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- Antología del Premio Nacioanl de Poesía Tomás Vargas Osorio 2016 - 2018


La publicación de esta antología fue posible gracias al apoyo del Programa Departamental de Concertación de la Gobernación de Santander.


Título: Formas de Lucidez - Antología del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio Primera edición: 2019

© Corporación para el Fomento Regional Solaris Ediciones, 2019 © Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio Impresión: La Bastilla Soluciones S.A.S. Coordinación Editorial: Fidel Andrés Jiménez Martínez Diseño y diagramación: Juan David Hernández Ilustración de portada: César Chaparro

Corporación para el Fomento Regional Solaris Nit: 901.067.620-3 Email: fomentoregionalsolaris@gmail.com www.corporacionsolaris.org Bucaramanga – Colombia

ISBN 978-958-52257-2-5 Todos los derechos reservados. Hecho el depóstivo legal.

Impreso en Colombia - Printed in Colombia


LAVAR LA CULPA ANIMAL DE AYER LLEVAR EL AIRE Obras ganadoras del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio 2016 ~ 2018


ÍNDICE


1 /3

LAVAR LA CULPA

12 - 35

› John F. Galindo ‹

2/3

ANIMAL DE AYER

36 - 107

› Felipe García Quintero ‹

3/3

LLEVAR EL AIRE › Jenny Bernal ‹

108 - 167


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1 /3

LAVAR LA CULPA › John F. Galindo ‹

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“Este libro es para mi mamá”.

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De la ropa sucia, que se lava en casa, no se puede hacer una bandera blanca. Izo este par de calzoncillos, flamear mi par de calcetines pienso lavan la ropa sucia los sin casa. tener una casa y que no hago, por eso, la guerra conmigo mismo ni con nadie mismo en estos casos) hago de ella y me traiciono

hago Y dónde Yo, que creo ni estoy en paz (quién demonios es el sí en lugar de lavar la ropa sucia una bandera de rendición.

(De El Paseo Ahumada) Enrique Lihn

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1. No vine para lavar en seco mis heridas. En mi resurrección dejé de lado todo porque ya no había espacio para los lamentos, y los niños que espantados corrían por las calles superaban dos a uno mis tragedias. Hablo de un país y de la carne, de la ropa que se lava en los ríos que son como las tumbas, un país del que me fui y al que regreso, justo ahora cuando se empieza a abrir el cielo y la lluvia es otra patria, otra escena. He vuelto a vivir y no hay nadie para hablar, soy yo misma olvidándome de mí, soy yo misma imaginando mi reflejo, soy yo misma y mis senos viejos amamantan la nostalgia, salvo el dolor, salvo la sangre, salvo mi útero estropeado, mis ropas son un mapa hacia la muerte,

un libro abierto,

una fotografía del olvido.

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2. Los amantes sueñan con el vivo perfume del trópico. Un rio lento, Magdalena silenciosa, lava mi voz y la luz se cuela por entre las tejas de zinc como una música, sí, como la lengua de esta gente que cortó nuestras cabezas, de esta gente que mutiló nuestra esperanza. Emerge entonces la palabra de estos suelos cundidos por la sarna. Ahora solo quiero mirar lejos, lavar la culpa, el sosiego de una madre muerta que cuida su rebaño. Se empoza la piedad, le salen alas a la rabia, alas grandes y extraviadas, hechas del llanto del charco y el caimán, del cuerpo muerto que fue un barco, una tormenta, el musgo y la quimera, la tristeza de los cerros quemándose, mucha lluvia éramos y éramos tan solo otra música lejana.

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3. Aprovecharemos para admirar los jardines adornados con las flores que le arrancaron a la muerte. No lavaremos en seco la luz que se resume en las formas del hastĂ­o, no lavaremos en seco la sangre que no puede coagular su camino y que ahora es como el agua del mar que tambiĂŠn es un recuerdo.

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4. En esa sombra se secan los amores perdidos Tienen una vida secreta cuyo doble es nuestra muerte

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5. Debajo del agua con la que se lavan nuestras ropas sucias, un parto de fuego destroza la matriz necesaria para este incendio, como si fuesen hijos nuestros hijos, y el dolor no fuera memoria.

AsĂ­ escapamos por entre manantiales sagrados, lavando la luz necesaria, la hermosa luz que iluminaba nuestro barranco, la caĂ­da.

Nuestro descenso.

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1. Hay que lavar la culpa en agua fría. Desmembrar el corazón en cuatro partes. Hundir las manos en las cicatrices que nuestros nombres han dejado en estas calles. Han jugado con nuestras cabezas, amamantado el dolor con nuestra sangre. Han desplazado el horror a nuestro nombre, ensuciado nuestras ropas con silencio. Pero ha sido la luz, solo la luz, la que nos dejó saber que es mejor lavar a mano la tinta que mancha nuestros dedos. Como las sombras que escriben las primeras páginas del día.

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2. Se desplomaron los muros de nuestras casas, mientras millones de pĂĄjaros huĂ­an sin sus alas.

Desde entonces soy el prĂłjimo, mi propio traje.

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3. La obsesiรณn de esculpir viejas nostalgias. De ensuciar de golpe este recuerdo.

Mรกs

tarde, bajo el color profundo de la sangre, ensuciarรกs las letras de tu nombre. Como si del pasado te llegaran algunas muestras de la muerte. Vivir lo mismo da. Como si no tuvieras miedo de secar tus ropas en la sombra. Como aquel harapo que se regodea con la textura de la seda.

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4. Tengo conmigo una palabra que representa una catástrofe. Está escrita en mi mano y cuenta una historia. Podría ser un nombre, una receta, las instrucciones para lavar mi alma. Está tachada. Un jeroglífico. Una lanza. Una frontera.

Una mañana en el terreno de lo invisible.

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5. Imagina que quieres hundir tus ropas en agua fría.

Escribir la historia de un vestido teñido con tu miedo. Mejor sería que supieras bien si el tejido del amor está presente o permite mantener unidos los jirones de la carne.

A veces la palabra lava aquello que jamás se ha dicho.

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1. Por favor no planchar que aquí todos somos fantasmas. Y las arrugas de la piel sus símbolos secretos, todo es una falla de la máquina del tiempo. Un disparo de fúsil sobre las sábanas manchadas.

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2. Un hombre sueĂąa bajo un ĂĄrbol, cifra un pensamiento en el pasado. Plancha su camisa con la mano. Fuerza la imagen de su infancia como si fuera una tortura, esgrime una oraciĂłn que le lleve a otro terreno. Recuerda el aspecto de sus dientes, el espejo se deforma, alguien debe dar el primer paso.

