálidos senderos y sus ámbitos poblados de perfume y de rumor, tienen notas armoniosas de tonadas peregrinas que en el eco de los ecos de sus cántigas prístinas lleva enfáticos acordes de los cantos del amor. Y en mi reino fulgurante donde surgen cosas bellas, donde canta filomela a la luz de las estrellas, hay encantos suspendidos en la atmósfera sutil; hay magníficos tesoros de esplendente pedrería, exquisitas vibraciones de enigmática armonía y poemas en las linfas de unas olas de marfil. Hay etéreas figulinas de soñada gentileza y cortejos impalpables donde todo en su belleza finge un lienzo palpitante de genial inspiración, y sembradas por las manos de invisibles paladines, hay vastísimas campiñas tapizadas de jazmines que embalsaman de las auras la ondulante vibración.

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MarĂ­a Alexandrina MuĂąiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

Tengo un reino de magnolias bajo el palio de la luna... tengo un reino misterioso que en la magia de una cuna, ha arrullado mis ensueĂąos sobre el mundo sideral; tengo un reino transparente de fragancias y rumores donde duermo las heridas de mis lĂ­ricos amores en el lecho delicioso de un lucero de cristal.

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Sevilla, Asturias

Sevilla, Asturias, son dos hermanas, maja la una de rumbo y gracia, reina la otra de añeja raza; la una es noche, la otra es alba, la una de ojos como fogatas, la otra dulces como manzanas. Las dos hermosas, las dos con gracia, y en las hechuras que las afaman, son españolas de cuerpo y alma. ¡Sevilla, Asturias, son dos hermanas!... Mientras la una riéndose baila a los acordes de la guitarra, y canta coplas y luce galas en los claveles que prende ufana,

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la otra, sencilla, más reposada, más hogareña, con mano rápida borda un vestido: el de amplia falda que cuando hay fiesta porta agraciada, y en “la casina” de alegre estampa que entre mil flores la oculta y guarda, siempre afanosa cose y trabaja, hace pantruque al que acompañan “las morciellas”, tan asturianas. Sevilla es copla, grito de zambra, beso de fuego que el aire abrasa; Asturias, canto, nota de gaita, son apacible que arrulla el aura; Sevilla es sangre de rosa grana; Asturias, nieve de rosa blanca.

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Mientras Sevilla ora postrada, ante la Virgen de la Esperanza, eleva Asturias tierna plegaria de “la Santina” bajo las plantas. Las dos son pías, las dos, cristianas, y mientras una, regia sultana, tiene de mora huella marcada, reina es la otra de aquella raza que dejó el celta en tierra hispana. ---------------------------------¡Bendita tierra la de mi España que dióle al mundo tal enseñanza! Bendita tierra la de mi patria, porque al ser madre fecunda y santa de esas dos joyas de lustre y gracia, dejó en ejemplo cómo se hermanan fuego con nieve, 212


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sombra con alba, porque de un beso que dio arrobada a “la Santina”, y el que en las plantas prendió a la Virgen de la Esperanza; dio ser y vida a sus dos galas: ¡¡Sevilla, Asturias, que son hermanas!!

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Rompeolas (soneto)

Se alza una roca, que, alta y arrogante en la azul extensión firme descuella, en tanto que la mar con furia estrella sus aguas contra el muro desafiante.

La roca humilla del cristal brillante la fuerza que tenaz su mole huella con indomable afán, que abate aquella con fiera resistencia de gigante.

Rasga en espumas a la mar que azota su pecho, por el golpe embravecido, y en tanto que las aguas alborota y rompe en cataratas de sonido, da abrigo hospitalario a la gaviota, que forma entre sus peñas blando nido.

