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Mi experencía en Puerto Yerua

En primera persona Victoria, comparte sus sensasiones como voluntaría

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Por Victoria Siano (21)

artimos el 11 de junio a las 4 de la mañana, en pleno invierno porteño. Nos encontramos y las sonrisas se mezclaban con los bostezos, el frío, la descarga de cajas, el acomodar todo en el micro, los llamados a los que faltaban y las despedidas. Así empezaba un nuevo viaje a Puerto Yerúa, donde más de 40 jóvenes nos adentrábamos en esta labor solidaria que tanto disfrutamos. Este, el doceavo viaje de DAR es DAR fue, para mí, mi segundo viaje dentro de la organización. Sin embargo, era el primero de invierno, el primero que realizaba siendo una de las más grandes de la tripulación y el primero habiéndome ción del viaje y las actividades que lo compondrían. El viaje no empezó ese lunes cuando nos subimos al micro, sino que mucho antes. Tampoco empezó y comenzamos a inscribirnos y esperarlo.

La aventura no tiene principio porque nuestra acción tiene lugar todas las semanas cuando nos reunimos, cuando juntamos cosas, cuando preparamos campañas, cuando le comentamos a alguien que estamos en un proyecto solidario, cuando en la cena en nuestras casas las familias nos preguntan acerca de las novedades de DAR es DAR. Pueden entenderse así, todas las expectativas y nervios que representaba este viaje a la Escuelita n° 56. Rencontrarse con las caras de los chicos, entregarles todas las donaciones y regalos que les llevábamos, conocernos más entre nosotros “los padrinos” como los chicos nos llaman y, ¿por qué no? Divertirnos. En el micro ya se empezaba a palpitar esta mezcla de emociones. Cuando nuestro vehículo por de tierra donde sabíamos estaba nuestro destino, el ambiente se colmó de canciones y cantos. Por más de haberlo vivido con anterioridad, la adrenalina e incertidumbre que se siente previo a llegar no queda de lado. Así, llega uno de los dos momentos más fuertes del viaje: la bienvenida de los chicos. Todo es abrazos y sonrisas, reencuentros y besos. Ellos nos esperan tanto como nosotros a ellos. Los días que continúan, son maravillosos. Una seguidilla de actividades con los alumnos de la escuela donde aprenden y se divierten ellos (y nosotros también). Fue en este viaje donde tuve la oportunidad de conducir varias de las actividades que con tanto

El observar los ojos y oídos atentos de todos los niños expectantes, es algo que sólo se compara con estar uno de ese lado cuando los graduados de DAR es DAR nos realizan actividades internas a nosotros una vez que termina la jornada escolar y los chicos vuelven a sus casas en el micro de Fabre. Lo que uno aprende en un viaje de DAR es DAR es incontable. Los voluntarios siempre decimos que es más lo que los chicos de la escuela nos dan a nosotros que lo que nosotros les damos a ellos. Ese cariño y ese calor que recibimos – aunque las temperaturas del invierno entrerriano no lo parezcan– son más fuertes que cualquier otro. Porque es de verdad, real y sentido. tres días plenos, llega el segundo de los momentos fuertes: la despedida. Una seguidilla de abrazos interminables continuados de la pregunta “¿van a volver?” se intercala con los “gracias” de ambas partes. Los gritos de alegría te hacen dar cuenta que estas formando parte de algo verdaderamente especial. Es una experiencia que sirve para cumplir los objetivos de DAR es DAR pero también personales. La vivencia es tan renovadora para el alma que uno no se imagina dejar de hacerlo jamás. Y como se suele decir, no hay mejor forma de un próximo… Así que ¡aquí vamos de vuelta!

sensación es indescriptible.

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