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3. Deseaba tanto este viaje, recorrer los mapas con flores en los ojos, buscar el origen de la risa, el apellido de la madre, la estupidez necesaria para regresar los pasos. Planchar la ropa negra, intentar una oraciĂłn, caminar al borde del camino

no te mueras todavĂ­a

no te mueras

todavĂ­a

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4. Pero la muerte es una imagen predecible. Entonces viene y llena de sudor todo lo que toca. Nos asusta. Viene la muerte a llenar de alcoholes las caricias, el amor, el barrio entero, como si estuviĂŠsemos borrachos, como si fuesen sucios nuestros besos.

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5. Ver pasar sin pestañear el tiempo, ponernos frente a frente, golpear a una mujer, golpear a un hombre, entristecer con valentía, penetrar la historia viscosa de un país, de nuestros nombres. Planchar bien la tristeza y vestir a toda prisa, cómo si supiéramos qué putas es la vida

cómo si aquí tuviera valor la vida

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1. Me dicen que así no es. Como si supiera lo que estoy haciendo. Camino en círculos como una hiena herida. Soy una mujer enferma que blanquea su culpa en estas aguas. Una sombra, un alma oscura que no canta esa vieja canción que nadie entiende. He vuelto a las tardes sobre la terraza, a rehabitar esta ciudad sin voz alguna, a perpetuar el recuerdo de la muerte que se cierne sobre el hilo de la tarde. Mi tarde ya no es igual a cualquier otra, es una luz, una ventana, una herida que supura la nostalgia.

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2. Aquí y ahora lavo mi culpa dices, pero eres un cobarde como todos los días que fracasas, entonces hablas de más y tu lengua es un volcán, como tener estampada una puntilla oxidada en un ojo que te mira. No quieres pertenecer a los recuerdos que encuentras porque eres la muerte y tienes miedo: puta cobarde que se mira en el ojo de una mariposa que muere sobre tu vientre, desdoblada como una carta perdida.

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3. Los niños de dientes feos que juegan perdidos en la calle me gritan cosas sucias: maldita porquería, muérete de una vez y para siempre, puta zorra. Y yo que voy sonriendo junto al cadáver que es mi espejo, blanqueo la mirada, agacho la cabeza y escucho la música lejana.

La ciudad es una orquesta:

no me gustan los carteles de perfumes si todo sigue oliendo a ti.

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4. Un niño sordo, con pestañas como tumbas, se acerca y con sus manos me pregunta: ¿Qué quieres de nosotros?, ¿Por qué no mueres? — olisquea furioso mi vientre oscuro. Finjo no entender su ritmo, su presencia y sigo mi camino.

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5. Cuelgo mis vestidos, extiendo la culpa y mi noche es un sĂ­mbolo del miedo. Lavo mis ropas y mi patria no aparece, lavo mis palabras y el lenguaje se encoge como un agujero negro de juguete. Cruzo el rĂ­o a pie sobre los muertos, empiezo otro paĂ­s con la mirada.

Lo apago todo

en la pantalla frĂ­a y gris del televisor queda solo la pena.

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L

2/ 3

ANIMAL DE AYER › Felipe García Quintero ‹

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Este libro obtuvo el II Concurso Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio 2017 en Colombia. Jurados: Betssimar Sepúlveda (Venezuela), Pedro Arturo Estrada (Colombia) Hernán Vargas Carreño (Colombia)

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I.

De noche

44 - 48

Cavado

49 - 53

Un decir

54 - 58

Arador

59 - 63

II.

Hebras Del huerto

66 - 70 71 - 75

Orillas

76 - 80

Lo constelado

81 - 85

III.

Nudo abierto

88 - 92

Hilero

93 - 97

Cazador Hambre, hombre

98 - 102 103 - 107

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Wahr spricht, wer Schatten spricht. (Verdad habla el que sombras habla.)

DE UMBRAL EN UMBRAL Paul Celan

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I.

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DE NOCHE (1) Corres, viento blanco, escapado del hueso huido.

En todo late la huella sin piel del aire.

Tu luz das al cuerpo desnudo.

Y donde abreva el costado a oscuras de los dĂ­as, tu mirada sin pausa surca la tierra.

Siempre la ceniza serĂĄ nuestra:

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DE NOCHE (2) Cuenta estrellas el latido, reĂşne pasos del eco.

La dicha indeleble despierta de la lluvia cautiva.

Cada sombra interroga el horizonte.

La esperanza entrega al viento sus espinas:

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DE NOCHE (3) Un camino de huesos destella entre el polvo de un raĂ­do lucero.

Quien cava a fondo su propia sombra, en sus palmas la noche reposa:

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DE NOCHE (4) Los pasos por la sombra cercan el corazĂłn del secreto.

Sin oraciones el clavo palpita sostenido al madero.

Cuando el amor invoca los sueĂąos, de un cuerpo desnudo germina el misterio.

Con sus latidos la oscuridad colma los cielos:

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DE NOCHE (5) También la lluvia entrega sus latidos, más cuando el eco castañea al fondo del camino.

La lengua florece en la duda como hálito del viento.

Donde el horizonte susurra pasos nuevos, antiguas voces trae la brisa.

El río escora sus aguas con el chocar de cada hueso.

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CAVADO (1) Al pĂĄrpado abierto, aĂşn sobre la palma tendida, lo observa la sombra del latido.

Cavado el viento. Y tan cerca la mirada blanca de las pupilas.

Escucha todo silencio que habita adentro.

Desde esa distancia habla el cielo:

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CAVADO (2) Cesa la prisa que nace al pie de los รกrboles, y el aire manso penetra la luz palpitante.

Incluso cuando las visiones colman la tierra, o el rumor del agua desata las piedras.

Callado el mundo, sus destellos tras la niebla.

Mientras el viento desnuda la ceniza, y es mirada la sombra a lo lejos, el pรกjaro vence la distancia del cielo.

Ver en los ojos cerrados cรณmo el instante abre sus alas:

48


CAVADO (3) El bosque te presagia, la solitaria hierba anuncia lo cavado con sus brotes y nudos; el rĂ­o llega a ti aun sin sus aguas.

Si bien el cielo poco cambia, mientras la noche consume el fuego, al aire a oscuras da sus pasos el eco.