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Creación -pintura hablada-

El mundo hecho estaba. Las plantas y flores surgían por doquiera y en toda la esfera que encantos mostraba de luz y colores, la mano que abunda en gracia y poderes, dio vida fecunda con un sabio acierto a todos los seres; aquella que encierra rumor, vibraciones y entona el concierto que llena la tierra de plácidos sones. Las aguas bramaban, las flores se abrían, las aves cantaban y en rayos brillantes los astros radiantes su luz difundían; nació la cañada, la vega, el collado; surgió de la nada la selva cerrada,

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el bosque apretado, la jungla bravía y a todo el paisaje, que en luz se bañaba, dio marco un celaje cargado de día. En tanto, una estrella, la más pura y bella que al cielo había dado quien todo lo hiciera, juzgando que al lado de tanta hermosura su luz no era pura cual pura debiera, del manto azulado que cubre la altura, rasgó el claro velo y a igual que saeta igniciente, del cielo desvió su camino cual raudo cometa. El mundo aterrose; perplejo miraba que el astro divino por su alto destino la tierra cambiaba. De aquella lumbrera las mágicas galas fulgían, mas con leve temblor de avecilla,

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igual que si fuera paloma de nieve que herida en las alas rodara a la arcilla. De pronto, ¿qué es eso?, pregunta el Señor: ¿qué es eso que brilla Y finge ser beso y de luz y fulgor?... ¿Un astro en el suelo?, mas, ¿cómo ha de ser si arriba en el cielo su faz igniciente con rayo esplendente brillaba aún ayer?... Contéstame, estrella: ¿por qué estás aquí?, ¿por qué así has dejado el puesto encumbrado que al ser la más bella de todas te di?... ¿Por qué no respondes?, ¿por qué el rostro escondes y al verte mis ojos contémplante en llanto bañada, en tanto que muestras sonrojos?... ¿no escuchas la queja que tengo de ti?... Señor, dijo, aleja tus ojos de mí. 217


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Cortando estrellas vol. I

Me asombra, me aterra tu imagen tan pura; la gracia que encierra la inmensa hermosura que has puesto en la tierra; así fue que el cielo yo quise dejar… –¿Y cuál es tu anhelo? –Señor, ya en el suelo tu pie iluminar. –Pues bien, por mi gloria nación hoy tu eres y ya que lo quieres registre tu historia insignes noblezas, perennes grandezas que lleven al mundo en pos de tu hazaña; inspire un profundo respeto tu nombre y el orbe se asombre al grito, de ¡España!

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María Alexandrina Muñiz de Ruiz

Cortando estrellas vol. I

Si todo fuese dulzura… Si todo fuese dulzura y suavidades de rosas, si no tuviesen las rosas más que fulgor y hermosura; si en vez, de ser noche oscura la senda do el alma huella, fuese aurora que destella en perenne resplandor, ¿sería causa de amor la salida de una estrella?... Si en la mar no hubiese oleaje, ¿qué le diera movimiento?, sin la nube, al firmamento, ¿quién le hiciera su celaje?; si fuese todo el paisaje collado, valle y pradera y en el mundo no existiera ni un desierto ni un erial, ¿fuese dicha sin igual ver llegar la primavera?... No, la rosa sin espina pierde gracia en su derroche, sin la sombra de la noche pierde el sol su luz prístina; y si el alma, peregrina que en pos vuela de un anhelo, no supiera del desvelo de una luna y un dolor, ni en la vida diera amor ni en la gloria hallara cielo. -------------------------------------219


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Cortando estrellas vol. I

¡Señor!, danos amargura, danos penas y quebranto, da a los ojos raudo llanto que nos nuble la hermosura; dale al alma senda oscura, cual de noche negra, umbría, y si das con mano pía pena, llanto, cruz, dolor, astro, valle, alba y flor serán causa de alegría.

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A María “Tu gloria Jerusalem, tu titia Israel, Tu honorificanti populi nostri.” (Judith, 15,10)

Señora, deja a mi lira pronunciar una alabanza a quien, fuente de esperanza, mi musa canta y admira; a Ti, por la cual aspira, del amor en los ardores, arrebatar a las flores y al rumor de la creación, un poco de inspiración para esbozar tus primores. A Ti, para quien la pura luz de la rosada aurora, no viene ni a ser, Señora, un rastro de tu hermosura, luz que la humana criatura a la que tu luz asombra, no pinta, bosqueja y nombra en su tan rudo cantar, que es indigno de llegar a quien el cielo da alfombra. Señora, de tu pureza llevo impreso el gran hechizo, que trasunta Dios te hizo de su infinita grandeza.