Desde entonces palpita lo callado del corazĂłn sediento:

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CAVADO (4) Cómo fulgura la mancha que hondea en la distancia.

Habrá vuelo mientras los pasos precedan el eco. Por ahora el latido corona las cimas del cuerpo e incinera lo yermo del firmamento.

Si bien el hueso fuera semilla primero, el ojo colmado interroga el fuego ante las últimas cenizas.

Ya no pregunta la sombra cuál voz enciende la llama del viento, ni qué sol le calcina:

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CAVADO (5) Al fondo del aliento reposa, intacto bajo los párpados, el perdido bosque blanco.

O por el río que lleva a cuestas tantas miradas, a solas continúa la sombra de todos los veranos, donde la infancia ardiera como flor de una verde rama.

El horizonte junta, más que voces o sólo piedras, el viento a la nube, los labios al gusano.

51


UN DECIR (1) Con decir el aire los pasos pulsan la brisa.

El viento devoto calza el latido en los huesos satisfechos.

Y el mundo, callado entre tantas cosas, sigue a solas su camino:

52


UN DECIR (2) Parpadea el fulgor de las manos vacĂ­as.

A cada paso la voz acorta la distancia de las cosas.

Incluso bajo el agua, la piedra es mirada que da sombra.

En torno suyo, la tierra erguida socava sus abismos.

Tras la carne, lo visto es la noche del hueso fugitivo:

53


UN DECIR (3) Solo con sus pasos la voz colma el horizonte.

Llena de miradas la soledad del aire.

Como agua sobre el rĂ­o naufraga lo visto.

A cada borde la hollada luz del mundo:

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UN DECIR (4) Todo rumor llega de lo visto sobre la hierba.

Como al fondo del aliento la noche reposa.

La luz reúne los restos del día en los párpados vacíos.

Ninguna semilla crece donde el aire se abisma:

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UN DECIR (5) Con el viento suele tropezar el camino de la tarde.

Y como un susurro late lo desierto del aire.

La distancia mira al sol cuando es voz el instante.

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ARADOR (1) El bosque abriga la sombra del viento, acumula cumbres de paciencia.

Ahora, sin tĂŠrmino, la magra cosecha da su cuerpo.

Sola, ante los ojos, la mirada es vaho de tanta certeza. Lo visto que diera su rostro al cielo, donde abreva la flor final del leĂąo.

Y como aquel clavo, cuando libera el grito deja sus huellas, entre el camino otea la mano abierta.

Oscuro el fulgor del hierro en las estrellas:

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ARADOR (2) Procura ver la mirada del horizonte.

Si de a poco su claridad inunda la voz y gana la cumbre de la montaĂąa insomne.

Fija el adiĂłs uncido al aliento, donde la piedra late, no deja lugar para otros pensamientos.

Los ojos regresan al eco interior del madero.

Cerca o lejos, la sed siempre mĂĄs adentro; su rumor de ahogado destierro es como agua a oscuras en un pozo seco:

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ARADOR (3) Como la sombra, la piedra confía despertar un día.

Levantarse del suelo y tomar la mano del alba, ya sin la mirada de los ángeles, ni rozar el ala empolvada de los matorrales.

Mas el viento parpadea, y el eco colma la voz solitaria del bosque.

Luego de la luz, nada será tierra en vano. Ni el polvo verdadero ni la ceniza cuando da su rostro al costado.

Por la senda que afirma sus pasos, el aire incierto toma el ímpetu del camino.

Se apresta el vuelo del día que parte.

Y bajo las piedras lo dicho es brote de un paisaje difunto.

Contiguo al horizonte la distancia cabalga, desde cuando el río navega sin tripulante:

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ARADOR (4) Ventura el día cuando la luz lo arrasa, y su caída eleva una montaña que baña con aromas la sombra errante de todas las cosas.

Basta un solo parpadeo, y el corazón delatado ya es nube que arde.

Y cuánto del cielo palpita en el vaho, si el mismo pulso del viento recorre otros instantes.

Más adentro vive cada piedra en un trozo de aire.

Como nace el silencio, así también nuestra voz prometida a nadie:

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ARADOR (5) El cielo, igual la piedra, a cada paso del agua se aleja, y es la sombra lo que adentro empieza.

Tanta lumbre diera el corazón un día al aire sediento que en todo palpita.

Como polvo suspendido lo acallado toca el sueño y se eleva entre la ceniza.

Cuánto amor pudiera ser lo bello, si es lo único humano cierto.

Para no apagar el fulgor del mundo, por imperfecto y certero, mejor consolar la sombra de los huesos que adorar otro pálido fuego.

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62


II.

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HEBRAS (1) Por el aire otea la sombra plena, sin nadie.

TodavĂ­a al fondo del desvelo los pasos que la luz siega, y recoge el instante.

De antiguas piedras lo roto del camino nuevo:

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HEBRAS (2) Viento oscuro y sin manchas.

Solitaria luz de la sombra herida.

ÂżTe esconde el relĂĄmpago?:

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HEBRAS (3) Junto al corazón palpita lo lejano.

El mundo dentro de un solo latido.

Por el aire que todo acalla.

¿Ningún otro testigo?:

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HEBRAS (4) La piadosa mancha sigue la huella blanca del camino.

En la voz ya es color de veta indeleble.

De lo mirado, polvo celeste, cuรกnto los ojos beben:

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HEBRAS (5) Aun cautivo, el aire vuela.

Y de cada piedra sus voces vierten la sangre.

La sangre, lĂ­quida tierra serena, nuestra herida espera.

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DEL HUERTO (1) Cae de las manos o brota de los labios cerrados.

Es tierra callada la sombra donde el silencio despierta.

Y cuĂĄnto del cielo en blanco estremece el taĂąido de un susurro solitario:

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DEL HUERTO (2) Por la luz que inventa los dĂ­as, llegada su hora, la noche calza en cada sombra.

Y como un mensajero el cuerpo, sin posta tan siquiera, lega su rostro a la aurora.

El latido solitario consiente fulgor del silencio.

Pero el corazĂłn del alba nunca calla, aun si lo inunda la gota colmada del rayo que pende de una rama:

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DEL HUERTO (3) Un baño de luz toma el cuerpo al despertar.

Y como un pájaro por el alba, el corazón no quisiera ser más el tañido de una canción solitaria.

Porque nada interrumpe la mirada suspendida de las horas, el viento reposa en su propia sombra.

De cada rama las manos toman el fruto peregrino que ha dado por la tierra el primer paso.

Allí donde la distancia germina, y el horizonte esparce sus nombres, el latido se recoge en lo dicho del camino:

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DEL HUERTO (4) Lo lejano del cielo, que rondan los pรกjaros, fija el instante visto del relรกmpago.

Muchas veces la flor, y su aroma cuรกntos desmayos guarda.

Porque no sรณlo la voz allana la distancia, ni el viento recorre solo tantas miradas.

Tras el cristal, donde el vaho es la nube mรกs cercana, la hierba blanca del cosmos encamina sus pasos y el polvo canta:

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DEL HUERTO (5) El viento pasa de tarde con el cielo acuestas.

Ya fuera mariposa la sombra de abrigar tinieblas.

Al cristal roto ahora llega intacto el vaho del sueĂąo.

De pie el horizonte guarda silencio.

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ORILLAS (1) Me acodo a la orilla fugaz de este camino hondo, entre el viento y la alta hierba que deja lo perdido, donde acude el eco cuando inunda el patio con la borla gastada de sus largos pasos, para auscultar un tanto el horizonte, y ver lo poco o mucho que el cielo lleva, por lo abierto y callado, del bosque solitario.

Como si de pronto algo adentro iluminase cada rincón de los huesos, y su luz prolongara la sombra del cuerpo, me pregunto, ¿para quién el destello febril de las manos vacías que pulsa el aire con el temblor del aliento?:

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ORILLAS (2) Miro atrรกs del viento, persigo sin cesar el aire quieto.

La soledad que brota de contemplar el agua, salva el paso del sendero y preludia silencios.

Ni el aire reposa en la mirada cuando la piedra sostiene el todo del cielo.

Y con alas blancas el polvo teje su sombra de tiempo:

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ORILLAS (3) El bosque abrigó la luz de las pisadas, como si lo visto no fuera más el follaje de una tarde desnuda.

Avanza el eco entre las hojas aún dormidas, sombras del aire vano, trepa a los tallos y reverdece, poco a poco, en la claridad de lo mirado.

Las nubes del día son las horas en blanco, cuando la frontera del viento es el ardor de los labios callados.

Porque la brisa aleja los quebrantos, en los párpados late el verano bajo la sombra tirada de un perro manso:

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ORILLAS (4) Río adentro crece la luna.

En cada piedra lo profundo que toca el viento, cuánto pudo escribir luego el agua en la espuma.

Verdea el fruto de la luz contra el leño, como quien da a la sombra su soplo eterno:

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ORILLAS (5) Cuánta agua deja el río sin beber.

¿Lo que late al fondo del silencio besará otros labios alguna vez?

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LO CONSTELADO (1) Como el viento visita las cosas perdidas, el corazĂłn encumbrado aĂşn late cesado el eco.

En las manos, lo que el aire tienta sin negar un solo beso.

Otros pasos, de pronto, colman la mirada.

Si la furia se entrega a las cenizas, nuevos silencios domina el fuego, y tras el alba el hondo caminar de la prisa:

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LO CONSTELADO (2) No se reduce a sombra el reflejo de lo mirado, ni el silencio es sólo una torre abolida.

Mas, ¿cómo viven para el aire las hojas del árbol talado, cuando al viento voraz lo anida un pájaro blanco?

El cuerpo tampoco guarda algo más que la soledad de sus noches, si luego la carne deja algún otro rostro en la memoria:

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LO CONSTELADO (3) De la sombra escapó la luz incierta del revés.

Entonces el día hizo fugitivo el horizonte, y de la noche albergue de todo lo que cabe en la mirada, alcanza las palabras y en ellas se esconde.

Es un latido de agua el río inmóvil que ahora huye.

También del eco se libera la prisa, y jamás la piedra eleva sus pasos en vano.

Para abrigar el aire el pájaro rompe en vuelo, cuando el aliento de la montaña lo hace mancha indeleble de tantos labios cerrados:

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LO CONSTELADO (4) Lo triste crece como la hierba.

Mas sus raíces, de antigua piedra, quedan en el cuerpo, hoy follaje de tantas hebras sueltas.

Y prospera su ruina en los campos. También sobrevive, animal de ayer, igual que el aire entre el polvo, tan callado.

Cuánto dice lo mirado, ya voz del torrente, al paisaje del sueño celeste:

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LO CONSTELADO (5) Crecer duele, lo sabe el árbol reclinado contra el cielo.

También la piedra que mira siempre adentro, enterrada al costado, como el hueso.

Porque no basta el aire para vencer la distancia del aliento, allí donde palpita el latido callado, sin eco.

Cuánto ardiera lo visto por el silencio, si ahora cesa el estruendo mudo de alzar la voz del suelo, y mirar la sombra de lo dicho a lo lejos.

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III.

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NUDO ABIERTO (1) La risa desborda el aire. Por ella el cuerpo es nudo abierto.

En la voz ya corre un jirĂłn desatado del universo.

Como savia crece el rumor donde flota la piel del rĂ­o sediento:

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NUDO ABIERTO (2) Un gesto donde el silencio combate; la lengua de nadie que libra su propia batalla contra el aire.

Por el cielo que ha hecho misterio lo intocado.

Ahora recuerdas por qué los niños atacan la fuente, y sólo a ti lastiman sus piedras:

87


NUDO ABIERTO (3) Las estrellas otean por el tejado roto.

Mengua la noche donde crece la hierba y es silencio.

Como piedra que hurga los ojos, el camino vacĂ­o de la mirada abierta.

Un paso mĂĄs y el latido cerca, cuando lo visto se aleja:

88


NUDO ABIERTO (4) Agua esculpida al fondo de los ojos.

Humo talado con las manos vacĂ­as. Viento macerado por la voz.

Suelo del germinar oscuro.

Todo lo que fuera carne de llanto, fruta de gemido:

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NUDO ABIERTO (5) ÂżCrece la veta de noche?, pregunta el minero.

Entonces miras el fulgor del oro empuĂąado.

Cuando sobre la palma sucia abre su ojo fugaz el dios del parpadeo.

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HILERO (1) Aquello que tanto dijo la lluvia de esta hora yerma, el charco de la calle lo recuerda.

Caminos donde la sombra descubre el cielo cavado.

Y aunque el río retenga el agua con su voz, ni siquiera un solo rostro intacto la corriente conserva.

Al aire canta un pájaro por la hondonada blanca, esa gota de luz callada riega la mañana.

Ahíto de sí el último paso; por toda huella su más breve mirada:

91


HILERO (2) Como el pájaro sobre la cerca, reposa el latido de cada mañana.