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Madre de Dios, qué belleza de este título divino, que te hace al que es peregrino en el valle de dolor, faro, estrella y resplandor que iluminan su camino. Luz que toda luz encierra, del Señor fuente sellada, rosicler de la alborada que anuncia el alba a la Tierra; paz en medio de la guerra, en la mar, segura nave, brisa leve, viento suave que nos lleva hacia el Edén, santo bien de todo bien emana, resurge y cabe. ¡Salve, oh, Tú, Virgen María!, de los ángeles encanto, de Israel tesoro santo, de tu pueblo la alegría. En tu gloria, Madre mía, no hay ocaso ni alborada… criatura privilegiada, honra de Jerusalén, ¡salve, estrella del Edén, para siempre inmaculada!

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Stabat “O vos omnes, qui transites per viam, attendite, et vedite, si est dolor sicut dolor meus.” (Yhren, I,12)

Estaba la Virgen santa a los pies del cruel madero abrigando ya en sus brazos el cuerpo del Hijo muerto. Estaba la madre augusta con dolor, el más acerbo, mirando lleno de sangre, de llagas todo cubierto, al fruto de su pureza, a Jesús el Nazareno, que tuvo por gran delito ser Hijo del Padre Eterno, la esperanza de los pobres, la salud de los enfermos y pasar por este mundo gracia y bienes repartiendo. ¡Estaba la gran Señora con tan tristes pensamientos!.... Por su mente desfilaron de su vida los sucesos… el anuncio del arcángel, su feliz consentimiento, la llegada tan dichosa de aquel lirio tempranero, el venir de los pastores a adorarles de tan lejos, 223


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los instantes que sus brazos blandamente lo mecieron: santa cuna do aquel niño tuvo risas, tuvo sueños… La casita diminuta donde en paz juntos vivieron en la aldea de Nazaret, que del Niño vio los juegos; esos juegos silenciosos y tan llenos de misterio que a la Virgen hondamente le llegaban dentro el pecho: el coger de las espinas de las rosas de aquel huerto, el buscar tan insistente de los trozos de madero que a su modo colocados una cruz tornaba de ellos; el besar de aquellos trozos y estrecharlos con tal fuego el mirarlos con tristeza y el buscarlos con anhelo… ¡Sí, la Madre comprendía el por qué de aquellos juegos!... ¡Qué recuerdos dolorosos!, ¡qué tristísimos recuerdos!... Y pensar que ya no vuelvan esos días tan risueños, ni los juegos de aquel niño con los trozos de madero,

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ni el coger de las espinas de las rosas de aquel huerto, ni el venir de los pastores, ni el surgir de los ensueños que en sus brazos amorosos de mujer, se concibieron; ni la casa diminuta, ni el nacer del niño tierno, ni el anuncio del arcángel ni su “Fiat”, todo lleno del amor que se doblega del Altísimo al decreto, que aquel fruto de pureza y de humilde acatamiento, en sus brazos descansaba no dormido, ¡sino muerto!…

¿Qué dolor hay como el suyo?, los que vais por el sendero, atended, mirad, decidme, ¿hay más hondo sufrimiento?; ¿quién osado hay que se atreva a medir con torpe acierto los dolores de esa Madre por un Hijo tan perfecto?; ¿dónde angustia hay que se iguale a la angustia de su pecho?...

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¡Madre mía, Madre mía!, tu dolor es un océano de infinitas amarguras que no abarca el universo. ¡Madre mía!, de tus penas Tú bien sabes que no acierto a atinar de sus honduras con la clave, porque pienso que yo he sido de ellas causa, que yo he urdido tu tormento con mis culpas implacables que, si bien ahora detesto, son inmensas… ¡como el crimen de aquel Gólgota sangriento!...