La luz tensa el pulso del aire, porque al alba todo horizonte es acaso otra sombra larga.

Para las manos será el brío lento del rocío, el cántaro hueco del agua cuando colma la mirada.

Tanto silencio apaga la voz de iluminar el hueso.

El ave solar no será otra mancha, como el leño segado del viento a la distancia:

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HILERO (3) El pájaro lleva más que alas al cielo. Su canto irrumpe donde el aire es otro viajero menos.

Impasible sombra al paso del trueno, la única semilla nuestra, cuando el hueso de las nubes siembra de luz cada sendero.

Como latido vaga el misterio, ya sin velos el surco invisible que toma el agua e inunda la piedra de secretos.

Enterrado pasajero, aún reinas libre entre lo pequeño:

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HILERO (4) Briznas de sol, trozado mundo de alegrĂ­a.

Como la esperanza libera el instante que la piedra perfila, al fondo del patio las palomas ya no siguen el sendero de hormigas.

Las nubes ya beben un puĂąo de agua. Y anticipan lo dicho por el camino.

El perfume del alba riega el maĂąana, cuando es cuerpo la tierra hollada de los huesos:

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HILERO (5) El viento siempre lo supo, mas no sabe dĂłnde reposa ahora que el sueĂąo palpa otros senderos, y tantas miradas a su amparo buscan sombra.

Por aquella voz que un dĂ­a nos trajo, tal vez quedan intactas las cosas dichas, si el aire pudiera ocultar lo nombrado bajo su rastro.

95


CAZADOR (1) El aire parte y lo caído se eleva.

Donde estuvo la herida, pisadas nocturnas procura la hierba, y florece el paso de los días.

Aunque la mirada rota vea de frente a un punto lejano, fija queda la distancia de cuanto mide el párpado:

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CAZADOR (2) Un murmullo rompe el dĂ­a.

El latido da puntual la hora.

Al paso de las cosas, otro ademĂĄn cruza la sombra:

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CAZADOR (3) La luz nombra los dĂ­as.

Y cuando el camino abre los labios con sus pasos, es ventura lo ignorado.

Adentro crece el horizonte habitado de la voz vacĂ­a:

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CAZADOR (4) Imposible tanta pureza del aire visto al nacer.

O improbable el también de ese mismo aire luego, más limpio aun, al morir.

La luz en pleno, cuánto del aire colma la mirada.

Ninguna otra sombra lo anticipa después.

Vaciado el grito, como un puente roto, entre las orillas, tendido para solo caer:

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CAZADOR (5) Lo visto de la distancia desnuda la broza de un invisible follaje.

Y lento el dĂ­a extiende sus voces hasta colmar cada punto del horizonte.

Donde todo destello precisa de la sombra, entrega sus pasos el aire.

Cuando lo mirado deja sus huellas en cada palma, un tanto mĂĄs de hierba el cielo alcanza.

100


HAMBRE, HOMBRE (1) La punta del dedo hurga el pabellón del oído.

Si el cristal de la uña atrapa ese trozo de piel marchita, un vestigio de tierra oscura fuera lo dicho, porque adentro suyo reposa un estruendo mudo de piedras rotas.

Miro la breve costra expuesta contra el aire yermo, donde el polvo levanta la tela seca de su opaco imperio. Mas el lienzo de carne traslúcida deja un delgado son de roturas.

Igual adviene la luz, ya sin hueso ni nervio, cuando el día desgarra las sombras que el hambre desnuda:

101


HAMBRE, HOMBRE (2) El televisor encendido ilumina la sala vacĂ­a.

La luz muda ocupa por instantes todo lo cerrado del cuarto sombrĂ­o.

Aunque ninguna palabra sea su propia clausura, ya nadie recorre las imĂĄgenes del eco.

Mas de este lado del mundo acaso se pudiera ver o escuchar algo de nuevo.

En cada cosa late la hora de quien alimenta el hambre de la vida:

102


HAMBRE, HOMBRE (3) El hambre todo lo ocupa; es aire y vacía cada cosa, hasta el silencio colma.

Por el cielo que arriba al nombre de los días, si ver y oír cuanto hace, es luz de andar entre sombras.

Cada quien sigue el camino que esa voz traza en la memoria.

Y el secreto atiende las razones de quien escucha el sigilo de su tañido:

103


HAMBRE, HOMBRE (4) De las manos o los labios aún cerrados, abre su apetito el mundo.

Para el hambre está la noche del cielo abierto.

La sed de las nubes son el pan, la carne, los sueños:

104


HAMBRE, HOMBRE (5) El hambre y su bostezo, como el todo de la noche, descu-bre el aire entero.

También el hambre es camino: da por donde andar, cuánto decir, o qué callar.

Hasta al polvo arrastra. A cada paso inclina el agua en las manos, y abre el horizonte en los ojos donde se agita la intem-perie de los párpados.

105


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LLEVAR EL AIRE › Jenny Bernal ‹

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Este libro obtuvo el primer puesto del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio 2018 Este proyecto fue realizado gracias al apoyo del Ministerio de Cultura - Programa Nacional de Concertación Cultural

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Necesitamos la orilla del aire, ya demasiado hemos vivido plegado a la piedra. Nelson Romero GuzmĂĄn

Una casa viene al mundo,no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezana a habitarla. CĂŠsar Vallejo

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AMAMOS TANTAS VECES POR ÚLTIMA VEZ que es inútil reescribir en los diarios de la nada. El aire va y viene a su antojo entra y sale del mundo cuando quiere, nos deja las manos untadas de tizne o de algún néctar, nadie sabe. A veces somos los últimos en descifrar la letra de esa canción que grita en cada esquina.

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LA CASA Bienvenido a esta casa su casa, aquí se respira el frío hiel de ese aliento ausente. Bienvenido a esta casa de enojos y lágrimas, bien pueda siéntese donde sus pasos se agoten donde su piel se seque, la casa ha cambiado un poco —usted perdone— pero he evitado pintarla para que las grietas del tiempo le regalen un poco de ese matiz familiar. Es la misma casa, no se asuste esa misma que construimos hace tiempo esperando estar lo suficientemente solos para habitar en ella.

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SOBRE LOS OFICIOS Incluso para ser mendigo hay que conocer bien el oficio saber cuál es la esencia de su infortunio, buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío, reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos, ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para amar hay que conocer bien el oficio saber cuál es la esencia de su infortunio, buscar de los callejones el mejor espacio para resguardarse del frío, reconocerse un ser vulnerable; vestir su fragilidad de trapos viejos, ver en la mirada del otro un espejo de sus miserias.