Estaba la Virgen santa a los pies del cruel madero abrigando en su regazo el del Hijo herido cuerpo. Tenía la Madre augusta de llanto los ojos llenos, que aquel ser, de sus amores causa, fin y único objeto, descansaba en su regazo no dormido, ¡sino muerto! Escrita en Viernes Santo

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Sor Cecilia He mirado a Sor Cecilia tras las rejas del convento; he escuchado de sus pasos menudísimos el eco, que al rozar con las baldosas de los claustros en silencio, me recuerdan de las aves el suavísimo aleteo. He mirado a Sor Cecilia, la he mirado con respeto; porque ya de boca en boca va su fama por el pueblo: es „„la madre de los pobres‟‟, es „„el ángel del convento‟‟, „„la piadosa‟‟, “la sencilla‟‟, la que lleva dentro el pecho una hoguera de amor santo que la incendia con su fuego. En sus manos delicadas, que de nieve son un beso, hay caricias y socorros impregnados de consuelo; hay piedad para los tristes, caridad para los huérfanos y ternuras inefables para débiles y enfermos; a sus labios la sonrisa da perenne encantamiento y en la paz de su mirada hay, en alas de un misterio, 227


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algo más que la belleza de sus ojos, que, serenos, son azules, muy azules de mirar tan fijo al cielo ¡He mirado a Sor Cecilia!... Qué clarísimo el recuerdo de su célica figura con el hábito severo, que a pesar de ser tan burdo el sayal de sus anhelos, ocultarle no ha podido sus pausados movimientos, la finura marcadísima que en sus obras pone un sello delicado y transparente como aljófar mañanero. ¡Qué mirada su mirada si de su alma es un reflejo!... Me parece que remedan sus pupilas color cielo, esa paz dulce y solemne que atesora el firmamento; la amplitud del horizonte que se pierde en los destellos siderales, en las horas de un crepúsculo risueño; lo apacible de los lagos en sus días más serenos, la dulzura de las mieles en la cárcel de unos pétalos…

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¿Qué es poesía, Sor Cecilia?, a afirmarlo así me atrevo, y poesía que no agota sus caudales con el tiempo, que residen sus encantos, no en lo humano y pasajero que por frágil se evapora con el soplo de los céfiros, sino en algo más estable: en su espíritu tan recto: rico vaso de virtudes y mansión do el Dios eterno tiene puestas las delicias de sus goces más amenos. Es así que yo me he dicho al mirarla con respeto tras las rejas solitarias de su claustro en el silencio: Es hermosa Sor Cecilia y sus gracias son sin cuento; mas, ¿sería así en el mundo?, sin el hábito severo, ¿obtendrían más finura sus pausados movimientos?, ¿es su encanto aquel encanto que se adapta a los efectos de las múltiples ficciones de lo falso e insincero?...

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No, no lo es, que su atractivo no es de su alma vano empeño: su belleza es la belleza del Esposo Sempiterno y de Él todas sus gracias y virtudes son reflejo. --------------------------------------------Que no deje Sor Cecilia esa cárcel que es su cielo; que no anhelo otro atavío que el de su hábito severo; que sea madre de los pobres y esperanza de los huérfanos, que sus ojos de turquesa miren siempre al firmamento, que caudal sea de poesía que no agote nunca el tiempo y que viva así dichosa con sus goces tan austeros mientras piensa es ignorada tras la paz de su convento.

Para la hermana Dolores Suriñac de C. H. de Sn. José, santa religiosa que cuidó a mi marido, en su larga enfermedad. En agradecimiento por su amor y ejemplo.

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Balada Costumbres seculares, el alma de mi raza, costumbres que venero con todo el corazón; ¿Por qué no os llevan todos igual que yo grabadas?, ¿por qué si sois gloriosas no os dan culto y honor?... Murieron con vosotras las próceres hazañas, los timbres de nobleza del recto proceder; murieron del lenguaje las frases más sagradas que en guerras y combates lucharon por el bien. Palabras que en los reyes hablaban de cruzadas; que hablaban en los ricos anhelos de ayudar; que en labios de los pobres dijeron siempre “gracias” y en pobres y señores dijeron “fe” y “lealtad”.