Incluso para olvidar, perdonar… hay que conocer el oficio.

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EL RUIDO Hemos hablado suficiente del silencio,

ahora entre las ruinas hablaremos del ruido.

El fuego de vocales extintas será extraño ante la incandescencia asechando los oídos.

Salgan a lucirse conjuradores de la estridencia. Vengan a brincar entre escombros con sus palabras torpes. Ruido es el pasado, ruidoso el eco febril del amor, el recuerdo.

Ruido el pacto, la historia la apuesta los amigos, las personas simple, banal, inútil ruido…

No indaguemos la mentira de su habla es el ruido sólo eso, se agota súbitamente y vuelve el viejo tema a rescatarnos.

Por fortuna aún estamos hechos de silencio.

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CADA MUJER ES PUERTA a un abismo secreto, a un océano tímido. Su corazón es inicio y desembocadura y su llanto es el único grito perenne; universo apenas visible a los ojos que habitan la niebla.

Cada mujer es un cuerpo que navega en el aire desnudo, evoca la belleza y abraza la luz.

Cada mujer tiene un silencio en los ojos y un miedo de soledad en las entrañas, por eso sus piernas danzan, por eso sus brazos se tienden sobre la hierba.

Cada mujer lleva en el agua las memorias de su propio final.

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EXISTE UNA GEOGRAFÍA A LA QUE NO LE SON EXTRAÑOS los accidentes de la tierra, un territorio que no encuentra límite en la piel vuelve sobre la desnudez, reescribe es puente atraviesa países y llega pronto con su cartografía de sueño a las noches más frías.

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PANORÁMICA Cuando se estropean las flores, y los pétalos caen sobre rocas y se extravían en laberintos, empezamos a entablar un diálogo verdadero con lo que amamos. Sólo entonces cuando la muerte husmea y las certezas se escurren de la mano, conjuramos un aliento distinto, nos sentamos a la orilla del viento frente a una foto fija: el mar y su coreografía de revelaciones con la boca repleta de espuma.

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EL PINTOR DEL SILENCIO

Lo más importante de un cuadro, no se puede definir, no se puede explicar

Todos callan,

Pierre-Auguste Renoir

el encanto está en la complicidad del gesto. La luz blanca descubre, es párpado abierto entre las sombras de la ciudad. Una mujer abre sus ojos, por la ventana entra la caricia se desborda por su torso y piernas. El recuerdo es una carretera larga al medio día cuyo destino es una casa de color sepia para el viajero. ¿A quiénes observamos? ¿Quién nos observa? Las preguntas del lienzo son tan nuestras que nos abruman y nos quedamos con su belleza.

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LLUVIA Creíamos que el amor era una luz en lo profundo del mar pero no lo fue. Oramos cada noche y no bastó. Templamos el pulso para escribir en el aire y de nada sirvieron las palabras. Llueve, González Tuñón diría que la lluvia es hermosa y triste no se equivoca. Llueve, salto charcos por las calles de un país extranjero. Llueve, no hay puertas abiertas. A la intemperie caen gotas, el recuerdo lejano moja mi boca.

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LLEVAR EL AIRE Teotihuacán alberga miles de montículos de aire, remolinean desde tiempos inmemoriales bajo sus grandes pirámides. Quien sienta el latir de las grandes piedras podrá descubrir un elemento milenario que juega con el destino de los hombres.

Habita el aire los lugares menos pensados: las calles de largos pasillos donde brincan las hojas secas y se llenan los espacios vacíos; las venas del planeta que tiembla cada tanto, el torrente que fluye al interior de los amantes.

El aire ese que abre sus brazos y sostiene las palabras.

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LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS

Cuando llueve en domingo y tú estas solo, completamente solo Vladimír Holan

A mi amigo H lo conozco hace más de nueve años no cambia su rutina de sumar piedras. Tan pronto despierta va con su bitácora, anota las coordenadas para regresar de los lugares extraños donde lo abandona la noche,

H regresa a diario a su Ítaca a cambiar las prendas que absorbieron oscuridad.

A él le gusta fotografiar rostros por eso en cada esquina lo detienen y él deja a cada transeúnte una palabra como “clepsidra”, “oquedad” o “pájaro”.

Trabaja incluso cuando saluda, cuando mira la tarde, cuando abre las grietas de su pozo de secretos. Labora de día con el aire de noche con guijarros, aun así, no basta su bolsillo se expande para acoger la orfandad del tiempo a ese paso, no hay dinero que alcance.

H conserva una brújula oculta en su frente lo salva de extravíos. Tiene amigos que son lluvia, otros que son malabaristas de humo.

Lleva consigo una cajita de música que canta silencios y trabaja en su misteriosa escritura sobre todo, cuando llueve los domingos.

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CANCIÓN Voy a tararear una canción que está triste —aclaro es la melodía la que está mustia, no yo, hablar de mí estaría mal visto, ¡hay qué esconder el yo! Dicen los que saben—

La canción inicia con acordes de piano y habla de las letras perdidas del a d i ó s, luego menciona la promesa de un viaje hacía una isla sobre la que se rumora no ha aterrizado el primer avión. Al final, en medio de un caudal de voces la guitarra habla sin fuerzas.

La canción está triste y yo sé por qué. Las notas alegres se extraviaron una mañana gris, las vi saltando de pentagrama a pentagrama con los pies desnudos sobre las arenas de esta playa.

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TODO ES POESÍA Las continuas preguntas sin resolver,

el día que crece sobre los hombros y se recoge en los talones.

Fue y será poesía, la saliva que escupió mi humillación mientras mi ex-jefe se burlaba y yo tejía en sus ojos los entierros de su enfermedad.

También fue, la que llegó a mi casa antes que yo para desordenar la cama a dejar una oruga sobre las sábanas y habitarla un instante antes de abrir sus alas.

Fue el fantasma que silbó por la ventana la nube que trajo la lluvia el rezo aferrado la espera

y fue quien quebró las paredes y me dejó allí sola

para que cantara.

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Mrs. DALLOWAY Hoy supe que escribimos cartas en pasado para leer sus notas al pie en presente. Confronté cada fracaso y resistí volver a los lugares donde rompen las olas, ver al niño sin nacer sollozando en la esquina de un cuarto. Bastaron 24 horas de una radiografía exacta para que los huesos de mis días develaran su porosidad. Hoy alguna maga quiso con su pluma que sumara páginas y les prendiera fuego. Sobreviví al día más largo de todos para abrirme paso entre la niebla de rostros para saltar sobre las letras de un alfabeto oculto.

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FANTASMAS golpean a mi puerta, perturban el descanso. El amanecer trae el recuerdo de una noche que nunca es noche y es blanca en el papel de la almohada. Visten de traje y bailan el vals del perdón con sus zapatos de ira.

La duermevela es un puerto en el que esperan eternamente los barcos.

No sé qué es real en qué lugar explotará imprudente mi palabra, qué pueblo incendiaré en medio de no ser sueño en el sueño.

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AGOSTO Entre el horizonte y mi naturaleza de agua intenté un instante ser cronista de un tiempo sin miedo. Me encontré un mes que antecedía al otoño, era época de lluvias. Los días parecían nacer de nuevo y llegaban como respuesta a las edades del verano. El descubrimiento de una nueva latitud llevó a los ríos sobre la arena. Eran días de sol y luna nacimiento y muerte al mismo tiempo. La tristeza quedó muda ante el asomo de la vida. En el lugar de la memoria se esbozó la belleza y el retrato de las cosas imposibles. Agosto traía el abrazo de un país extranjero traía una canción de árboles y me vi con la maleta casi vacía mientras atrapaba de cada segundo una historia, y limpiaba el cristal de polvo. En ese mes cupo entera la premonición de mis ojos. Sobre el final de mi estancia una cumbre de seres milenarios me tomó de las piedras, me llevó a escuchar el latido de la Tierra. Dejé de ser una en un inmenso laberinto de soledades y fui una milésima porción de aire. El insecto en la crisálida asomó su cuerpo y se entregó una noche destinada a la escritura. Septiembre fue una carta sin leer octubre, noviembre y diciembre traerán su traje de verdugo. Nos queda agosto, el tren de cada lustro que pasa por el lugar secreto y le consuela saber que será eterno.

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NO SÉ ESCRIBIR CARTAS DE AMOR por eso digo lluvia y mi mano traza un desierto en el vapor de la ventana.

No puedo compararte con algo leve desconozco la metáfora, y luego maldigo el tiempo invertido en el intento de vuelo.

Minutos perdidos en tu cuerpo, tibio árbol junto al mar, bandoneón que acompaña la melodía del deseo. Y la tarde en la humedad de tu boca.

—Al final sin sueño—, busco tu voz, una letra por piedad,

el sosiego.

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RITUAL Entiendo de qué sensato lugar viene la oscuridad, por eso le abro las piernas y dejo que se introduzcan adentro todas las mareas que rompen el tedio de la noche.

Sé muy bien hacia dónde va todo lo que invoco y todo el caudal que detengo por miedo.

También sabe mi sombra que de esta única manera se resiste mi cuerpo a ser ceniza.

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SELFIE Yo, que no tengo senos grandes ni anchas caderas, descubrí que el cuerpo es una avenida extranjera por la que va cómodo el tiempo y no requiere de grandes extensiones para atrapar algunas estrellas,

precisa de una ruta clara por la que vayan sin extraviarse los caminantes

Al igual que todos tengo un disfraz que se estremece ante el frío o el miedo que se dora con el exceso de día.

Yo, que me tomo una foto cada tres meses encontré que no tengo planos buenos ni aceptables y no me importa, pero tengo los ojos abiertos por si se quedan en las pupilas algunas historias y así, si se fijan bien, tengo escrito en los ojos algunas bellezas y tantas palabras enredadas que atravesarlas también resulta un misterio.

Yo, que poco le creo a los estereotipos también parezco uno cuando la vela apacigua la llama y se refleja mi sombra en el espejo del mundo.

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LAS COSAS Las cosas que alguna vez nos pertenecieron no nos extraĂąan.

Abandonadas a la intemperie de la noche, son todas una despedida larga de quien se quiere quedar

en esa cama, baĂąo escalera sala en la gran ventana donde se olvidaron.

Las cosas que el destino juega y ofrenda son mi manera de perpetuar ese nuboso recuerdo que soy

como tambiĂŠn la excusa para regresar a esos lugares

y encender brasas con sus historias.

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LOS ÁRBOLES La mirada de mi padre cuando llego tarde es un faro que alumbra la espera. Revisa si mantengo intacta la música, si es igual el ritmo de mi pulso, si no me da vergüenza darle un abrazo mientras envejece. Me escondo y evito pensar en los árboles viéndoles dormir bajo el invierno, rezo y me hundo en brazos invisibles deseando aún no se acuerden de él y lo dejen en la ingratitud de mis palabras y mis actos escondidos que sólo esperan no contrariar el paisaje luminoso que él imagina a mis días.

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TRES POEMAS A LA DIFICULTAD

En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Julio Cortázar

I. TENER UN PERRO Son hermosos los perros nos recuerdan a los hombres.

Su lealtad nos sorprende sobrepasa las migajas de otros seres.

Sin embargo, está la facilidad con la que persiguen al primero que les seduce con afecto.

Son mejores los gatos: francos a nuestra humanidad, libres a su antojo de abandono andan solos y felices.

El perro es un recuerdo de cuatro patas de algo ajeno y vulgar, un espejo roto la negación del vuelo.

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II. LLAMAR Abruma la idea de convocar un fantasma y su voz tras la bocina, sobretodo en temporada de olvido.

Las llamas se prenden al otro lado de la línea los maderos se llevan las historias calcinadas.

La osadía de enfrentar el asunto suele entorpecer la palabra.

Casi siempre se rompe el teléfono o por lo menos se quiebra el cielo inventado por el ring-ring, de quien cambió de número traje o residencia.

Llamar es el valor de exponer una canción trémula a la torpeza del oído.

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III. MIRAR A UN NIÑO El espejo tiene la cualidad de ser agua clara intentando no ensuciarse con su débil marco de arena

toda mirada que se vuelca sobre el mundo y el corazón del hombre tiene un niño que la refleja.

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EL OTRO El navío tiene velas para tomar del aire su fuerza y adentrarse hacia el mar. La lluvia necesita una nube que agite el cielo para poder caer. El ave sin una rama para aterrizar no tendría un destino al emprender el vuelo. La noche requiere de luciérnagas para embellecer su largo velo lóbrego. Un pulmón no respira si no le susurra el miocardio. El telón se cierra siempre y cuando una historia se abra. Una obra de arte es vacía sin la costilla que la crea. El agua no sería un lienzo inabarcable sin el espejo que tiende sobre ella el cielo.