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Costumbres seculares de la mujer cristiana, del hombre siempre hidalgo, del más sano vivir; gloriosas tradiciones grandeza de una raza hispánica y creyente, patriótica y viril.

No cantan ya los vates las ínclitas hazañas ni esculpen sus estrofas en campos del honor; ni entonan las endechas que, en mármol cinceladas, añoran las proezas que afaman la nación.

No pulsan los poetas la lira bien templada para cantar los goces austeros de la cruz; ni dicen arrobados “el ama era una santa”, ni del hogar bendito ensalzan la virtud…

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Costumbres seculares, emblema de mi raza, quisiera reviviros en vuestra tradición; quisiera que volvieseis a ser para mi patria la base de su gloria la cumbre de su honor.

*José María Gabriel y Galán

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A la “Santina”

Por la gloria que obtuvo el gran Pelayo por vuestra intercesión santa y divina; por la fe, cuya luz todo ilumina y en los hijos de España es fuerte rayo.

Por el triunfo que al moro dio desmayo al pie de vuestra mística colina, por el título dulce de “Santina” que os da el astur, de vuestro amor vasallo, dignaos morada hacer, Reina asturiana, en la América joven y ferviente que eleva, para haceros soberana, un trono a vuestra imagen bella y pía; es hija de la noble patria mía y alienta hispana fe su hispana gente.

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A la Sma. Virgen de Covadonga Tríptico I Invitación A Vos, que gloria sois del suelo hispano Y místico blasón de su hidalguía; A Vos, encanto de la patria mía, que pone su destino en vuestra mano, os invita este pueblo mexicano a vivir en su noble compañía y para ello os eleva, Virgen pía, un santuario que imite al asturiano. aceptad esta ofrenda y os miremos nueva Reina de augusta Nueva España que hereda de la madre sus florones; aceptadla, Señora, y contemplemos con luz que toda gloria siempre entraña fundirse en vuestro amor a dos naciones. II La aceptación La Reina de las asperas montañas que triunfo en Covadonga contra el moro, la Virgen española, que es tesoro del pueblo que la invoca en sus campañas. La augusta Capitana que en hazañas aumentó de la patria el gran decoro aceptó de esta tierra rica en oro, el ruego de morar en sus entrañas.

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Ella, Reina y Señora de proezas, promete en pago a ofrenda tan preciada reinar como en aquellas asperezas de Asturias en su cueva prodigiosa y hacer de augusta tierra su hija amada, como lo es de la España generosa. III Donación La España de las ínclitas acciones la que dióle a la historia un nuevo mundo la España del valor pronto y rotundo que asombro diera a pueblo y naciones, la noble, la sin mancha en sus blasones la madre, la de amor puro y fecundo, la sabia, de saber cierto y profundo, la rica en epopeyas y florones, le ha dado amante al pueblo mexicano en su afán de ser Madre generosa, a su Virgen bendita y hechicera; le dio su fe y su amor, le dio su mano, le dio su corazón y hoy amorosa le da de su esplendor la clave entera.

Con motivo del santuario que, Réplica del asturiano, se edificara D.M. a la Sma. Virgen de Covadonga “La Santina”, en esta ciudad de México

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Cortando estrellas vol. I

A la Sma. Virgen de Covadonga Ante Vos, que sois toda la ventura del Auseva que abriga nuestro nido, ante Vos, do cayó muerto y vencido del moro, el pundonor y la bravura.

Ante Vos, que los siglos en la altura de aquel trono de luz os han tenido, un pueblo a vuestro amor ahora rendido os brinda pleitesía de ternura.

Es un hijo de aquella noble España que guarda vuestra imagen en la entraña de una Asturias, viril en la proeza; y el hijo de la Madre tan querida, venid, Señora, os dice; aquí se anida de hispana tradición con la grandeza!

Para el santuario de Covadonga en México

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Cortando Estrellas Volumen Uno