El otro, ese indispensable elemento que le da al tiempo su minutero, al cántaro sus gotas, al universo su infinito.

Tímido sendero de vida entre las piedras de la muerte.

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EL GUARDAFAROS es incapaz de leer la tristeza del mar, le distraen demasiado los barcos, ha olvidado descifrar la inmensa escritura de la espuma en la oscuridad.

Él está solo con su atalaya. El mar sólo con el lejano destello de luz y la certeza de un farero al interior de la alta torre.

Los dos duermen bajo las mismas estrellas a los dos los cobija la sombra de un puerto seguro ¿Por qué entonces el guardafaros olvida el oleaje? ¿No ve acaso que el agua sostiene los barcos? Que estos desvían su rumbo y no son más que transeúntes de paso.

El mar llora, pero el guardafaros no lo nota le resulta corriente se dice para sí mismo: “es su naturaleza de agua” y se pierde en ensoñaciones deslumbrado por la particularidad de los barcos.

Al mar no le gusta la gente, lo reconforta la esperanza de lo bello, el misterio del frágil guardafaros, enceguecido por lo etéreo.

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ELOGIO A LA POBREZA Ellos le dieron vuelta a la lengua del zapato cubrieron los agujeros con bolsas, ignoraron los charcos. Descubrieron con asombro que faltaba dinero en sus bolsillos. Por unos centavos no los llevó el bus.

A la mujer se le escapó una sonrisa intentando persuadir al conductor. Pensó en lo inútil de sus ademanes a estas horas, en estos tiempos. Su hijo la tomó de la mano, la miró, siguieron la ruta de estrellas para llegar a casa.

Todos pasamos por el lado en el último transporte por una avenida larga, peligrosa y deshabitada, demasiado exhaustos para alentar su caminata

—la pobreza es fea— dijo una pasajera.

La mujer abrazó a su pequeño, desde la monótona calma que le trae la experiencia de llevar consigo todos los bienes, le animó a continuar.

Sus pasos retumbaron sobre el cristal de las ventanas, los ojos atentos sintieron el estruendo y siguieron a los caminantes por el camino de arena.

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INVENTARIO DE HORAS

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EL OLVIDO también es una vela al fondo del mar que extraña su lumbre.

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NO TENEMOS PAZ todo es guerra en la habitaciรณn del hombre.

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SON AÑOS Intentando liberarme de un ovillo pequeño por el que difícilmente entra la memoria.

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PLAYA Un trozo de coral devela en su ramaje todas las historias del mar.

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CEIBA Cada amanecer es una oportunidad para cantarle a los ĂĄrboles y lograr de sus raĂ­ces las palabras.

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LA MONTAร‘A CALLA y el pรกjaro que la sobrevuela olvida la canciรณn.

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LOS COLIBRĂ?S agitan sus alas basta ver su impaciencia. Alertan la primavera y su despedida.

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LA รšLTIMA HOJA CAE y el รกrbol inmutable prolonga el silencio

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LLUVIA Cae rauda y cada gota se hace mรกs pesada ante la gravedad de la espera.

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HE PERDIDO EL AIRE en barcos que se extravĂ­an tras el primer intento del anclaje

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NO HACE FALTA LLEVAR MALETAS, ofrendas ni brĂşjula. He navegado sobre los adioses

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LAS AGUJAS DEL RELOJ entierran su punta en la cama vacĂ­a de cada amanecer

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TEMO TU ROSTRO porque dejรณ de ser tuyo y se convirtiรณ en el de todos los hombres.

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TU BOCA esa ancla tejida de silencios que me impide seguir errante en el mar.

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COMO LA LETRA que resbala sobre la hoja blanca asĂ­ pasa mi cuerpo tibio sobre tu asombro.

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SE DESCOSEN LOS HILOS DE MI BOCA y hablo de ti

tu cuerpo territorio

donde arrojo las escamas de mi piel

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ÂżquĂŠ es lo positivo, el peso o la levedad? Milan Kundera

2:00 AM En la ciudad de las luces ciegas un hombre amarra el olvido de la cuerda que tira de su cuello.

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3:00 AM A esta hora, en otro tiempo suplicaba un verso, uno similar al que tejen ahora tus manos en esta pequeĂąa habitaciĂłn de espejos.

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4:00 AM Abrimos la puerta y cerramos la noche. Nuestros cuerpos son la Ăşnica escritura visible; milagro de tiempos que regresan con sus dedos ĂĄvidos de historias.

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5:00 AM El alba sabe de imposibles por eso contempla los intentos perdidos de la luz por atravesar la quietud de la piedra y pretender hacerse un lugar entre las cosas terrestres.

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6:00 AM El olor del pan es la primera mano amiga en la gran ciudad

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7:00 AM AĂşn no despegamos al mundo. La enfermedad del siglo nos condena a una cama que simula estar sola.

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8:00 AM Un hombre alto de anchos hombros anuncia con sus labios cortados por el frĂ­o las despedidas

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9:00 AM TambiĂŠn entre la bulla los ojos tejen mantas para cubrirse del ruido.

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10:00 AM La lluvia se esconde tras el rayo mĂĄs dĂŠbil del sol.

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11:00 AM Soy vigĂ­a sin cuerpo de los seres que se marchan.

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12:00 AM La maĂąana es el recuerdo vivo del mar:

su sal en la boca su brisa cĂĄlida su rumor su trazo delicado de espuma blanca.

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01:00 PM Los almuerzos:

El fantasma de tus ojos imposibles, la premoniciĂłn del peso.

La Ăşltima hora de levedad en los cubiertos tendidos sobre el plato y sus migajas

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La antología Formas de lucidez reúne las obras ganadoras del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio de las ediciones 2016 al 2018. Los lectores encontrarán trabajos de gran valor artístico, originalidad y creatividad: “Lavar la culpa” del escritor bumangués John F. Galindo; “Animal de ayer” del poeta caucano Felipe García Quintero, y “Llevar el aire” de la poeta bogotana Jenny Bernal. En el libro están presentes variedad de voces, tonadas, estilos y temas que dan muestra de la riqueza y fuerza creadora del género lírico.

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Formas de lucidez  

Antología de las obras ganadoras del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio de las ediciones 2016 al 2018.

Formas de lucidez  

Antología de las obras ganadoras del Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio de las ediciones 2016 al 2018.

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